¡El tiempo es breve!

Hace unos días, mis compañeros de la Preparatoria conmemorábamos los cincuenta años de haber concluido los estudios de bachillerato en el Instituto la Salle de Ciudad Obregón, Sonora.

Aún puedo recordar vivamente a los que fueron de mis profesores, qué materias nos impartieron, a mis compañeros de clase, el modo de ser de cada uno, a los que ya fallecieron…Pero el hecho de aceptar plenamente que han pasado cinco décadas desde ese 1969, reconozco que no me resulta fácil.

Cuando leí, en mi juventud, la célebre obra literaria de Calderón de la Barca: “La Vida es Sueño”, concluí pensando: “¿No será que este autor exagera?”: Pero no, con el paso del tiempo acepto que Calderón tenía toda la razón.

En una conocida carta de Pablo de Tarso a los ciudadanos de Corinto les escribió: “¡El tiempo es breve!” “¡Qué breve es nuestra duración del paso por la tierra!”

Pero, simultáneamente, me resultaba irreal el título del libro de una recolección de poemas del chileno y diplomático, Pablo Neruda (1904-1973), que lo titulaba “Residencia en la Tierra”.

¿Por qué? Porque aquí en esta vida estamos de paso y eso lo palpamos todos los días o semanas. Nuestra vecindad con la muerte es muy frecuente, particularmente con el paso de los años.

Una conclusión que podríamos sacar es que el tiempo es corto y que hay que saber aprovecharlo al máximo: 1) para mejorar y superarnos como personas en nuestro trabajo y en nuestras relaciones familiares; 2) para ponernos metas altas en la vida y no caer en la mediocridad o dejarnos llevar por el conformismo o el consumo desenfrenado de bienes materiales; 3) para atender con cariño a la esposa y estar pendientes de la esmerada educación de los hijos; 4) para abrir bien los ojos y darnos cuenta de que muchas personas necesitan de nuestra ayuda desinteresada en forma personal o con nuestra colaboración en labores sociales y asistenciales.

No puedo dejar de mencionar una anécdota que me impresionó hondamente sobre un reconocido y prestigiado abogado -bastante mayor de edad- que se jubiló y en vez de dedicarse a viajar con su esposa -porque tenía suficiente dinero- por los cinco continentes, o como se suele decir, “darse a la buena vida”, se decidió a vivir sobriamente y dedicarse a ayudar a las personas que más necesitaban de sus servicios jurídicos sin cobrar ni un solo peso y así durante muchos años.

Como le tenía confianza, le pregunté: “-¿Por qué lo haces?”

Y me respondió con firmeza y determinación: “-¿No te das cuenta? Esta vida se me escapa como agua entre las manos. Y las buenas obras son lo único que puedo dejar en este mundo”. Y concluía: “¡No puedo llegar Allá Arriba con los costales vacíos!”

Un tren que semejaba a un largo túnel sin sentido

En no pocas ocasiones nos encontramos con personas que dan la impresión de que pasan por la vida como por un largo túnel: están sumamente entretenidas en su quehacer cotidiano y olvidan de mirar a su alrededor. ¿Por qué digo esto? Porque no conocen a fondo a los miembros de su familia ni las necesidades de sus semejantes. No se enteran de las carencias sociales ni mucho menos se interesan por resolverlas.

Había un famoso tren, que le llamaban “Bala”. Corría de la Ciudad de México a Nogales, Sonora. De veloz no tenía nada porque marchaba muy lento. Recuerdo que la mayoría de los que viajábamos éramos estudiantes que íbamos de vacaciones a nuestras ciudades de origen. Para matar el tiempo, muchos universitarios decidían irse al “salón-fumador” y algunos se dedicaban a jugar a las cartas o al dominó, mientras bebían cerveza, y podían pasarse horas y horas o la noche entera, haciendo exactamente lo mismo, sin moverse de su sitio.

Lo único que deseaban era entretenerse en el juego, como una forma de evasión. Iban contando con ansiedad el número de ciudades que les faltaban para llegar a su lugar de origen.

No les atraía ni leer un buen libro, admirar el paisaje o entablar conversaciones con otros pasajeros, que habitualmente son enriquecedoras.

Simplemente su mente giraba en torno al número de horas que aproximadamente deberían de transcurrir para llegar a su lugar de destino y, mientras tanto, había que matar el tiempo de cualquier manera: jugando a las cartas, bebiendo o durmiendo.

Algo así me parece que ocurre con las personas que ponen a su trabajo como un fin absoluto. Esa actitud es denominada en psicología como “Workaholic” (manía compulsiva por trabajar), descuidan sus primordiales deberes familiares, no cultivan amistades, tienden a excluirse de la vida social y se pierden toda la maravilla de experiencias que pueden tener en su entorno, en su mundo circundante. ¡A muchos se les escapa de sus manos la vida, sin aprender a vivirla!

Pero también existen muchos otros que se comportan de modo radicalmente opuesto y tienen un desmedido afán por la diversión o lo lúdico y nunca llegan a captar el sentido de su existencia. No se plantean interrogantes fundamentales, como: ¿quién soy? ¿de dónde vengo? ¿hacia dónde voy? ¿qué sentido tiene que realice mi trabajo con un enfoque profesional, bien acabado? ¿qué deberes tengo para con mi cónyuge, para con mis hijos, para con la sociedad o con mi Patria? Algunos piensan que todo en la vida es una broma, un serial de chistes, conductas frívolas o carcajadas huecas.

No es así la realidad. Hay aspectos serios de nuestra vida que hay que atenderlos a conciencia, con esfuerzo diario y responsabilidad personal. La sabiduría de la vida consiste en cumplir con nuestros deberes profesionales, familiares o sociales, saber armonizarlos, y a la vez, no perder nunca de vista el sentido trascendente de todo lo que hacemos ni la estación última de nuestras vidas.

Elvis Presley; una vida contradictoria

Se cumplen 80 años del nacimiento del  “Rey del Rock”, Elvis Presley (1935-1977). Desde que grabó su sencillo “It’s all Right” tuvo una carrera meteórica de éxito en éxito con populares melodías como: “Hotel Rompecorazones”, “El Rock de la Cárcel”, “No seas Cruel”, “Perro Callejero”, “Ámame tiernamente”, “Ahora o nunca”, “Zapatos de ante azul” y otras canciones de los grandes compositores del Rock and Roll, como: Chuck Berry, Fats Domino, Little Richard, Carl Perkins, Bill Halley, Roy Orbison… Pero también supo incursionar con acierto en otros ritmos de su época: country music, blues, baladas románticas, Rhytm and Blues, Gospel, Pop…

Elvis tenía una potente y vigorosa voz capaz de dar notas muy agudas y, con soltura, descender a tonos bajos, al punto que le denominaban “el blanco que cantaba como negro”. Pero, además, acompañado de su guitarra, se contorsionaba, gritaba, sacudía violentamente su cuerpo y su cabeza y con tanto movimiento se despeinaba, saltaba y caía de rodillas. Era un estilo original, espontáneo, salvaje que gustó a la juventud norteamericana. Era todo un showman porque contagiaba su entusiasmo por cantar y encarnar ese nuevo ritmo del Rock and Roll.

Cuando el cineasta y pintor vanguardista Andy Warhol, iniciador  del “Pop Art” expuso como obra pictórica una lata de sopa “Campbell” con la fotografía de Elvis, estaba transmitiendo una idea importante: Elvis pertenecía ya a la cultura de su país y del mundo occidental; era un ícono de los años cincuenta como lo fueron James Dean, Marilyn Monroe…

Después de brindar numerosos conciertos por Estados Unidos, súbitamente su carrera fue interrumpida cuando en 1958 fue requerido para prestar su servicio militar y, por ese tiempo, ocurre un hecho traumatizante en su vida: el inesperado fallecimiento de su madre por quien sentía una codependencia casi enfermiza y suceso del cual nunca se recuperó afectivamente.

Tras varios fracasos musicales y los desacertados consejos de su director artístico, el Coronel Parker, decide retirarse por siete años del mundo de la música e incursiona en el cine. Pero en 1968, ya con un nuevo  asesor, se volvió a lanzar al estrellato como cantante y varias de sus canciones ocuparon de nuevo los primeros lugares de popularidad. Tuvo sonados éxitos, como: “In the Ghetto”; “Tú estarás por siempre en mi mente”; “Mentes suspicaces”… Comprobó que las multitudes lo continuaban viendo como a un ídolo y le seguían pidiendo autógrafos. En muchas ciudades se habían formado “Los Clubes de Elvis” y lo seguían por todas partes.

Para comprender mejor la personalidad de Elvis, es interesante lo que el “Rey de la Música Country”, Johnny Cash, nos narra, después de tratarlo durante meses en aquellas agotadoras giras y haciendo presentaciones en los auditorios de numerosas ciudades de la Unión Americana. Comentaba sobre Elvis que era un obseso sexual y podía pasarse horas relatando detalladamente  sus aventuras amorosas, al punto, que le resultaba una persona desagradable en el trato.

El Ícono se casó con Priscilla Beaulieu pero años después se divorció, debido a las continuas infidelidades de Elvis. Y a continuación vinieron una larga y efímera cadena de amoríos. Cuando se observan sus videos con sus parejas en turno, llama la atención que esas chicas sólo eran una especie de “hermosos adornos” alrededor de él y que lo acompañaban para que Elvis se luciera más. Tenía una marcada tendencia al egocentrismo y a estarse autocomtemplando casi todo el día. Era como un niño caprichoso en sus comidas, en su ropa, en su forma extraña de vivir. Todo en su existencia se reducía en aparentar lo que no era, con su permanente sonrisa y su dentadura muy blanca cuando se presentaba en público. Pero detrás de esa máscara había sólo vacuidad.

Desde el año 1960 comenzó a consumir anfetaminas y paulatinamente fue aumentando sus porciones hasta morir de sobredosis en 1977. Truncando fatalmente su vida con escasos 42 años. Un familiar de Elvis comenta que en los últimos años de su vida permanecía encerrado en su habitación, practicando el espiritismo y con obsesiones paranoicas.

¿Qué conclusión podríamos obtener de este ícono tan admirado? Elvis lo tenía todo para ser feliz: fama, dinero, reconocimiento a nivel internacional de sus talentos artísticos, multitud de admiradores de todas las edades, pero siempre arrastró una inmadurez emocional, como esos adultos que nunca superan su  adolescencia. Tanto su codependencia materna como la búsqueda insaciable del placer por el placer a través de las drogas y su desordenada conducta sexual, lo convirtió en una persona vacía, amargada, ausente de valores. Cavó su propia tumba en vida y se encontraba harto de sí mismo.

No cabe duda que nadie lo superó interpretando espectacularmente melodías de Rock and  Roll, pero lamentablemente perdió la brújula; nunca  supo darle un sentido profundo a su existencia para  madurar como persona y  salir fuera de esa peligrosa órbita del ‘yo’  para formar, por ejemplo,  una familia fiel y estable, interesarse auténticamente  por el cuidado y educación de la niña que tuvo con Priscila y servir a los demás con generosidad. Esta es una lección inolvidable que nos deja la paradójica biografía del “Rey del Rock”.

Diversión con los pies en la tierra

Vacaciones que nos llevan a vivir una realidad que es totalmente alejada a la verdad. Descansar de trabajar o de la rutina diaria es lo que hacemos en las vacaciones. Independientemente de la razón por la cual se toman, como en esta ocasión Navidad, o próximamente Semana Santa o los puentes que festejan días patrios, las vacaciones nos hacen salirnos de nosotros mismos.

Vacacionar nos hace vivir una película, en donde somos los protagonistas, el director son las circunstancias y los compañeros de reparto son los amigos y familiares. Habrá quiénes anhelen salir de viaje o por lo menos dejar la monotonía para hacer a un lado la verdad y otros que no tienen verdades tan duras y desgastantes simplemente buscan cambiar de ritmo por el placer de innovar.

En las vacaciones, sobre todo de fin de año nos divertimos, casi todos logramos encontrar un poco de diversión. Si salimos de nuestra ciudad, encontramos gente nueva y gente no tan nueva pero que tuvo algo que ver en nuestras vidas, y el momento de las celebraciones, el escape de las vacaciones nos crea una sensación de hermandad y amistad como si nunca hubiera habido un distanciamiento.

El fin de año nos crea una sensación como de final inminente en el que hay que aprovechar al máximo. Aunado a ello las vacaciones nos aligeran el alma y al buscar divertirnos, evidentemente nos esfumamos de la verdad y creamos una realidad pasajera.

Fíjense nada más, que alguna vez me tocó escuchar a un gran orador que nos decía que si Platón, Aristóteles y todos sus secuaces osaran venir a esta era, quedarían con expresión de emoticón sorprendido con iniciales de “OMG” al percatarse que hay ciudades enteras dedicadas a la diversión. ¿Saben por qué? Bueno todo comienza con la raíz etimológica; la palabra diversión o divertirse se refiere a realizar actividades diferentes a las que ejecuta cada persona de manera ordinaria y cotidianamente, éstos pueden ser muy distintos en cada persona según sus gustos, costumbres, tradiciones, etcétera. Sobre todo lo que haría a estos filósofos caerse de espaldas es que el verbo divertir ha sufrido históricamente algunos cambios y transformaciones como: “divertir (l.divertere) S. XVI al XX. Que quiere decir apartar, desviar, alejar. ¡Nos apartamos como personas! ¡Nos desviamos! Separamos el cuerpo del espíritu, buscamos alejar la verdad porque ¿duele?

Entonces el postre siempre después de la diversión es la vida real, cuando terminan las vacaciones (lo que estamos actualmente padeciendo) pues caemos en cuenta que las cosas siguen igual, que solo fue un momento de cambios efímeros pero que nuestra existencia es otra. Y la cruda es en ocasiones mucho más intensa, que cuando dejamos como las vacas hacen, los pies en la tierra.

Por ello, para este 2015 seamos como estos rumiantes que se salvan de los desastres naturales gracias a que perciben que algo malo se avecina (Indonesia, Tsunami 2004), ¿cómo lo logran? Pues manteniéndose bien plantados sobre el piso y así saben cuándo hay que huir de la mentira para enfrentar la realidad.

Feliz año. Un año que se dice será perfecto y con infinidad de posibilidades para ser felices. Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

Para quien no esté enterado

De acuerdo a lo “políticamente correcto”, hoy estaríamos viviendo en sociedades libres, pluralistas y tolerantes, al punto que nada resulta peor que una desmedida homogeneidad, razón por la cual, las diferentes concepciones de la vida que coexisten serían un semillero para nuevos cambios (a los cuales casi siempre se rodea tácita e infundadamente de un cariz positivo), siendo por ello algo beneficioso para nuestras actuales democracias.

Sin embargo, esta optimista visión parece no tener en cuenta que muchas de las concepciones del hombre y del mundo resultan más o menos incompatibles entre sí. Por eso, pretender que puedan coexistir pacíficamente unas y otras es, o bien un cínico engaño, o bien producto de una candidez pasmosa. Ello, porque resulta inevitable que en algún momento surja una concepción que pretenda hacerse hegemónica a costa de las demás.

Para quienes no estén enterados de esta situación y siguen encandilados –e incluso neutralizados– por esta bonita fachada de la tolerancia de nuestros días, que esgrime hipócritamente el actual laicismo en su pretensión de hacerse hegemónico, aquí va un buen botón de muestra.

En España, y pese a los múltiples problemas por los que atraviesa ese país, el ayuntamiento de Andalucía no ha encontrado nada mejor que iniciar una furiosa campaña para expropiar la Catedral de Córdoba. Ni más ni menos. De este modo, siguiendo los pasos de conocidos países totalitarios de tipo “clásico” –varios de los cuales cayeron por su propia ineptitud y corrupción–, pretende apoderarse de lo que no es suyo, en este caso, de un templo de la Iglesia Católica (y antes musulmán) que desde hace mil quinientos años ha sido consagrado para el culto, aduciendo, sorprendentemente, que dicho inmueble “no pertenece a la Iglesia”.

El argumento no tiene ni pies ni cabeza, pues los orígenes de la Catedral datan del siglo VI, antes de la conquista musulmana, luego de la cual, en el siglo VIII, fue derruida y convertida en mezquita, para retornar nuevamente al culto católico en el siglo XIII gracias a la reconquista española; con la diferencia que en este caso, se conservó buena parte de la arquitectura anterior.

De este modo, desconociendo quince siglos de historia, se pretende expropiar un lugar dedicado al culto. ¿Cuál es la razón?

Respuesta: para quien no lo sepa, lo anterior es una muestra más, dentro de muchas otras actividades del laicismo (programas políticos, leyes, tratados, sentencias, prensa, arte, etc.) que lisa y llanamente, buscan borrar toda manifestación religiosa de nuestras sociedades. Con el pretexto de la laicidad, se pretende crear precisamente lo que desde la boca para fuera condenan: una completa homogeneización de nuestras sociedades, en donde la “verdad oficial”, establecida por el estado y elevada a la categoría de dogma, no tenga oposición alguna. ¿Seguiremos sin enterarnos?

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

#FeedTheDeed #CafePendiente

Carta feed deedAl llegar a comprar mi café diario de media mañana, me he topado con una agradable sopresa. Al querer pagar, entrego mis $25.00 pesos, esperando mi cambio de $1.00 peso porque cuesta $24.00 pesos y el barista de pronto en lugar de darme el peso me regresa mis veinticinco. Me quedé mirando a la mano, extrañada, suponiendo que se había equivocado pero no fue así, sino que alguien, un desconocido había querido hacerme un favor. #FeedTheDeed o Cadena de Favores es una campaña que está circulando por las redes sociales y ha dado el salto de la vida cibernética a la realidad. Ahora nos damos cuenta que este mundo que pareciera nos ha consumido en tiempo y nos ha deshumanizado, está retornando a lo que toda persona busca para ser feliz de forma verdadera, bella y buena, es decir, felicidad que perdura, esa que busca el bien ajeno. No obstante, dada la Dictadura del Relativismo, como osó Benedicto XVI llamarle a esta era, se ve una luz al final del túnel de una vida egoísta y sin sentido. Todavía hay quiénes buscan hacer la diferencia viviendo al servicio de los demás.  En mi caso particular, me hicieron feliz, sin saber quien fue, pero me contagió las ganas de continuar haciendo el bien para evitar el mal.

Finalmente investigando al respecto, encontré que existe una campaña que se llama «Café Pendiente», aquí la dinámica es distinta ya que si compras un café puedes comprar otro que no te llevas. Así es, pagas un café y el otro lo pagas pero no lo consumes con la idea de dejar uno pendiente para quien no tenga dinero para comprarse uno. Entonces los indigentes, enterados de que existe este programa, llegan a la cafetería y preguntan -¿Hay café pendiente?- si ese día hubo gente caritativa seguramente se llevará un Café Pendiente

¿Les late que hagamos la misma dinámica, pero dado que posiblemente el establecimiento no tenga este programa, podamos por ejemplo en el supermercado en donde vemos en muchas ocasiones albañiles comprando 30grs de jamón, que en realidad son como 5 rebanadas, comprarle de perdida 300grs? O ¿si vemos a una señora comprando apenas un cartón de leche para su hijo, comprarle tres?

No sé, la verdad pensar primero en los demás da mucha felicidad, mucha más que cuando estamos ensimismados. Mucho más da el desprendimiento que el atesoramiento. Es un hecho que te llenas más, cuando más das de ti. Deja pasar al peatón, cede el paso en el metro, el elevador, en la calle cruza por la esquina, piensa en los demás y seguramente cuando nos muramos no tendremos nada pendiente por completar.

Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

El recuerdo del recuerdo

Muchos se extrañan hoy que las cosas “no funcionen como antes”, por decirlo de algún modo. Así, por poner sólo algunos ejemplos simples –y de menos a más–, hoy existe un notable decaimiento de los modales, del espíritu de sacrificio, del cumplimiento de los compromisos, del respeto a la autoridad, de la honestidad en los negocios, la confianza mutua, e incluso existen diferencias radicales en la actitud ante la vida y la familia. Todo esto es materia de amplia disputa, fruto de haber puesto en duda nuestra real posibilidad de descubrir el bien y el mal, lo que nos ha ido convirtiendo mutuamente en extraños.

Ahora bien, la gran pregunta es si la convivencia puede mantenerse si cada cual anda “a su aire”, como se dice, no sólo fruto de un notable y creciente aislamiento, sino incluso de un preocupante solipsismo, que hace que cada uno casi “invente” su propia realidad.

Así, ¿cuánto tiempo puede continuar su camino una sociedad que va perdiendo sus concepciones comunes? ¿Es posible mantener una mínima cohesión si cada uno se considera completamente libre a fin de hacer lo que desee, con la más amplia discrecionalidad para afectar a sus semejantes (si es que los considera como tales), pero exigiendo eso sí, un completo respeto por sus planes de vida?

Más aún: muchos dicen que cualquier orientación que el Estado o la autoridad  pretenda sugerir para la libertad humana, sería una especie de “perfeccionismo” o “paternalismo”, que al preferir un estilo de vida sobre otros, resultaría incompatible con la libertad y dignidad humanas. Lo cual incluso impediría a los padres inculcar valores a sus propios hijos.

También suele afirmarse que todas las opciones valdrían lo mismo. Lo cual parece curioso, porque no parecen equiparables, por ejemplo, el sujeto que voluntariamente se entrega a los excesos sin medida y termina siendo una carga para la sociedad (que debe financiar su convalecencia o incluso sus vicios), a aquel que por el contrario, se esfuerza por adquirir una mejor situación mediante el trabajo, o a quien se niega cosas para criar y educar a sus hijos. No es lógico ni justo no comparar y preferir estas últimas alternativas.

Es por eso que postular la imposibilidad de llegar a una verdad tiene unos costos que muchos parecen no haber calibrado adecuadamente. Si bien en un principio le permite al sujeto hacer lo que quiera (pues con estas premisas, nadie tiene razón en materia moral, con lo cual nadie puede criticar a nadie), atenta de manera fatal contra las bases mismas de la convivencia, aunque este proceso lleve tiempo.

Por eso, si las cosas se mantienen aún, es porque como señalaron hace años Etienne Gilson y Martin Kriele, estamos viviendo “el recuerdo del recuerdo”, esto es, la inercia (preponderantemente cristiana) que aún mantiene algunos cánones comunes de conducta. Mas, ¿qué pasará cuando esto se haya olvidado?

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

El peor abusador

Para muchos, el Estado es una especie de dios: un sumo protector que gracias a su poder, provee de lo necesario para vivir y evita las injusticias y los abusos.

Esta verdadera obsesión por Papá-Estado suele tener como premisa la dogmática concepción según la cual, quienes estiman que el Estado debiera ser bastante más pequeño a fin de permitir la libre iniciativa (identificados por regla general con los empleadores), son unos codiciosos insaciables y abusadores sin escrúpulos. Ello explicaría que para los explotados, no quedara más remedio que buscar la protección de este Estado justiciero.

Sin embargo, esta maniquea y simplista visión olvida, curiosamente, que las instituciones de ese Estado en el cual se han puesto todas las esperanzas, están constituidas por personas, con las mismas virtudes y defectos que las demás. Así, al no tener en cuenta este dato crucial, se atribuye cándidamente a sus actuaciones una bondad a toda prueba.

Ahora bien, para seguir con esta burda representación, imaginemos por un momento que quienes no desean un Estado todopoderoso fueran de verdad la peor calaña posible de seres humanos. Ante este escenario, todo se limitaría a un problema de poder y de opresión, sea de estos desalmados o del Estado, con lo que la pregunta de fondo se reduciría a saber cuál poder y opresión resulta más soportable, el privado o el público.

Así las cosas, y aún llevado a este extremo, nos parece que prácticamente cualquier situación es mejor que un Estado todopoderoso. En efecto, el poder privado rara vez es tan fuerte como el estatal, siendo su posibilidad de obligar infinitamente menor, ya que debe recordarse que el Estado (y los sujetos que encarnan sus organismos) posee el poder coactivo para imponer sus decisiones.

En segundo lugar, por muy abusador que sea un poder privado (un empleador, por ejemplo), las potenciales víctimas (porque, de hecho, las hay) podrían por regla general, cambiar de trabajo y encontrar un patrón menos malo, lo que en el caso del poder estatal es imposible, pues todos quedan a merced del mismo. La única solución es emigrar, si se puede (y si se lo permiten) a otro país.

Finalmente, un tercer problema es que en el ámbito privado suele existir creación de riqueza, lo que no ocurre o es mucho menor cuando el Estado lo controla todo, tal como demuestra la historia. Por tanto, al menos el abuso de privados genera riqueza, mientras que el abuso del poder público no, perpetuando no sólo la pobreza –y de paso, convenientemente, la dependencia de los débiles– sino por regla general, la corrupción y la permanencia en el poder. De este modo, al menos la libre iniciativa permitiría a algunos subir dentro de la escala social.

Es por eso que aún en el peor de los casos, el poder privado resulta menos malo que el poder estatal, que es de lejos, el peor abusador.

*Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Escapar de nosotros mismos

El sentido común más elemental nos indica que cualquier cosa (piedras, árboles, animales o personas), por el sólo hecho de existir, posee un diseño o estructura que permite no sólo identificarlo como tal, sino también captar sus limitaciones y necesidades. Limitaciones, porque hay un cúmulo de eventos que ese ente no puede soportar o superar y significarían su destrucción (como quemar un árbol); y necesidades, porque para que se mantenga como tal, requiere de ciertas condiciones y, si además se trata de un ser vivo, de determinadas conductas.

El hombre no escapa a esta regla (sea uno creyente o no), máxime hoy, cuando muchos tienden a reducir la realidad a lo meramente físico. De hecho, no deja de ser paradójico que habiendo exacerbado actualmente nuestra corporeidad, no nos demos cuenta que por el sólo hecho de tener materia –nuestro cuerpo–, ella nos condiciona notablemente, pues necesitamos alimentarlo y protegerlo de un cúmulo de peligros. Y como además no somos autosuficientes, requerimos de nuestros semejantes (no de animales) para vivir y satisfacer nuestras necesidades.

Así las cosas, ¿cómo entender este tozudo empeño de muchos por saltarse todas las reglas, por no tener parámetros de conducta, por no considerar la realidad más preclara del ser humano a fin de guiar sus propias vidas o intentar establecer un sistema político? Ante esta completa cerrazón a la verdad más elemental (nuestra mortalidad, que nos necesitamos unos de otros, que somos sexuados, que las sociedades las conforman las sucesivas generaciones, etc.), ¿cómo se tiene la más mínima esperanza de tener éxito?

Algunos dicen que se debe esquivar la verdad para ser más libres en nuestro actuar. Y por el rumbo que van tomando los acontecimientos (por ejemplo, quienes pretenden que casi cualquier cosa pueda ser una “familia”, o aquellos que conciben la vida como un cúmulo de derechos y libertades que el Estado tiene que satisfacer nadie sabe bien cómo ni con qué recursos, al haberse evaporado los deberes), todo indica que su empeño por eludir esta verdad ha tenido notable éxito.

Pero por mucho que queramos, no podemos escapar a nuestra realidad, de lo que somos. Es por eso que como todo tiene una estructura o diseño, no tomarlo en cuenta no puede llevar a nada bueno. Es algo parecido a la Ley de Lavoisier (“nada se crea, nada se destruye, todo se transforma”): no podemos prescindir de nuestra corporeidad, con todas sus limitaciones, aunque por cierto, no seamos sólo cuerpo.

Es por esta negación de lo evidente que el mundo actual parece haberse vuelto loco, estableciendo muchos derechos disparatados, sin fundamento en la realidad y sostenidos por una enorme arbitrariedad y ansias de poder, lo que a nada bueno puede conducir.

Ello, porque a fin de cuentas, no podemos escapar de nosotros mismos.

*Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

LOS BEATLES: MEDIO SIGLO DE UNA LEYENDA MUSICAL

*Con ocasión de los conciertos que ofrecerá este mes de mayo en nuestro país, el exBeatle Paul McCartney, presentamos un balance de la herencia músical de este célebre grupo inglés.

Georgina vivía en Los Ángeles. Los veranos los solía pasar en mi tierra natal de Sonora. Era sobrina de unos vecinos míos y amiga mía. Ambos éramos adolescentes. Cierto día llegué a su casa y me invitó a escuchar dos álbumes: “Conoce a los Beatles” (I y II).

Me comentó que en Estados Unidos los Beatles eran todo un espectáculo musical por su manera tan original de cantar a varias voces y que tenían a millones de seguidores. Además  habían generado un fenómeno sociocultural llamado “La Beatlemanía”.

Pero por más que yo escuchaba esas canciones no me acababan de gustar. Me parecían producto de todo un montaje publicitario.

En la Navidad de 1963, mi madre me dijo: -Te traje como regalo este disco de un grupo inglés que está causando sensación en todo el mundo, Los Beatles. Me dijo el dependiente de la tienda que continuamente se le agotan todos sus discos.

Así que ella me entregó el álbum, titulado: “La noche de un día difícil” y lo escuché detenidamente. Había canciones de mucho ritmo y con gritos. Pero hubo una en especial que me llamó la atención por su calidad musical: “Y la amo”.

Después fueron apareciendo otras melodías mejor elaboradas, como: “Ayer”, “Michelle”, “Eleanor Rigby”, “Bosques Noruegos”, “En mi vida”, “Ella se va de casa”, “Un día en la vida”, “Mientras llora mi guitarra”, etc. y me percaté que se trataba de un grupo musical que valía la pena seguir de cerca sus composiciones.

Es este año 2012 se cumplen 50 años en que Los Beatles lanzaron su primer éxito: “Ámame”. En un principio se notaba claramente la influencia musical que habían recibido de Elvis Presley, Chuck Berry, Little Richard, Carl Perkins, Roy Orbinson… Incluso vestían con chamarras de cuero, botas altas, y se peinaban el copete con abundante vaselina al estilo de los  años cincuenta.

Un día fue a verlos actuar a Liverpool, un promotor musical llamado Brian Epstein. Y después comentaría: -Me di cuenta que esos cuatros jóvenes (John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Star) tenían “dinamita pura” porque conmocionaban y electrizaban a sus fans en aquel modesto bar llamado “La Caverna”. Así que les propuse ser su representante y al poco tiempo aceptaron.

Indudablemente, éste fue un acierto en la carrera musical de Los Beatles porque Epstein tenía un talento especial para el marketing y la publicidad. Él fue quien les diseñó el nuevo corte de pelo que los hizo famosos, los sacos sin cuello, posters, pins…y, sobre todo, les enseñó buenas maneras y modos adecuados de comportarse ante sus seguidores. En resumen, los convirtió en un producto vendible para el mercado internacional.

Con su éxito “Quiero estrechar su mano”, de inmediato, de Estados Unidos solicitaron su presencia. Un año clave para ellos fue 1964 en que hicieron su primera gira por la Unión Americana y se presentaron en el  popular programa “Ed Sullivan Show” con millones de teleespectadores.

Con esa gira saltaron a la palestra internacional y  pronto de muchos otros países los invitaron, como las principales naciones europeas y de tan lejanos países como Australia, Japón, Filipinas…

¿A qué factores se puede atribuir su relampagueante éxito? 1) comenzaban a surgir por todo el mundo las cadenas de televisión y de radio con alcance multinacional. Se distribuían los materiales musicales con mayor rapidez y eficacia. El mundo se comenzaba a globalizar; 2) Particularmente John Lennon y Paul McCartney tenía un talento fuera de serie para componer con calidad y a gran velocidad; 3) Los Beatles trabajaron arduamente semana tras semana para componer, grabar, darse a conocer ante los medios de comunicación y realizar sus giras; 4) La contratación de George Martin fue otro verdadero logro porque les ayudó a mejorar en sus composiciones y en los arreglos musicales ya que tenía conocimientos de música clásica. Le han  llegado a llamar “el quinto Beatle” por su importante contribución con su creatividad y constante espíritu de innovación que le imprimió a este conjunto.

Se dice que una entrevista que los cuatro tuvieron privadamente con el músico y compositor del folk-rock, Bob Dylan les dio un giro de ciento ochenta grados. Los Beatles le preguntaron qué opinaba de sus melodías. A lo que Dylan les respondió con ironía: “Me parecen tontas cancioncillas de amor. Considero que tienen que mejorar mucho en sus contenidos. Ustedes están ahora a la vista  de todos los jóvenes y les recomiendo que produzcan canciones con más mensajes de fondo”.

En 1967, ellos produjeron su álbum “El Club de los Corazones Solitarios” que constituyó un cambio notable en su música. Decía un crítico de esos años sesenta: “En un principio, la música de Los Beatles era sólo para bailar y pasar un rato agradable, pero ahora, las letras de sus canciones son para sentarse y estudiar concienzudamente sus contenidos.

Sacaron también al mercado otros álbumes de ese corte, como: “Revólver”, “Alma de Goma”, “El Álbum Blanco”, “Viaje Mágico y Misterioso”, “Déjalo ser”…

Por sólo mencionar dos melodías con mensaje. En “Todo lo que necesitas es amor” es una propuesta de paz y amor contra el ambiente belicista que reinaba en diversas partes del mundo. En “Revolución” se busca brindar una respuesta a los jóvenes que estaban siendo “bombardeados” por el marxismo-leninismo, principalmente en los centros de enseñanza superior, y Lennon y McCartney
dicen –en líneas generales- en esta conocida melodía: “Si quieres cambiar el mundo, muéstrame tus planes y con gusto escucharé tus proyectos. Pero si me hablas de que la solución se encuentra en la violencia, en que hay que tomar las armas, entonces no cuentes conmigo”.

Resulta  casi interminable la lista de grupos y artistas que recibieron la influencia de Los Beatles, como: Billy Joel, Elton John, Bee Gees, Byrds, Pink Floyd, Genesis, U2, Eric Clapton hasta Cold Play.

En 1965, la Reina Isabel II los designó “Miembros de la Orden del Imperio Británico” por su importante contribución a la cultura popular y al erario público de Inglaterra ya que, como es de suponerse, los llamados “Cuatro Genios de Liverpool” pronto se convirtieron en prominentes millonarios.

A medio siglo de distancia, me llama la atención cómo a muchos jóvenes del siglo XXI les atrae  y les gusta la música de Los Beatles. Considero que, sin duda, se debe a su notable calidad musical  y porque este grupo constituye ya toda una leyenda que ha marcado un hito en  la sociocultura contemporánea.

 

 

 

 

1 2