UNA TRÁGICA DECISIÓN: LAS CONSECUENCIAS DE VALIDAR EL CONSUMO RECREATIVO DE LA MARIGUANA

Constituye una verdadera desgracia los excesos a los que ha llegado la Suprema Corte de Justicia de la Nación, desde aquella nefasta decisión de no considerar el aborto como inconstitucional y que había aprobado la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en abril de 2007.

Ahora ha validado la siembra y consumo recreativo de la mariguana y, lógicamente, está abriendo la puerta para que se permitan, en relativamente poco tiempo, el consumo y la compraventa indiscriminada de todo tipo de drogas.

Quien necesita desesperadamente de una droga -porque se ha convertido en un adicto- la consigue al precio y del modo que sea. Es decir, ya no le importa para calmar su ansiedad y consumir cuanto antes el estupefaciente, si tenga que mentir, robar, asaltar, golpear, asesinar, etc.

Sabemos además, que una droga como la mariguana, en poco tiempo ya no satisface plenamente al drogadicto, sino que el afectado comienza a sentir la imperiosa necesidad de «nuevas y más intensas experiencias».

Pertenezco a la generación de los años sesenta, en aquellos años en que el movimiento «hippie» -procedente, en sus inicios, de San Francisco, California, y que luego se extendió por muchos países del mundo- puso de moda el LSD, el peyote, los hongos alucinógenos y las demás drogas.

Recuerdo que un considerable número de compañeros de una Preparatoria en Cd. Obregón, Sonora, población donde yo vivía y estudiaba, se fueron a tomar cursos veraniegos de inglés, y algunos -no todos, por supuesto- retornaron completamente «convencidos» que era «maravilloso realizar frecuentemente esos viajes mágicos y psicodélicos». De esta manera, numerosos estudiantes del noroeste y de muchas otras partes del país, adquirieron la costumbre de consumir y mezclar, en las fiestas y reuniones sociales, diversas drogas con alcohol.

Para los que no les tocó vivir esa época, les relato que fue sumamente dramático y doloroso el observar cómo murieron tantos jóvenes por sobredosis de drogas; otros, «se quedaron arriba»-como se decía, en ese entonces, coloquialmente-, es decir, sufrieron de un grave daño neuronal, de tal manera, que nunca volvieron a la realidad, o bien, quedaron en calidad de «vegetales», o como «niños con escasos años de edad» y, hasta la fecha, sus familiares ¡los tienen que vestir, lavar, alimentar, cuidar, como si fueran bebés! Porque no se pueden valer por sí mismos y se encuentran permanentemente como ausentes o enajenados.

El trágico resultado fue que muchas vidas terminaron truncadas: con un considerable número de muertes prematuras por sobredosis (incluso cantantes, compositores, actores, modelos, etc.); muchos abandonaron sus estudios universitarios porque perdieron su capacidad de concentración y sus facultades mentales; otros, se convirtieron en vagos y parásitos de la sociedad; algunos más, lamentablemente se suicidaron…

Y, después de estos sucesos, sus familias quedaron sumidas en un profundo y desgarrador dolor, porque todos esos sueños de que sus hijos serían profesionales destacados, brillantes; buenos esposos y padres de familia, y que trabajaran por el bien de la sociedad; de pronto, todos esos ideales, quedaron anegados en una tremenda frustración, amargura y en un desastroso lodazal de “sueños rotos”. Puedo afirmar -sin temor a equivocarme- que, con ese indiscriminado consumo de drogas, se generó en la juventud una confusión de valores bastante pronunciada.

Aclaro que a mí no me contaron esos hechos, sino que fui testigo presencial, de todo esto que narro, porque además visité muchas clínicas de rehabilitación de las adicciones y he tenido numerosas entrevistas con psiquiatras y neurólogos de México y España. Después de un trabajo de investigación de varios años, escribí -en coautoría con el Psiquiatra, Dr. Ernesto Bolio y Arciniega- una novela en la que detallamos -junto con otros trastornos emocionales de nuestro tiempo- algunos de estos lamentables sucesos y que fue publicada con el nombre de «Vencedores», esforzándonos por hacer una selección de pacientes que lograron superar sus adicciones, porque preferimos darle al texto un enfoque positivo y optimista frente a la decidida y dura batalla que los pacientes tienen que librar contra las fuertes cadenas de las adicciones (por cierto, en breve, saldrá la segunda edición de esta novela, en “PANORAMA EDITORIAL”).

Pero volviendo al tema inicial, me parece que los Ministros de la Suprema Corte de Justicia han procedido de una manera poco seria, que desdice de la alta investidura que la nación les ha otorgado. Ni siquiera han solicitado escuchar a los especialistas o expertos en estas materias: no quisieron enterarse sobre qué opinaban los prestigiados psiquiatras que atienden a estos dramáticos casos ni a los psicoterapeutas de los numerosos centros de adicciones. Tampoco fueron consultados los padres de familia ni los profesores de los centros educativos de enseñanza media y superior ni se atendió a la voz de los orientadores familiares de los diversos puntos de la geografía del país. Sin duda, todos ellos poseen abundantes y enriquecedores testimonios y comentarios que pudieron haber brindado a los Ministros y a la ciudadanía.

Pero la mayoría de los Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación -desde luego, no todos- han optado por tomar la determinación -en forma parcial e injusta- de validar la siembra y el consumo recreativo de la mariguana, sin que parezca importarles demasiado las gravísimas consecuencias sociales que sobrevendrán, sobre todo, en la niñez y en la juventud mexicanas.

Las preguntas que quedan flotando en el aire son: “¿Era ‘lo políticamente correcto’ el haberse inclinado por esta radical decisión? ¿Por qué actuaron con tanta preciptación? ¿Quiénes resultarán económicamente más beneficiados con estas medidas?”

Depresión y Suicidio

Según la definición dada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), El Suicidio es “Todo acto por el que un individuo se causa a sí mismo una lesión o un daño con un grado variable de la intención de morir, cualquiera sea el grado de intención letal o de conocimiento del verdadero móvil”.

La OMS ha establecido que el día mundial para la prevención del suicidio sea el 10 de septiembre, y según esta organización 3000 personas ponen fin a su vida cada día y al año 1 millón de personas.

Tales cifras hacen pensar como algo lógico que la raíz de este incremento en casos de suicidio se deba a la llamada epidemia del siglo XX que es la depresión. Y surge las preguntas: ¿Por qué nos deprimimos en un mundo tan maravilloso? ¿Por qué la gente se suicida?

Debemos tomar en cuenta que existen varias causas o factores, que podríamos llamar causas internas o endógenas que existen dentro de la persona y las causas externas que son las de la vida diaria. En las causas internas nuestro cerebro tomar un papel principal en la cuestión de las emociones ya que nuestro cerebro tiene unas sustancias químicas llamados neurotransmisores que son los que nos controlan las emociones y hay dos en especial que son la dopamina y la serotonina que son los que nos llevan por decirlo de una manera a permanecer vivos.

Dios nuestro Señor nos ha creado de manera tan hermosa que cada célula de nuestro ser está programada para proteger nuestra vida, para proteger nuestra integridad, las sustancias que hemos mencionado están diseñadas para mantener la motivación y un grado de estabilidad emocional en los seres humanos. ¿Qué pasa entonces cuando estas dos sustancias, la dopamina y la serotonina se dejan de producir en el organismo? Se presenta lo que conocemos como depresión endógena o depresión interna que se manifiesta como una sensación de tristeza, de desesperanza, de apatía ante la vida que muchas personas viven y refieren.

La otra parte es la depresión externa o exógena que es causada por problemas o situaciones cotidianos como por ejemplo cosas como la pérdida de un trabajo, la pérdida de un ser querido, el robo de un auto etc. Esas situaciones traumáticas son las que pueden originar una tristeza, una depresión y por lo tanto una ideación, deseo de morir, un deseo de suicidarse.

Es difícil comprender porque una persona va en contra de su instinto de supervivencia, decidiendo acabar con su vida, y hay quienes ven el acto del suicidio calificándolo como un acto de “valentía” o un acto de “cobardía”. Más bien lo podríamos ver como un acto de falta de razonamiento, ya que podemos observar que una persona cuando está equilibrada en sus razonamientos difícilmente pensará en suicidarse.

Podemos explicar esto diciendo que por ejemplo las personas que viven una situación extrema, tienen lo que podemos llamar una “visión de túnel” lo cual significa que solamente están enfocando su atención al problema y no están viendo alrededor las posibles alternativas y soluciones a su situación para salir adelante. Solamente están viendo lo negativo y no se enfocan en las otras opciones.

Es importante diferenciar los diferentes trastornos que podrían llevar a una persona al suicidio, saber que hay trastornos psiquiátricos que comúnmente llamamos locura como son la esquizofrenia, la psicosis, hablamos de personas por ejemplo alucinan cosas, que ven visiones provocadas por la locura. Y esto los llena de mucha angustia y que para escapar de todo eso terminan optando por suicidarse; este tipo de personas tienen que recibir atención médica especializada, y en algunos casos internados en una clínica hasta su rehabilitación.

También existen otros casos de personas que no necesariamente viven ese grado de trastornos de la mente, que son personas “normales” como tú o yo, y que en determinado momento puede llegar a nuestra mente ese deseo de quitarnos la vida.

Hay algo clave en este tema que es la motivación a seguir viviendo y que tiene que ver con el sentido de la vida.

Es paradójico que en la actualidad habiendo tanta información, avances tecnológicos, tantas formas de diversión y aun así se está viendo in incremento en suicidios principalmente en jóvenes de entre 20 a 24 años de edad en México, en su mayoría varones.

Pareciera que las personas que tienen mucho dinero, fama, belleza tienen suficientes razones para vivir, más sin embargo si todo eso fuera suficiente motivación, no veríamos casos de suicidio en personajes exitosos como el caso de actores famosos entre ellos el caso del actor Robin Williams, lo cual nos lleva a la conclusión que no son las cosas materiales, el mundo o el placer, lo que nos darán un sentido de vida genuino. Ese sentido de vida únicamente puede venir de algo sobrenatural que es Dios mismo.

Debemos tomar en cuenta que a todos los seres humanos no ocurre el fenómeno de la saciedad o hartazgo de las cosas superfluas, y en la parte espiritual de tener a Dios nunca hay un cansancio de buscarle o poseerle.

La infelicidad es lo que está llevando al ser humano a suicidarse ya sea de manera inmediata, o a través de un “suicidio lento” poco a poco, como es el caso de fumadores, bebedores, drogadictos, etc. que saben que su conducta los llevará a morir.

La carencia y necesidad de Dios se refleja invariablemente en la depresión, en el suicidio ya sea fantaseando o concretando el deseo de morir.

Existen grados de deseo de morir, uno donde solo son pensamientos suicidas que nunca se concretan y otro es donde la persona empieza a pensar los detalles que debe tomar en cuenta para concretar el suicidio, pensar en qué día hora o circunstancia poder lograrlo. Esto es la ideación suicida.

La fantasía del suicida es que al terminar con su vida se terminaran sus problemas, y quienes han fallado en su intento se ven enfrentados a la realidad que sus problemas siguen ahí, y estas personas deben ser tratadas por personal profesional para que no reincidan en su intento suicida.

Conductas suicidas que debemos tomar en cuenta como señales

Quien está pasando por un problema de depresión o deseo de quitarse la vida presenta signos tales como:

Dejan de bañarse
Comen menos
Tienen poco sueño, o excesivo para evadir realidad
Lloran, se aíslan de sus seres queridos
No quieren hablar ni hacer nada
Rehuyen ir al médico.

Dan avisos expresamente de querer morir, y se deben tomar en serio estas amenazas

La ira es un elemento muy importante relacionado con el suicidio, esa ira mal encaminada se termina volcando sobre la misma persona, y lo lleva a atentar contra sí. El no perdonar genera mucho estrés, perdonar es muy importante. Para que una persona pueda superar una situación de ideación suicida debe tomar como primordial una creencia en un Ser Superior, en Dios.

Así el perdón al que sana primero es a uno mismo, además de liberar.

Acto médico y Eutanasia.

*Dr. Carlos Leite Poletti.

¿Puede existir jurídicamente la voluntad anticipada de morir?

La discusión sobre la eutanasia llegó a un nivel poco antes visto en la historia del Bioderecho, lo que parece deberse a diversos factores. El desarrollo tecnológico ha posibilitado la recuperación de enfermos y ha permitido prolongar la vida de otros, pero con elevados costos personales, y sociales.

El uso indiscriminado de la tecnología llevó también al llamado “ensañamiento terapéutico” u “la obstinación terapéutica”, que, por tratar de conservar la vida a toda costa, llega a ser desmesurado.

Hace pocos años, los medios de comunicación daban una noticia que trataba de reabrir el debate de la eutanasia en nuestra sociedad. La noticia fue la siguiente: «Los médicos belgas aplicaron una inyección letal que paró el corazón de Nathan Verhelst, un hombre sano físicamente de 44 años, que pidió que le mataran porque no estaba contento con los resultados de su cambio de sexo. La historia de terror psicológico narrada casi en directo por la prensa belga ha reabierto el debate sobre el uso de la eutanasia, el derecho de los ciudadanos a ser asistidos por doctores en su muerte, una práctica permitida en ese país desde 2002, y en claro auge» (EL CORREO, 03.10.13).

En primer lugar, los médicos no deben ignorar ni mirar hacia otro lado cuando el enfermo manifiesta que no desea continuar viviendo de la manera que lo está haciendo, acompañado por un sufrimiento insoportable, y sin importar consideraciones que el paciente tuvo anti cristianas o anti éticas, porque eso solo lo juzga el Señor.

Ahora bien, el deseo legítimo de tener una buena muerte, es una legítima, valga la redundancia, aspiración de todos nosotros. Es un imperativo ético, podríamos decir al estilo kantiano. Pero, nos preguntamos: ¿verdaderamente ese paciente desea la muerte? ¿Cuál es la demanda auténtica de un agonizante que pide la eutanasia?

La petición individual o social de la eutanasia debe ser considerada generalmente como una demanda de mayor atención. Si su miedo lo transformamos en seguridad, el paternalismo en autonomía, el abandono en compañía, y el silencio en escucha, tal vez desee seguir viviendo el tiempo que le quede. El enfermo necesita sentirse querido por los suyos, y además sentir que sigue siendo querido por lo que es y que no necesita cambiar. Todo esto va a ser para él un motivo para querer seguir viviendo. Fue Nietzsche, quien se podrán imaginar, no era muy cristiano que digamos, quien dijo: «El que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo».

Médicos, abogados, a TODOS, nos debe preocupar lo que le ocurre al enfermo para que desee la muerte. Este deseo puede ser una llamada de atención para que se le alivien todos los síntomas molestos o quizá sea una queja encubierta para que se le trate de una manera más humana, o se le haga compañía. Sencillamente, para que se le explique lo que le está ocurriendo.

La tentación de la eutanasia como solución precipitada se da cuando un enfermo pide el morir y se encuentra con la angustia de un médico que quiere terminar con el sufrimiento del enfermo porque lo considera insanable.

Pero deberíamos ser conscientes de que el verdadero fracaso es tener que admitir la eutanasia como solución alternativa al alivio de síntomas y ese estrepitoso fracaso se produce, cuando se plantea quitar la vida a un enfermo porque no sabemos cómo mejorar sus síntomas insoportables.

Aunque la muerte es inevitable, sí se podría intentar evitar el morir mal. La atención médica al final de la vida debe evitar su prolongación innecesaria, pero también debe evitar su acortamiento deliberado. En muchos Congresos internacionales de Bioética se ha dicho hasta el cansancio: «Dejar a la muerte que llegue sin empeñarse en prolongar artificialmente la agonía, sin miedo a usar los analgésicos y los recursos paliativos necesarios para aliviar el dolor y el sufrimiento».

La acción directa e intencionada, encaminada a provocar la muerte de una persona que padece una enfermedad avanzada o terminal, a petición expresa y reiterada de ésta, no es ni deberá ser nunca un acto médico. Sin embargo, interrumpir o no iniciar medidas terapéuticas inútiles o innecesarias, así como emplear tratamientos que tienen efectos beneficiosos sí es acto médico que se deben llevar a cabo para que el enfermo muera bien. Un excelente ejemplo de este caso, sería la sedación en la agonía.

Ante un enfermo en situación terminal lo que se hace o se deja de hacer con la intención de prestarle el mejor cuidado, permitiendo la llegada de la muerte, no sólo es moralmente aceptable sino que muchas veces llega a ser obligatorio desde la ética de las profesiones.

Debemos estar preparados para escuchar algo más espiritual.

Cuando se aplican las medidas terapéuticas que sean proporcionadas, evitando la obstinación terapéutica, evitando el abandono, evitando el alargamiento innecesario y evitando el acortamiento deliberado, estaremos realizando una buena práctica médica amparada por la Jurisprudencia internacional u por el Santísimo.

*Dr. en Derecho Uruguayo y católico

Asesor en Bioética de la Universidad de Montevideo

Mitos equivocados sobre la eutanasia.

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Los padres deben conocer, para explicar a sus hijos, que la eutanasia no siempre resulta una forma rápida, indolora y segura para morir, pues suelen surgir muchas e irreversibles complicaciones muy negativas para el enfermo.

Según la ética y la deontología médica, no es lo mismo la eutanasia activa, que el suicidio asistido y la sedación en la agonía. En la eutanasia se busca deliberadamente la muerte inmediata. En la sedación, dentro de los cuidados paliativos, se busca conseguir, con la dosis mínima necesaria de fármacos, un nivel de conciencia en el que el paciente no sufra, ni física, ni emocionalmente, al tener que enfrentarse con el dolor y la angustia, de las últimas fases del proceso de la muerte biológica, aunque de forma indirecta, pudiera acortar la vida.

No es importante discutir los diferentes conceptos de “eutanasia activa” “eutanasia pasiva”, “eutanasia directa” o “eutanasia indirecta” pues la terminología es secundaria, frente a lo que es matar, a pesar de que haya una supuesta aceptación manifiesta de la víctima.

En los países donde está autorizada la eutanasia y el suicidio asistido (Bélgica, Holanda y en USA, Oregón, Washington, Montana y Vermont), cada uno con sus leyes especiales, se dan unas circunstancias muy preocupantes, debido a la desinformación malintencionada que existe. Desgraciadamente hay una tendencia que tiene muy difícil marcha atrás, a no ser que la información que reciban los posibles usuarios, sea más veraz.

Con la legalización de la eutanasia, en esos países y Estados:

Han aumentado las solicitudes para ejecutar la eutanasia.
Han aumentado los casos aprobados.
Han aumentado los criterios que siguen los médicos para autorizar las eutanasias.

Las personas con mayor probabilidad de solicitar la eutanasia, en los países donde está legalizada, son los que su vida ya no se considera valiosa, como: Los enfermos graves, los pobres, los ancianos, los incapacitados, los que tiene poca educación, los fácilmente manipulables, los pacientes prolongadamente aislados y los moribundos que representen beneficios o una fuerte carga económica, para sus familiares o el estado.

La soledad, la tristeza, la depresión, el sufrimiento, la vejez, el cansancio de vivir sin tener ningún aliciente y la falta de Fe, fueron los principales argumentos que alegaron, los que solicitaron la eutanasia o la muerte asistida, incluso sabiendo que no tendría ningún impacto positivo, en la mejora del final de su vida.

20 Argumentos y mitos equivocados, sobre la eutanasia y el suicidio asistido.

No tengo a ningún familiar o amigo a mi alrededor, que se interesen por mí, me han olvidado.

Estoy deprimido, angustiado, desesperado y con mucho miedo a perder mi autonomía y control.

Conocí a otros que solicitaron y les concedieron la eutanasia, a más del 80% de los que la solicitan, se la conceden.

Me han dicho que la eutanasia es una “muerte digna” para los que como yo, no tenemos “calidad de vida” y que debido a nuestras minusvalías, vivimos con sufrimiento.

Estoy cansado de la vida y sé que si pido que me practiquen la eutanasia, me la van a conceder, pues los encargados de autorizarlas, son los principales entusiastas de realizarlas.

Pertenezco a lo que se llama grupos vulnerables, discriminados, de alto riesgo, bajo nivel educativo, pobreza, ancianidad, determinadas minorías, vivir en asilos, fragilidad mental, costosos tratamientos médicos, etc. Por lo que es muy probable que me la concedan.

Exijo a la sociedad, que elimine mis sufrimientos o que me aplique la eutanasia.

Todos los días me están presionando en el hospital para que la solicite, insistiendo en las ventajas de la eutanasia para mí y para mí familia.

Para mí es muy fácil argumentar, el concepto de “insoportable sufrimiento” y de que es imposible mejorarlo, aunque haya medicinas y tratamientos paliativos, que amortigüen casi totalmente el dolor.

Tengo miedo a poder llegar a tener dolores físicos insoportables.

Me creo que tengo el derecho a disponer de mi propia vida, como yo quiera.

No quiero llevar unas condiciones de vida humillante e indigna, delante de mis familiares y amigos.

No quiero aceptar que mis familiares y amigos sufran, participando o viendo mi mala calidad de vida.

No quiero que me prolonguen la vida, para ser un caso clínicamente interesante, y los médicos me puedan ir estudiando, mientras me voy muriendo.

No quiero que me asesinen mis familiares, para cobrar la posible herencia.

No quiero suicidarme, pues es muy difícil tener “éxito” al suicidarse. En USA hay anualmente unos 30,000 casos de suicidio, que terminan con “éxito”. Pero hay más de 100,000 intentos de suicidio, que no terminan con “éxito”, dejando en los que lo intentan, unas gravísimas secuelas de incapacidades y enfermedades, la mayoría de las veces irreversibles.

No tengo dinero para pagar los costos de seguir enfermo, y no quiero pedirlo ni a mi familia, ni a la sociedad.

Si me curan y me pongo bien, no tengo fuerzas para empezar una nueva vida.

He perdido mi independencia y dependo de otros para todas mis funciones, incluso las más elementales.

Soy libre y soberano, para decidir sobre lo que quiera hacer con mi vida. El médico no me ha dicho que estoy en una situación de desequilibrio, incapacidad mental o depresión, como para que no pueda tomar la decisión, supuestamente bien informada, que yo crea que a mí más me conviene.

La cultura del descarte, no contempla resolver los problemas que lo originan, ni crear programas para devolver la alegría de vivir, ni eliminar el concepto de soledad, a los que solicitan la eutanasia, la cual no es una forma digna de morirse, sino una perversión.

¿Serán las Iglesias, los gobiernos, los médicos, los hospitales, la familia o la sociedad civil, la responsable de solucionar este grave problema?

¿Será la sociedad en general la que quiere que se practique la eutanasia, para liberarse de los costos que suponen los ancianos, los enfermos en situación difícil o terminal, los niños con síndrome de Down o similar, etc.?

16 Argumentos para rechazar la eutanasia:

Cuando se está consciente, de que la eutanasia favorece una “pendiente peligrosa”, en contra del derecho a la vida.

Cuando consta que la eutanasia, se aplica también a los niños nacidos o no nacidos, que presenten minusvalías importantes.

Cuando se sabe que la eutanasia origina, que se niegue sistemáticamente tratamientos médicos costosos a determinados grupos sociales, practicando la eliminación de los “inútiles”.

Cuando la eutanasia presiona a los médicos, a poner fin a la vida de los pacientes graves, para no incurrir en más gastos y a los familiares de los enfermos, para cobrar las herencias.

Cuando todavía se tiene la confianza, en que la clase médica pueden y tienen la obligación de mejorar o aliviar la enfermedad.

Cuando haya pruebas que la eutanasia pervierte la ética y desincentiva la inversión, en cuidados paliativos y tratamientos para el dolor, prefiriendo matar al enfermo, antes que invertir en cuidados paliativos.

Cuando los medios de comunicación se han encargado de convencer a los enfermos, que los médicos están para curar o mitigar el dolor, y que cuando no lo pueden hacer o es muy caro hacerlo, la eutanasia es la única solución.

Cuando se sienten que ya no son libres, al aparecer los primeros síntomas de ansiedad, depresión mental o trastornos emocionales.

Cuando se es consciente de que la eutanasia, no es un derecho humano, ni está recogido en el Convenio Europeo de Derechos Humanos.

Cuando se dé cuenta que la eutanasia, puede ser una moda contagiosa, fomentada por los medios de comunicación, los familiares o las amistades, que la presentan con mucha insistencia, como una salida fácil para el enfermo.

Cuando se dé cuenta que está en un estado de ansiedad, depresión y terror hacia la muerte y que nadie le da ánimos, para seguir viviendo.

Cuando se da cuenta, de la fuerte dependencia e indefensión que tiene de sus médicos, cuidadores y medicinas.

Cuando se da cuenta de la pérdida de su dignidad como persona, y de los desagradables efectos secundarios, de los tratamientos médicos o medicinas.

Si empieza a pensar que los médicos y no la enfermedad, son los responsables de su muerte. Porque ellos deciden cuándo y cómo van a aplicarle la eutanasia.

Cuando empiezan a comprobar que los médicos, nunca le hablan de la eutanasia, pero la aplican a otros enfermos, sin dar ninguna información, pública o privada.

Cuando ya no es consciente de que no tiene la capacidad de decidir, si está consintiendo su propio asesinato.

Los que tanto aplaudieron, propagaron y presionaron, para que el crimen del aborto voluntario, fuera legal, ahora van a sufrir las consecuencias, en su propia vida, de la aplicación obligatoria de la eutanasia y el suicidio asistido legalizado. Aquellos polvos, trajeron estos lodos.

francisco@micumbre.com

¿Puede ser éticamente lícito el aborto en algún caso?

Manuel Ocampo Ponce
Universidad Panamericana

Todo parece indicar que en la actualidad el ejercicio de la sexualidad se encuentra desvinculado de la procreación. De los años sesentas del siglo pasado a la actualidad se ha cambiado la visión de lo que es y significa la sexualidad humana. Lamentablemente ha disminuido drásticamente el número de personas que niegan la ordenación natural que hay de las parejas de estar abiertos a la procreación. El mundo se ha liberalizado, las leyes proabortistas se van generalizado en los distintos Estados ya sea por razones económicas, médicas o sociales y hasta “humanitarias” como las relacionadas a la violación y al incesto. Por otra parte, en los países en los que las leyes sobre el aborto son muy restrictivas o ilegales, la legislación no es acatada en muchos de los casos en los que, aparentemente, se pueden realizar abortos médicamente “seguros” con frecuencia. Otro punto a considerar es la relación de los abortos con el socialismo, comunismo o marxismo ya que casi todos los países marxistas han autorizado el aborto al menos en los tres primeros meses del embarazo. Sin embargo, también en los países con economías neoliberales o capitalistas el aborto se ha vuelto una actividad cotidiana.

También resulta curioso que por una parte existe un número muy elevado de abortos mientras que por el otro se perfeccionan cada vez más los medios de gestación artificial. En esto se pone de manifiesto la esquizofrenia cultural en que vive la sociedad actual. Sea una cosa o sea otra, el aborto es uno de los métodos más utilizados para la regulación de la natalidad.

No cabe duda de que el aborto es una realidad triste, lamentablemente polémica y donde las cifras son muy elevadas al punto que podemos afirmar que la sociedad actual es una sociedad abortista. La procreación ha dejado de ser un don precioso e incluso los hijos han llegado, en muchos casos, a ser una carga pesada.

Para efectos de este análisis y dejando de lado los abortos espontáneos en los que no interviene la libertad humana, el aborto provocado es la interrupción de un embarazo, es decir, la acción de quitar directa y deliberadamente la vida a quien todavía no es capaz de vivir fuera del seno materno. Esto implica interrumpir el embarazo desde la fecundación hasta que concluye la vida fetal, es decir, cuando el feto es capaz de vivir fuera del útero materno.

Dentro de los abortos provocados tenemos varios tipos en los que se encuentran:

1. El aborto terapéutico, cuando el embarazo pone en grave peligro la vida o la salud de la madre gestante.
En la actualidad las indicaciones médicas para realizar abortos terapéuticos son prácticamente nulas en países con infraestructura médica desarrollada. Algunos han querido incluir en este tipo de aborto la salud mental de la madre, lo cual ha provocado que este tipo de aborto vaya en aumento en muchos casos y en otros se impida por las mismas razones de salud mental de la madre.
2. El aborto eugénico, cuando se ve que el concebido presenta alguna anomalía congénita o malformación grave.
3. El aborto psico-social, cuando el embarazo es el resultado de una violación o de un incesto.

Estos tres tipos de abortos pueden resumirse en dos:

1. El aborto directamente provocado por motivos eugenésicos, problemas familiares o sociales y por problemas personales (no considerados en el aborto indirecto). Este tipo de aborto directamente provocado nunca es lícito bajo una perspectiva realista y objetiva.
2. El aborto indirectamente provocado como cuando hay que extirpar un útero canceroso durante el embarazo lo cual implica la eliminación del concebido que constituye un peligro mortal para la madre e incluso para el mismo concebido, para el que hay que considerar dos causas de abortos:

2.1 El que tenga como fin o efecto único e inmediato la expulsión de un feto vivo (aborto directo). Que siempre y en todos los casos es éticamente ilícito según una visión realista y objetiva de la realidad.
2.2 El que tiene dos fines o efectos en el que la expulsión del feto no es el fin o efecto único sino subordinado a conseguir el efecto bueno de salvar a la madre. En este último caso para que sea lícito éticamente, es necesario que se cumplan las reglas del voluntario indirecto o principio de doble efecto que son:

a) Que el efecto sea bueno, es decir, salvar a la madre, o sea que el efecto permitido no sea intrínsecamente malo.
b) Que el efecto malo no sea querido ni intentado ni como fin, ni como medio, sino únicamente tolerado.
c) Que existan razones proporcionadamente importantes para permitir el efecto malo, como es el caso en el que no sólo moriría la madre sino también terminaría por morir el concebido.
d) Que el efecto bueno, es decir, salvar a la madre, no se consiga por medio del efecto malo sino que primero se efectúe el salvar a la madre y por consecuencia, en segundo lugar, se produzca la muerte del concebido.

Únicamente bajo estas condiciones puede ser lícito éticamente un aborto indirectamente provocado.

Objeción de conciencia en el aborto en Uruguay

OBJECIÓN DE CONCIENCIA EN EL ABORTO EN URUGUAY, NO SE CONSIDERA OMISIÓN DE ASISTENCIA

*Dr. Carlos Leite Poletti

El tema es, como hasta ahora, casi inabarcable, pero quiero hacer un especial énfasis en lo siguiente. Un grupo de médicos uruguayos me hicieron sentir orgulloso de mi nacionalidad, a algunos los conozco personalmente, debido a que, aun contra el sistema y la prepotencia legislativa y gubernamental del Uruguay de hoy, lograron un fallo histórico del Tribunal de lo Contencioso administrativo que impugnó 11 de los 42 artículos del Dto. Reglamentario que reguló el crimen atroz del aborto.

El 13 de octubre de 20014, un fallo del Tribunal de lo Contencioso Administrativo (TCA) eximió a los ginecólogos de la obligación de participar de los procesos vinculados al aborto y les permite dar información destinada a mantener el embarazo e incluso pedir ecografías. El alcance del derecho de objeción de conciencia para el personal de la salud fue uno de los aspectos más polémicos de la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. La reglamentación, según un centenar de ginecólogos que presentaron en el año 2013 un recurso para impugnar 11 de sus 42 artículos, limita la invocación de objeción de conciencia, a recetar el fármaco abortivo o hacer el legrado, Y LOS OBLIGABA a participar en todos los procedimientos previos y posteriores a la interrupción del embarazo, en un típico razonamiento y orden, que hace 70 años sería propia del Dr. Josef Mengele.

Este fallo del Tribunal de lo Contencioso Administrativo POR UNANIMIDAD y considerado «histórico», consideró que los artículos recurridos dañan el libre ejercicio de la medicina y la libertad de conciencia como derecho humano, por lo que resolvió suspender su aplicación hasta tanto se pronuncie sobre el recurso de impugnación presentado.

Los profesionales que recurrieron la reglamentación argumentaron que la misma trasciende lo perseguido por la ley y les causa un grave daño. También consideraron que se quitó libertad a los médicos en el asesoramiento de las pacientes y afirmaron que todo lo previsto y regulado solo está dirigido a «la concreción del aborto» y no permite «brindar un espacio de contención donde puedan valorar otras alternativas».

El Tribunal de lo Contencioso Administrativo acogió el planteo de los ginecólogos para suspender la ejecución de diez artículos de la reglamentación (uno de ellos en forma parcial).

¿Cuáles son las consecuencias?

La suspensión de los artículos impugnados habilita a los médicos abstenerse de participar en todas las actividades que por su naturaleza o propósito contribuyen a la realización del aborto. Vale decir, los médicos pueden abstenerse de las actividades preparatorias, como por ejemplo la puesta a punto del instrumental, e incluso de las posteriores necesarias para su conclusión. El médico puede objetar cualquier intervención en cualquier etapa del proceso para realizar el aborto; no estarán obligados ni siquiera a firmar el formulario IVE que en la primera consulta debía ser firmado para que luego procediera el aborto.

A su vez, cae el artículo 32 que solo daba por válidas las objeciones de conciencia que siguieran los procedimientos establecidos en la reglamentación, por lo que alcanzará con que la misma se exprese de manera verbal, en los ámbitos que correspondan. Es un fallo unánime del TCA que entiende que es tan grave la afectación de la libertad de conciencia, que es necesario detener ese daño incluso antes del pronunciamiento definitivo. El daño es a la libertad de conciencia y al libre ejercicio de la medicina. La libertad de conciencia es un pilar del estado de derecho. No se puede obligar a una persona a hacer actividades que van contra su conciencia y principios éticos o religiosos.

*Doctor en Derecho Uruguayo y Católico
Asesor en Bioética de la Universidad de Montevideo

¿Qué es la eutanasia? ¿Cuál es la posición de la Iglesia frente a este tema?

Dr. Carlos Leite Poletti

La palabra Eutanasia viene del griego y significa: ‘muerte dulce’.

En el mundo occidental, muchos han alzado la voz, pidiendo que se conceda a los enfermos terminales el derecho de terminar su vida, antes que la enfermedad les provoque graves sufrimientos y dolores que no desean sufrir. También se habla de aquellos que provocan la muerte de un ser querido por piedad. La Eutanasia se practica interviniendo para provocar la muerte en forma directa, o simplemente omitiendo el tratamiento necesario para prolongarle la vida. En ambos casos existe la deliberada intención de causar la muerte del enfermo. El médico norteamericano Jack Kevorkian, apodado el ‘doctor muerte’, se hizo famoso y millonario al inventar y utilizar una máquina que mata sin dolor a los pacientes que así se lo soliciten; de esta forma según él, se logra una ‘muerte digna’.

Para los cristianos la vida humana es un don sagrado y maravilloso, recibido de Dios. Por eso, la Eutanasia es considerada como un asesinato. ‘El hombre está llamado a la vida y a una plenitud de vida, que va más allá de las dimensiones de su existencia terrena… Lo sublime de esa vocación sobrenatural, manifiesta la grandeza y el valor de la vida humana, incluso en su fase terminal.’ (Juan Pablo II, ‘Evangelium Vitae’ n.2)

Todo cristiano tiene el deber de respetar, valorar y defender la vida humana. No existen ‘vidas inútiles’ que sean cargas para los otros. El sufrimiento y el dolor no justifican ni dan derecho a disponer de la vida de un ser humano. La muerte no es el término final y último de la vida del hombre, ni un fin absurdo de la misma. La mentalidad que ve a la Eutanasia como un derecho absoluto, nace de una visión que prescinde de Dios y que cree erróneamente que el hombre es dueño absoluto de su vida, siendo responsable sólo ante sí mismo de sus acciones. Por más que se quiera ver a la Eutanasia como un bien, no deja de ser un acto absurdo e inhumano que ningún fin puede legitimar. Esto no significa que tenga que prolongarse artificialmente la vida de una persona. Todos tenemos derecho a vivir y a morir dignamente. Pero esto no significa que se nos prolongue artificialmente la vida por medio de técnicas, medicamentos o aparatos que produzcan lo que se ha dado en llamar el encarnizamiento terapéutico.

Es lícito en un enfermo terminal, recurrir a calmantes (aun con el riesgo de acortarle la vida) que permitan que el enfermo viva los últimos momentos de su vida sin sufrimiento innecesario. Es legítimo y digno desear una muerte sin desfiguración, dolor y aislamiento y no se opone al Evangelio. Un paciente terminal nos da muchas veces una lección enfrentando la muerte con gran dignidad, somos nosotros los que deberíamos acompañar al enfermo los que a menudo nos comportamos indignamente.

*Dr. En Derecho Uruguayo y católico

Asesor en Bioética de la Universidad de Montevideo

Conflicto de intereses en la Secretaría de Salud

La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) exige que las denuncias que se presenten sean de tipo “sanitario de todo hecho, acto u omisión que represente un riesgo o provoque un daño a la salud de la población, como por ejemplo, la venta y consumo de alimentos contaminados o en mal estado, la venta de medicamentos con fecha de caducidad vencida, la venta de un producto de belleza que al aplicárselo ocasione irritación o reacción, alergia, etc.” http://www.cofepris.gob.mx/Paginas/Denuncias%20Sanitarias/Denuncias.aspx y yo agregaría en el etcétera de la página dependiente de la Secretaría de Salud se estipulara de igual manera, que la desinformación, información errónea, información engañosa, parcial o tendenciosa que provoquen un daño a la salud de la población también es digno de ser denunciado ante dicha Comisión.

Como es bien sabido, la campaña de la Secretaría de Salud y la CONAPO “Un condón es más confiable que el destino” que han tenido a bien difundir en los últimos meses en todos los medios de comunicación, en 12 lenguas indígenas y en distintas versiones, dice que el condón es 99% seguro. Que es 99% seguro para evitar enfermedades de transmisión sexual o embarazos, asimismo de forma chusca y burlona se mofa de la paternidad.

Me deja con un mal sabor de boca, me hace dudar sobre la congruencia que dicha dependencia gubernamental tiene o más bien carece, al difundir semejante desinformación, que claramente provoca un daño sanitario a la población. Cabe mencionar, que existen numerosos estudios que desmienten esta campaña, unos dicen que el uso del condón para prevenir la transmisión del SIDA falla en un 10% en ocasiones, mientras que otros estudios aseguran que este porcentaje llega al 30%. Se hacen comparaciones con el riesgo de quedar embarazada usando condón y el riego de contraer el VIH, y se afirma que éste último es mayor que el primero pues se puede quedar embarazada unos pocos días al mes, mientras que el contagio del VIH puede darse en todo momento, todos los días del mes. (Investigación completa “¿Por qué fracasa el condón?” http://tuenlinea.mx/~wwwinformandoyfo/Por.que.fracasa.el.preservativo )

Al respecto, es gravísimo lo que estamos leyendo, puesto que la misma dependencia que ha querido ser juez ante irregularidades que atenten en contra de la salud de la población de los mexicanos, está incurriendo en un ilícito. Hecho que me obliga como ciudadana de México a denunciar dicha situación, sin embargo, como pueden dar cuenta, existen conflictos de interés que me temo pueden dejar pasar por alto mi imputación.

En este sentido, a través de estos medios digitales e impresos la haré, así como llenaré el formulario pertinente para que se haga algo al respecto y quede registrada mi acusación. Que se hable con la verdad, que se mencione que el condón no es igual para todo tipo de uso, tampoco para todo tipo de enfermedades y menos comparar que el condón previene de embarazos y de VIH a la par, cuando éste último es 500 veces más pequeño que el espermatozoide y que avala el fallecido genetista Jerome Lejeune quien afirmó en 1989 «con el condón quedan embarazadas aproximadamente un 10% de las mujeres al cabo de un año de uso. Si no es una barrera infranqueable para los espermatozoides, menos aún lo será para el virus del SIDA, que es 500 veces más pequeño. Como puede suponerse, decir que el preservativo es eficaz para prevenir el SIDA es un absurdo (…). Un sodomizador seropositivo hará correr un riesgo de por lo menos uno entre diez de contraer la enfermedad mortal,…, por lo que es totalmente imposible calificar de mal menor un comportamiento tan peligroso para otro ser humano«.

Si lo anterior no es suficiente para retractarse y reconsiderar darle un nuevo giro a la campaña que más que ayudar, hace un gran daño sanitario a la sociedad, que la ley se lo reclame a quien tenga que hacerlo. La COFEPRIS no puede callar aunque su jefe sea quien avale tan grave y desafortunada campaña de supuesta “educación sexual”.

Nos leemos la semana que entra para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

 

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