El eslabón perdido: las corridas de toros

«El toro combina simbólicamente, tanto las virtudes masculinas como las potenciales animales necesarias para asegurar la fertilidad. Esta combinación de las virtudes morales y la capacidad física del animal, bajo el patrocinio de la Virgen, de Jesucristo o de los santos, es lo que le da el sentido profundo a la corrida de toros”. Julián Pitt Rivers

Con la Corrida de las Luces se llevó a cabo la reapertura de la Monumental Plaza de Toros México; matadores y cuadrillas acompañaron en procesión a la Virgen del Rosario, hicieron oración encabezada por el canciller de la Arquidiócesis Primada de México que bendijo el serial y después entonaron el Padre Nuestro. La Monumental no escatimó en la organización; una espera de casi dos años llegaba a su fin. He visto casi toda la transmisión donde han surgido preguntas de por qué esto y aquello; sentir pesar por el torero abucheado y beneplácito por aquel que logró una oreja; escuchar anécdotas culturales y religiosas.

Recuerdo las tardes de domingo en que mis padres solían ver las transmisiones de las corridas de toros. Particularmente nunca me llamó la atención la tauromaquia, me aburría y me era indiferente. No entendía esa afición a algo que me parecía cosa del pasado, habiendo ya tanto en que distraerse. Nunca odié la tauromaquia, simplemente no me gustaba y así fue durante muchos años. Con el paso del tiempo hicieron su aparición los llamados animalistas y sus protestas en contra del “maltrato animal”. En 2014 se aprobaría la Ley General de Vida Silvestre que entraría en vigor en 2015 en la que se prohibió el uso de animales en los espectáculos en circos. Un año más tarde, la ley había arrasado con todo, desde la asistencia a los circos, a los empresarios, los empleos y a los animales -a los que tanto decían defender- pues el 80% había muerto.

El animalismo no ama a los animales, es una deformación del verdadero cuidado que ha de dárseles sin que nuble el entendimiento ideología alguna. Los animalistas, feminismo radical y antitaurinos también se han ido sobre las corridas de toros. Y el solo hecho de ver a ese conglomerado atacar la tauromaquia me indicaba que ésta tenía su gran valor (aunque yo no pudiera verlo entonces) y que, de algún modo había que defenderla de la imbecilidad humana que busca prohibirla. Dice el dicho que se conoce una causa por los enemigos que tiene y ante ello, aún si no simpatizamos con esa causa, hay que defenderla. Y en esa defensa, hallaba valiosa información que me ayudaba a conocer sobre el tema y las mentiras  y distorsiones que circulan por doquier.

Para alguien ajeno a la tauromaquia, entender el contexto y dimensionarlo lleva tiempo, sobre todo cuando el bombardeo en contra es incesante y la ignorancia, mucha. Creo que parte de la aversión a la tauromaquia estriba en un creciente y deformado amor a los animales que lejos de protegerlos, les ataca. Invertir las prioridades y dar un afecto a los animales que solo es debido a los seres humanos ha sido nefasto. También el perder contacto con el proceso mediante el cual obtenemos comida: crianza de animales, sacrificio, venta y compra, cocinar y servir. Cuando niña, hubo un tiempo en que la familia crio animales; ver aquello me ayudaría a mantener la justa dimensión de las cosas, me daría las armas contra los animalistas que, décadas mas tarde harían su infeliz aparición en la vida pública.

La tauromaquia en México -y supongo en el mundo- está sobreviviendo a sus detractores, a los animalistas, a las leyes injustas, a las medidas absurdas de una pandemia y sobre todo a la ignorancia e indiferencia del grueso de la gente (de la que fui parte). Atacar algo sin conocerlo es un gran yerro (particularmente cuando en ello van miles de empleos directos e indirectos, los mismos animales y sobretodo el arraigo profundo a nuestras raíces), pero es posible corregir con un poco de disposición, dejando a un lado ideologías que nublan el juicio. Entre el amor a mi fe católica y el afecto por la madre patria España, las corridas de toros fueron el eslabón que solté y perdí durante años, ese que estuvo presente en el mestizaje y que es un símbolo de la hispanidad.

En una alegría inefable, he hallado que el paganismo, la república, el indigenismo, aborto, la mundanidad y el animalismo, tenían un antídoto que había sido proporcionado desde la más temprana edad en el seno familiar: Fe católica, monarquía, hispanidad, vida, familia y tauromaquia. Pero depende de uno mismo abrazar algo para bien y hacer frente al conglomerado de antivalores que nos amenaza, pues no es extraño que muchos de los que hoy atacan las corridas de toros, hayan atacado previamente alguno de los otros puntos. Tras un largo camino puedo decir ahora: -“Sí, me gusta la tauromaquia. Estoy en casa de nuevo”. Una afirmación que me alejará de muchos, pero que sin duda me acercará a amigos muy queridos, estrechando los lazos afectivos.

¡Olé! ¡Que Dios reparta suerte!

Beatriz Gutiérrez Müller y la importancia de recordar…

Recientemente en el semanario católico Desde la fe, editado por la Arquidiócesis Primada de México, invito a la Sra. Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del actual presidente Andrés Manuel López Obrador.

El semanario indica en su editorial que evangelizar es comunicar, es tender puentes de comunicación en la caridad con hombres y mujeres de buena voluntad.

La primera dama, hace alusión a la conservación de los recuerdos en las diferentes religiones, mencionando algunos aspectos que llaman la atención:

*“¿No fue la Torá dictada para recordar la Alianza? ¿Los Evangelios para traer a la memoria el testimonio de Jesús? ¿No fue el Corán asimismo revelado para recitarlo, en orden a la salvación? Debe recordarse que el Corán trata con respeto a Nuestro Señor Jesucristo, pero rechaza sin vacilación su divinidad y su crucifixión, por ende su Resurrección. El islam no es redención, no hay espacio para la Cruz y Resurrección. Por ello su teología y antropología está sumamente lejos de la Cristiana. No salva.

*“La palabra se transmite de generación en generación para que no muera ¿cómo sobrevivirían las religiones del mundo sin su memoria?” Debe recordarse que la religión católica no necesita del arte para sobrevivir. La Iglesia es institución divina, obra de Dios. Las demás religiones son solo logros humanos, perecederas.

*“El arte nos salva y nos salvará.” Debe recordarse que el arte no salva, lo que nos salva es el arrepentimiento y la conversión a Dios. Para lograr la santidad y obtener la Gracia Santificante tenemos los sacramentos, que son el tesoro de nuestra fe católica. Privarse de los sacramentos en particular de la Sagrada Eucaristía, es privarse de la posibilidad de salvar el alma para la eternidad.

Si bien el católico es libre de admirar obras del mundo, ha de tener serias reservas cuando éstas provengan de autores liberales, masones, comunistas, gnósticos, ateos, o del feminismo radical.

El hecho de que un medio de comunicación católico dé cabida a una pluma liberal, envía el mensaje de que no hay nada de malo en leerle, aunque sea liberal; con el tiempo, el lector pensara que es normal consumir sus obras, aunque sea liberal; asimilar sus ideas, aunque sea comunista; propagar sus ideas, aunque sea pro ideología de género; simpatizar con su pensamiento; aunque apoye causas contrarias a la dignidad humana. Recordemos que en las recientes elecciones presidenciales, millones de católicos votaron por el partido Morena; el más radical, abortista y pro ideología de género que se haya visto en este país y muchos de ellos siguen creyendo que votaron bien; si agregamos que el semanario católico más importante da cabida a personalidades liberales, el desastre intelectual y espiritual se completa.

Tal es la responsabilidad de los medios de comunicación católicos.

Muchas veces el mensaje contenido en una obra literaria, un poema, un artículo, música, una película, ejerce su influencia en la gente y siendo liberal va minando el pensamiento. Parece loable ser condescendiente con aquellos que ponen en igualdad de condiciones nuestra Religión Católica con otras religiones y sectas, aunque en apariencia solo se hable de arte; es obvio que un pensamiento liberal no puede generar un artículo de fidelidad a la Verdad, la Religión Católica es para el éste, una más de todo el racimo de religiones existente en el mundo, algo solo para “admirarse” en un aparador, de lejos.

Tal es la importancia de recordar…

Recordar que la Evangelización es combate en el que de por medio esta la salvación de las almas

Recordar que la Religión Católica es la única religión verdadera

Recordar que la tolerancia igualitaria de todas las religiones es lo mismo que el ateísmo

Recordar que la Iglesia Católica no excluye a nadie, muy por el contrario, enseña el Camino, la Verdad y la Vida, he ahí los puentes reales que han de usarse.

Recordar que una pluma católica es propia de un semanario católico… y una pluma liberal, propia de un medio de igual basura ideológica…

Unidad entre Iglesias cristianas, ¿utopía?

La historia pesa sobre las Iglesias cristianas, divididas por cismas desde hace muchos siglos. Aunque perduran algunas diferencias doctrinales y organizativas, desde hace varias décadas las diversas confesiones se reúnen, cada mes de enero, para buscar la unión. ¿Qué se puede hacer hoy para que las Iglesias recuperen la unidad perdida?

1. Un poco de historia. En 1908, el Padre Paul Wattson, ministro episcopaliano y cofundador de la Society of Atonement (Sociedad de la Expiación), instituyó un octavario de oración por la unidad de los cristianos, que se celebró por primera vez del 18 al 25 de enero de 1908, en el que participaron más de dos mil personas, católicos y episcopalianos.

En la década de 1930, el octavario de oración experimentó importantes adaptaciones sobre todo por parte del abad Paul Couturier (1881–1953) de Lyon, quien para darle un nuevo impulso al ecumenismo, denominó a este octavario como “Semana de oración por la unidad de los cristianos”.

En 1968, la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Secretariado para la Promoción de la unidad de los cristianos de la Iglesia católica elaboraron unos textos de oración común que se distribuyeron en todo el mundo en las Iglesias y las parroquias de las diversas confesiones. (Orígenes cristianos.es)

2. El problema de la división. El Evangelio de San Juan recoge el momento en que Jesucristo piden al Padre celestial, que todos los que creen en Él “sean uno”, y mediante esta unidad las demás personas “pueden creer” también en Él (cfr. Juan 17,21).

Estas palabras se ha verificado también a la inversa: la división entre los cristianos de diversas confesiones, que en siglos pasados dio pie a guerras de religión en Europa, ha sido un factor para que muchas personas se alejen de la fe o no se acerquen a las Iglesias.

El camino para que la luz del mensaje de Jesús pueda ser aceptado por más personas es la unidad. Las palabras de paz y de unidad de Jesús sólo serán creíbles, si los creyentes en Él somos capaces de superar las diferencias.

3. Cristo y la unidad. En una audiencia general de enero de 2014, el Papa Francisco explicó que el nombre de Cristo crea comunión y unidad, no división. El Pontífice retomó la pregunta que San Pablo dirigía a los cristianos de Corinto: “¿Acaso está dividido Cristo?”

Luego el Papa comentó: “Ciertamente Cristo no ha sido dividido. Pero debemos reconocer sinceramente, con dolor, que nuestras comunidades siguen viviendo divisiones que son de escándalo”.

Y añadió: “¡La división entre nosotros los cristianos es un escándalo! No hay otra palabra: ¡un escándalo! Cada uno de ustedes – escribía el Apóstol – dice: ‘Yo soy de Pablo’, ‘yo en cambio soy de Apolo’, ‘yo de Cefas’, y ‘yo de Cristo’.” (News.va, 17 ene. 2019)

4. Una meta: reconocer los dones del otro. En la homilía del inicio de la Semana de oración por la Unidad de los Cristianos de este año 2019, Francisco propuso ante los líderes de las diversas confesiones un consejo muy práctico: reconocer los dones que Dios ha dado a las diversas Iglesias.

Es una invitación muy profunda, pues implica reconocer que Dios actúa en las diversas confesiones, mientras que muchas veces los fieles de cada Iglesia afirman que los miembros de las otras no son bendecidos por Dios.

Por eso, explicó el Papa que “es posible que los dones recibidos de Dios nos vuelvan ciegos para ver los dones dados a otros cristianos”. Y añadió que es “un grave pecado empequeñecer o despreciar los dones que el Señor ha dado a otros hermanos, creyendo que no son de alguna manera privilegiados de Dios”.

Y el Pontífice invitó a “reconocer el valor de la gracia concedida a otras comunidades cristianas”, ya que esto nos llevará a desear “participar en los dones de los demás”, e implicará que el pueblo cristiano “renovado y enriquecido por este intercambio de dones” sea un pueblo capaz de “caminar con paso firme y confiado por el camino que conduce a la unidad”.

Epílogo. La unidad entre las Iglesias cristianas beneficiará a toda la sociedad, porque establecerá un gran vínculo de fraternidad y no de división entre los ciudadanos de un mismo país que afirman creer en Jesucristo.

Y esta unidad –que ya desde ahora se puede notar, si los fieles de cada confesión reconocen los dones de los otros–, animará a que más personas adopten los valores cristianos, que son un recurso moral para vivir con ética y solidaridad, valores que hoy necesita la sociedad.

@FeyRazon lfvaldes@gmail.com
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Lo que hay que saber sobre la revelación de Dios en la historia.

Manuel Ocampo Ponce
Universidad Panamericana, Guadalajara.

En el cristianismo, Dios tiene un plan de salvación para el hombre que ha manifestado en Cristo y que es dado a conocer a las naciones por medio de la predicación de la Iglesia. Es una verdad de la fe cristiana, que el hombre no puede acceder al plan de salvación de Dios si no es por la revelación. Por eso es fundamental para los cristianos, saber bien que el cristianismo es la religión revelada por Dios. El cristiano debe comprender que Cristo es Dios mismo en persona que se revela al hombre. Porque eso coloca al cristianismo en un lugar único en el contexto de las religiones. Es muy importante para los cristianos saber que la religión cristiana es la única religión cuya revelación se encarna en una Persona que se presenta como nuestro Salvador. (Hech 4, 12).

El cristiano ha de tener muy claro que Cristo no es un simple fundador de una religión más entre muchas, sino Dios mismo que se revela. El problema es que el hombre actual es un hombre que ha caído en la apostasía o negación de la fe, en el ateísmo, en la indiferencia, en la ignorancia y en la confusión. Es lo que se ha denominado el hombre pos-cristiano, que por eso ha caído en el vacío y en el sinsentido. El hombre pos-cristiano no quiere pensar para no enfrentarse a su vacío y se llena de cosas, de metas y de actividades para tapar su vacío. No tiene tiempo para saber de Dios ni para escucharlo.

Sin embargo, aunque el hombre no quiera verlo, es un hecho que sólo en Cristo, el hombre puede encontrar la plenitud y el sentido venciendo el mal y la muerte. Cristo es la única respuesta que puede sanar al hombre de su vacío existencial. Y es que, aunque todas las religiones surgen de la religiosidad intrínseca que forma parte del hombre, porque el ser humano naturalmente busca al Dios trascendente; el cristianismo no es una religión más, porque sólo el cristianismo es fruto de la intervención de Dios que sale al encuentro del hombre para salvarlo. Cristo libra al hombre del pecado y de la muerte y le otorga la filiación divina. Por eso sólo en Cristo el nombre puede encontrar la plenitud de su existencia.

De modo que, el cristiano debe saber que la revelación cristiana es histórica y progresiva y tiene su punto culminante en la encarnación del Verbo. Se trata de la historia de Dios que interviene para salvar y va expresando al hombre su designio de salvación. (Concilio Vaticano II DV 2). La revelación se hace a través de los testigos que son los profetas, Cristo y los apóstoles conectando íntimamente los hechos y las palabras que explican el sentido salvífico de los mismos hechos. (DV 2). Por eso se trata de una revelación progresiva, que comienza cuando Dios rompe el silencio con la elección de Abraham y culmina en Cristo (Hb 1,1). El cristiano debe tener muy claro que Cristo es la plenitud de la revelación de modo que la revelación es el misterio de Dios que se comunica al hombre en Cristo. De aquí que, dentro de la formación cristiana, el cristiano debe conocer dos cosas: el misterio de la salvación y la credibilidad de la intervención de Dios en la historia. O sea:

   1. La revelación en sí misma, considerando su contendido, sus etapas y sus modalidades, es decir, la naturaleza de la comunicación de Dios al hombre, que consiste en la teología de la palabra de Dios que se encuentra en las fuentes de la revelación, que son: la Sangrada Escritura y la Tradición tal como la Iglesia la presenta.

    2. La credibilidad de esa revelación que consiste en establecer y demostrar, antes que nada, que Cristo es el Hijo de Dios y fundador de la Iglesia que nos presenta el dogma y decreta los libros que son inspirados.

Como vemos estas dos cosas que el cristiano debe conocer, son una dogmática y otra apologética y, por lo tanto, requieren dos metodologías distintas. La primera que es la dogmática consiste en profundizar en la revelación, tal y como aparece en la Tradición y en la Sagrada Escritura interpretadas por la Iglesia (Esta presupone la fe en Cristo y en la Iglesia). Y la segunda, analiza la credibilidad de la revelación en Cristo y la fundación de la Iglesia desde una perspectiva histórico-crítica que prescinde de la fe y que funda la fe a partir de la razón histórica. O dicho de modo más sencillo, esta segunda, demuestra que Dios es el que ha revelado y por eso el cristiano cree en todo eso que ha revelado.

De modo que la fe es un don de Dios que se recibe por la gracia. Pero no se trata de una fe irracional, sino de una fe fundada en que la Iglesia demuestra que Dios es el Autor de la revelación. Y de ese modo, los cristianos creemos en todo lo que Dios ha revelado porque recibimos el don de la fe y porque sabemos que es el mismo Dios el que lo revela.

La actualidad de la Encíclica “Fe y razón” de San Juan Pablo II.

En la segunda mitad del siglo XX y en medio de una de las cumbres del secularismo y de la confusión, aparece la Encíclica “Fe y razón”. Esta Encíclica tiene un valor excepcional porque a pesar de que ya en esa época la Filosofía y la Teología habían sido prácticamente desterradas, la Encíclica resalta que el gran tema fundamental del cristianismo es el de las relaciones entre la fe y la razón. Es una Encíclica maravillosa porque afirma que el hombre tiene una vocación a la verdad, y para llegar a ella cuenta con la Filosofía. También es una Encíclica valiente porque denuncia que es necesario acudir a la Filosofía porque el mundo se encuentra en un contexto de relativismo en el que la gente piensa que todas las opiniones son igualmente válidas (n.5).

La Encíclica sostiene que la fe y la razón son dos cosas distintas, pero una está dentro de la otra aunque cada una tiene su campo de realización (n.17). “El hombre mediante su razón alcanza la verdad porque iluminado por la fe descubre el sentido profundo de cada cosa”. (n. 20) La verdad se presenta al hombre a partir de preguntas sobre la existencia, la vida, la muerte, la inmortalidad, la trascendencia, etc. Pero de las respuestas que obtenga depende la posibilidad de que el hombre alcance o no alcance una verdad universal y absoluta (n.27). Por eso es importante saber que no cualquier ideología, sistema de pensamiento o “filosofía” sirve para alcanzar esa verdad.

La Encíclica señala que el hombre se encuentra en un camino de búsqueda de la verdad y de búsqueda de una persona en quien confiar (n. 33). Y Jesucristo que es la Verdad le presenta la oportunidad de alcanzar aquello que busca con su razón. De aquí que lo que busca el hombre con la razón, lo encuentra en la fe. La fe y la razón conducen al hombre a la única verdad absoluta que es revelada por Aquél en quien puede confiar.

Si revisamos un poco la historia nos damos cuenta que los primeros cristianos que recibieron la fe, tuvieron que apoyarse en el conocimiento de Dios que se había alcanzado en ese momento con la razón. También tuvieron que considerar la conciencia moral que cada hombre poseía. Es así como surgió la Teología en un encuentro entre la fe y la razón. Desde los inicios del cristianismo se sintetizó el conocimiento filosófico y teológico. Y ese encuentro entre el conocimiento filosófico y teológico, es decir, entre la fe y la razón, ha sido el encuentro más profundo entre la creatura y el creador. La Encíclica “Fe y razón” es muy clara al afirmar que la fe requiere ser comprendida con ayuda de la razón mientras la razón considera necesario lo que la fe le presenta (n.42). Sin la razón la fe termina en el fideísmo, es decir, en la construcción de un Dios a la medida que no es el Dios verdadero y sin la fe, la razón no alcanza la verdad en la plenitud que debe alcanzarla en esta vida.

Otro aspecto importante de la Encíclica es que resalta el hecho de que el Magisterio haya considerado a Santo Tomás de Aquino como el mejor camino para recuperar un uso de la Filosofía conforme a las exigencias de la fe (n.57) Debido a que no cualquier ideología o forma de pensamiento sirve para satisfacer las exigencias de la fe, la Encíclica “Fe y razón” propone a Santo Tomás como Maestro y guía.

Lo triste es que actualmente no sólo Santo Tomás sino toda la Filosofía, ha sido despreciada hasta el punto de que ha sido desterrada prácticamente de todas partes. Incluso los que se dicen teólogos se han desinteresado por el estudio de la Filosofía (n.61). Por eso la Encíclica califica el drama de la separación entre la fe y la razón como “nefasta” (n.45). Ya no importa la razón sino los sentimientos, las experiencias existenciales y por eso la fe ha quedado a merced de lo que cada uno siente o experimenta. Es muy triste que hayamos llegado hasta el punto de que no se reconoce la Verdad, sino que la “verdad” se obtiene por medio de consensos (n.56). Cada uno vive su fe y su “dios” como le conviene y le acomoda.

Por eso este documento de la Iglesia es tan oportuno y vigente, porque no se limita a señalar los errores y la crisis en que nos encontramos, sino que nos propone como maestro a Santo Tomás y nos da la solución al invitarnos a reconocer y a considerar con esfuerzo y atención, el valor de la fe y de la razón para alcanzar al verdadero Dios.

Manuel Ocampo Ponce
Universidad Panamericana
Guadalajara Jalisco, México.

El ateísmo práctico: un fenomeno social de nuestro tiempo

El acelerado avance la Ciencia y de la Técnica en nuestra época han alterado las relaciones del hombre con Dios. Con la masificación de descubrimientos como la electricidad, las máquinas de vapor, el telégrafo, el teléfono en el siglo antepasado; con el desarrollo vertiginoso de medios de locomoción: el automóvil, la motocicleta, el tren, el aeroplano, el jet, la llegada del hombre a la Luna y, últimamente, los satélites espaciales que han alcanzado a otros planetas; con el desarrollo de la Medicina que puede curar enfermedades que en siglos anteriores no tenían posible remedio; con los asombrosos logros –de las últimas décadas- en materia de la cibernética (internet, telefonía celular, computadoras, nanotecnología, etc.) se ha generado –en un considerable número de personas- una conciencia del hombre como el “gran dominador de la Naturaleza”, el “señor todopoderoso del Universo” y que, por lo tanto, ya no necesita de la ayuda de su Creador.

Es como si pensaran: “Si Dios no entra en mi campo vital cotidiano, puedo prescindir de la Religión y de toda moral. Entonces –erróneamente concluyen-, ‘todo se vale’ ”. Reconocidos psiquiatras y antropólogos afirman que cuando el hombre vive como si Dios no existiera en su vida personal, familiar, profesional, social, se generan diversas actitudes bastante tipificadas, como por ejemplo:

a) el materialismo en lo profesional: la prioritaria ambición se delimita en ganar mucho dinero para concederse todo tipo de lujos y caprichos;

b) el hedonismo: se trata de pasarla bien a costa de lo que sea. En este terreno ya no hay límites. Se buscan sensaciones cada vez más novedosas y excitantes. Lo determinante es permanecer siempre en el círculo del placer inmediato, del hoy y ahora. El amor aparece devaluado con relaciones sexuales fugaces, pasajeras e intrascendentes y, sobre todo, sin correr ninguna responsabilidad;

c) la permisividad: los valores ya no importan; todo queda relegado por el uso que doy a mi libertad. La jerarquización de mis ideales queda supeditada a lo que me parezca conveniente según las circunstancias vivenciales, profesionales; a lo que me apetezca o se me antoje en este momento. Es una especie de nueva ética que sustituye a la verdadera Moral;

d) el relativismo: no hay verdades universales y permanentes porque absolutamente todo es relativo, siempre según mi propia conveniencia;

e) el consumismo: lo importante es adquirir bienes materiales, estar a la moda (no importa a qué costo). Hay una pasajera sensación de bienestar cuando se tienen esos bienes y socialmente se consideran autorrealizados;

f) el escepticismo y el nihilismo: los grandes temas de la humanidad como el sufrimiento, el dolor, la muerte, las preguntas trascendentes “quién soy, de dónde vengo, adónde voy”, o las verdades eternas del Más Allá, se suelen tomar con indiferencia, apatía e incluso repulsión. Prefieren simplemente “vivir al día”, dejarse llevar por el ambiente y no pensar en el mañana;

g) la búsqueda ansiosa de lo festivo o entretenido: en ese contexto resulta clave encontrar personas o situaciones que resulten divertidas, simpáticas, agradables, para que no exista ningún momento de estar a solas y evitar que el hombre se enfrente con su propio yo. Si eso ocurriera, entonces se echa mano de la música, de los videojuegos, de la televisión, de las películas, de la internet, de los juegos de azar, etc. Lo importante –parecen manifestar algunos con su conducta- es evadirse y jamás pensar en temas profundos, sino mantenerse siempre en el entorno de lo frívolo y superficial. Son las llamadas “personas-epidérmicas”.

Son hombres dinámicos –con frecuencia-, con una cuidada apariencia de “exitosos” en todos los aspectos, pero carecen de convicciones firmes; sus ideales no están sólidamente cimentados; su voluntad suele ser débil. No admiten compromisos personales serios, ni menos para toda la vida.

Les importa mucho el “qué dirán o pensarán de mí”. Eso genera un mimetismo por imitar obsesivamente a los demás, por ejemplo, en el modelo del último coche o computadora, en las marcas de las prendas de vestir, y en general, en un estilo de vida que lo presumen públicamente para ser reconocidos socialmente. Muchas veces el costo de este afán de competitividad les lleva a contraer considerables deudas y a vivir en un estado de angustia e insatisfacción permanente.

El gran drama de algunos de estos hombres de nuestro siglo XXI es que van buscando afanosamente la felicidad: en su desarrollo profesional, en el sexo, en el alcohol, en las drogas, en la posesión ilimitada de bienes materiales (casas, coches, aparatos tecnológicos…), en los continuos viajes turísticos de placer, en las interminables fiestas y juergas. Como escribía nuestro Premio Nóbel de Literatura, Octavio Paz, en El Laberinto de la Soledad, es como “una máscara y detrás otras máscaras”, mas en el fondo subyace el vacío, el hastío y la infelicidad.

¿CÓMO CONCRETAR EL AÑO JUBILAR DE LA MISERICORDIA?

Hay un cuento espléndido de León Tolstoi que narra la historia de un matrimonio que vivía en un poblado de la Rusia del siglo XIX. Pertenecían a la clase media y vivían en un modesto departamento subterráneo en el que apenas se alcanzaban a ver los zapatos de los que caminaban por las calles. Era evidente que no estaban en condiciones económicas para hacer demasiados gastos. Pero el personaje central solía ser muy generoso con los pobres y menesterosos. Su mujer se enfadaba y le reñía, casi de continuo, por su conducta dadivosa. Pero el personaje se las ingeniaba para que, durante las ausencias de su cónyuge, continuara realizando obras de misericordia.

En cierta ocasión, mientras se encontraba trabajando en su departamento, observó que un hombre anciano cayó desvanecido por el intenso frío que hacía, ya que había nevado varios días seguido, y corría el peligro de morir congelado. De inmediato, subió por las escaleras, lo arrastró -como pudo- hasta su casa, lo acercó al fogón, le dio una sopa caliente y un reconfortante té.

Otro día, tocó a su puerta un mendigo que le pidió algo de comer porque llevaba tiempo sin ingerir ningún alimento. Nuestro personaje lo introdujo a su departamento, lo sentó a la mesa y le sirvió un suculento potaje con pan. Un tercero, estaba sentado en la acera, frente a su casa, pidiendo limosna a la gente que pasaba y, temblando de frío, con sus ropas húmedas por la nieve. El hombre generoso se apresuró a hacerle pasar a su hogar: le dio otras ropas secas, un grueso abrigo y le ofreció una bebida caliente con unas ricas mantecadas, mientras le colocaba una vasija con agua caliente para reanimar sus pies congelados. Y así sucesivamente…

Una noche tuvo un sueño muy real. Vio al mismo Jesucristo que le decía que todo lo que había hecho con esos pobres y mendigos lo había hecho con él. Y que era Él mismo quien se había acercado a solicitarle ayuda y, como había sido tan generoso, quería agradecérselo personalmente y le animó a que continuara haciendo lo mismo hasta el final de sus días porque le esperaría la Felicidad Eterna en el Cielo.

Tolstoi nos deja un precioso mensaje: todos estamos llamados a realizar obras de misericordia, incluso los que se encuentran en una situación económica modesta, porque siempre habrá gente todavía más necesitada y pobre que ellos.

Estas ideas me vinieron a la mente al leer la Bula del Papa Francisco al convocar al Jubileo Extraordinario de la Misericordia, titulado: “El Rostro de la Misericordia”, en el que recomienda vivamente a que todos los fieles realicemos numerosas obras de misericordia tanto materiales como espirituales, particularmente en este Año de la Misericordia: desde la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María (8 de diciembre de 2015) hasta la próxima Festividad de Cristo Rey (el 20 de noviembre de 2016).

¿Cuáles son estas obras? Las obras materiales son: 1) Dar de comer al hambriento; 2) Dar de beber al sediento; 3) Visitar y cuidar a los enfermos; 4) Entregar ropa y abrigo a quienes lo necesitan; 5) Atender con caridad a los que se encuentran de paso, con destino a otro lugar, o que, de momento, no tienen un hogar (inmigrantes y emigrantes); 6) Visitar a los que se encuentran en la cárcel; 7) Enterrar a los muertos.

Las obras espirituales son: 1) Enseñar al que no sabe; 2) Dar buen consejo al que lo necesita; 3)Corregir con caridad al que se equivoca en su conducta; 4) Perdonar las ofensas; 5) Consolar al triste; 6) Sufrir con paciencia los defectos de los demás; 7) Rogar a Dios por vivos y difuntos.

El Santo Padre desea que este año sea como “un detonador” para mover a las obras de misericordia a los millones de católicos en los cinco continentes, y que no concluyan con este año, sino que más bien sea como el inicio de una transformación espiritual interior de todos los fieles para tener una mayor sensibilidad hacia las personas que viven en pobreza extrema o en desamparo.

Alguien podría aducir, a modo de disculpa, que él personalmente no tiene “ni un minuto libre” como para ir a las zonas marginadas y hacer obras de misericordia ya que su trabajo le resulta sumamente absorbente. Pero a esa misma persona se le puede preguntar, “-¿Y acaso no tienes familiares, cerca de ti, que se encuentran enfermos o ancianos para ir a visitarlos y atenderlos con cariño?” O bien, “-¿No tienes amistades que están padeciendo una dura situación económica porque no tienen empleo, sabes que tienen la responsabilidad de sacar adelante a su familia y se encuentran tristes, abatidos o desesperados? ¿No podrías dedicarles parte de tu tiempo para brindarles el consejo adecuado que les devuelva el optimismo y la esperanza?” Y aquel compadre, primo o sobrino tuyos que no tuvieron la oportunidad de recibir una buena formación cristiana ni en su niñez ni en su adolescencia, ni tampoco recibieron la orientación acertada para dirigir bien sus pasos en el camino de sus vidas, que se encuentran bastante alejados de Dios, y que hace muchos años que no acuden al Sacramento de la Reconciliación, “-¿No podrías animarles para que se acerquen al Señor mediante una Confesión -bien hecha- y explicarles cómo pueden ganar la Indulgencia Plenaria y comentarles en qué consiste?”

Sin duda, que todos podemos realizar muchas obras de misericordia, si verdaderamente nos lo ponemos como una meta a lograr durante este Año de la Misericordia. Quizá te venga a la mente esta pregunta: “-¿Pero todo esto, no es más bien, tarea exclusiva de sacerdotes, religiosos, monjas, misioneros…?”. Y la respuesta es: -¡No! También es tarea de todos los fieles laicos del mundo entero, que comparativamente somos la gran mayoría, y el Papa Francisco espera mucho de nosotros. Así que mucho ánimo y como decía san Josemaría Escrivá de Balaguer: “Nadie lo hará por ti, tan bien como tú, si tú no lo haces” (Santo Rosario, 5to. Misterio Gozoso).

Aprovecho para desearles, a todos los lectores, una muy Feliz Navidad en compañía de sus seres queridos, acompañados de la amable y grata presencia de la Sagrada Familia, Jesús, María y José, ¡qué tantas lecciones nos dieron de amor, humildad, desprendimiento y servicio alegre a los demás!

¿Herramienta o Arma?

Por *Juan Alberto Echeverry

La única manera de construir un hermoso hogar, de hacerlo florecer como un jardín bien regado para poderse gozarse en él, es utilizar las palabras como una herramienta y no como un arma que destruye. Hay tantas cosas malsanas en nuestro interior, que hacen que cada palabra se convierta en un arma letal, y no en una herramienta que edifica y embellece:

• ¿Acostumbraste tu boca a la burla que hiere?, puedes cambiarla por la palabra que disimula con amor.

• ¿Callas sólo para vengarte y que sepan que estás molesto(a)?, ahora puedes hacer silencio, sólo cuando lo que vas a decir no edifica a nadie, pero no para vengarte ni lastimar.

• ¿Te has acostumbrado a señalar sólo el error en los que te rodean?, puedes ahora exaltar las virtudes para motivar a mejorar cada día a los que amas. Te sorprenderá lo que lograrás.

• ¿Usas un tono de voz que enciende peleas?, puedes decidir apaciguar la pasión en tus palabras, y suavizar tu voz con humildad, para conseguir mejores resultados.

• ¿Estás acostumbrado(a) a decir groserías y maldiciones? Es preciso que aprendas a cambiar tu repertorio, y comiences sólo a bendecir y pronunciar palabras edificantes. Las palabras atraen bendición o maldición, el mal solo atrae más mal. Las palabras groseras y agresivas solo traen una atmósfera negativa, tensionante y oscura.

• ¿Has acostumbrado tu vida a contar sólo historias tristes, oscuras, fatales y negativas? Es preciso que busques siempre historias que motiven, donde resaltes el futuro con esperanza en tus palabras. Así sembrarás para ese futuro bendecido en tu hogar.

• Acostúmbrate a escuchar a los que te rodean. No los interrumpas cuando hablen. Todos tienen algo importante qué decir, o expresar sus sentimientos. No apagues con tus palabras o gritos su voz. Convierte tus palabras en herramientas y no en armas, tú puedes lograrlo si te lo propones.

Pro 16,24 Las palabras dulces son un panal de miel: endulzan el ánimo y dan nuevas fuerzas.

Pro 18:21 La vida y la muerte dependen de la lengua; los que hablan mucho sufrirán las consecuencias.

Ef 4,29 No digan malas palabras, sino solo palabras buenas y oportunas que edifiquen la comunidad y traigan beneficios a quienes las escuchen.

Sg 1,19 Recuerden esto, queridos hermanos: todos ustedes deben estar listos para escuchar; en cambio deben ser lentos para hablar y para enojarse.

*Facilitador católico Director de la FUNDACIÓN CATÓLICA IMMAH
Laico Católico Colombiano, escritor y predicador

Entre símbolos, imprudencias e indignaciones

“No está bien eso” son las palabras pronunciadas por el Papa Francisco que se alcanzan a comprender de la conversación entre el Obispo de Roma y el Presidente de Bolivia, Evo Morales. Dicho acto se llevó a cabo en la visita diplomática del líder de la Iglesia Católica a este país sudamericano.

La frase del Papa se dio como consecuencia del regalo que Evo le entregó: un Cristo crucificado sobre el martillo y la hoz, claramente identificados y que han sido el símbolo por décadas, del socialismo.

Esta imagen le ha dado la vuelta al mundo y ha sido el centro de diversos comentarios. Pero ¿qué lectura habría que darle a este hecho?

Retomando mis clases de semiótica de la universidad (que tanto trabajo me costaron pero de las cuales aprendí mucho) me gustaría compartir la siguiente reflexión:

Creo que la hoz, el martillo y la cruz van más allá de ser “simples” íconos. Íconos son aquellas imágenes que representan o sustituyen algún concepto u objeto, como por ejemplo una pequeña ave con fondo azul (twitter) o un teléfono en fondo verde (whats ap).

Imágenes como la hoz, el martillo y la cruz son símbolos. Esto quiere decir que las imágenes tienen una connotación (significado implícito) mucho más allá de un concepto u objeto. El símbolo representa valores, sentimientos y conceptos mucho más abstractos.

Cuando vemos una cruz simétrica color rojo nuestra mente puede interpretar mucho más que sólo una organización internacional. Cuando vemos la swastika nazi, nuestra mente interpreta mucho más que un simple movimiento político de los años 30´s.

Es por eso que no puede pasar desapercibido la unión de dos símbolos que en su connotación representan dos cosas completamente distintas y que incluso, históricamente una se ha opuesto a la otra. Y el hecho se agrava cuando un jefe de estado le hace entrega de este símbolo a un líder religioso.

La razón no podremos saberla por más que discutamos o tratemos de interpretarla toda la tarde, lo que si podemos saber es que no fue una casualidad o un acto “inocente”. La acción fue una imprudencia e incluso una falta de respeto a un símbolo religioso por parte del presidente de Bolivia, Evo Morales.

Y bien, el Papa Francisco tomó el obsequio con respeto y el acto concluyo. Así también concluye mi breve opinión del hecho ocurrido en Bolivia.

El valor de un símbolo no radica en la imagen sino en la profundidad, historia y trascendencia de su significado.

Juan Antonio Lopez Baljarg
@Juanlbaljarg

Esposo quiero que seas sensato

*Juan Alberto Echeverry

Esposo quiero que seas sensato

En cuanto a ustedes, los esposos, sean comprensivos con sus esposas. Denles el honor que les corresponde, teniendo en cuenta que ellas son más delicadas y están llamadas a compartir con ustedes la vida que Dios les dará como herencia. Háganlo así para no poner estorbo a sus propias oraciones.

Sé que es difícil controlar y gobernar las pasiones, los malos hábitos y sobre todo, la mala formación que hemos arrastrado a nuestro propio hogar; pero es bien importante y necesario para el mundo entero, ser muy sensatos y sabios para elevar nuestro hogar al estatus divino.

Los frutos de este estatus, no se hacen esperar en cada uno de nosotros, en nuestros hijos y en las siguientes generaciones, con abundantes bendiciones afectivas, sociales, económicas y de salud. Faltar al respeto a tu esposa, es faltarte al respeto a ti mismo.

Ser infiel a tu esposa, es ser infiel a ti mismo y a tus hijos. Ser tacaño con tu esposa, es ser tacaño contigo mismo. Ser agresivo con tu esposa e hijos, es ser agresivo contigo mismo, pues tú y ella junto con tus hijos, son una sola carne, dignos de todo respeto y amor de Dios.

Con tu voluntad, la gracia de Dios y con la fuerza del Espíritu Santo, puedes comenzar a educar y controlar tu propia naturaleza; y para ello, es importante que hagas esfuerzos superiores. Así, además de conquistar la paz en tu hogar, tendrás vía libre para tus oraciones.

Ahora la pregunta es: ¿Esposa eres en realidad, delicada, tierna, apacible y dócil, a la cabeza del hogar que es tu esposo? Si no es así, tú también puedes comenzar a ocupar el lugar que Dios ha querido darte, para que seas exaltada y cuidada por tu esposo.

Los dos pueden y tienen la obligación, de ayudarse a entrar a la eternidad con la verdadera altura de hijos de Dios. ¡No pisoteen mutuamente la dignidad de hijos de Dios!

*Facilitador católico
Director de la FUNDACION CATÓLICA IMMAH

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