La capital misión del padre en la formación de sus hijos

Me da gusto observar que cada vez más, los papás varones se involucran en la formación y educación de sus hijos. A menudos observo a familias enteras paseando en bicicleta, yendo de paseo a lugares turísticos, a correr en parques, etc.

En fecha reciente me comentaba una especialista: “En mi larga experiencia como Psicóloga y Orientadora Familiar no tienes idea la importancia fundamental del rol del papá en cada familia, ¡es clave! Porque muchos trastornos emocionales proceden de la falta o ausencia del cariño del padre. Y lo contrario, un chico o una chica centrada, suele ser segura de sí misma, con suficiente autoestima por haber tenido una cuidada y acertada formación”.

Hace tiempo, se pensaba que todo lo relativo a la educación de los hijos en valores y virtudes, en ayudarles a sacar adelante sus tareas escolares, o asistir a las juntas de padres de familia, en realidad, era el deber de las madres. En cambio, el papá se excusaba sosteniendo que él era el que traía el dinero al hogar. Y con eso era más que suficiente. Eso sí, cuando un hijo hacía algo malo, le tocaba al padre la tarea de castigar, en ocasiones duramente, por ejemplo, dar de “cintarazos”, o golpearlos con una vara, imponer otras severas medidas como supuestos remedios para mejorar la conducta de los hijos…

¿Resultado? El papá se convertía en el “ogro regañón”, en el eterno malhumorado, en la figura dura, incomprensiva y distante a la que ninguno de los hijos se le podría acercar a conversar con él o hacerle una confidencia. Entonces, la mamá era “el paño de lágrimas”, la cariñosa y comprensiva. Claro, me estoy refiriendo a lo que me han contado mis abuelos, mis tíos, personas mayores y, en algunos casos, se continuaron con esos hábitos antipedagógicos y dañinos.

Hace unos días veía un simpático video, a propósito del día del padre, en que los descendientes respondían a la pregunta: “¿qué es lo que más recuerdas o agradeces de tu papá?” Un joven decía “en que compartía su tiempo con nosotros y nos divertíamos mucho”; otra chica afirmaba: “Era fuerte, valiente, constante y nos forjó el carácter. Y cuando éramos más niños, jugaba con nosotros”. Una señora de mediana edad, externaba: “Fue admirable que mi papá se fuera de migrante a Estados Unidos y gracias a ese gran esfuerzo, ahora todos los hijos tenemos una profesión”; otra jovencita comentaba: “Lo que más recuerdo es que me llevaba a una dulcería y me compraba unos chocolates que me encantaban”; Otro señor afirmaba: “Vivíamos en un rancho y me enseñó a montar a caballo y andar en bicicleta; Una señora entrada en años decía muy contenta que su papá les ayudó a elegir su carrera y durante ese período los estuvo apoyando tanto a ella como a sus hermanos y ahora es el medio de sustento económico de cada uno de la familia…”.

Si consideramos detenidamente estos testimonios, no se nos habla de que los padres de hacían grandes y costosos regalos, o bien, que les daba mucho dinero para gastar cada fin de semana…Más bien consisten en pequeños pero muy importantes de detalles: “mi papá me dedicó tiempo, jugaba conmigo, era cariñoso y comprensivo, me enseñó a nadar, me invitaba a tomar helados, etc.

Y son los recuerdos que quedan grabados en las mentes de los hijos para siempre. Con lo que se demuestra que lo pequeño, se puede convertir en algo muy grande si se hace con verdadero amor y cariño por los hijos.

Padres: ¿Dónde están?…

Hay infinidad de publicaciones y vídeos que hacen alusión al día del padre o hablan sobre el amor incondicional de ellos a sus hijos. Recuerdo haber visto hace tiempo el vídeo en el que un esposo y padre se levanta, se sienta a desayunar sin lavarse la cara, tocándose los genitales, pésimos modales en la mesa; cuida a su pequeña hija porque la mamá debe salir. Es incapaz no solo de ordenar la casa un poco, sino de él mismo ser limpio; peina “como puede” a la nena. Al llegar la esposa, se da cuenta del desastre pero sonríe al ver al esposo con la hija “peinada”, ergo, le disculpa todo porque “ha cuidado de la hija”.

En recientes días hallé una publicación con imágenes donde varios papas se encontraban en situaciones “hilarantes” con sus hijos. Un vídeo más donde el padre sostiene una “inocente y tierna” conversación con su pequeña hija y en una parte, en tono de juego él habla sobre casarse. Otro más arreglándose, vistiendo un traje y hablando de tener una cita, suponemos con una mujer, para terminar teniendo una cita con su nena, como una parejita; una vez más debo agregar el calificativo “inocente y tierno” acto del padre.

Los comentarios son de premio: inequívocamente hablan sobre lo “divertida” que esta la publicación, cuanta “ternura” destilan los padres, o lo “amorosos” que pueden ser; algunos incluso desean tener padres así o bien, serlo, etc. No hablo de los padres que saben guardar su papel de padres y jefes de familia, que juegan ordenadamente con sus hijos y saben divertirlos sanamente; a ellos mi total respeto y admiración. Por lo que se refiere a los papás que gustan de publicaciones como las que he mencionado deberían contestar con franqueza:

¿Qué padre le enseña el trasero a su hija mientras va conduciendo la bicicleta? ¿Qué padre se mete con todo y bebé a orinar al baño de hombres? ¿Qué padre le sujeta el cabello a su hija con un cincho? ¿Quién lame la cara de su bebé so pretexto de que ha de limpiarle la salsa cátsup que le cayó? Sea limpio, báñese diario, lávese las manos después de ir al baño, use cinturón, si eso no basta, usé tirantes, pero siempre debe estar bien fajado, evite situaciones “cómicas” con los pequeños hijos.

¿Qué hay de tierno en que un padre hable “inocentemente” sobre casarse con su pequeña hija y tener anillos de boda? ¿O en llamarle su novia y darle pequeños besos en la boca? ¿Acaso en su casa, su esposa habla sobre casarse con su pequeño hijo varón? ¿Su madre alguna vez le dijo que se iba a casar con usted? Tenga juegos y conversaciones limpias y ordenadas con sus hijos, especialmente con sus hijas. Usted no es su primer amor, ni su novio, ese lo será su futuro esposo. No confunda ternura con estupidez. Dicho sea de paso, no bese a sus hijos en la boca, por higiene y porque ese gesto está reservado a sus respectivos esposos.

¿Quiere tener una cita con su hija como si fueran pareja? Ordene sus afectos y tenga una cita con su esposa o novia, (sin amantes por favor, sea fiel), su hija tendrá más tarde edad para citas con sus amigos, con su futuro novio y esposo.

Tales publicaciones no se deben tomar a la ligera, particularmente con la cantidad de visitas y comentarios a favor, pero sobre todo, porque conocemos infinidad de padres que son todo lo contrario a lo que se muestra allí: son limpios, educados, viriles, fuertes, firmes, cercanos a Dios, así que en honor a ello, debe decirse lo que está mal. Muchos renuncian a ser papás de sus hijos para ser los bufones de la casa o sus amigos, tipo películas de Adam Sandler, Ben Stiller u Owen Wilson.

Sus hijos le necesitan hoy más que nunca, sea un guía confiable; ellos tendrán sus propios amigos, pero en la vida solo tendrán un padre, usted. Aprenderán de usted cómo comportarse, sus hábitos, su cultura, sus aficiones, procure que sean dignos de seguir y no de pena ajena. Abrácelos, hablé con ellos, corríjalos cuanto sea necesario, ame a su esposa, cuide su matrimonio, guíe a sus hijos hacia Dios Uno y Trino siempre, sea firme. Amelos en toda la extensión de la palabra. Deberá responder por ellos un buen día. Procure no presentarse ante Dios con las manos vacías…

“La paternidad es una vocación al servicio de Dios que no se debe tomar a la ligera o frívolamente, sino con la seria determinación de hombres serios.” Páter Lawrence Lovasik

¡Dichosa! Mujer estéril.

Por *Juan Alberto Echeverry

Sab 3,13 Dichosa la mujer estéril que se ha mantenido irreprochable y no ha tenido relaciones prohibidas: recibirá el premio merecido cuando el Señor venga a juzgar a los hombres!
14 ¡Dichoso también el castrado que nunca cometió ninguna maldad ni tuvo malos pensamientos contra el Señor: por su fidelidad recibirá una recompensa especial y un lugar muy agradable en el templo del Señor!

El anhelo de millones de mujeres y matrimonios en el mundo entero, es poder tener el don de ser padres, sin embargo, hay muchísimas mujeres que a pesar de ese anhelo ferviente, su vientre no se ha abierto a la vida, y con mucha razón sufren, lloran y mantienen una batalla interior. No obstante, también hay un camino de felicidad para quienes no han podido concebir un hijo.

Si acaso esa es tu situación, piensa con sensatez, que por algún motivo Dios o la vida no lo han permitido. Sin dejar de orar, clamar y trabajar por ese don, dedícate a buscar tu felicidad. Vuelca tu vida al servicio de Dios y de los demás, y tendrás la recompensa que Dios regala a sus hijos amados. Abraza tu realidad presente y esfuérzate por crecer en virtudes y conocimiento, recuerda que los tiempos que vivimos son cada vez más complicados moralmente y no vale la pena que ensucies tu vida con el pecado, o te la pases amargada(o) por aquello que no llega.

Ciertamente la maternidad es hermosa y sin embargo, cuántos padres sufren terriblemente por hijos enfermos, descarriados, asesinos, drogadictos, rebeldes y a veces, viven unos cuadros terriblemente dolorosos sin poder hacer nada por sus propios hijos.

Si te dedicas a dar de lo que tienes, a vivir la vida disfrutando sencillamente cada momento, a crecer espiritual e intelectualmente, te aseguro que encontrarás tu verdadera felicidad, y tal vez las obras que realices, se convertirán en muchos hijos amados, tal como lo ha prometido el Señor, en el siguiente texto bíblico. He sido testigo también de muchos hogares estériles, que ahora tienen cientos de hijos espirituales y son profundamente felices. Son personas que traen bendición a su familia, sobrinos, empleados, huérfanos y sociedad en general.

Isa 54,1 Da gritos de alegría, mujer estéril y sin hijos; estalla en cantos de gozo, tú que nunca has dado a luz, porque el Señor dice: “La mujer abandonada tendrá más hijos que la mujer que tiene esposo.”

Así que ánimo, levántate de la amargura, haz santamente lo que esté en tus manos por hacer, mira con otros ojos la esterilidad, pero no te agobies más, deja que Dios disponga el mayor bien en tu vida, y confía en su perfecto plan.

Oración: Dios Padre de amor: Una vez más vengo a tu presencia con el corazón compungido. Tú conoces el anhelo profundo de mi corazón por ser mamá (papá), pero si esto no es posible por algún motivo que yo desconozca, te pido que me regales la paz interior, la serenidad y la felicidad que mi corazón anhela. Te pido en el nombre de Jesús, que este anhelo no se convierta en mi vida en un ídolo que me esclaviza, sino más bien, confiando en tu amor eterno, pueda dedicar mi vida a servir a los demás con entrega absoluta, y a crecer espiritual e intelectualmente. Hoy declaro con todas las fuerzas de mi corazón que acepto tu perfecta voluntad en mi vida y me levanto en el nombre de Jesús a conquistar mi felicidad. Si por algún motivo llegare a tener el don de la maternidad (paternidad), la acogeré con el mismo a mor que vivo cada día de mi vida, porque el mayor regalo que me has dado, es poderte conocerte y amarte a Ti que eres el verdadero amor eterno. Hoy quiero interceder por todos los padres de familia del mundo entero, que sufren a causa de sus hijos. También oro por todos los huérfanos que han sido abandonados, carentes de amor o maltratados, para que encuentren verdaderos padres espirituales que los acojan y los amen. Oro por las mujeres que están pensando abortar, para que por tu misericordia, envíes gracias de conversión a sus corazones. Amén.

*Facilitador católico Director de la FUNDACION CATÓLICA IMMAH

De misterio a producto

Un aspecto que pocas veces se menciona a propósito de la legalización del aborto, por muy acotadas que en un principio sean sus causales (y que siempre aumentarán luego), es el profundo cambio de mentalidad que se produce respecto de lo que constituye un hijo, o si se prefiere, de la real dimensión de lo que significa la posibilidad de dar vida a otro.

En efecto, tal vez una de las experiencias más profundas que pueden tenerse sea haber engendrado a otro, pues pese a nuestros muchos defectos y limitaciones, de alguna manera misteriosa, tenemos la increíble capacidad de regalar vida, tal como a nosotros nos la regalaron en su momento; y desde una perspectiva sobrenatural, de ser cocreadores con Dios.

De esta manera, y al margen de las creencias de cada uno, al estar ante un acontecimiento de tal magnitud (el surgimiento de una nueva vida humana), parece imposible no ver ese hecho como un gran misterio –el gran misterio de la vida–, incluso si ella se ha originado en condiciones dramáticas.

Todo lo anterior tiene como una de sus consecuencias, que la vida sea vista como un don y por lo mismo, como una realidad que merece un irrestricto respeto.

Sin embargo, esta concepción de la vida y de su dignidad queda totalmente mancillada cuando irrumpe la mentalidad abortista, ya que ella deja de ser vista como un don y un misterio, y pasa a ser entendida como un producto, como un resultado tangible y concreto (y por ello, medible y cuantificable) de un mecanismo, por muy complejo y maravilloso que sea. En suma, es imposible no acabar viendo el surgimiento de la vida como un simple proceso productivo, sometido a sus mismas reglas de calidad y oportunidad y por tanto, como algo que se puede dominar a voluntad.

Pero además, resulta inevitable que esta visión no solo afecte a quien mira las cosas desde esta perspectiva, sino también, y muy especialmente, a quien es observado desde la misma: ¿cómo acabará sintiéndose aquel hijo que ya no es visto como un don, reforzado por el misterio que rodea a su génesis, sino como un simple producto planificado a voluntad y por ello, que al menos estuvo en potencia de ser desechado? Cuando la mentalidad abortista se instala, toda nueva vida está en duda de antemano, pues su respeto no es incuestionable, sino que se encuentra supeditado a sus condiciones y circunstancias.

Es por eso que además del genocidio que sufren las miles de vidas segadas antes de nacer y de las incontables mujeres que padecen las secuelas de esta práctica, la introducción del aborto hiere lo más profundo de una sociedad: la forma de vernos y de relacionarnos entre nosotros mismos.

Max Silva Abbott
Doctor en Derecho
Profesor de Filosofía del Derecho
Universidad San Sebastián

Si tu hijo es rebelde y violento, esto te va servir

Respuesta a la carta anónima de unos padres angustiados por el comportamiento rebelde, violento y desobediente de un hijo adolescente. 40 preguntas imprescindibles. 

1,762 palabras. Tiempo de lectura 7:00 aproximadamente.  


Les felicito por preocuparse del comportamiento de su hijo y tratar de buscar ayuda.
 Es muy posible que a esta edad no entienda o no quiera entender, los motivos por los que es rebelde, ni lo que tienen que hacer para que no vuelva a ocurrir. La rebeldía de los hijos, suele ser el reflejo del fracaso de los padres. La negociación con ellos y llegar a convencerles, significa el éxito de los padres.

Si no ponen fin a la rebeldía de su hijo, ésta irá creciendo cada vez más, atraerá otras malas actitudes y transcenderá a su vida fuera de la familia. La sociedad no perdona a las personas rebeldes, con causa o sin ella, ni a los violentos, ni a los incumplidores de las leyes civiles o morales.

Estos hijos a medida que se van haciendo mayores, tienen más probabilidades de enfrentarse con problemas de cárcel, hospitales o incluso la muerte. En los padres está el educarse bien, para poder prever los futuros problemas, corregirles a tiempo y enseñarles a comportarse bien, en la familia y en la sociedad.

7 Análisis a tener en cuenta en la resolución del conflicto:

  1. Analizar los motivos más importantes de la rebeldía del hijo.
  2. Analizar las consecuencias que sus acciones pueden acarrearle a él y a su familia, en el presente y en futuro.
  3. Analizar unos objetivos razonables, distribuirlos en plazos y poner los controles de vigilancia del cumplimiento.
  4. Analizar cuáles pueden ser las soluciones que se puedan implementar, para llegar a los objetivos acordados.
  5. Analizar los beneficios que obtendrán el hijo y toda la familia, si cambia su actitud de rebeldía.
  6. Analizar cuales pueden ser los medios a emplear, para obtener los objetivos deseados.
  7. Analizar la posibilidad de encontrar un intermediario, para que sirva de puente en situaciones difíciles.

Para poderles enviar mi consejo, les agradeceré que contesten a las siguientes 40 preguntas y lean los artículos indicados al final de la carta. Pongan sus respuestas a continuación de cada pregunta, de la forma más amplia posible y traten de aportar algún otro dato que Vds. crean que es importante.

Incluso le conviene tener estas respuestas preparadas de forma muy clara, para repasarlas periódicamente y ver los adelantos o atrasos, en el comportamiento de Vds. y del hijo. También para poderlos explicar a los profesionales, en las sucesivas entrevistas.

Cuanta más información facilite, mayor será el conocimiento de la situación y por lo tanto, mejores serán los consejos que le ofreceré de forma gratuita y totalmente confidencial. Ya tiene tarea por delante para estudiar, si quiere hacer algo por su hijo.

El esfuerzo le valdrá la pena. El objetivo será muy difícil de alcanzar, pero el amor por un hijo puede con todo. Si no lo solucionan ahora, el futuro predecible de su hijo, será muy duro. Aunque siempre habrá alguien desaprensivo, que le diga que los adolescentes cambian con el tiempo. No obstante, nunca le explican si cambiarán a mejor o a peor.

  1. ¿Ha llevado a su hijo al médico pediatra, para que le diagnostique si su hijo tiene alguna enfermedad, desorden mental, algo alrededor que le perturbe, etc. o para saber si su hijo está mal educado, muy consentido o es manipulador?
  2. ¿Tiene ya algún diagnóstico médico, que conlleve un tratamiento a seguir para encontrar alternativas a su comportamiento?
  3. ¿Creen que es rebelde porque no puede, no sabe o no le dejan expresar sus frustraciones, sentimientos o resentimientos?
  4. ¿Qué define como hijo rebelde?
  5. ¿Cuál es el comportamiento en la familia y en su entorno?
  6. ¿Busca defectos o cuestiona todo lo que le dicen sus padres, sobre lo que hay que hacer o no hacer en la familia?
  7. ¿Desde cuándo han empezado esos periodos de rebeldía? Normalmente la rebeldía no nace de la noche a la mañana, es un proceso que se va gestando poco a poco, en el tira y afloja de la educación familiar, y los padres deberían verlo venir.
  8. ¿Lo hace en la casa, en la escuela, en la calle, en todos los sitios o solamente con determinadas personas o amigos?
  9. ¿Ha observado las circunstancias o personas que tiene a su alrededor, que pudieran alterarle para producir sus crisis de rebeldía?
  10. ¿Cuáles son los principales temas que producen la rebeldía en su hijo?
  11. ¿Cómo se comporta socialmente con otros familiares y con desconocidos?
  12. ¿Cuándo se producen sus crisis de rebeldía, llegan al máximo y desaparecen o solamente se terminan, cuando consigue lo que perseguía?
  13. ¿Son rabietas esporádicas o se producen por algún motivo que Vds. ya conoce?
  14. ¿Cómo va con el aprovechamiento en sus estudios?
  15. ¿Tienen Vds. algún informe de su hijo, hecho por otros profesionales: Maestros, psicólogos, etc.?
  16. ¿Hay tareas y normas de disciplina familiar, que tiene que cumplir y se rebela contra ellas?
  17. ¿Hay horarios de funcionamiento, para todas las actividades familiares?
  18. ¿Sus padres tienen los dos, el mismo concepto de lo que es la rebeldía de su hijo?
  19. ¿Cómo padres, hasta dónde están dispuestos a enfrentarse con sus hijo, para que suprima su actitud de rebeldía?
  1. ¿Cómo son Vds. como padres?
  2. ¿Qué premios o castigos tiene su hijo, por su comportamiento bueno o malo?
  3. ¿Ha encontrado alguna forma de convencimiento, pero no la ha puesto en práctica?
  4. ¿Cree que la rebeldía surge de un día para otro, o que es el fruto de forma de educación y de consentir al hijo?
  1. ¿Con qué virtudes y valores humanos han educado a su hijo?
  2. ¿Tiene broncas o violencia con sus hermanos, si es que los tiene, o con otros familiares o amigos?
  3. ¿Qué juegos electrónicos tiene y qué canales de TV ve? (Hay muchos juegos y programas violentos, que excitan a la rebeldía)
  4. ¿A qué hora se acuesta y se levanta su hijo, para ir al colegio?
  5. ¿Bebe refrescos que tengan mucha cafeína y azúcar, o toma comidas industrializadas, como la pastelería, galletas, etc. (Suelen ser los principales enemigos del comportamiento)
  6. ¿Practican alguna religión con su hijo?
  7. ¿Han consultado Vds. con algún grupo de ayuda, sacerdote, pastor, rabino o imán, según la religión que profesen en la familia?
  8. ¿Han intentado negociar y establecer normas de convivencia familiar? Establecerlas es muy fácil, sobre todo cuando son unilaterales, y a su hijo no le queda más remedio que acatarlas.
  9. ¿Han dialogado con él, qué es lo que quiere y a cambio de qué?
  10. ¿Creen que solamente con castigos, le quietarán la rebeldía a su hijo?
  1. ¿Quién paga sus gastos comunes? Ropa, teléfono, salidas, cine, etc.
  2. ¿Qué consecuencias tiene por sus actos de rebeldía?
  3. ¿Ha encontrado cosas en su habitación, cosas de procedencia desconocida?
  4. ¿Qué horarios tiene de salida por las tardes y regreso?
  5. ¿Dónde y con quienes creen Vds. que está su hijo, cuando sale de la casa?
  6. ¿Creen que Vds., los maestros, los familiares o sus amigos, pueden originar el problema que su hijo rechaza y de ahí su rebeldía o mal comportamiento?
  7. ¿Saben lo que le espera a su hijo, si sigue siendo rebelde?

Como padres, Vds. tiene que estar en perfecto control de todos sus actos. Está muy bien que le quieran a su hijo y traten de ayudarle a que baje su rebeldía, pero también deben cuidar la salud mental de Vds. y tratar de conseguir que su hijo, no tenga ningún signo externo de violencia con Vds. ni gritos, ni malas caras, etc.

La adolescencia en una fase difícil de canalizar, pero no imposible. Es una tarea que requiere mucha inteligencia, por parte de sus padres y de todo su entorno familiar y social. No se olviden de educarle ahora o corregir sus rebeldías y agresividades. Cada día que pase, les va a ser mucho más difícil, sobre todo si él consigue, que sus acciones no tengan consecuencias desagradables en su vida.

El riesgo que corren los hijos, si siguen siendo rebelde en la casa o en el colegio, es que quede catalogado para siempre como rebelde, agresivo, desobediente o similar. Esa calificación va creciendo en los jóvenes, entre los siguientes profesores y sus compañeros.

Los padres tienen que estar seguros de que sus hijos, no tienen ningún problema de comportamiento distinto al habitual de su edad. Lo normal es que hagan lo que hacen, si tiene cerca a un amigo también rebelde o les consienten que sean rebeldes.

A los hijos hay que convencerles, que tienen que hacer las cosas bien, demostrando mucha alegría y de vez en cuando, un regalo de premio, pero como excepción. De lo contrario se acostumbran a que siempre deban ser premiados, cuando el buen comportamiento es el mejor premio, por la felicidad que tiene toda la familia. Es algo que se debe inculcar desde la cuna, como una de las virtudes y de los valores humanos.

Si Vds. que son sus padres no lo puede manejar y educar, no piensen que otros lo puedan hacer, a no ser con intimidaciones, castigos o exclusión social. Pero si Vds. consigue cambiar su comportamiento, habrán hecho a su hijo el mayor favor de su vida.

La solución podría estar en un golpe de timón, de lo que están haciendo. Analicen en profundidad si Vds. tienen la capacidad de reconducir el comportamiento de su hijo, o si van a seguir aceptando su rebeldía durante el resto de su vida, o hasta su mayoría de edad.

Resumen: O su hijo se deja ayudar o Vds. lo dejan que se termine de perder. Díganselo muy duramente, aunque siempre quede como último recurso escondido, la mano suave, pero exigente de unos padres.

En espera de sus respuestas, le saludo muy atentamente.

francisco@micumbre.com

Hijo, si no tienes trabajo invéntalo

Es muy fácil decirlo y muy difícil hacerlo, pero no queda otra solución, que tratar de inventar algo que no se tiene, no existe o es muy escaso y por lo tanto no está disponible para todos. Además es muy posible que nunca se consiga, si cada uno no pone remedio.

Es una obligación tenerse que reinventar uno mismo, como persona capaz de sobrevivir, en el difícil mundo laboral. Esto es un gran problema y un enorme reto, del que todos hablamos y nadie da soluciones viables, a los que no tienen trabajo.

Es imprescindible comprender a los hijos que no tienen trabajo, para poderles aconsejar en los caminos que tienen que seguir, para buscarse o inventar algo nuevo, que pueda soportar la vida de ellos y la de sus presentes o futuras familias. Los padres tienen que promoverles la sana ambición, de ser algo más en la vida que un dependiente de los padres, pues ser NiNi (Ni trabajo Ni estudio) tiene un límite y no debería ser una opción de vida.

Cada uno tiene que medir sus capacidades y conocimientos. Recurrir a los expertos en preparación profesional, para que le ayuden a reinventarse y rodearse de buenos y sinceros amigos.

Lo más sencillo es dejarse llevar por las circunstancias y pasarse el día quejándose, pero es más excitante abrir nuevos caminos e inventar y asumir los propios retos. Por ejemplo, iniciar nuevos estudios o terminar los que se tienen. El desempleado que no se reinventa, se queda atrás en la lista de parados, como al camarón que se duerme, que se lo lleva la corriente.

Hay que ser persistente en tratar de reinventarse, para poder alcanzar una nueva oportunidad de trabajo. Incluso estudiando la posible creación de una figura profesional, que encaje con lo que demanda el mercado de trabajo. No parar de formarse y aprender. Volver a empezar, una y otra vez. Para reinventarse hay que abrir bien los ojos y saber ver, lo que el mercado laboral necesita. Olvidarse honradamente, de lo que es cada uno y ver lo que los otros necesitan o lo que se les puede ofrecer. Insistir con constancia, en todos los medios que se puedan conseguir para reinventarse, pero sin perder la paciencia.

Los que no tienen trabajo, e incluso mucho de los que lo tienen, deberían estar formándose y reinventándose en una educación continua, para modificar o mejorar sus calificaciones y habilidades de trabajo, si no quieren perder las posibilidades de su trabajo o de conseguir uno nuevo.

No se debe tener miedo al fracaso, aunque se acumulen muchas respuestas negativas. Hay que estar bien preparado e intentar ofrecer, lo que demanda el mercado de trabajo, aunque este sea muy pequeño o excesivamente selectivo, es seguro que se conseguirán los objetivos. La competencia es fiera entre los que quieren, cada puesto de trabajo que se ofrece, y solamente lo consigue, el que esté mejor preparado. En algunos países, por cada oferta de trabajo específico, hay 100 personas desempleadas que lo quieren obtener. Hasta hace unos pocos años, el ratio era de una oferta por cada 10 desempleados.

Ya no existe el concepto del ansiado puesto de trabajo seguro, honrado, durable y suficiente, con pagos fijos en su cuantía y periódicos en su vencimiento. Un trabajo deseado por todos los que quieran trabajar y con el que puedan vivir honestamente del mismo, e incluso poder ir ascendiendo profesional, social, económicamente.

Cada vez en el mercado laboral, se pierde más el concepto del empleo y sueldo fijo y aparecen con más fuerza, los trabajos a comisión por ventas o servicios, los trabajos eventuales, los trabajos a tiempos parciales, los trabajos fijos discontinuos, los contratistas independientes o autónomos, los trabajos como aprendiz a cualquier edad y con cualquier conocimiento, etc. Para encontrar trabajo, algunas veces hay que bajar varios escalones profesionales y salariales, y después intentar subirlos con breada.

Además de estar muy bien preparado, para cumplir con las condiciones de las posibles ofertas de trabajo, las personas tienen que estar verdaderamente dispuestas a empezar nuevamente, desde abajo en su profesión, o aceptar trabajos en otras tareas, aunque no les guste. Ahora no es tiempo de elegir, es el tiempo de que los que tienen un trabajo para ofrecer, pueden elegir entre muchos miles de desempleados.

Las redes sociales, son las herramientas que están ayudando a muchas personas, a solucionar su problema de desempleo, desarrollando el concepto de economía colaborativa, que consiste en hacer intercambio de bienes o servicios, de particular a particular o de colectivos a colectivos.

Actualmente ningún puesto de trabajo es seguro, en el tiempo, ni en su cantidad. La sociedad cambia continuamente de necesidades de contratación, las empresas realizan planes de movilidad de sus trabajadores, ajustes en sus plantillas laborales, sustituyéndolas por maquinas o sistemas, etc. Reinventarse es para procurar adquirir algunos conocimientos especiales, que les haga sobresalir, en los segmentos profesionales que demanden más empleos.

Muchos empresarios no quieren arriesgarse, a crear puestos de trabajo locales, prefieren crearlos en el exterior e incluso trasladar allí los actuales. Los menos preparados, son los primeros en quedar desempleados y cuando ya lo están, también son los últimos en volver a encontrar un trabajo similar, pues los desempleados tienen el problema de la pérdida del ritmo y del conocimiento profesional, ya que se suelen quedar obsoletos, con mucha facilidad. Según pasa el tiempo, es más difícil que el Estado se ocupe perpetuamente, de subvencionar económicamente a los que no tienen trabajo.

Hay grandes diferencias, entre la formación que demandan las empresas y la que poseen los candidatos, y cada vez sigue aumentando, debido a que no se tiene muy en cuenta, la necesidad de reinventarse individualmente. Hay muchos puestos de trabajo, que no se cubren, por ésta u otras razones, como son las distancias y las dificultades para ambientarse en otros lugares, países y trabajos.

 

La ignorancia no exime de educar bien a los hijos.

La ignorancia de las leyes, no exime su cumplimiento. Tampoco la ignorancia de saber educar a los hijos, exime la obligación de hacerlo, pues hay muchos medios para aprender a educar. La ignorancia no es una excusa, suele ser una disculpa. La ignorancia de las normas morales, que regulan la convivencia entre las personas, no debe ser una justificación para hacer lo que se quiere hacer.

No cabe la ignorancia y alegar que “yo no sabía”, “no me lo habían dicho”, etc. No se puede saber de todo y todo. Hay generalistas, que saben un poco de muchas cosas, y especialistas que saben muchas cosas, de un sólo tema. Pero en el conocimiento de cómo y cuándo educar a los hijos, hay que saber mucho y de todo. En esto no caben las disculpas, pues la ignorancia, conlleva resultados amargos e irreversibles.

No se puede ignorar la realidad de vivir la situación de cada momento. Los padres deben enseñar a sus hijos a vivir con realismo, dentro del mundo que les ha tocado vivir, pero tienen que prepararles, para que esas situaciones no contaminen su modelo de vida. Deben educarles para que puedan vivir rodeados de cosas que, ni a los padres, ni a los hijos, les gustaría que existiera, pero existen, lo que no quiere decir que haya que aceptarlas y mucho menos seguirlas.

Las 10 principales situaciones de vida, con las que los hijos tienen que coexistir:

1.     El consumismo y el despilfarro.

2.     El consumo de drogas.

3.     La ausencia del cumplimiento de las virtudes y valores humanos.

4.     La falta de ética en la vida, en el trabajo y en los negocios.

5.     Las adopciones injustas de niños.

6.     Las costumbres inmorales o las leyes injustas.

7.     Los divorcios.

8.     Los matrimonios contrarios a la ley natural.

9.     Los sobornos, corrupciones y enriquecimientos ilícitos.

10. Todo lo que está impidiendo el derecho a la vida, desde la concepción, hasta la muerte natural.

Hay muchos medios para no ser ignorantes, frente a la educación de los hijos: Las Escuelas para Padres, los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que se profese, los expertos en educación, los libros, la búsqueda en Internet ante temas concretos, las redes sociales, etc. No tengan  miedo a preguntar sobre cómo educar, todo menos quedarse ignorante, pues se sufre y se hace sufrir a los hijos. El cómo educar a los hijos, hay que aprenderlo desde antes de que nazcan y debe empezar, desde las generaciones anteriores. Nadie ha nacido sabiendo y menos en un tema que, cambia tanto en cada nación, comunidad y situación.

La ignorancia voluntaria puede convertirse, en una irresponsabilidad, ya que eso impedirá a los padres, conocer la forma de educar a los hijos e incluso, de contestar a las preguntas e inquietudes que estos les hagan. Los hijos siempre esperan recibir el consejo o las instrucciones adecuadas de sus padres, aunque no siempre les hagan caso.

La ignorancia en la forma de educar a los hijos, suele ser muy cruel, con ellos y con los padres, ya que sus consecuencias dejan muy pocos supervivientes, una vez que ha echado cimientos en la familia.

El marketing de la ignorancia, es utilizado para adormecer las conciencias de los padres, ante las obligaciones que tienen de conocer perfectamente, la forma de educar a los hijos. Hay tanta energía puesta en favor de ese marketing, que a millones de padres, les hace consumir la educación errónea que vende.

Los 10 principales ejemplos del marketing de la ignorancia, que influyen en la mala educación dada a los hijos:

1.     El cambio de la televisión, por la lectura.

2.     El no querer enfrentarse a los daños que produce, el consumo del alcohol y de las drogas.

3.     El riesgo de las adicciones corporales como: Vigorexia, anorexia, bulimia, ninfomanía, cleptomanía, piromanía, ludopatía, etc.

4.     La comodidad ante el esfuerzo necesario, para mejorarse profesionalmente.

5.     La negligencia ante los excesos de la mal alimentación, que lleva a la pérdida de la salud.

6.     La pereza frente a la obligación de cambiar de vida, cuando se está en el camino equivocado.

7.     La vergüenza para no preguntar a los expertos, en cómo educar a los hijos.

8.     La pérdida de tiempo pasado inútilmente, en las redes sociales.

9.     Creerse que la genética o las costumbres familiares influyen, en que no podemos cambiar a mejor.

10. Todo va a seguir igual, por mucho que te empeñes en cambiarlo o cambiarte. El mundo es así desde el principio de la humanidad.

La ignorancia voluntaria no produce felicidad, produce amargura al darse cuenta de que hay tantas cosas, que no se conocen y que se deberían conocer.

La ignorancia hace que excluyamos de nuestro, entorno a las personas, cosas y conocimientos, que deberían ser parte de la educación dada y de la convivencia familiar y social.

La vacuna contra la ignorancia, funciona cuando se pregunta a los expertos para prevenir, estudiar y corregir los problemas, los fracasos y las decepciones. Nadie nace sabiendo todo, aunque haya muchos que se crean superiores, incluso con sus limitados conocimientos.

Las 18 principales consecuencias, producidas por la ignorancia:

1.     La ignorancia ayuda a tropezarse en los peldaños, que hay que subir en la vida.

2.     La ignorancia crea, fomenta y se asienta, en la cadena familiar durante generaciones.

3.     La ignorancia crece, cuando es fomentada por el instinto de grupo.

4.     La ignorancia es la desesperación de la inteligencia.

5.     La ignorancia fomenta hacer lo que no se quiere hacer.

6.     La ignorancia hace que se pase rápidamente, de recibir aplausos, a tener que soportar los silbidos.

7.     La ignorancia impide alcanzar la causa que se quiere conseguir o que se está obligado a hacer.

8.     La ignorancia logra convertir en mentiras, a las verdades.

9.     La ignorancia multiplicada, no suma conocimientos. Mil ignorantes, no suman un sabio.

10. La ignorancia no producen beneficios a corto, medio o largo plazo, produce problemas, en la educación de los hijos.

11. La ignorancia no siempre se nota, pero se advierten sus efectos y consecuencias.

12. La ignorancia por sistema o por omisión, no es siempre un notorio déficit de índice intelectual, es vagancia, indolencia, pereza, dejadez, etc.

13. La ignorancia puede estar hecha y mantenida por rituales sociales, deportivos, y sobreentendidos innecesarios.

14. La ignorancia que duerme, no ve, ni siente, despertar los problemas.

15. La ignorancia que impide distinguir el bien del mal, está soportada por la falta de la práctica y conocimiento de las virtudes y valores humanos.

16. La ignorancia que se descubre a destiempo, suele manifestarse cuando ya es tarde.

17. La ignorancia voluntaria en la educación de los hijos, está muy cerca de la mala fe.

18. La ignorancia y el conocimiento, hablan lenguajes antagónicos.

Los 10 principales problemas que no se arreglan, con la ignorancia voluntaria o consentida:

1.     La ignorancia afectiva: Impide amar al prójimo, como a nosotros mismos.

2.     La ignorancia alimenticia: Impide informarse bien de los alimentos, que son mejores para mantener la salud, pudiendo originar problemas o enfermedades irreversibles.

3.     La ignorancia de la salud: Impide conocer lo que es necesario, para prevenir y curar las enfermedades y llevar una vida saludable.

4.     La ignorancia de las leyes: Impide llevar un comportamiento ciudadano, sin contravenir la convivencia, lo que origina tener que someterse a veces, a castigos impensados.

5.     La ignorancia económica y financiera: Impide administrar bien lo ganado, lo ahorrado o lo invertido, creando presas fáciles, para las personas sin escrúpulos.

6.     La ignorancia escolar: Impide abrirse paso en la sociedad, ya que deja a las personas, al margen de los acontecimientos y de las buenas oportunidades, laborales y sociales.

7.     La ignorancia familiar: Impide prevenir o conocer los problemas, que se desarrollan en nuestro entorno y buscar las soluciones adecuadas.

8.     La ignorancia política: Impide distinguir los mensajes amañados o engañosos, que empujan en dirección contraria, hacia nuestros intereses, principalmente a la hora de votar o de crear opinión.

9.     La ignorancia religiosa: Impide distinguir el bien del mal, sobre todo si se ha adormecido la conciencia.

10. La ignorancia social: Impide ver por dónde está marchando la sociedad, cuando hay que tomar decisiones, en la dirección adecuada.

Los padres voluntariamente ignorantes, insensatos e irresponsables, serán cuestionados y criticados por sus propios hijos, por no haberles educado bien, si no habían utilizaron todos los medios que tenían a su alcance. Algunos padres creen que su ignorancia educativa familiar, debe ser pagada por la sociedad o por el Estado, sin llegar a entender, que los únicos causantes han sido ellos mismos, los padres ignorantes y que nadie tiene por qué pagar por esa ignorancia. De tales padres, tales hijos.

Los padres no pueden argüir ignorancia, sobre la forma en que tienen que educar a sus hijos, para que ellos sepan a ciencia cierta, lo que tienen que hacer y lo que no tienen que hacer. Justificar la ignorancia, no es ninguna solución que respalde la falta de educación a los hijos. Suelen ser escusas inválidas, para intentar justificar su ignorancia en la forma y hechos de educar a los hijos.

Los padres no deben invocar ignorancia, para la educación de sus hijos, justificándose debido a que han vivido o siguen viviendo, en una burbuja profesional o social, obligada o voluntaria, pero alejada del mundo real, donde no entra ninguna formación educativa, ni sale la dedicación a sus obligaciones familiares. Aislar a los hijos, en una burbuja similar, es una irresponsabilidad que se paga con creces, en el presente o en el futuro, después no valen las lamentaciones familiares.

Hay padres que por cabezonada o ignorancia, no se forman para poder educar a sus hijos. Pretenden auto convencerse, que la sociedad es la ignorante y que son ellos, los que van a modificar a la sociedad, donde se criarán sus hijos. Les están permitiendo vivir en la ignorancia irracional, soportada con el riesgo del error irreversible, al negarles las oportunidades de prosperar, ya que cuanto más sepan y mejor educados estén, más y mejor prosperarán.

La ignorancia no es valentía. Los hospitales, las cárceles y los cementerios, están llenos de personas ignorantes que se creían valientes y jugaban a héroes, ignorando las consecuencias. La valentía debe estar unida al conocimiento, ya que de lo contrario, se puede convertir en un escape de la cobardía.

Los padres no pueden ignorar los daños morales, físicos, mentales, económicos y legales, que pueden producir en sus hijos, si no les educan bien, ya que son ellos los que tienen la responsabilidad de su presente y futuro.

Las 10 escusas más esgrimidas, ante la ignorancia de la mala educación de los hijos:

1.     No me avisó nadie que eso podría llegar.

2.     No me corrigieron a tiempo, ni a destiempo.

3.     No me di cuenta de lo que hacía, y de lo que no hacía.

4.     No me dijeron cómo había que hacerlo o no hacerlo, todos lo hacían igual.

5.     No quería que se burlaran de mí, ni de ellos.

6.     No sabía cómo hacerlo.

7.     No sabía que tenía que saberlo.

8.     No supe que era demasiado esfuerzo.

9.     No tenía hijos fáciles de educar, todos eran muy difíciles.

10. No tenía ni tiempo y ni dinero para educar, pues lo empleaba en otras cosas.

La ignorancia no es valentía, cuando se esgrime como disculpa, en la toma de las grandes decisiones. Suele ser un escape, una comodidad, una cobardía, ante la posible lucha, una presunción de poderío, alegando falta de miedo a las consecuencias. Una tolerancia desproporcionada, para cerrar los ojos ante las posibles consecuencias, presentes o futuras.

Los padres no pueden justificar su ignorancia funcional, por su falta de preparación, de tiempo o de conocimientos, sobre la situación, características, fondo y forma de los problemas, que tienen o puedan tener sus hijos. Deben anticiparse, para evitar incurrir en los daños físicos, legales o morales, que por su falta de responsabilidad, podrían incurrir ellos mismos o sus hijos. Los padres al ser los primeros y obligados educadores, no pueden expresar disculpas, ni por su ignorancia voluntaria, ni por su voluntad ignorante.

Los padres no pueden ignorar, ni minimizar la dignidad inviolable, del ser humano dentro y fuera de la familia, célula base de la sociedad, desde el punto de vista religioso, ético, social y demográfico. No pueden vivir con ignorancia o ingenuidad, frente a la enorme cantidad de peligros morales y físicos, que acechan a los hijos.

La ignorancia negligente de los padres, les deja al descubierto su falta de educación, lo que les impide distinguir, entre lo que deben pensar e incluso a pensar, lo que fomenta la infidelidad familiar y social, al ignorar voluntariamente, las necesidades de los hijos, que están bajo el deber sagrado de educarlos, con el ejemplo y la práctica de las virtudes y valores humanos.

La soberbia es la cuna de la ignorancia, culpable o voluntaria, que hace a algunos creerse mejores y mejor preparados que los demás, en todas las tareas y capacidades. Les impide darse cuenta, de la sordera y ceguera interior que tienen, al ignorar las consecuencias, que pudieran acontecerles por su ignorancia.

A los padres no les es lícito ignorar, que la vida de sus hijos puede ser pisoteada, por ellos mismos o por otros, aunque las leyes injustas lo permitan. No deben mantener y consentir una ignorancia engañosa, que acalle y atrofie su conciencia, con actitudes o actividades deshonestas, aunque estén aceptadas colectivamente, por una sociedad complaciente, que se aprovecha de la ignorancia de otros. Es el ejemplo del mal uso o indiscriminado, de las redes sociales y de algunos medios de comunicación.

Las 50 mejores sentencias sobre la ignorancia, en la educación de los hijos:

1.     El ignorante aconsejado, se puede convertir en enemigo.

2.     El ignorante afirma o niega sin conocimiento, el sabio reflexiona y duda.

3.     El ignorante habla y el que calla otorga.

4.     El ignorante, ignorar su propia ignorancia.

5.     El ignorante si se calla, pasará por entendido.

6.     El ignorante tiene valor, el sabio miedo.

7.     El primer paso del ignorante, es presumir de saber.

8.     En la amistad y en el amor, se es más feliz con la ignorancia, que con el saber.

9.     En la mayoría de los casos, la ignorancia es algo superable, si se quiere saber.

10. Es ignorancia no saber distinguir, entre lo que necesita y lo que se puede.

11. Es mejor ser examinado, que ignorado.

12. Es propio de hombres de cabezas mediocres, embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza.

13. Hay la misma diferencia, entre un sabio y un ignorante, que entre un hombre vivo y un cadáver.

14. Hay tres clases de ignorancia: No saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse.

15. Ignorar los hechos, no impide que existan.

16. La enfermedad del ignorante, es ignorar su propia ignorancia o la ajena.

17. La ignorancia consciente, es un gran paso hacia el saber.

18. La ignorancia es la carga más pesada. Pero quien lo lleva, no lo siente.

19. La ignorancia es la madre de la admiración, de la maldad y de todos los demás vicios.

20. La ignorancia es la madre del miedo.

21. La ignorancia es la noche de la mente, pero sin luna, ni estrellas.

22. La ignorancia es no saber lo que hay que saber, es la antítesis del saber.

23. La ignorancia es pasajera, el conocimiento es perdurable.

24. La ignorancia es un mal y el conocimiento un bien.

25. La ignorancia está llena de infinidad de cosas inútiles.

26. La ignorancia está menos lejos de la verdad, que el prejuicio.

27. La ignorancia humana, no permanece detrás de la ciencia, crece tan rápidamente como ésta.

28. La ignorancia no crea felicidad, crea tontos ignorantes.

29. La ignorancia no hay que ocultarla, sino descubrirla, ponerle remedio y ser consciente de ella.

30. La ignorancia produce prejuicios religiosos, raciales, sociales y políticos.

31. La ignorancia puede estar soportada, por conocer demasiadas cosas, que no son verdad.

32. La ignorancia puede producirnos errores, pero con ellos aprender.

33. La ignorancia sale a relucir, cuando se discute mucho, para probar la sabiduría.

34. La ignorancia se descubre, mediante el estudio y la educación.

35. La ignorancia se hace patente, al porfiar en una necia discusión.

36. La ignorancia sincera, la estupidez concienzuda y la charlatanería continua, son peligros para la sociedad.

37. La ignorancia y el error gritan. El saber y la razón hablan.

38. La ignorancia y el error, son manantiales de mal humor.

39. La ignorancia y la debilidad, producen la mayoría de las discordias.

40. Lo peor de la ignorancia es que, a medida que se prolonga, adquiere confianza.

41. Los cántaros como los cerebros, cuanto más vacíos, más ruido hacen.

42. Muchos desprecian lo que ignoran.

43. Nada hay en el mundo tan común, como la ignorancia y los charlatanes.

44. Nada hay más terrible, que una ignorancia activa.

45. Nada perturba tanto la vida humana, como la ignorancia del bien y el mal.

46. Ninguna época ha sabido tantas y tan diversas cosas del hombre, como la nuestra. Pero en verdad, nunca se ha sabido menos, qué es el hombre.

47. Por nuestra ignorancia, no sabemos las cosas necesarias, por el error las sabemos mal.

48. Ser consciente de la propia ignorancia, es un gran paso hacia el saber.

49. Si te parece que sabes mucho y entiendes mucho, ten por cierto que, es mucho más lo que ignoras.

50. Todos somos muy ignorantes, lo que ocurre es, que no todos ignoramos las mismas cosas.

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Padres sobreprotectores, crían hijos irresponsables e intocables

Sobreproteger es un término, que empleado para determinar cuando alguien no es capaz, de vincular su mal comportamiento con las consecuencias que ello acarrea, debido a que sus padres o superiores, le han enseñado que la riqueza o el poder, originan el privilegio de no tener que cumplir las leyes y que tienen el derecho a la impunidad e inmunidad. Los abogados lo suelen confirmar, liberándoles de sus continuos errores ante la sociedad.

Están ocurriendo casos donde los tribunales, rebajan o anulan las penas de las fechorías de determinados jóvenes, debido a que los abogados se han sacado un concepto nuevo de enfermedad social. En inglés se llama “affluenza”. No encuentro en español, una palabra que signifique lo mismo o similar. La he traducido por sobreproteger, que puede significar lo mismo. Es una condición social, no psiquiátrica, dolorosa, contagiosa, transmitida socialmente y consistente en la obsesión por buscar desmedidamente, la certeza de hacer las cosas sin adquirir ninguna responsabilidad. En cada cultura se les llama de diferentes formas: Fresitas, NiNi, bitongos, “señoritos”, etc.

Frente a un tribunal, esta situación de superprotección, podría llegar a ser catalogada psicológica o educacionalmente como “enfermedad agobiante”. Pues el hijo sobreprotegido, ya no es responsable por si solo, de la situación en la que se ha metido, al no tener la capacidad de medir las consecuencias de sus actos. Aunque parezca una contradicción, esos hijos son maltratados psicológicamente por sus padres, al aniquilarles mentalmente el concepto del bien y del mal, pues les anulan la forma de comprender las diferencias.

Algunos abogados alegan como defensa, para sus clientes adolescentes que han cometido crímenes, que la superprotección es unatenuante o dirimente del crimen cometido, pues el adolescente estaba influenciado por la superprotección de sus padres, los cuales sistemáticamente, le habían eliminado de su mente, todo lo que estuviera relacionado con la responsabilidad que podría adquirir con sus malas acciones. En algunos casos han conseguido que los jueces atenúen las sentencias, hacia esos hijos superprotegidos.

Pero nunca se da el caso contrario, de cuando un adolescente que se ha criado  rodeado de malos ejemplos familiares o sin familia y en grupos marginados económica y socialmente, donde los crímenes, los robos, la violencia, las drogas y la falta de educación, son el eje de sus vidas. A esos adolescentes, cuando se presentan ante la justicia, no les valen ninguno de los atenuantes, ni dirimente, que tienen los superprotegidos de las clases dominantes.

Este artículo es una llamada de atención, relacionada con la sobreprotección a los hijos, que muchas veces empieza desde muy pequeños, y no termina ni cuando abandonan el hogar paterno. No es ningún panfleto, contra determinadas familias de la sociedad actual. Siempre han existido y existirán situaciones, donde el excesivo poder económico y social de la familia, influye negativamente en la educación de los hijos, cuando ese manto de la sobreprotección les cubre, frente a la sociedad de todas sus malas acciones.

Proteger, cuidar, educar y dar buen ejemplo, son las principales obligaciones de los padres para con los hijos, pero sobreprotegerlos es educarles mal. Ya que la mayoría de las veces, los hijos entienden que esa sobreprotección, es por razones económicas o sociales y que por lo tanto, nunca van a ser responsables de sus malas acciones, lo que les permitirá actuar sin orden ni contención.

Los padres siempre tienen que proteger a sus hijos, sean de la edad que sean, principalmente a los más débiles o a los que tengan alguna deficiencia. Deben evitar el desamparo, la soledad, el abandono y la inseguridad de ellos, pero de ahí a sobreprotegerlo, hay una gran diferencia real, que todos los padres deben conocer, para evitar que los hijos se sientan felices, pero que en el fondo sean unos desgraciados, durante un periodo de su vida, debido a que los padres les dan esos caprichos. La gran diferencia entre educarles bien o mal, sucede cuando los sobreprotegen, para solucionarles problemas en los que voluntariamente se han metido, evitando que asuman la responsabilidad adquirida, por sus malas acciones.

Algunos padres creen que no sobreprotegen a su hijos, que únicamente son estrictos al defenderles incondicionalmente desde pequeños, frente a cualquier situación. Pero en la protección, pasa como en las escaleras, hay varios peldaños que poco a poco, algunos padres van subiendo sin darse cuenta que llegan a límites perjudiciales para los hijos, cuando estos van siendo mayores, y lo que necesitan es corrección, en lugar de sobreprotección.

Hay algunos segmentos de la sociedad, donde los padres solamente aparecen, para solucionar las consecuencias de los hijos, cuando estos se han metido en graves problemas con la ley. Entonces surgen sistemáticamente, para que no se manche el nombre de la familia y para que no quede ninguna huella de sus problemas, en el historial delictivo de los hijos y así puedan seguir la carrera política, social o empresarial de los padres. La sobreprotección es una lacra inevitable y debilitante, en determinadas familias poderosas.

Esta sobreprotección de los padres, produce en los hijos un sentimiento y realidad de impunidad e inmunidad, a todos sus actos. Saben que sus padres pagarán sus multas o llamarán a sus amistades, para que todo quede borrado. Esto hace que se sientan pertenecientes a una élite social, donde las malas acciones, no tienen ninguna consecuencia y por lo tanto, pueden hacer lo que quieran en su comportamiento social, legal y de estudios. Si no aprueban este año, ya aprobarán el siguiente, y en el peor de los casos sus padres moverán unos hilos misteriosos, para que les faciliten los títulos académicos necesarios y así, puedan entrar en la gran sociedad a la que dicen que pertenecen.

El que hayan sido educados en ese ambiente blandengue y de superprotección familiar y social, no debería ser óbice, obstáculo, impedimento, valladar o atenuante jurídico, para disminuir o eximir sus responsabilidades con la sociedad, ni de las penas que les correspondan. Todos tenemos que ser iguales ante la justicia, haciéndoles saber, que no se pueden creer que sean de otra casta social de personas, a las que el brazo de la justicia no les alcanza.

Desconocen el concepto de responsabilidad, porque nunca han tenido ni que pensarlo. Sus responsabilidades han sido absorbidas por sus padres. No entienden que toda acción u omisión, tiene la responsabilidad de pensarla y aceptar las consecuencias. Eso no va con ellos. Están tan acostumbrados a que les solucionen sus cosas, ni llegan a pensar que tienen que solucionarlas ellos mismos.

El problema de la sobreprotección a los hijos, empieza cuando éstos desde muy niños, ven como sus padres les están inculcando con hechos la sobreprotección. Entonces ya no tendrán remedio y quedarán marcados para toda la vida, al pensar que alguien les tiene que solucionar sus problemas. Ya será muy difícil controlar a los hijos y llevarles por el buen camino, de la responsabilidad personal.

Algunas situaciones donde se ve muy claramente, como los padres sobreprotegen a sus hijos:

1.     Cuando los padres creen o han oído que otro niño ha ofendido a su hijo y arremeten contra el niño, con los padres de éste o al mismo colegio, por haberlo consentido o ignorado.

2.     Cuando los padres exigen que a sus hijos, les pongan en los equipos deportivos, ya que aportan muchos donativos al colegio.

3.     Cuando los padres pagan las multas, impuestas a sus hijos por sus malas conductas.

4.     Cuando los padres presionan para que acepten a sus hijos en las universidades privadas, no por sus calificaciones, sino porque son familias económicamente fuertes o poderosas.

5.     Cuando los padres se enfrentan a los profesores, desautorizándolos, tengan o no tengan razón, para exigir que a sus hijos sean tratados como los padres quieren.

6.     Cuando los padres se oponen desaforadamente, a los árbitros deportivos, porque creen que han perjudicado a sus hijos.

Sobreproteger a los hijos es blindarles ante la sociedad con una muralla fortificada, con dinero, poder y cumplimientos especiales ante las leyes, que les de la seguridad de que pueden hacer lo que quieran, cuando quieran y como quieran. Para eso tienen la red de seguridad de sus padres, que les respaldan en todas sus acciones.

En todos los países hay familias de apellidos muy conocidos, que tienen mucho poder económico y social: Monarquías, castas de poder político y social, empresarios, etc., que denominaré como familias XYZ. Crían a sus hijos dentro de un sistema, que generación tras generación, casi siempre dentro de la misma burbuja social, donde todo está preparado para que sean intocables por la sociedad. Los hijos tienen que estar por encima de todos, ya que genealógicamente pertenecen a esa familia y en la historia, no ha habido nadie que les obligara a cumplir con las leyes sociales ni jurídicas, ya que sus abogados, se las han arreglado para solucionar cualquier mala situación.

Cuando esos hijos se tienen que enfrentar a la verdadera vida social, se encuentran indefensos ante ella, si no tienen la superprotección de la familia XYZ. Están acostumbrados a hacer lo que quieren y no entienden, ni pueden entender, que ellos tengan que hacer las cosas de otra forma, que la que les apetece.

Los padres sobreprotectores, eliminan de sus hijos la “cultura del miedo” a su mal comportamiento. Ya no les importa nada, saben que sus progenitores les sacarán de cualquier responsabilidad, en la que pudieran haber caído. Sus padres para reafirmarles en su actitud, les comentan los éxitos de otros cachorros de la familia XYZ que tuvieron problemas, pero que el clan familiar se las arregló, para conseguir que no les pasara nada, dejando el paso libre a otras nuevas acciones, que ellos saben que no tendrán repercusiones, ni consecuencias en sus vidas.

Los hijos de las familias XYZ aunque sean mayores de edad, tienen la certeza, si así les han educado, que pueden hacer los negocios sucios que quieran, pues sus familias tienen las suficientes conexiones políticas, económicas o sociales, para impedir que la justicia o la policía les pida cuentas. Han visto lo que históricamente ha sucedido en su familia y saben que los malos actos de sus predecesores, han sido borrados incluso de los archivos de la sociedad.

Padres sobreprotector ha habido siempre, pero eso es cada vez más un signo externo de nivel social y económico. Con su mal ejemplo, se convierten en padres sordos, ciegos y mudos, en los temas relacionados con la educación de las virtudes y valores humanos de sus hijos. Son expertos en solucionar los problemas en los que se meten sus “cachorros”. No vaya a ser que alguien toque o quiera tocar a uno de la dinastía.

La sobreprotección, no es solamente patrimonio de las familias denominas XYZ, también se da en muchos padres, ajenos a la posesión de riquezas o influencias que, para no ser menos ante la sociedad, se hipotecan para siempre en lo social y en lo económico, para emular lo que hacen otros.

Luchar en todas y cada una de las difíciles trincheras que tiene la educación de los hijos, puede provocar una pérdida de perspectiva y en consecuencia, la visión de conjunto de lo que es la educación integral. La educación, se ofrece íntegra o se deja. No hay medias tintas, como para ponerle parches, ni componendas. La educación no es un supermercado o buffet de comida, donde cada uno compra o consume la parte que quiere. Es menú único, pero muy completo.

Cuando los hijos llevan tiempo, viviendo dentro de su “zona de confort” y se ven sorprendido por una contrariedad o decisión ajena a su voluntad, se frustran y les entra el estrés, la depresión o las dos cosas a la vez. No estaban preparados para que alguien les pidiera cuentas de lo que habían hecho y les exigiera que se sometieran a las consecuencias.

La superprotección de los padres, también supone la pérdida del concepto de la responsabilidad, frente a las obligaciones contraídas en las relaciones sexuales con terceros. No les importa tenerlas, ni sus consecuencias negativas, pues saben a ciencia cierta, que sus padres se las solucionarán. La familia no va a permitir a sus hijos, aunque sean las ovejas negras del clan familiar, que tengan un problema de embarazo extramatrimonial y que por ese motivo se introduzca un extraño en el clan familiar. Ya encontrarán un procedimiento para liberarle del problema.

Con la sobreprotección familiar, el concepto de responsabilidad de los hijos queda totalmente anulado para:

1.     Conducir automóviles bajo los efectos del alcohol.

2.     Consumir drogas.

3.     Entrar en negocios sucios o ilegales.

4.     Participar en los juegos o apuestas peligrosas o prohibidas.

En estos casos siempre habrá unos buenos abogados o conexiones sociales, que solucionen los problemas que surjan, y en el peor de los casos, un centro de desintoxicación o rehabilitación, lo más parecido a un balneario, donde pasar una temporada. Pero tienen la seguridad, que a la cárcel no van a ir.

En los adolescentes, la soberbia y la ignorancia, inducidas o aprendidas por comodidad, son muy malas consejeras e insultantemente atrevidas, sobre todo, cuando por sus consecuencias se tienen que enfrentar ante la sociedad. Muy pocos son los que salen indemnes totalmente de sus actos, aunque sus padres les sobreprotejan.

Los padres tienen que recalcular el tipo de educación y sobreprotección que dan a su hijos, darles la vuelta como a los calcetines,sacarles de su “zona de confort” o no permitir que entren ella y se mantengan allí, hasta esperar las consecuencias por sus malas acciones. No deben confundir el amor verdadero a los hijos, con utilizar el poder material para permitirles que hagan lo que quieran, cuando quieran y donde quieran, porque sus padres les van a solucionar las consecuencias que tengan.

Esa sobreprotección se suele basar en actitudes paternas procedentes de orgullos personales, en amores construidos con materiales de desecho, como son:

    • A mis hijos no les toca nadie.
    • Mis hijos están por encima de todas las cosas, incluso de la sociedad.
    • Quiero que mis hijos sean más que yo.
    • Voy a dar a mis hijos lo que nunca he tenido yo.

El buen ejemplo de los padres es fundamental, pero la sobreprotección a los hijos, les deja a estos mutilados para vivir en la sociedad. La justicia no debería perdonar o atenuar su peso, a los hijos que han obrado mal, por mucho que sus padres les hayan acostumbrado a sacarles de todos los problemas sociales, en los que se han metido. La sobreprotección aderezada con la condescendencia, no sólo produce unos hijos injustos y privilegiados, sino que incluso sin hacerles conscientes de ello, les inculcan a creerse y alardear de que son de una raza superior.

Los padres deben inculcar a los hijos, a través del ejemplo y según sus edades físicas y mentales, la práctica de las virtudes y valores humanos, donde está perfectamente definido lo que es protección, lo que es sobreprotección y cuándo, dónde y cómo debe hacerse. Aunque no puedan o no quieran sobreprotegerlos, en todas las cosas que no deberían, puede haber causas excepcionales donde el amor de los padres se refleje en alguna ocasión y bajo condiciones muy estrictas, pues algunos hijos, bastante tienen con sobrevivir ellos mismos, en los segmentos sociales donde viven.

Hay una sobreprotección razonable y necesaria de padres e instituciones, para aplicar obligatoriamente ante verdaderas necesidades, por ejemplo a:   

    • Los hijos que están rodeados de malas compañías, para evitar que por su proximidad e influencia les contagien, incluyendo la de los parientes o amigos tóxicos.
    • Las personas con capacidades diferentes, físicas, intelectuales o económicas, para que no les ocurran daños, que a otras personas es muy difícil que les ocurran.

Las 14 cosas que los padres deben hacer, para evitar la sobreprotección:

1.     No aceptar de antemano posibles limitaciones de los hijos, sin que demuestren por si solos, su capacidad de superarlas.

2.     No admitir la permisividad, como norma de educación de los hijos, para que se vean realizadas las aspiraciones, deseos e intereses de los padres.

3.     No controlar sus decisiones, para que tengan la idea de que pueden hacer lo que quieran, pues los padres les sacaran de sus problemas.

4.     No darles todo lo que quieran en asuntos económicos, permisos, relaciones, comportamientos, actitudes, etc. Exigiéndoles un esfuerzo, pequeño o grande para lo que quieran conseguir.

5.     No evitar que sean los propios hijos, los que busquen soluciones a los problemas en los que se han metido. Que no estén esperando siempre, a que sus padres se los solucionen.

6.     No hacerles ver que, socialmente son superiores a otras personas y que por lo tanto, tienen derecho a tratos diferentes por la sociedad.

7.     No impedir que se relacionen con otras personas, que no sean iguales a ellos, en cuestiones económicas o sociales.

8.     No inculcarles que solamente a través del éxito económico, encontrarán la satisfacción en la vida, con las cosas que compran.

9.     No infundirles que solamente las cosas materiales, deben llegar a dominar su tiempo y los pensamientos, en detrimento de las relaciones personales y de los sentimientos de felicidad, con el amor hacia el prójimo.

10. No neutralizar su autonomía personal, aun a sabiendas que se equivocarán y así, tendrán que aprender de sus propios errores, justificados o no.

11. No obstaculizar que sus hijos se enfrenten a las dificultades o problemas, en las que consciente o inconscientemente se han metido, contra la sociedad.

12. No poner límites en el comportamiento familiar y social.

13. No tener miedo a las críticas de la sociedad, por no haber permitido a los hijos que sigan las corrientes sociales, que van en contra de las normas familiares y morales.

14. No tratarles de acuerdo con la edad física y mental que tienen. Los padres no pueden criar hijos con normas para menores de edad, para unas cosas y mayores de edad, para otras.

La sobreprotección, que en principio parece una ayuda, termina siendo todo lo contrario, al impedir que los hijos se responsabilicen de sus actos y sigan viviendo con sentimientos de inutilidad, al pensar que los padres les solucionarán todos sus problemas. Puede convertirse en la enfermedad de la opulencia, trasladada al estilo de vida.

Hay una gran cantidad de hijos educados, en un mundo de sobreprotección, que tendrán que aprender a sobrevivir, a medida que los padres pierdan su poder social o económico. Nadie tiene ese privilegio en propiedad, para toda su vida y para todas las ocasiones. Por mucho que les cueste, en algunas ocasiones, tendrán que irse acostumbrando a ser como los demás ciudadanos, tanto en su comportamiento, como en la ausencia de privilegios.

A los padres sobreprotegedores, no les importa que prevalezcan su orgullo, su mentira o su propio interés, para que la justicia no se aplique a sus hijos, ni que éstos se conviertan en “hijos ping-pong”, yendo del problema, a la inmunidad e impunidad, y vuelta a seguir en lo mismo. Piensan que lo que le pasó a su hijo, no le debió de haber pasado y que solamente fue por su mala suerte, ya que no tuvo nada que ver con su estilo de vida, pues no había nada malo en hacer lo que hacía, aunque la sociedad opinara lo contrario. La buena crianza de los hijos, hay que trabajarla día a día, no solamente cuando haya que solucionar sus problemas.

Los padres responsables y no sobreprotectores, deben controlar muy bien en sus hijos los momentos luminosos y los de tinieblas, sus luces y sus sombras, los de obediencia y rebelión. Distinguir cuando exigen sus derechos y se olvidan de sus obligaciones. La infancia y la adolescencia son claves, para la posterior evolución de los hijos, ya que es cuando aprenden lo bueno que les enseñan sus padres, pero también se dan cuenta, cuando sus acciones no les suponen ninguna responsabilidad. Esto puede crearles su futuro carácter, modificado por la sobreprotección parental. Los padres tienen que saber valorar los brotes de impunidad e inmunidad que tienen sus hijos, provengan de cualquiera de los cónyuges, para instruirles, advertirles, señalarles y trazarles pautas.

El aumento de la sobreprotección de los padres a los hijos, está relacionada con la acentuación de la desigualdad material, consecuencia de la instalación de la fiebre del lujo y del poder, de la excesiva riqueza y la estimulación de las necesidades artificiales, por la adición a la sobreabundancia, la supervaloración del concepto de posesión o percepción de fama, dinero, bienes y apariencia física y social. Principalmente en segmentos sociales donde demasiado, nunca es suficiente.

La sobreprotección de los padres hace necesaria una reeducación y rehabilitación total, para los hijos y para los padres, pues tienen que inculcar a ambos, la capacidad de poder enlazar los malos comportamientos, con las consecuencias que produzcan y que la riqueza material o el poder, no debe otorgar privilegios ante la sociedad.

Los hijos sobretegidos se convierten en tiranos, a la larga y a la corta, pues los han acostumbrado a vivir en una burbuja familiar y social. Los padres no podrán después lamentarse, de los errores realizados durante su etapa de maduración educativa, ni en la de la adolescencia, cuando tengan que enfrentarse al mundo real. Para su educación integral, el exceso de protección es tan perjudicial, como el defecto de protección. Para que den valor a las cosas, no hay que ponérselo todo en bandeja, siempre hay que darles justo, lo que necesitan.

Los hijos sobreprotegidos suelen tener muchos miedos y dificultades, para adaptarse a nuevas o difíciles situaciones, donde tengan ellos que tomar las decisiones. No se acostumbran fácilmente a la solidaridad, ni a la autonomía, ni a ejercer su libertad, ni a tener iniciativas, pues han tenido muy poca cultura del esfuerzo y del sacrificio. Nadie, ni la sociedad le ha puesto límites, y cuando se los han puesto, siempre le han consentido que los pasen. Los hijos necesitan aprender a superar sus adversidades y sus fracasos, para ello los padres tienen que prepararles para la sociedad, educándoles en el esfuerzo.

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¿Cómo tener mejor comunicación entre padres e hijos?

No hace mucho tiempo me comentaba un joven,  quejándose amargamente, sobre la relación con sus padres:

-No hay manera de convivir con mi padre. Cuando llego en la noche a casa de la Preparatoria, y él está en la sala leyendo el periódico o viendo la televisión, y siento deseos de contarle cómo me ha ido con las materias en la escuela y que, en general, he subido de promedio; o también que conocí a una chica guapa y simpática y que me gustaría que fuera mi novia; que en mi equipo de fútbol hemos ido ganando todos los partidos y probablemente lleguemos a la final y que por todo eso, estoy muy contento…

Me siento junto a él,  en el sillón, se voltea hacia mí, me hace un gesto como de saludo y con mirada indiferente  me dice:

-Hola, ¿cuánto dinero me quieres pedir para este fin de semana?

Aprovecho la oportunidad y le digo la cantidad que necesito. Pero añado:

 -Te quería contar que con mis materias en la escuela…

 Me interrumpe y me hace una observación:

 -¿Te fijas qué aburrida es la política y cuánta corrupción tenemos en este país? ¡Es el colmo! –Y, molesto, deja de leer el periódico. Inmediatamente enciende la televisión y comienza a pasar de canal en canal, hasta encontrar un programa que le resulta interesante.

 Vuelvo a la carga y le digo a toda prisa:

 -Papá, saqué la mejor calificación en Matemáticas en el concurso anual de toda la Preparatoria. ¡Estoy feliz! Y fíjate que acabo  de conocer a una chica preciosa en la última fiesta y, de inmediato, nos entendimos bien…

 Pero me contesta, con la mente ausente y ajena a lo que le dije:

 -¿Podrías ver si en el refrigerador hay una cerveza bien fría? Porque va a comenzar un excelente partido entre el Barcelona y el Real Madrid. ¡Va a estar muy bueno! ¿No lo quieres ver?

 Voy al refrigerador y le traigo la cerveza con un tarro y un destapador en una charolita y me dice:

 -¡Gracias, hijo!

 -A propósito de fútbol, papá, estoy seguro que en mi liga vamos a llegar a la final y probablemente seremos campeones, ¿cómo la ves?

 Y me responde con una pregunta que me desconcierta:

 -¿Tú le vas al Real Madrid o al Barcelona?

 -Me da igual-le respondí molesto. Me levanté y me fui a mi habitación bastante triste e irritado.

Mi querida madre –continuó su relato- es muy buena y servicial conmigo, pero le encantan las comidas y las cenas con sus amistades. Digamos que mis padres viven intensamente las relaciones públicas por los clientes importantes que él tiene en su empresa.

Pero el hecho es que vivimos como extraños bajo el mismo techo. Ellos siempre van a lo suyo. Desde luego, no me puedo quejar porque me dan todo lo que necesito: dinero, ropa, coche, viajes… ¡Pero jamás se sientan a escucharme, a tratar de comprenderme, “a ponerse en mis zapatos” y estoy harto con llevar este tipo de vida! A veces me dan ganas de irme a vivir a un departamento con unos amigos…

Esta conversación que he relatado es completamente real (con algo de recreación literaria) y, por desgracia, suele ocurrir en bastantes familias. Otras veces, como escribía en un artículo anterior, impera la violencia intrafamiliar donde todo se resuelve a base de “gritos, sombrerazos y hasta golpes” (físicos o morales, cuando se trata de insultos hirientes).

Hay un principio fundamental: los padres deben de interesarse de forma auténtica por sus hijos y para lograr una formación esmerada en sus virtudes y valores. La juventud es una etapa clave para redefinir y moldear aspectos de su personalidad.

Es necesario que cuando los adolescentes se hacen los grandes o aparentemente pequeños cuestionamientos de su vida y necesitan de la observación atenta, de la palabra oportuna, de captar a fondo lo que los chicos quieren plantear… ¿Para qué? Para saber comprenderlos, animarlos, corregirlos (si hace falta), ponerles metas ambiciosas en su vida, cuidar la selección de sus amistades…

Debe de haber una estrecha convivencia. Muchas veces los mínimos detalles en una hija o un hijo, pueden revelar la “punta de un iceberg”. Por ejemplo, ante comentarios superficiales e irónicos sobre el sexo; si en las fiestas comienzan a beber en exceso; si no les consultan sus planes de los fines de semana; o muchas veces no se sabe dónde localizarlos; o bien, a qué hora van a regresar de las fiestas; si les animan a concederle un lugar prioritario a las tareas escolares y a las horas de estudio antes de organizar planes de asistir a reuniones sociales; en caso de que  los hijos entren en exámenes parciales o finales, muchas veces habrá que cuestionarles el permiso de salir y preguntarles si dominan la materia y están en buenas condiciones de preparación como para que obtengan un buen promedio en sus exámenes y, como sucede a menudo, que logren conservar sus becas.

En esas temporadas de exámenes finales, muchas veces mis padres y los de mis amigos, nos negaban cualquier salida a reuniones sociales porque debíamos de concentrarnos en preparar satisfactoriamente todas las materias para lograr un buen promedio general. Y puedo asegurar que nadie “se traumó” por eso. Más bien, quedamos agradecidos porque eso nos ayudó a mejorar en nuestro promedio,  cara a las calificaciones para mostrar y ser admitido –sin problemas- en una futura carrera universitaria.

Los hijos tienen que notar que se les quiere; que si se enferman o se sienten mal de salud, los padres son los primeros interesados en acompañarles al médico y comprarles las medicinas necesarias; si un hijo

suele vestirse bastante desaliñado, acompañarle a comprar la ropa que necesita; si regresa con cara de preocupación de la escuela, en seguida, preguntarle qué es lo que le pasa y tratar de darle el consejo oportuno…

En definitiva, se trata de mantener un puente de comunicación entre padres e hijos; de transparencia, de sinceridad, de amistad, de generar confianza.

¡Qué lamentables son los informes que reportó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía! En México, en las tres últimas décadas, la tasa de suicidios se cuadruplicó y el 42% de los casos se registraron entre jóvenes de 15 a 24 años de edad; otros fallecieron por asistir a un antro peligroso y murieron por agresión; 17,000 jóvenes han fallecido al año por accidentes automovilísticos, muchas veces mezclando “alcohol más volante” (confrontar los reveladores datos recogidos por Cinthya Sánchez en “El Universal”, 1-XI-13, sección “C”, “Metrópoli”, págs. 1 y 6).

La pregunta que queda en el aire es, ¿y dónde estaban los padres? ¿les dieron permiso para ir a ese antro inconveniente? ¿conversaron a solas con ellos para aconsejarles que no manejaran en estado de ebriedad? Si intuían que estaban consumiendo drogas, ¿por qué no abordaron, en privado, ese tema con ellos? Si una hija que se suicidó y llevaba varias semanas introvertida, hermética y triste, ¿por qué no se le buscó amistosamente para preguntarle qué le ocurría? Si la hija o el hijo quedaron de regresar a una determinada hora de la fiesta y no se reportan, ¿no es importante llamarles para ver qué ha ocurrido?

Desde luego, es más cómodo para algunos padres desinteresarse de sus hijos y “dejar que el mundo ruede” pero luego vienen los embarazos, las sobredosis de drogas, las congestiones alcohólicas, los fatales accidentes automovilísticos y queda en los padres la voz de la conciencia que les dice: “¡Si yo me hubiera preocupado a tiempo de mis hijos…!”. Los resultados del INEGI están a la vista y hablan más que mil palabras (Fuente: www.yoinfluyo.com).

Padres eduquen a sus hijos en la virtud del PUDOR

  • 10 Consejos para practicar la virtud del pudor
  • 10 Pasos a tener en cuenta, si se quiere practicar la virtud del pudor
  • 10 Consejos para mantener el pudor, en todas las circunstancias

Este artículo está dirigido a los padres, que tengan interés en educar a sus hijos en la virtud del pudor. Si esta virtud no interesa a los padres, es muy difícil que la quieran, puedan o sepan explicar a sus hijos.

Pudor es el sentimiento de vergüenza, hacia lo relativo al sexo o la desnudez física o de ideas. Sentirlo y practicarlo para dar ejemplo, sirve para proteger la intimidad de cada individuo. El concepto del pudor, solamente existe en los humanos y está relacionado con la honestidad, la modestia y el recato.

La virtud del pudor, es una envoltura o mecanismo de protección moral, puesta por la naturaleza, ante los sentimientos de recato, reserva y vergüenza en la intimidad de las personas, lo que permite ser dueños de nosotros mismos.

La virtud del pudor es la tendencia natural, a defender lo más íntimo de la persona, nuestro cuerpo, nuestra forma de hablar y actuar y todas las cosas que consideramos privadas.

La virtud del pudor, hay que practicarla con humildad y modestia, pues no puede ser llevada de forma soberbia ni altanera. Hay que apagar rápidamente los primeros chispazos de la pasión deshonesta, para poder ser personas integras y no dejarse llevar por la lujuria.

La virtud del pudor, deben empezar por demostrarla los padres, con el decoro y recato a la hora de sentarse, de hablar, de moverse, de vestirse demostrándolo en sus escotes, faldas, ropas prietas, etc. De ahí toman ejemplo los hijos.

Los padres tienen que explicar continuamente, la olvidada palabra del pudor, virtud que no está ahora de moda hablar y menos practicar, ya que existe una sobredosis de sexo, que no tiene límites y que provoca más dolor que placer. El respeto que tiene que tener cada persona por si misma, se aprende, principalmente, en la familia.

El pudor preserva la intimidad de las personas, al tratar de no mostrar lo que debe permanecer oculto, incluso para evitar las miradas y los gestos de otros, preservando la dignidad de las personas, su privacidad y la discreción. Es una forma de defensa, de la dignidad espiritual de las personas y está relacionado, con la delicadeza de la castidad y la fortaleza de la templanza.

La virtud del pudor propio conlleva a la virtud de la pureza, invitando a la paciencia, a la moderación en las relaciones amorosas. El pudor aumenta la modestia e inspira las elecciones sobra la vestimenta y el comportamiento, fomentando el mantenerse en silencio o la reserva, donde pueda haber el riesgo de una curiosidad malsana.

El pudor está relacionado con el cuerpo propio y el ajeno, con los sentimientos y con las palabras, al rechazar los exhibicionismos, los chismes de las confidencias intimas, los falsos testimonios, las modas deshonestas, las mentiras y algunas ideologías dominantes.

Los padres deben educar a sus hijos, en la virtud del pudor, desde su más tierna infancia,pues ello les llevará a respetar el pudor de las demás personas. Hoy somos lo que somos, porque antes fuimos lo que fuimos, como consecuencia de la falta de pudor en la niñez.

Cuanto más se aleja el pudor, más se extiende la pornografía, y más violenta y degradada se vuelve, explotando a hombres, mujeres y niños, que son parte de la industria y de sus problemas derivados, como adicciones, infidelidades y divorcios.

La virtud del pudor hay que demostrarla, frente a los medios de comunicación, las redes sociales y las pantallas electrónicas, manifestando la fortaleza moral de la educación recibida, frente a la cada vez mayor disponibilidad y consumo de pornografía.

Virtudes y valores humanos relacionados con la virtud del pudor: Abstinencia, amor, autodisciplina, candor, castidad, continencia, decoro, decencia, dignidad, disciplina, discreción, educación, escrúpulo, familia, Fe, fortaleza, generosidad, honestidad, honradez, inocencia, justicia, moderación, modestia, obediencia, oración, orden, paciencia, perdón, prudencia, pureza, recato, religiosidad, respeto, respetabilidad, responsabilidad, rubor, sencillez, templanza, tolerancia, virginidad masculina y femenina, voluntad, etc.

Si los hijos no tienen inculcada la virtud del pudor, soportada con el ejemplo de sus padres, difícilmente podrán practicar otras virtudes, relacionadas con la sexualidad. Tendrán la conciencia tan endurecida, que todas las cosas les parecerán normales y realizables, en beneficio propio, aunque practiquen vicios como: La osadía, el exhibicionismo, la desvergüenza, la insolencia, el descaro, la inmodestia, la inmoralidad, la indecencia, la perversión, la corrupción, el libertinaje, etc.

El ser firmes con la virtud del pudor, no suele ser social, ni políticamente correcto, ya que la comodidad de dejarse llevar por la corriente de la desnudez y del sexo, es una tentación en la que se cae fácilmente, y difícilmente se sale de ella.

La virtud del pudor se enseña en el hogar, respetando la dignidad del cuerpo, y el derecho a la intimidad y privacidad de los hijos. Haciendo hincapié en la importancia ética del pudor, en la propia persona y en los otros, educándoles en que el cuerpo, no es nada malo ni vergonzoso, sino algo muy importante, que hay que cuidar y conservar.

10 Consejos para practicar la virtud del pudor:

1.     Buscar consejo y ayuda en los propios padres, sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que practique, para acrecentar los conocimientos y la práctica de esa virtud.

2.     Cuidar las ropas, miradas, gestos y posturas, para que no induzcan o inciten, a que otros tomen decisiones equivocadas.

3.     Descartar las conversaciones subidas de tono, que suelen ser unidades de medida, puestas, para ver hasta dónde se puede llegar.

4.     Elegir bien las compañías, sobre todo cuando se prevean situaciones, donde se pudiera producir un descontrol por alguna de las partes.

5.     Estar muy alerta, ante cualquier sospechoso, de malas intenciones.

6.     Guardar bien las distancias, para que nadie se intente pasar, no permitiendo las excesivas familiaridades, incluyendo a amigos y parientes.

7.     No usar ropa provocativa, ni los hombres, ni las mujeres, pero principalmente mujeres, por muy de moda que estén, pues provocan malos pensamientos, que suelen conducir a situaciones indeseadas.

8.     Seleccionar muy bien y evitar los amigos, espectáculos, lecturas, medios de comunicación, redes sociales, donde no se respete o se ataque, la práctica de la virtud del pudor.

9.     Cuidar las ropas que se compran a los hijos, para que no sirvan de escándalo ni provocación, aunque estén de moda.

10. Educar bien a los hijos, para que ellos mismos no se compren ni lleven ropas,  que induzcan a la inmoralidad.

Demostrar la práctica de la virtud del pudor, no es solamente cuando se utiliza la fortaleza de rechazar situaciones, que por su contenido pudieran ponerla en peligro. Hay que dar ejemplo ante los demás, y demostrar que es muy importante para cada persona, no participando en situaciones, conversaciones o actitudes, que pudieran conducir a perder el pudor.

10 Pasos a tener en cuenta, si se quiere practicar la virtud del pudor:

1.     No asistir a espectáculos o reuniones, donde se prevé que pueden ir contra la virtud del pudor.

2.     No creer que la virtud de la pureza, es solamente un perjuicio religioso. Es una fortaleza del carácter, que distingue perfectamente el camino hacia el bien o el mal.

3.     No enseñar ni insinuar las partes del cuerpo, que deben ser mantenidas ocultas con modestia, para no crear apetencias en otros.

4.     No hacer ni participar, directa o indirectamente, en negocios que vayan en contra de la moral.

5.     No leer libros, revistas o ver medios de comunicación, que estén rodeados de pornografía.

6.     No ponerse a discutir lo que es o no es, la virtud del pudor. Una conciencia bien formada, sabe distinguirlo desde lejos. Otra cosa diferente es, dar los consejos pertinentes.

7.     No ponerse en postura provocativas, que animen a otros a dar pasos hacia adelante, para conseguir fines deshonestos.

8.     No pretender ser valiente y quedarse frente a los primeros signos, que vayan contra la virtud del pudor. Es preferible huir, pues no se puede practicar la virtud, exponiéndose voluntariamente a la pornografía.

9.     No querer conversar, sin ninguna necesidad sobre temas íntimos, que deben ser guardados para cada una de las personas.

10. No seguir determinadas conversaciones, que van subiendo de tono hasta la ofensa moral.

Es necesario que los padres dialoguen con sus hijos, en cada una de las fases de su crecimiento y con el lenguaje adecuado, sobre la virtud del pudor. No es, ni tiene que ser, un tema tabú. Para explicarlo, tienen que estar muy bien preparados y buscar el momento adecuado y las palabras justas. Les sobrarán los malos y buenos ejemplos, así como las consecuencias que produce la falta de pudor.

Los padres tienen que abrir su mente, ante los ojos y los oídos de los hijos, para que estos no se sientan abandonados. Este papel de los padres, de repetir las cosas, tantas veces como sean necesarias, no debe cansarles, pues es una parte muy importante de la educación que tienen que dar, y así podrán recibir, los maravillosos frutos de unos hijos bien formados. Deben explicar a sus hijos: Es más fuerte, levantarse una vez, que caer cien veces.

Los padres tienen que fomentar en sus hijos, la visión y belleza del verdadero pudor, sin distorsionar su imagen y sin ocultar el sentido de la dignidad del cuerpo humano. La virtud del pudor merece ser vivida en su plenitud, con derecho a toda la verdad y sin falsedades, para que cuando corresponda en su día, comience la aventura del verdadero amor.

La virtud del pudor se va despertando en las personas, a medida que van descubriendo su propia intimidad. Es un inestimable sentimiento positivo de privacidad, que lleva a no querer manifestar a otros, algo privado, hasta elegir cuándo y cómo, revelar el propio ser, a las personas que pueden acogerlo y comprenderlo como se merece.

Todos y a todas las edades, deben cuidar con mucho pudor la intimidad de su cuerpo, reflejándolo en su ropa, imagen, acciones y lenguaje. Guardando las mejores cosas de su vida, para ellos mismos y así poder entregarlas a quien, con pleno conocimiento de causa, en la edad adecuada y en las debidas circunstancias, decida amar incondicionalmente.

En las actividades religiosas y sociales, el pudor y la decencia, deben impedir asistir con provocativos escotes, minifaldas, ropas insinuantes o exageradas, para no distraer, ni provocar, a los asistentes.

El pudor, la decencia y la honestidad, forman la ética en la imagen personal, la cual debe estar siempre fortalecida, de acuerdo con la estética, la moral y las buenas costumbres, soportadas en las virtudes de la pureza, de la castidad, de la abstinencia y la modestia, para ver las cosas en su justa dimensión y no echarlas a perder, por no haber sabido practicar la disciplina del minuto heroico. Les recomiendo que lean este artículo: 10 Ocasiones para inculcar, fomentar y practicar el “minuto heroico”. Sus valores y virtudes

Los padres deben enseñar con el ejemplo, que las personas en todas las ocasiones, deben ir vestidas con pudor, para evitar provocaciones y tentaciones. También deben enseñar a los hijos el pudor, desde la cuna, e irlo haciendo cada vez más intensamente, hasta cuando los hijos llegan a la pubertad y a la adolescencia, para que se respeten a sí mismo, teniendo pudor con su cuerpo, tanto en la intimidad como en la familia y en la sociedad.

Desde que los hijos, empiecen a desarrollar sus inclinaciones sexuales y tengan la madurez necesaria, los padres deben ir aumentando sus enseñanzas, en la práctica de la virtud del pudor, pues es una de las columnas que sostienen las virtudes de la castidad, la continencia y la abstinencia. Tienen que hablarles del pudor, con mucho amor, con mucha delicadeza y con mucha naturalidad. Pero los padres no deben exasperar a los hijos, hasta que se desmoralicen. Deben educarlos y criarlos con disciplina y mucho cariño, enseñándoles a practicar todas las virtudes y valores humanos.

Hay que conocer los límites y los peligros, de no practicar la virtud del pudor, pues la mala curiosidad y la ignorancia, alejan de las virtudes de la sabiduría y de la honradez. La virtud del pudor, no es sólo abstenerse de la impureza, practicando la templanza, es también abrir un camino para el descubrimiento, cada vez más perfecto de la dignidad del cuerpo. No reflejado en un miedo irracional a exponer el cuerpo, sino a tener un gran respeto, a lo más personal del hombre, que es su intimidad.

El adorno más bello en unas mejillas, es el pudor que las enrojece. Es la primera “bandera roja” que indica, que algo no está bien dicho o hecho. Es la imagen de un muro protector, para el que las ve y para quien le sucede. Es una reacción instintiva, que dependerá la mayoría de las veces, de lo que la persona se haya acostumbrado a hacer, ver, oír, hablar o tocar. Esta reacción de las mejillas, empujada por una conciencia bien formada, ayuda a evitar excesos y peligros morales de todo tipo.

La virtud del pudor en los negocios, indica el grado de frialdad o el nivel de conciencia y moral, con el que se está acostumbrado a realizarlos. Hay quien no tiene pudor, ni vergüenza, en hacer negocios sucios, deshonestos o criminales, debido a que la pérdida de moral, le obscurece la forma de distinguir entre el bien y el mal. En otro artículo trataré sobre “La ética, la moral y la responsabilidad en los negocios”

10 Consejos para mantener el pudor, en todas las circunstancias:

1.     Amar, respetar y exigir que se respete la intimidad, que no deba ser compartida con otros. Tratar de conseguir el no ser dominado por la impudicia y proteger también al prójimo, para no incitarle a hacer, lo que no debe hacer.

2.     Despertar la conciencia personal del pudor, dentro de la dignidad espiritual de las personas, sin tener un miedo irracional a exponer el cuerpo, siempre con el mayor respeto a la intimidad y dignidad personal.

3.     Educar en la práctica de la virtud del pudor, a los niños y adolescentes, para despertar en ellos, el respeto de la persona humana, poniendo hincapié en que comprendan el propósito sagrado del cuerpo y de la sexualidad.

4.     Empezar en la propia casa, teniendo mucho cuidado los padres, al practicar la virtud del pudor ante los hijos y estos con sus hermanos, familiares y amigos. Respetando los tiempos, espacios y circunstancias, sin aprovecharse o ignorar la intimidad sagrada del hogar.

5.     Evitar los actos vulgares, chabacanos y desordenados, al expresar públicamente los afectos, debilidades y tentaciones.

6.     Poner límites a las relaciones con los amigos y familiares, reflejando el sentido propio del pudor, de la privacidad, de la vergüenza y de la honestidad.

7.     Proteger del alcance de los demás, a la propia intimidad, pues practicar la virtud del pudor, es propio de la persona humana, ya que los animales no tienen pudor, por eso hacen en público, sus funciones más íntimas.

8.     Protegerse de las miradas lascivas, evitando el exhibicionismo. No consintiendo a los denominados “amigos fuertes, con derecho a roces deshonestos” propios de los novios en la adolescencia.

9.     Soportar algunas pequeñas molestias, que a veces se pretenden eliminar, al dejarse llevar por el instinto o por la comodidad. Por ejemplo: Frotarse o palparse inadecuada y groseramente, mantener posturas indecentes, pero placenteras, arreglarse la ropa interior o exterior en presencia de otros, etc.

10. Controlar el pudor antes del matrimonio, pues quien no lo controla previamente, tampoco lo hará después y seguramente será un cónyuge infiel.

La quiebra moral y humana, que padece nuestra sociedad, es en una gran parte, debida a que muchas personas no saben lo que es moralmente bueno o malo. Creen que todo es indiferente, todo es relativo, (de ahí, la corriente inmoral del relativismo) todo está permitido, todo vale, es lo mismo, etc. Lo que vale, es lo que cada uno decide en cuestiones de pudor y honestidad. Sin practicar las virtudes y valores humanos, creen que las cosas van a suceder, porque ellos quieren que sucedan. “Confunden sus deseos con la realidad”

Los padres tienen la obligación de educar a los hijos, en una formación integral de la persona, para que se desarrollen en todas sus dimensiones. Los hijos, sobre todo los adolescentes, buscan fundamentalmente referencias sanas y que la vida tenga sentido, además de un sentido para la vida, no una vida instrumental, calculadora y funcional, como la que la sociedad les ofrece con su gran vacío moral.

La virtud del pudor no es causa ni consecuencia, de ninguna enfermedad, pero su abandono, negligencia, renuncia o relajación, es ocasión de muchas de ellas. Algunos medios de comunicación y redes sociales, continuamente pregonan clichés y estereotipos contra el pudor, niegan su existencia y lo ridiculizan, ejercitando su tiranía contra esta virtud. Pero practicarla y mantenerla, da muy buenos resultados a plazo corto y largo.

Los padres tienen que enseñar a los hijos, a que sean felices conociendo y viviendo plenamente, la práctica de la virtud del pudor, pues es muy gratificante y vale la pena de vivirla con integridad, con fuerza, con conciencia y con responsabilidad, disfrutando de lo que es la verdadera dignidad del amor humano.

La virtud del pudor aporta un soplo de aire fresco, en la forma de entender las relaciones entre las personas, y la manera de ver el mundo en general. Va más lejos, que la frivolidad que impone la cultura actual, en esta sociedad de usar y tirar.

La virtud del pudor es un ideal, sorprendentemente olvidado para algunos, pero tenido muy presente para muchos. Es un arma en la que numerosas personas, siguen pensando y utilizando, aunque otros no la conozcan. El pudor tiene la capacidad, de liberar de toda la vulgaridad e intrascendencia, con la que nos hemos acostumbrado a convivir. El cuerpo es una obra maravillosa y cada uno es responsable y paga las consecuencias o recibe los premios, según lo que haga con el suyo.

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