Revelaciones de un ex – comunista

En esta época en que se está debatiendo tanto sobre el Socialismo y el Comunismo, me pareció oportuno evocar el recuerdo de un líder que se decepcionó de esta ideología. Conocí a Don Eudocio Ravines en agosto de 1978. En su trato era amable y cordial. Tuve varios encuentros con él en los que -entre otros muchos temas- me hablaba de su vida pasada. Fue cuando me enteré que era político, escritor y periodista con gran prestigio en muchos países. Nació en Cajamarca, Perú en 1897 y falleció en circunstancias muy extrañas en enero de 1979. Unos periodistas sospechaban de los sandinistas de Nicaragua y otros pensaban que era una venganza de la izquierda internacional.

Don Eudocio militó en el comunismo, llegando a ser dirigente del Partico Comunista Peruano. Era de carácter apasionado y me contó cómo se inició el comunismo en su país y se unió al APRA (Alianza Popular Revolucionaria) y los esfuerzos que hizo para implantarlo en Chile. Me llamó mucho la atención cuando me dijo que las órdenes para su actuación política y de los demás compañeros las recibían directamente desde el Kremlin.

En su período de líder comunista influyó en su pensamiento el político, escritor, activista y periodista, José Carlos Mariátegui. Asistió a varios congresos internacionales comunistas, entre otros, en Berlín y Frankfurt, Alemania. Fundó el semanario “Vanguardia” desde donde criticó duramente al Presidente de la República, lo mismo que desde el diario “La Razón” y, a consecuencia de ello, fue expulsado del Perú.

Por esos años, el Kremlin lo invitó a conocer la U.R.S.S. (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Ahí le tenían organizado un viaje en sitios minuciosamente preparados para causarle una buena impresión. Pero, Don Eudocio, con gran sagacidad, logró que le autorizaran conocer el mundo agrícola e industrial de las ciudades de provincia con la excusa de que quería escribir un libro sobre Rusia y quería conocerla desde sus entrañas. Por aquellos años gobernaba ese enorme país, José Stalin.

Fue cuando se desencantó del comunismo, al observar que el colectivismo no funcionaba en absoluto. Me relató, por ejemplo, que en una fábrica de coches no podían salir al mercado porque las llantas, que otra industria les envió, no eran del tamaño de las que se necesitaba. Lo mismo sucedió con varias piezas que esperaban de otra industria para los coches, pero venían defectuosas e inservibles. El resultado fue que observó que decenas y decenas de coches estaban inmovilizados, con muy pocas esperanzas de resolver esa situación por la lentísima burocracia imperante.

Otro ejemplo que me contó fue que en algunos campos agrícolas colectivos (“Koljós”) que sembraban papas, al momento de la cosecha y comunicar la ciudad encargada que enviaran camiones a recogerlas para continuar con el ciclo de producción resulta que, por la burocracia, nunca llegaron dichos camiones y la cosecha entera de papas lamentablemente se perdía. Y eso se repetía constantemente. Me relató muchos otros increíbles ejemplos de los defectos del colectivismo. Por aquellos años gobernaba al enorme país, José Stalin.

Cuando concluyó su trabajo de investigación sobre la provincia rusa, no informó nada de las graves fallas que había encontrado. Simplemente comunicó a las autoridades del Kremlin que necesitaba suficiente tiempo para redactar y pulir su libro. Y que preferiría regresar a América.

Como lo consideraban un comunista de absoluta confianza, le permitieron regresar al Perú. Pero Don Eudocio, hizo unas triangulaciones en sus vuelos y arribó a Washington, D. C. Gracias a sus contactos, logró entrevistarse con una alta autoridad norteamericana y le explicó su desilusión del comunismo y que había anotado mucha información confidencial para dar a conocer a la opinión pública que el sistema soviético era un gran fracaso.

A continuación, esas autoridades le dieron amplias facilidades para que escribiera su libro. Además, le proporcionaron abundante material que ellos habían recabado. Es decir, a Don Eudocio le permitieron acceder a sus archivos y pudo redactar su interesante libro, titulado: “La Gran Estafa”. Publicado primero en inglés en 1951 y luego en español en 1952.

Fue todo un acontecimiento la publicación de ese libro porque dio a conocer -de primera mano- muchos hechos que las naciones de Occidente desconocían. Don Eudocio tuvo la amabilidad de obsequiarme un ejemplar y cuando lo leí, pudimos conversar largamente sobre su contenido. La verdad es que yo no daba crédito a tantas y graves fallas en la Economía, en el Sector Agrícola e Industrial de la U.R.S.S. Porque, por esos años, el pueblo ruso sufría de una hambruna tremenda, como consecuencia de esa desorganización e ineficacia en el modo habitual de funcionar en el campo colectivo y en las empresas del Estado.

A partir de 1951 en que publicó su revelador libro. Fueron 18 largos años en que recibió continuas advertencias de muerte, sobre todo por teléfono y de modo anónimo.

Hacia 1978, Don Eudocio me comentó que estaba recibiendo muchas más amenazas de muerte porque con sus artículos de prensa criticaba duramente al Frente Sandinista de Liberación Nacional y notaba que los que le llamaban tenían el acento típico de esa tierra. Sin embargo, era un hombre valiente y no daba mayor importancia a esas tácticas intimidatorias.

Por aquellos años él trabajaba en “El Heraldo de México” y era el encargado de la sección de los antiguos télexs. Además, diariamente publicaba un artículo en las páginas editoriales de esta publicación. Estaba casado y había procreado un hijo. Vivía en los Multifamiliares de Tlaltelolco. Y fue ahí precisamente, un 25 de enero de 1979, cuando un coche lo arrolló en una de esas calles internas y poco transitadas. Con tantas amenazas telefónicas de los sandinistas, todos los que lo conocíamos y apreciábamos atribuimos ese crimen a los comunistas de Nicaragua.

Sin duda, Don Eudocio Ravines “murió en la trinchera” -como se dice- cumpliendo con su deber como periodista. Nunca temió a sus adversarios y es un ejemplo de un escritor valiente y comprometido con la verdad.

El socialismo: ¿”un paraíso terrenal”?

Es indudable que en nuestro país se está construyendo un “socialismo a la mexicana” con todas sus consecuencias. ¿Pero qué es el Socialismo? ¿Cómo ha evolucionado a lo largo de la historia?

En sus orígenes el Socialismo prometía un mundo de armonía y abundancia. Compartiendo la propiedad y realizando una distribución de forma equitativa. Esta teoría se propagó rápidamente por Europa y Estados Unidos. Planteando una utopía sobre un supuesto “Paraíso Terrenal”. Lo que a la postre, Karl Marx lo denominó “El Paraíso Rojo”. Existía la fe en progreso humano sin límites, fundamentado en la ciencia y el pensamiento racional y dejando fuera a la Religión.

Desde principios del siglo XIX, un empresario, filántropo y teórico socialista inglés, Robert Owen (1771-1858), quien fue considerado el padre del socialismo, difundió sus novedosas ideas, primero en su fábrica en Escocia y, luego, en 1828 en la Unión Americana donde fundó una colonia, “New Harmony” (Indiana), en la que pretendió concretar su experimento social basado en el cooperativismo y la fraternidad humana. Pero ese proyecto terminó fracasando rotundamente.

Sin embargo, su pensamiento influyó en Fiedrich Engels (1820-1895) filósofo, periodista y revolucionario alemán y otros filósofos franceses y alemanes. Engels publicaba un periódico donde difundía, a través de sus artículos, sus teorías socialistas. Karl Marx (1818-1883) filósofo y periodista alemán, se identificó de inmediato con Engels, entró en contacto con él y se hicieron amigos. Al punto que económicamente lo sostenía, le animó redactar su doctrina y le patrocinó la publicación del libro “El Capital” (primera parte). Tanto Engels como Marx desarrollaron el socialismo científico y el comunismo moderno porque coincidían en la doctrina de la alienación de la clase obrera, de la lucha de clases y la concepción materialista de la historia. En coautoría publicaron “El Manifiesto Comunista” que tuvo especial resonancia en Europa.

Esas ideas fueron calando en algunos intelectuales y líderes políticos, como Vladimir Lenin (1870-1924) revolucionario, teórico político, filósofo y líder comunista ruso. Pero detengámonos en el caso de Rusia por su particular trascendencia mundial. Por esos años, gobernaba en Rusia, el Zar Nicolás II (1868-1918), el último Emperador. Pero su desempeño político fue desafortunado tanto en el manejo de la  la economía como de la milicia. Empujó a su país a combatir en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) pero el ejército no contaba con la preparación adecuada ni con las armas modernas para derrotar a los alemanes. Reinaba en Rusia un clima de descontento generalizado hacia el Zar. Esta situación la supo aprovechar Lenin y en octubre de 1917 inició la revolución bolchevique en la que el Zar se vio obligado a dimitir. Pronto el Zar y toda su familia murieron fusilados.

Quedó al frente del Gobierno Provisional, Alejandro Kerensky. Pero en poco tiempo, Lenin se hizo con el poder total y gobernó desde 1917 a 1924. Aplicó a Rusia la doctrina de Karl Marx y fue lo que se llamó “el marxismo-leninismo”. Lenin gobernó con mano férrea para poder preservarse en el poder y con la ayuda de León Trosky y José Stalin lograron establecer un gobierno comunista. Así la revolución de fue extendiendo por muchos otros territorios vecinos. Constituyendo lo que posteriormente se denominaría como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas de 1922 a 1991.

A la muerte de Lenin, le sustituyó José Stalin creando un gobierno del terror en el que murieron asesinadas más de 20 millones de personas. Muchos fueron a parar a cárceles inhumanas denominadas “Gulags”. Al término de la II Guerra Mundial (de 1945 a 1991), el Comunismo se extendió por Europa Central y del Este, y comenzó la llamada “Guerra Fría” contra Estados Unidos.

La consigna de Lenin era extender el comunismo por todo el orbe. Así tenemos los casos de China con Mao Tse Tung (Maoísmo), en Cuba con Fidel Castro, en Chile con Salvador Allende (1970-1973), en Nicaragua con Daniel Ortega, en Venezuela con Hugo Chávez y Nicolás Maduro (el “Chavismo”).

Pero el Comunismo en la U.R.S.S. se desmanteló ante el clamor popular de los rusos pidiendo libertad y respeto a los derechos humanos. Durante el gobierno de Mijail Gorvachov proclamó la “Perestroika” y la “Glasnot” (transparencia) para lograr tener una mayor apertura hacia los países del bloque occidental.

Su sucesor, Boris Yeltsin se encargó de prohibir el Partido Comunista en Rusia y proclamar la autonomía e independencia de cada República. A partir de entonces, en Rusia y las otras repúblicas se respiraron nuevos aires de libertad y se han dedicado a impulsar su propia economía, con un sorprendente desarrollo y alto nivel de vida. El actual Presidente de Rusia Vladimir Putin ha impulsado el desarrollo económico y las libertades ciudadanas en este sufrido país, aunque se le acuse de ser un gobernante que se ha perpetuado en el poder. Fundamentalmente es criticado por los Estados Unidos por no someterse a su influencia y mantener su autonomía propia. Putin no ha permitido que se introduzca el “capitalismo salvaje” ni la ideología de género ni la pornografía ni los antivalores a través de la educación y los medios de comunicación.

Recibió gran influencia ideológica del escritor ruso Solzhenitsyn, Premio Nobel de Literatura 1970, quien le recomendó conservar los valores tradicionales y multiseculares de Rusia y no permitir que se vea influenciada por la innegable decadencia de Occidente.

En la U.R.S.S. la economía estatizada estaba prácticamente paralizada. Era como un “cadáver que había que enterrar”, en frase de Aleksandr Solzhenitsyn. Aquel “Paraíso Rojo” socialista, concebido por Marx y Lenin, había fracasado estrepitosamente. Esto es lo que le espera al “socialismo a la mexicana”.