Una verdadera liberación femenina

Corrían los años cincuenta, yo tendría unos diez años. Algunos de mis vecinos y yo (todos varones), solíamos jugar beisbol en un lote baldío a una cuadra de mi casa.

Con cierta frecuencia, venía a observar los juegos una vecina llamada Lucy, con varios años mayor que nosotros. Yo estaba de pitcher enseñando a un chico a que aprendiera a batear. Entonces me percaté que Lucy también tenía un enorme deseo de batear. Así que decidí preguntarle:

  • Oye, Lucy, tú también quieres batear, ¿verdad?
  • Sí -me respondió- pero me tienes que enseñar a hacerlo bien.
  • ¡Por supuesto! Ven y toma el bat.

Así que decidí enseñarle los rudimentos de cómo batear bien y cómo se juega el beisbol. Como estaba de pitcher, le enviaba las bolas despacio para que pudiera al menos chocarlas. Para mi sorpresa, Lucy, como era una chica espigada y fuerte, comenzó a dar magníficos batazos que iban a parar hasta el fondo del improvisado campo de beisbol. Así estuvo dándole al bat alrededor de unos 15 minutos y todos los del equipo la animábamos y celebrábamos sus fuertes batazos. Así que Lucy estaba contenta y feliz.

En un momento determinado, se detuvo un coche con vidrios polarizados y aire acondicionado, bajó la ventanilla del copiloto una señora con lentes oscuros, que gritó muy molesta:

  • ¡Lucy, ya te he dicho mil veces que ese juego es sólo para hombres! ¡Ven y súbete! ¡Y para que no se te olvide, te voy a castigar!

Lucy obedeció, se subió de prisa al coche y el vehículo despareció rápidamente. Como es de suponerse, todos los que jugábamos nos quedamos preocupados por ese regaño y el castigo que le impondrían a Lucy.

Esta anécdota, la ubico en el estado de Sonora, en Ciudad Obregón, al sur del Estado. En esos tiempos en que “el machismo” era tremendo contra las niñas, las adolescentes y las jóvenes.

Por ejemplo, había una Laguna artificial llamada “del Náinari” en la que muchos jóvenes y adultos solíamos darle la vuelta corriendo. Pero ellas no podían hacer lo mismo, sino que debían de ir acompañadas de una persona mayor, pero únicamente para caminar -y no correr- alrededor de ese lugar recreativo. Los únicos deportes que se les permitía practicar a las jóvenes eran el voleibol y la natación.

Afortunadamente, a mediados de los años sesenta, un grupo de entusiastas señoras organizaron una liga de softbol, que lo jugaban con una bola más grande. Ese fue el inicio de la ruptura contra la anterior costumbre “machista”. También cuando llegaron las Olimpíadas de 1968 en México, a las adolescentes y jóvenes se les permitió correr alrededor de la Laguna y practicar otros deportes. Las barreras iban cayendo.

En lo relativo a estudiar carreras universitarias, era impensable que estudiaran cualquiera de las Ingenierías. Una anécdota lo dice todo. A inicios de los años setenta, iba yo cruzando el patio central del edificio rectangular de Ingeniería de la UNAM con varios pisos de salones de clases. Delante de mí iban dos universitarias de esa misma carrera. Como era la hora del receso y los alumnos estaban fuera de las aulas, comenzaron las rechiflas contra ellas, pero no sólo eso, sino gritos e insultos, como: “¡Fuera de esta carrera! ¡¿qué hacen aquí?! ¡Es sólo para hombres! ¡¿qué hacen aquí?!” Ellas se sonrojaron apenadas. Así estaba el ambiente de animadversión contra ellas en ese entonces.

Tengo una prima, Elena, que estudió esa misma carrera en una universidad privada, a principios de los años ochenta. En cierta ocasión en que visité a mi Tía y Elena estaba en la casa, me comentó -con preocupación- que estaba haciendo frente a toda clase de discriminaciones, burlas e ironías desagradables de sus compañeros del aula. Yo le aconsejé:

  • ¡No les hagas ningún caso! Tú aplícate en estudiar mucho y, como eres inteligente, de seguro que pronto estarás dentro de los primeros lugares. Y si a los alumnos se les pasa la mano, coméntaselo al profesor encargado de ese salón para que les llame la atención. ¡Pero no te dejes intimidar!

Y así fue, porque obtuvo el primer lugar no sólo en el primer semestre ¡sino en todos los demás! Cuando fue la ceremonia de graduación de su generación, el Vicerrector de esa universidad -que conocía esa injusta situación de discriminación- le pidió a Elena que diera el discurso a todos sus compañeros y padres de familia reunidos en el aula magna. Como tenía facilidad de palabra, dio un magnífico discurso hablando, precisamente, que las universitarias podían cursar con éxito cualquier carrera universitaria. De esta manera -como muchas otras universitarias-, Elena abrió la brecha para que otras estudiantes fueran respetadas y bien aceptadas en esas carreras, que supuestamente eran “sólo para hombres”.

Por otra parte, mi prima Susana cursó la carrera de Comunicación en Guadalajara. Al terminar sus estudios, a fines de los años setenta, solicitó trabajo en una importante cadena de radio y a regañadientes fue aceptada porque el Director de esa empresa le dijo que dudaba seriamente “si daría el ancho” en ese trabajo. En el fondo era un mero prejuicio sexista.

Susana me comentaba que, en un principio, tuvo que librar casi “una batalla campal” para que sus compañeros de trabajo la respetaran y la dejaran trabajar con libertad y en paz. Claramente le insinuaban “que era tonta”, “muy poco capaz”, “bastante torpe” y que “pronto la despedirían de esa cadena radiofónica”.

Pero no contaban que Susana es una mujer de carácter fuerte y se les enfrentó con valentía y firme determinación. Así que comenzaron a respetarla porque cumplía eficazmente con sus responsabilidades laborales. Luego vino el tema del salario. Susana conseguía buenos contratos de publicidad en importantes empresas de la ciudad. Pronto se percató que tenía un sueldo notablemente inferior al de sus compañeros. De manera, pidió tener una entrevista con el Director y le mostró con datos irrefutables todo el dinero que conseguía para esta cadena de radio, en comparación con el resto de sus compañeros. Y que, por tanto, solicitaba un aumento de sueldo. Al Director de esta empresa no le quedó más remedio que acceder. Así que le concedió un importante incremento en su salario.

Con el paso de los años, la nombraron subdirectora y coordinadora general del trabajo de todos sus colegas en la empresa. Por supuesto que hubo resistencias iniciales a obedecerla -pero en coordinación con su jefe- se impuso y ahora la respetan y son dóciles a sus indicaciones. Considero que Susana -como tantísimas otras jóvenes profesionistas- abrieron camino en el mundo laboral para que luego vinieran a trabajar muchas otras chicas de diversas profesiones.

Ahora, en este siglo XXI, las mujeres practican todo tipo de deportes y oficios, estudian las más variadas carreras universitarias y ocupan destacados puestos directivos, los cuales realizan con particular esmero y dedicación. Considero que esta sí ha sido una verdadera liberación femenina. Una revolución en que, con frecuencia, a ellas les ha costado mucho esfuerzo abrirse paso, ¡pero con excelentes frutos y eficaces resultados!

La solidaridad en el mundo deportivo

Siempre me ha impresionado el espíritu de solidaridad entre los deportistas. Porque el valor de la generosidad es lo que impulsa a dar sin esperar recibir nada a cambio. Esta definición no se limita únicamente al aspecto material, sino que se extiende en ofrecer ayuda a personas que lo necesitan, y está asociada al altruismo y a la solidaridad.

Ahora mismo recuerdo el caso de la deportista norteamericana Sunisa Lee que compitió en gimnasia artística. Sunisa es una chica amable, simpática, sonriente y siempre abierta para hacer nuevas amistades Ella desciende de una comunidad china que en los Estados Unidos permanece muy unida. Sunisa participó en los Juegos Olímpicos 2020, obteniendo tres medallas. La de oro en el concurso individual, la de plata en la prueba por equipos y de bronce en las barras asimétricas.

Lo interesante del caso de Suni -como le llaman sus familiares y amistades- es que carecía de medios económicos para realizar el viaje a Japón. Se enteraron los de su comunidad china, sus familiares, vecinos y amistades y, entre todos, juntaron la cantidad suficiente para que Suni pudiera participar en Tokio. Y Suni no les falló, ya que tuvo una actuación sobresaliente, ganando tres medallas. Además, colaboró levantando la moral de cada una de las del equipo, ya que se tambaleaba ante la inesperada enfermedad de su gran estrella, Simone Biles, campeona olímpica de 2016 en Río de Janeiro y en muchas otras competiciones. Gracias al brillante desempeño de Suni, sus compañeras se sintieron estimuladas, y el equipo quedó en un honroso segundo lugar, ganando la medalla de plata.

Otro caso admirable, es el del corredor Iván Fernández Anaya que en una carrera de Maratón iba en segundo lugar, y muy por delante de él, corría el keniano Abel Mutai (medallista olímpico en Londres) quien era el virtual ganador, pero sorpresivamente se equivocó de pista poco antes llegar a la meta. Y Fernández Anaya, en vez de correr directo a la meta y aprovechar la confusión del keniano, para quedar como el ganador. Prefirió buscar a Abel Mutai, y con señas y casi empujándole, le condujo hasta la meta correcta. Cuando los periodistas entrevistaron a Fernández Anaya sobre ese noble gesto, declaró: “Abel Mutai era el justo vencedor. Me sacaba una distancia que yo no podía haber superado, si no se equivoca. Desde que vi que se paraba, decidí ayudarle”. Su entrenador Martín Fiz afirmó: “Realizó un gesto de ésos que ya no se ven, que le ha hecho ser mejor persona, aunque haya perdido una medalla de campeón”.

Otro caso inspirador, es el del conocido futbolista David Beckham (Londres, 1975). Su padre era empleado de una fábrica de material de cocina y su madre, peluquera. En varias ocasiones pasaron serios apuros económicos. Sus padres querían que David se dedicara a una actividad que supusiera un ingreso para la economía familiar. David les pidió que tuvieran paciencia y que, en poco tiempo, al ser profesional, les apoyaría. Y es que David desde niño mostró que tenía habilidades con el balón y su sueño era dedicarse de por vida al futbol. Jugaba frecuentemente con clubes de la localidad. Un día, se le ocurrió tocar la puerta en el “F. C. Barcelona” para competir como “las jóvenes promesas” y fue aceptado.

Pero al finalizar los intensos entrenamientos no fue elegido para quedarse en el equipo. Pero David nunca se rindió ni se desanimó. Primero comenzó a jugar para el “Leytonstone” y luego ingresó a la “Essex School” con la finalidad de perfeccionar sus movimientos en la cancha. Puso un particular esfuerzo que acabó por dar sus frutos, ya que en 1991 fue fichado por el “Manchester United” para las ligas inferiores.

Tuvo la fortuna de acudir a la escuela de futbol del célebre Bobby Charlton, que era toda una leyenda de la Selección Inglesa. Ya que en 1966 llevó al triunfo a Inglaterra frente a Alemania 4 a 2, ganando la Copa Mundial de Futbol. Participó en cuatro Copas del mundo: en 1958, 1962, 1966 y 1970 (con sede en México).

Bobby Charlton se percató de la valía como deportista de David Beckham y le dedicó su mejor tiempo para pasarle todas sus experiencias que a él lo habían convertido en un excelente campeón. Beckham pudo jugar entonces en equipos de primera división. De esta manera, por fin pudo apoyar económicamente a sus padres. Hizo su debut en el futbol internacional en 1996, a la edad de 21 años. Participó en la Copa Mundial de Futbol del año 2000 y, en esa ocasión, fue nombrado capitán de la Selección Inglesa. A partir de ese entonces, comenzó a cosechar éxitos y se convirtió en un ícono del mundo de la farándula al casarse con una integrante del grupo en boga “Spice Girls”, Victoria Adams, que además era empresaria y diseñadora de moda. Este hecho, catapultó a Beckham convirtiéndole en una celebridad internacional.

Otra historia que vale la pena conocer es la del conocido cantante y compositor Julio Iglesias (Madrid, 1943), que en su juventud llegó a ser portero de la liga juvenil del Real Madrid y cursó la carrera de Derecho. Pero en la madrugada del 22 de septiembre de 1962, saliendo de una fiesta, el coche en que viajaba con sus amigos se estrelló en la vía Majadahonda de Madrid. Julio perdió el conocimiento. Cuando volvió en sí estaba internado en la cama de un hospital. El médico le dio la terrible noticia de que no tenía ninguna esperanza de volver a caminar. Estuvo semiparalítico a lo largo de año y medio. Sus posibilidades de poder volver a caminar dependían de una constante terapia y ejercicios físicos. Pero el joven enfermero que cuidó de él, Eladio Madaleno, así como sus familiares y amigos, le animaron mucho a que hiciera sus ejercicios. Sus compañeros de futbol querían que el popular Julio se reincorporara al equipo y solían visitarlo con frecuencia para que hiciera sus ejercicios físicos y, con autorización de Eladio, le ponían nuevas metas para que fuera avanzando más, en esos primeros pasos que daba. Tenían la enorme ilusión de verlo de nuevo como portero.

El enfermero Eladio, por su parte, era muy constante en sus terapias y Julio obedecía -aunque le costara mucho- porque deseaba con todas sus fuerzas volver a caminar y para lograr esto ponía su mejor empeño y fuerza de voluntad. En cierta ocasión, el joven Eladio tuvo la ocurrencia de regalarle una vieja guitarra porque se percató que tenía buena voz y sensibilidad artística para la música. Entonces Julio le puso música a los poemas que había escrito de adolescente. Finalmente pudo volver a caminar y eligió ser cantante y compositor. Y tuvo una brillantísima carrera profesional, recibiendo decenas de premios y reconocimientos.

El reconocido deportista del basquetbol, “Magic” Johnson, afirmaba: “Si eliges un deporte de equipo, es fundamental que tengas muy claro el concepto de compañerismo, amistad y solidaridad entre los miembros”.

EL AMOR A LA PATRIA

Ya estamos en septiembre, el mes dedicado a la Patria. Todos recordamos aquellos lunes en que en el colegio se realizaban los Honores a la Bandera y cantábamos el Himno Nacional. Esto se hacía con el fin de fomentarnos el amor patrio.

Pero, ¿qué es la Patria? Es el lugar, ciudad o país donde se ha nacido, que abarca todas sus cosas materiales e inmateriales; su gente, su folklore, sus costumbres, así como su historia pasada y presente.

Los ciudadanos patriotas cuidan del bien común; buscan ayudarse fraternalmente y de tener espíritu solidario y de servicio para abocarse a las necesidades materiales y espirituales de sus connacionales, migrantes e inmigrantes.

En lo personal, me sorprende cómo en México han proliferado las asociaciones con fines filantrópicos por toda la geografía nacional que -sin recibir nada a cambio- buscan atender las necesidades de los mexicanos. Por ejemplo, “VIFAC” (VIDA Y FAMILIA, A.C.) que presta una ayuda invaluable a las madres solteras.

Tienen sus albergues por muchas ciudades del país y las jóvenes al ingresar, se encuentran en un ambiente de hogar porque son tratadas con afecto y cariño. Reciben alimentación, atención médica, formación en valores y virtudes.

Hay algunas madres solteras necesitan orientación sexual. Entonces, un médico Ginecólogo les explica cómo se inicia la vida y pueden ver en su vientre el desarrollo de su bebé mediante un ultrasonido

En definitiva, se les enseña a que amen y aprecien la vida humana desde el momento de la concepción hasta su muerte natural.

De igual forma, se les anima a que aprendan computación, corte y confección, las habilidades necesarias para trabajar en un salón de belleza, cocina y repostería, etc., todo ello con el objetivo de que aprendan a valerse económicamente por sí mismas. Se trata que estén bien capacitadas para cuando den a luz a su bebé y salgan del albergue.

Un aspecto importante es la atención psicológica, ya sean muchachas trabajadoras o jóvenes profesionistas, que han sufrido mucho porque el novio que las abandonó o en su familia o en su empresa se les presionaba tremendamente para que abortaran, sufriendo violencia intrafamiliar o laboral. Así que se trata de ayudarles a que superen esos fuertes traumas.

He sido testigo de cómo pasados algunos meses, se despiden felices de esos albergues con sus bebés, muy agradecidas por toda la formación y atenciones que recibieron.

Otra asociación que conozco es “M. A. S.” (Medicina y Asistencia Social). Son un grupo de médicos que voluntariamente se unen para operar de cataratas en zonas rurales. Por supuesto que a los pacientes no se les cobra nada porque son personas que viven en extrema pobreza. Algunos bajan de la sierra de Oaxaca o de Guerrero, y otros muchos, de diversos lugares con la esperanza de poder ver.

Me conmovió el caso de un anciano que vivía en un apartado pueblo de Oaxaca. Tenía cataratas en ambos ojos. Su hija, que se enteró de la existencia de esta institución filantrópica, fue a avisarle a su padre que se animara a operarse. Así que el anciano se trasladó en camión, desde la sierra. A continuación, fue operado y vio con un ojo.

Un año después, volvió a bajar de ese pueblito de Oaxaca y se le operó del otro ojo. Cuando ya pudo ver en plenitud, estaba feliz y emocionado. Les dijo a los médicos que no sabía con qué pagarles ese par de operaciones y los galenos le dijeron que no les debía nada y que lo habían hecho por un afán de servir. Antes de retirarse, los médicos le pidieron que rezara por esta Institución, ya que funciona a base de donativos.

Otra Institución de Asistencia Privada se llama “Fundación Educa, A. C.” y tiene el objetivo de orientar en la educación Integral y de calidad para los niños de México. De igual forma, “Fundación Becar, I. A. P.” busca apoyar económicamente a niños y jóvenes que requieren de recursos para realizar sus estudios.

“Redes” (Restitución de Derechos Sociales, A. C.) tiene como objetivo brindar un acompañamiento integral para las personas que necesitan de asesoría jurídica, psicológica y trabajo social. También hay fundaciones que se ocupan de niños ciegos o sordomudos. Lo mismo instituciones que se centran en colaborar para que las personas de la tercera edad tengan una mejor alimentación y atención médica y un largo etcétera.

En la medida que me fui enterando de la enorme cantidad de instituciones filantrópicas y de ayuda social que funcionan en nuestro país, sin afanes de lucro, porque la gran mayoría de ellas funcionan a base de apoyos económicos de los mismos mexicanos, no salía de mi asombro y admiración del corazón generoso de miles o quizá millones de personas.

Llegué a la conclusión de que somos una gran nación integrada por ciudadanos que se ocupan del bien común y desean trabajar por un México mejor y que demuestran con hechos su amor a la Patria.

LA CASA GRANDE DE LOS ABUELOS

Raúl Espinoza Aguilera 

El próximo domingo 28 de agosto se conmemora “EL DÏA DE LOS ABUELOS”: Esa celebración me trae a la memoria gratos recuerdos porque de mis abuelos aprendí numerosas cosas.

La casa grande de mis abuelos -que en mi infancia así me parecía, luego cuando crecí me di cuenta que era más pequeña- no era tanto por sus dimensiones, sino porque era el punto de encuentro de mis once tíos y decenas de primos. Algunos simplemente pasaban para saludarlos y tomar una buena taza de café de Coatepec. Y de la casa salían a realizar sus actividades cotidianas.

Mis abuelos me dedicaban tiempo y eran buenos conversadores. Me formaron en muchos aspectos, me corrigieron, me ayudaron y, sobre todo, me transmitieron experiencias. Recuerdo que la casa de mis abuelos tenía un jardín en la entrada y luego un porche con poltronas. Al entrar se encontraba una sala amplia y cómodos sillones. A mano derecha estaba la oficina de mi abuelo. Y en la parte izquierda se tenía el comedor para los festejos importantes. Había algunas habitaciones, tanto en la planta baja como en la planta alta, porque fueron once hermanos. Claro está que en algunas se colocaron dos camas. 

En la cocina había un comedor pequeño que era el de todos los días. El jardín de atrás era enorme: tenía una huerta, un almacén para guardar costales con diversas semillas. De igual forma, tenía una zona para arreglar tractores ya que mi abuelo era agricultor. Y, sobre todo, muchos perros que eran la fascinación de mi abuela. Dentro de la casa había un pequeño perrito “pequinés”, el favorito de la abuela, que le llamaba “Fifiro”. Que era amigable y un buen compañero de todos en la casa. Ese cariño de mi abuela por los animales se traducía también en unas grandes jaulas, junto a la sala, con muchos pajarillos de diferentes lugares del país. 

Sobre todo, amaba profundamente la vida humana. Se sabía de memoria los nombres de todos sus numerosos nietos y bisnietos. Había una pequeña sillita color crema, a la que le tenía especial cariño. Me comentaba con nostalgia: “Aquí se sentaron y jugaron todos tus tíos cuando eran niños, luego vinieron ustedes, mis nietos y mis bisnietos. Ahora, no sabes con qué ilusión espero que llegue ¡mi primer tataranieto! Eso lo decía cuando ya pasaba de los 90 años. Siempre me admiró su espíritu de laboriosidad, aunque le ayudaba una cocinera. No paraba de trabajar preparando los alimentos, poniendo la mesa, solicitando que la empleada del hogar le trajera una serie de productos del mercado, atendiendo a las visitas, etc. y todo con una sonrisa amable llena de serenidad y buen humor.

Por su parte mi abuelo fue ganadero, agricultor y granjero. Se levantaba a las cinco de la mañana y tomaba dos tazas de café bien cargado para no deshidratarse con los fuertes calores que suele hacer en Sonora, donde vivíamos. Uno de mis tíos le ayudaba en estas faenas. Mi abuelo era un hombre de carácter firme y bien determinado. Tenía una voz gruesa y potente que se oía por toda la casa. Un día recuerdo que llegó indignado por las ocho columnas de un periódico vespertino que decía: “Anciano de 60 años arrollado en la vía pública porque le fallaron los reflejos”. “No estoy para nada de acuerdo -nos decía molesto- con este titular ¡porque yo paso de los sesenta y me siento con mucho vigor físico, salud, con la mente ágil y clara!” Y era verdad.

A mí me dedicaba mucho tiempo porque me encantaba escuchar sus relatos de su vida pasada. Por ejemplo, le tocó todo el ambiente inmediatamente previo a la Revolución. Le llamaron mucho la atención las ideas francamente novedosas en los discursos de Francisco I. Madero, de Venustiano Carranza, de Adolfo de la Huerta, de Álvaro Obregón y de muchos otros generales que hablaron en la plaza central de la población y se percató que los tiempos estaban cambiando y que el gobierno del General Porfirio Díaz tenía los días contados.

También me relató cómo se inició en la agricultura y que fue Presidente Municipal en Navojoa, Sonora. Algunos años antes, compró un rancho que se llama “Capetamaya” y en el que se sembraban algunas tierras, tenía vacas y ganado. De igual forma, tenía terrenos agrícolas en Villa Juárez. También puso una granja en un poblado llamado “El Quiriego”. A sus casi 70 años, en su pick up”, diariamente continuaba atendiendo todos esos negocios.

Fue un hombre visionario y audaz. Cuando lo visitó Don Manuel Espinosa Iglesias para comenzar “Bancomer” en el Estado. Mi abuelo le reunió a un selecto grupo agricultores, empresarios y ganaderos para que aportaran dinero y arrancar la primera sucursal de “Bancomer” en Navojoa y en otras partes de la Entidad. En efecto, ese plan arrancó con éxito y Don Manuel quedó muy agradecido con mi abuelo.

Pero todo esto me lo detallaba en sus relatos -tan agradables y amenos- con la finalidad de que aprendiera la forma de iniciar negocios y, pasados los años, para que fuera también un buen emprendedor. Y reflexionaba: “Mi abuelo me está transmitiendo sus experiencias de vida. Es como si fuera ‘mi otro yo’ que ya recorrió el camino de su existencia”.  Y concluía: “Debo de tratar de aprovechar al máximo todas esas memorias suyas que son tan valiosas”.

Sin duda, cada uno de los lectores podría contar su propia experiencia con sus abuelos y comprobaremos la gran ayuda que supusieron en nuestras vidas. En mi caso, pienso que mis abuelos -junto con de mis padres- me formaron en numerosas virtudes y valores y me dejaron un legado espiritual imborrable. 

LA AMISTAD ES PARA SIEMPRE

                                                     Raúl Espinoza Aguilera

Recuerdo una fresca mañana del 30 de enero de 1979, el Papa Juan Pablo II -en su primer viaje a nuestro país- visitó el “Colegio Miguel Ángel” en la Colonia Florida de Ciudad de México.  

Me acuerdo que el cielo lucía intensamente azul.  En aquella mañana invernal, se reunieron miles de chiquillos con sus papás y profesores para esperar el arribo del Santo Padre al Centro Educativo. Había un ambiente festivo. Yo me encontraba en medio de la multitud.

Los niños portaban mantas con diversas leyendas, como: “Bendito el que viene en nombre del Señor”, “Tú eres Pedro” …

Cuando llegó el Papa saludó -con calma y sonriente- a numerosos pequeños. Después subió a un balcón donde se le entregó una carpeta roja que contenía la letra de la canción “Amigo” tanto en italiano como en español. A continuación, la rondalla del colegio entonó esa melodía compuesta por el cantante brasileño Roberto Carlos.

Observé que el Santo Padre hacía comentarios a los que se encontraban junto a él y en su semblante reflejaba una enorme alegría. Al concluir la canción el Papa dijo que le había conmovido su letra y leyó algunos versos: “Tú eres mi hermano del alma, realmente el amigo/ que en todo camino y jornada estás siempre conmigo. / (…) Recuerdo que juntos pasamos muy duros momentos, / y tú no cambiaste por fuertes que fueran los vientos. / Es tu corazón una casa de puertas abiertas, / tú eres realmente el más cierto en horas inciertas…”. Luego nos habló del valor de la amistad y de lo importante que era ser realmente amigo, a pesar de las adversidades y de los momentos difíciles que presenta la vida. Me parece que a todos los ahí presentes nos emocionó ese inesperado discurso.

¿Cuál era el contexto de sus palabras? Karol Wojtyla (su nombre de pila antes de ser Papa) había sufrido mucho. Siendo apenas un niño de 9 años, falleció su madre. Emilia. Su hermano mayor Edmund, que era médico, murió cuando Karol tenía 12 años. Su padre falleció en 1941. Fue muy duro para él quedarse solo y sin familia.

Por otra parte, fue testigo de la invasión de las implacables tropas nazis enviadas por Adolfo Hitler. Le dolió mucho la detención y fusilamiento de algunos amigos suyos por el solo hecho de ser judíos. Y, en general, por la absurda y criminal consigna de Hitler al enviar a todos los judíos a los a los campos de exterminio. 

El joven Karol (1920-2005) cursaba entonces sus estudios universitarios. Pero, luego, tuvo que vivir clandestinamente en diversas iglesias, seminarios y abadías para iniciar sus estudios de Filosofía porque sintió el llamado al sacerdocio. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en mayo de 1945, los rusos impusieron con determinación un gobierno comunista y totalitario en el que se perseguía a los que reclamaban libertad y respeto a los derechos humanos, y por supuesto, a la Iglesia Católica.

En ese opresivo ambiente fue ordenado sacerdote en 1946 y continuó sus estudios en Roma para obtener su Doctorado en Teología. A su regreso a Polonia, pasado algún tiempo, el Papa Paulo VI lo nombró Obispo de Cracovia (1958) y, en 1967, recibió la proclamación cardenalicia. 

Sin embargo, conservaba su sencillez y naturalidad. Tenía una asombrosa capacidad para relacionarse y hacer vínculos de amistad. Conservaba a sus amigos de la infancia, de la adolescencia y de la universidad. A los jóvenes solía organizarles excursiones para subir montes y paseos en kayak remando por ríos y lagos, o reuniones para darles formación sobre valores humanos y temas de actualidad. En esos períodos para descansar un poco y recuperar fuerzas, solía conversar con esos jóvenes en lo particular, para ayudarles en su vida espiritual.

Como escribió el célebre escritor inglés, C. S. Lewis: “A los amigos se les estima, siempre uno al lado del otro y mirando hacia adelante”. Considero que los vínculos de amistad con los amigos se deben cultivar a lo largo de toda la vida. Santiago Ramón y Cajal, prestigioso médico, investigador y Premio Nobel de Medicina en 1906, destaca que: “La jovialidad de los amigos constituye el mejor antídoto contra los desengaños del mundo y las fatigas del trabajo. Invirtiendo el viejo refrán, deberíamos decir: “Quien bien te quiere, te hará reír”. 

¿Cuántos amigos es conveniente tener? Pienso que, entre más, mejor. Hay que tratar de ser amigo de todos, como nos dio ejemplo Karol Wojtyla. Porque la amistad no tiene edad, perdura para siempre en el alma y en el corazón. Tampoco se extingue con la distancia, sobre todo ahora con los adelantos tecnológicos. En la amistad se comparten los mismos intereses y aficiones. Me viene a la memoria los grupos que se organizan en las universidades inglesas: los clubes de debate, de oratoria, de Historia, de lectura, etc. y de ahí surgieron grandes amistades, por ejemplo, entre el escritor Gilbert K. Chesterton con C. S. Lewis, J. R. R. Tolkien y Bernard Shaw, entre otros muchos.

¿Quién es el verdadero amigo? El que está al pendiente si el otro se enferma y, entonces, lo visita en el hospital. Si fallece algún familiar, lo acompaña en su duelo y le brinda palabras de aliento. Si profesionalmente le va bien, el amigo se alegra mucho. Y si fracasa su negocio, el buen amigo le abre horizontes, le da palabras de esperanza y le anima a recuperarse. El célebre escritor del Siglo de Oro español, Lope de Vega escribió: “Yo dije siempre, y lo diré y lo digo, que la amistad es el mayor bien humano”. El filósofo Aristóteles también advierte que “un amigo es el más precioso de los bienes de la vida”.

Son muchas las ocasiones en que se sufre con ocasión de diversos problemas y contrariedades en el transcurrir de la vida. Los amigos acuden en auxilio de quienes necesitan de esa ayuda. ¿Por qué? Porque se trata una amistad desinteresada, pronta para ser un fiel apoyo. Y es que la amistad es un valioso tesoro que no tiene precio. La verdadera amistad se consolida cuando los amigos se corrigen -de modo amable, cordial y en positivo- y así se ayudan mutuamente a mejorar en valores y virtudes y luchar contra los defectos. En definitiva, el verdadero amigo es el que se compromete en hacer todo lo posible para que sus amigos sean felices.

LA FAMILIA Y ASPECTOS VITALES QUE HAY QUE CUIDAR

                                                      Por: Raúl Espinoza Aguilera

Ante los continuos ataques a la familia (hombre-mujer-hijos), hoy más que nunca conviene difundirla y promoverla. La familia es el ámbito en el cual cada miembro se siente amado y aprende a amar a los demás.

No hay que olvidar que las familias están integradas por seres humanos, de carne y hueso. Todas las familias tienen “sus altas y sus bajas”, momentos conflictivos y períodos de armonía y paz. 

Se debe apreciar a todos los integrantes de una familia y quererlos de todo corazón. En ese ejercicio cotidiano, hay que aprender a perdonar, comprender y disculpar. Esto se dice fácil, pero en muchas ocasiones, hay que hacer un esfuerzo particular para lograr ese objetivo.

Las generaciones jóvenes miran a los matrimonios como un ejemplo a seguir. De ahí la importancia de enseñarles cómo se debe querer a la esposa, a los hijos y demostrarles -con hechos- de que sí es posible ser fieles hasta la muerte. El buen ejemplo y la alegría, sin duda, son muy persuasivos para los jóvenes..

La familia es, entonces, una sociedad con características muy peculiares porque los fines del matrimonio son: 1) la procreación de los hijos y, a continuación, 2) la esmerada formación de cada uno de esos niños y, luego, jóvenes. 

No hay dos hijos iguales, sino que a cada uno a hay que formarlo de acuerdo a su carácter, a sus facultades y virtudes, a sus ideales en la vida, etc. En cierta ocasión, estaba jugando frontón con un amigo y participaban varios miembros de su familia. Se me ocurrió decirle: “¡Cómo se parecen Luis y Juan Pablo!” Y de inmediato me respondió: “No es así, cada hijo tiene sus propias ‘cadaunadas ‘”. La frase me hizo gracia, pero meditándola despacio, mi amigo tenía mucha razón.

La labor de ser padres o madres es una verdadera vocación para lo cual hay que formarse. Por ejemplo, tomando cursos de orientación familiar. Ahora también está de moda tomar cursos de superación familiar “en línea” (por internet). 

Hace unos días me comentaba un amigo que tiene varios hijos y un buen número de nietos que tomó ese curso y que le ha servido bastante. Se llama: “Educar en positivo”. ¿De qué trata en esencia? De que muchas veces los padres se vuelven coléricos con los hijos y casi todo funciona a base de regaños, de gritos, de castigos. Claro está que los hijos terminan teniendo miedo a ese “ogro” en que se ha convertido su padre. Pero debe de ser todo lo contrario, la madre y el padre es muy conveniente que sean “los mejores amigos de sus hijos”. Con quienes compartir anhelos, inquietudes y poderles hacer preguntas de carácter confidencial, por ejemplo: sobre sexualidad, noviazgo, drogas, etc. Todo esto, junto con hacer planes juntos -por ejemplo- practicar deportes, conlleva a un mayor acercamiento. Conozco a matrimonios que se han propuesto tener conversaciones cercanas: la madre con las hijas y el padre con los varones. Claro está, sin hacer acepción de personas. Van juntos al cine, a tomar un helado o un café y platican serenamente y a solas. Esos acercamientos han resultado exitosos. También durante los fines de semana la familia entera sale a andar en bicicleta o hacer gimnasia. O bien, a practicar un deporte como el basquetbol o el voleibol. También salen para hacer un picnic en el campo, o a visitar un museo. De esta manera los padres intervienen directamente en la formación de sus hijos.

¿Cómo se puede progresar en esa conveniencia? Sugiriendo en ellos la práctica de una serie de pequeñas, pero determinantes virtudes para convertir el hogar en un lugar agradable y donde se antoje estar ahí, porque cada miembro de la familia colabora para lograr ese mismo fin. Para ello es necesario que cada uno salga de esa esfera de comodidad que se tiende a crear, aislándose en su propia habitación mediante el celular, el iPad o su lap top. Hay que hacerles ver a los hijos de que tienen que estar pendientes de los demás; de interesarse por sus gustos y aficiones; de querer con los que convivimos tal y como son y no como nos gustaría que fueran; de ofrecerse con los padres a realizar algunos encargos ellos requieren. A la vez, animarlos a socializar con amigos y chicas y asistir a fiestas y reuniones.

También es fundamental, como dice el dicho, “Ponerse en los zapatos de los demás”. Para “sentir” lo que ocurre en el corazón de los demás e ir logrando el desarrollo armónico de su personalidad. Por ejemplo, si una hija tiene una gran sensibilidad artística, no se le puede tratar de la misma forma que al hijo adolescente aficionado a los deportes extremos, con un carácter un tanto brusco, pero noble.

Otro elemento que considero fundamental, es echar en el baúl “del nunca jamás” todos los rencores y resentimientos y enterrarlos para siempre. Hay que fomentar en el hogar la alegría, el optimismo, el entusiasmo, el trato cordial, fraterno y el buen humor. Nada hay más agradable que mantener el gozo y aprender a ver el lado divertido de la vida cotidiana. Aunque, en ocasiones, no se esté de humor, o se padezca una ligera enfermedad. Es entonces cuando hay que añadir un pequeño “plus”, es decir, un esfuerzo adicional para sonreír y estar amables. 

En conclusión, la institución familiar es la escuela de valores por excelencia. Como escribía el filósofo y político inglés, Sir John Bowring: “La familia feliz no es sino un Paraíso anticipado”.

La generación rota, atemorizada y sin ilusiones

 Por: *Ale Diener

A inicios de los años dos mil recuerdo que en la Ciudad de México (CDMX) se aprobó que se reconocieran las uniones de personas del mismo sexo como si fuera matrimonio.

Mis hijas aún niñas, estaban sentadas a la mesa conmigo y les expliqué que en México había salido una ley en donde esto se permitiría y verían cada vez más personas del mismo sexo como si fueran parejas.

Mi hija menor, entonces de 7 años de edad, me miró y me preguntó: Y ¿Cómo van a tener bebés? Una pregunta por más obvia -“Pues es imposible hija, tienes razón.” – Le dije, aclarando que hay técnicas de manipulación que están logrando fabricar bebés. El avance científico ha llegado a alcances impensados.

Así como esta plática, años antes, no muchos, les dije que en la CDMX se podía matar a los bebés en la panza de la mamá, pero que no por eso era correcto ni bueno hacerlo. Pusieron cara de horror.

Durante su niñez les hablé de sexualidad, siempre desde la perspectiva de la intimidad. Tus partes privadas son lo más especial que tienes y nadie puede estarte diciendo qué hacer con ellas ni tampoco es correcto estar mostrándolas. Protégete porque tú eres tu cuerpo y lo que le pase a tu cuerpo te pasa a ti en tu corazón. Fue siempre el mensaje.

Ahora ya son mayores y hacen lo que ellas creen deben hacer, lo que les dejé tatuado en su alma estoy segura no lo olvidarán. Pues durante la niñez los seres humanos vemos y oímos con especial atención. La niñez es tan objetiva que lleva a preguntar cosas tan lógicas como: Y ¿Cómo van a tener bebés?.

Dice Antoine de Saint-Exupéry en El Principito “«Y los hombres no tienen imaginación. Repiten lo que se les dice». Es decir, los seres humanos, particularmente cuando se hacen adultos, abandonan los juegos de la imaginación, y con frecuencia suelen ser poco críticos frente a las cosas. Prefieren adecuarse a las opiniones de la mayoría y repiten y repiten sus consignas. Y entre otras maravillas dice que «todas las personas grandes han sido niños antes. Pero pocas lo recuerdan». Lo que es una realidad, le damos tantas vueltas a las cosas que ya no entendemos lo que es correcto de lo que no lo es, y por el contrario repetimos para adecuarnos a la mayoría, lo que a mi entender es tibieza, falta de criterio.

La película de Disney que ahora tanto se ha platicado; atacado y defendido, Lightyear, tiene una trama en la que lo de menos es el beso lésbico, sino que relata la historia de unas mujeres que viven como si fueran pareja, como si fueran un matrimonio y tienen un bebé.

Los padres de familia que no quieren que sus hijos la vean es porque están protegiendo su intimidad, están guardando su niñez. No porque crean que se volverán gays como muchos dicen.

El hecho de que dos mujeres salgan como si fueran mamás de un niño confunde, ya que rompe con el orden natural impreso en nuestros corazones. A los niños se les debe de proteger porque es lo correcto. No es cuestión de tolerancias o de fobias, es cuestión de un desorden que en la actualidad se quiere imponer como correcto. Pero a fin de cuentas desorden, ya que se busca promover lo contrario a lo que está en la ley natural que todos tenemos grabada en nuestra esencia humana.

Forzar a una sociedad a aceptar a gente que no se acepta a sí misma, que se odia y que se victimiza y más aún, a que se le tenga que aplaudir para que no se traume, ante un hecho irrefutable que es la sexualidad humana (atributo natural que nadie da ni nadie quita), es quebrar a la sociedad y patologizarla.

«Las personas mayores (…) siempre se imaginan que ocupan mucho sitio» según con esta frase infiere El Principito, que las personas adultas son incrédulas y, además, se juzgan demasiado importantes como para ser pequeñas frente a la creación y la naturaleza.

Soberbia y orgullo es lo que impera cuando se quiere romper con el orden natural y esta película como toda la propaganda homosexualista es lo que quiere, quebrar a los más jóvenes para que su identidad sea incierta y les sea más complicado saber quiénes son para saber hacia dónde ir.

Pensemos bien, ¿Por qué actualmente las generaciones nuevas están sumidas en depresiones y son los grandes consumidores de fármacos y tecnología que los hacen evadir su realidad? ¿Por qué tanta duda en saber qué quieren hacer y tanto rechazo al matrimonio y a la paternidad?

Sólo se me ocurre que se debe a que sus vidas son tan miserables que no quieren compartir la vida con nadie. Hay tal bombardeo de ideas contrarias a lo que les dicta su corazón que mejor se quieren encerrar en sí mismos y no dejar nada para la posteridad. Evitar que nuestros hijos sean parte de esta generación rota, atemorizada y sin ilusiones es más que lógico, nadie quiere que sus hijos sufran y menos por una herida en el cerebro, que es la más difícil de curar.

*Alejandra Diener es Economista, Orientadora Familiar, Educadora Perinatal y Doctoranda en Bioética. Activista por la vida y la familia, fundadora de Nathum Vida A.C.

La relevancia que tiene cultivar el valor de la generosidad

La generosidad se define como “el hábito de dar o compartir con los demás sin recibir nada a cambio”.

Me sorprende cómo los jóvenes -mujeres y hombres- han respondido ante los sismos en la Ciudad de México y otras muchas ciudades del país. Suelen hacer una larga fila, luego van sacando de una construcción derruida ladrillos y otros muchos objetos, hasta dar con personas muertas o heridas. Y en esa importante labor, se pasan muchas horas. No se sienten héroes, sino que lo consideran como un deber solidario y cívico.

Me llama la atención que el reconocido pedagogo, David Isaacs, en su libro “La Educación en las Virtudes Humanas y su Evaluación” ponga como primer capítulo “La Educación en la Generosidad” y afirme: “Esta virtud actúa en favor de otras personas desinteresadamente, y con alegría, teniendo en cuenta la utilidad y la necesidad de la aportación para esas gentes, aunque cueste esfuerzo.”

Antier en la madrugada me resbalé y caí contra la base metálica del colchón de la cama y me causó bastante dolor. Sin embargo, tenía que salir a dar clases toda la mañana. Me puse una faja en la cintura y fui a cumplir con mi deber. A continuación, acudí a la Cruz Roja y me atendió una Doctora y otros médicos con diversas especialidades, como un traumatólogo, un ortopedista, radiólogos y enfermeras. El hecho es que me tomaron varias radiografías del costado derecho de las costillas. Afortunadamente no hubo fractura ni fisura ni otra complicación. Al poco tiempo me dieron de alta.

Cuando me despedí, a todos los médicos les di las gracias, en especial a la primera Doctora que me recibió, quien me dijo esbozando una amplia sonrisa: “No me dé las gracias es nuestro deber. Lo hacemos con gusto y deseamos servir lo mejor posible al paciente. Y cualquier otra cosa que se le ofrezca, ya lo sabe, estamos aquí para servirle”

Me quedé sumamente agradecido con todo el personal que me atendió. Porque de ordinario no se observa esa manera tan amable y cordial de atender a los pacientes.

Recordé que también a los niños hay que educarlos en el valor de la generosidad desde su infancia. Viene a mi memoria que mi padre, abogado de profesión, solía dedicar algunos sábados en la tarde para atender, orientar, sugerir y resolver los problemas jurídicos que tenían los indígenas en “Pueblo Yaqui”. No le gustaba que le pagaran, pero a modo de agradecimiento, aquellas pobres gentes le regalaban guajolotes o gallinas.

También en la temporada invernal en que caían heladas y el Valle del Yaqui estaba en cero grados o incluso con más frío. Me acuerdo que eran alrededor de las tres de la madrugada, cuando mi papá se asomó a la habitación -envuelto en una manta- donde dormíamos mi hermano Arturo y yo. Nos dijo: “-No puedo dormir”.

¿Por qué papá? ¿Estás mal del estómago? ¿Te duele la cabeza? ”-No, no es nada de eso” -nos contestó.

  • “Pienso en toda esa gente pobre que estará sufriendo tanto debido a estas bajas temperaturas, particularmente en la colonia “Cartonera”. En cuanto amanezca, les quiero pedir que se vayan a una tienda bien surtida y compren 200 cobijas. Luego se encaminan a esa colonia y las distribuyen de casa en casa”. Y eso hicimos. Esos actos de generosidad de mi padre eran lo habitual.

¿Qué era eso de “La Cartonera“? Una colonia ubicada en el norte de Ciudad Obregón, Sonora, hacia el rumbo de Nogales donde llegaban, como aluvión, personas indigentes de otros estados y armaban su vivienda de cualquier modo: con un trozo de lámina como techumbre provisional y el resto eran sólo cartones.

En ese mismo orden de ideas, como mi casa estaba ubicada justo frente al “Hospital Municipal”, que casi no contaba con presupuesto para darles de comer a los enfermos, ni les proporcionan medicinas. En cuanto los daban de alta, muchas personas tocaban a la puerta de mi casa ya que estaban auténticamente “cayéndose del hambre”. Entonces mi madre les preparaba unos tacos de tortillas de harina. Y si venían acompañadas de algún chiquillo, me decía mi mamá:

       “-Sube a tu closet y dale a esta pobre criatura, tu regalo de navidad (o cualquier otro juguete). Naturalmente que a mí eso me costaba. Se trataba de un pequeño cochecito de carreras. Al dárselo al pequeño y observar su rostro de inmensa felicidad, propio de quien no ha recibido ningún regalo en su corta vida, me daba por bien pagado. Porque de inmediato el chiquillo muy contento se ponía a jugar con ese regalo.”

Otras veces los enfermos acudían a mi casa a pedir dinero para poder comprar sus medicinas. Mi padre sacaba la billetera y me decía:

-Dale a ese hombre este billete y pregúntale si con esto le alcanza para adquirir el medicamento.

Eran tan continuos esos edificantes ejemplos que mis padres me fueron inculcando sobre la generosidad, que siempre me pareció como lo más normal.

Otras veces, cuando las mujeres estaban sentadas en la bardita de mi casa, junto a la banqueta, dándoles del pecho a los recién nacidos, mi madre me pedía:

“-Ve y llámales a esas desnutridas mujeres -que me parten el alma- y diles que pasen al comedor porque voy a preparar de comer y, por supuesto, les daré abundante leche.”

Algunas de ellas no sabían español sino sólo el dialecto yaqui, y, desde luego, se mostraban muy agradecidas.

Pienso que para ser generoso se requiere, como se dice coloquialmente, “ponerse en los zapatos de los demás”. Sentir lo que sienten ellos; consolar su llanto y escuchar sus lamentos y penas. Luego, animarlos y darles palabras de aliento y de esperanza. Y como decía aquel sabio pensador: “Nadie lo hará por ti, tan bien como tú, si tú no lo haces”.

De la fiebre de la lectura a la fiebre por la basura de Los Bridgerton

Se dice que a mediados del siglo XVIII ocurrió la fiebre de la lectura, particularmente los jóvenes dedicaban mucho tiempo a la lectura de novelas. En nuestros días existe, diría yo, la fiebre por las series en varios portales de internet. A este respecto, puede hallarse varias adaptaciones a la pantalla grande de los clásicos de la literatura inglesa de la época georgiana y victoriana como Jane Austen, las hermanas Brontë, Charles Dickens, Elizabeth Gaskell, Thomas Hardy, entre otros.

Recientemente se transmite en un portal de internet una serie llamada Los Bridgerton ambientada (o tratando de ser ambientada) en la época georgiana, más específicamente el período de la Regencia en aristocracia británica. La serie presenta absurdos en todos sus puntos: noviazgos y matrimonios interraciales, aristocracia de raza negra, vestuario absurdamente colorido y ostentoso, contenido sexual, diálogos irrisorios: vulgaridad pura y dura. El resultado es una abyecta producción, de las miles que se pueden hallar en internet, solo que ésta ha sido vista por millones alrededor del mundo.

No es que la producción rompa estereotipos, es que miente de manera flagrante sobre la aristocracia y realeza británica de entonces, en la que los negros no formaban parte. Y de ello dan cuenta no solo las novelas sino la historia del país. ¡Racista! ¡Xenófoba! No, no están mal los matrimonios interraciales, sino pretender que eran algo habitual en el período georgiano, cuando es bien sabido que en el país británico la esclavitud era una práctica normalizada ¿Mintió Jane Austen al retratar en sus novelas a una aristocracia exclusivamente blanca? No. Este simple hecho es suficiente para darse cuenta de la tremenda tomada de pelo que significa la serie.

Otros argumentaran que la producción no busca un rigor histórico, que se trata de una fantasía inclusiva, el sueño dorado de esta generación deformada hasta el tuétano en el intelecto. Como fantasía y cuento de hadas es pésima, como novela de época una basura total. Algunos la comparan con Orgullo y Prejuicio –penoso-, la escritora sin duda volvería a morirse al saber que su célebre novela es comparada con un producto de nula calidad. Los Bridgerton cumple con el objetivo primario de ser el centro de discusión sobre su “inclusión racial”, sobre el sexo consensuado o violación, sobre el empoderamiento de la mujer, etcétera.

Pero la deformación de los clásicos no empezó con esta producción sino con adaptaciones tales como la de Orgullo y Prejuicio en 2007 (Keira Knightley y Mattew McFadyen), que mostraba a las señoritas Bennet como harapientas, viviendo en una casa sucia con animales por todos lados, sin modales; poca veracidad en la vestimenta de la época, aunque su banda sonora es de lo mejor. Mujercitas 2019 es otra producción que deformo de manera similar la novela original. Nadie duda que estas dos producciones puedan enganchar, pero siempre hay que aspirar a ver algo de calidad, como sus versiones previas: Orgullo y Prejuicio 1995 y Mujercitas 1967.

Desde luego la podredumbre siempre ha existido, películas de época con contenido sexual, el nulo rigor histórico en otras, pésimas interpretaciones en aquellas, fallas deliberadas aisladas. Sin embargo en Los Bridgertone los límites no existen más, cada aspecto es atacado, destruido y reconstruido falazmente. Si lo duda, tan solo vea las opiniones de varios fanáticos que se asombran de que, en aquella época hubiera “inclusión racial”, verdaderamente penoso. Solo nosotros somos responsables de lo que llega a la pantalla. Que esta serie sea de las de mayor audiencia habla mucho del público consumidor.

¿Fue un error que los jóvenes del siglo XVIII se aficionaran tanto a la lectura? No. Lo que está mal antes y ahora es no diferenciar lo valioso de lo que es basura, leer solo por leer, puesto que las lecturas execrables han existido siempre. ¿Está mal ver series de televisión o internet? No, pero debe desecharse no solo lo que no aporta nada sino también aquello que claramente esta diseñado para embrutecer el intelecto. Infinidad de mujeres gustan de la literatura inglesa y sus adaptaciones a la pantalla grande, esto lo sabe la industria cinematográfica, por tanto han de cuidar sigilosamente lo que ven, so pena de verles enganchadas de un producto como Los Bridgerton, algo muy propio para simios…

10 de mayo, el matrimonio y la felicidad

Ahora que se acerca el 10 de mayo, me parece oportuno escribir sobre el Matrimonio y la Fidelidad. Porque esta virtud es la perseverancia en la palabra dada. Se trata de un compromiso para toda la vida.

La fidelidad en un matrimonio se forja en lo que parece pequeño y en lo grande para enfrentar y solucionar las situaciones difíciles. Caso similar es como cuando se inicia una empresa, o cuando un joven recién egresado de la universidad en una profesión determinada, se enfrentan a situaciones difíciles, problemas, contradicciones. Son, podríamos decir, “la sal de la vida”.

 Las contradicciones enrecian el carácter, se vive un intenso proceso de aprendizaje, se adquiere experiencia. Y al final, se tiene la alegría de haber podido resolver esa situación concreta.

Lo fácil es comenzar, pero lo difícil es ser constante día tras día con la paciencia de un artista o artesano que está concluyendo poco a poco su obra de arte. Es un verdadero gozo enfrentarse a los retos que va deparando la existencia humana porque repercute en la madurez de la persona.

Se trata de un aprendizaje en el espíritu de sacrificio, de completa y cuidadosa entrega a las metas que se haya propuesto o que en la empresa ha fijado. De eso depende el éxito en el presente y en el futuro. Aquí no cabe el desánimo ni el desaliento.

Lo mismo sucede con los cónyuges recién casados en ese proceso de entenderse, comprenderse y disculparse mutuamente. Se aprende a ceder, a decir “no” a los caprichos y egoísmos; a pensar en cómo hacer feliz cotidianamente a la esposa o al esposo. Son detalles, menudencias, pero que proporcionan alegría, optimismo y buen humor en esa inicial convivencia.

Con qué gusto los matrimonios mayores recuerdan sus primeros años de casados. Los apuros económicos por los que tuvieron que pasar: hacer rendir la quincena; eliminar los gastos superfluos. Hasta es motivo de risa y buen humor aquel pequeño cochecito que tenían al principio y que a cada rato iba a dar al taller. También aquel pequeño departamento en que vivieron y con mil privaciones instalaron la cocina, una pequeña sala y demás enseres.

Después ella comenzó a desarrollarse como Ingeniera Química, trabajando en un reconocido laboratorio. “Con el tiempo y un ganchito” -como dice el dicho popular- pudieron ahorrar lo suficiente para cambiarse a un departamento más grande y confortable.

Después tuvieron una noticia que les causó una enorme alegría tanto a los cónyuges como al resto de la familia: el nacimiento del primogénito. Le pusieron por nombre, Francisco, al igual que su papá y le dicen Paquito. Naturalmente los dos estaban como locos de gozo y entusiasmo. Tuvieron que reorganizarse en “tiempos y movimientos” para que aquella criatura estuviera bien atendida. Y por supuesto con la invaluable ayuda de la abuelita. Y los fines de semana con el abuelito y las tías.

Se aprende a crecer en la virtud de la fortaleza ante las habituales contradicciones e imprevistos. También se debe aprovechar bien el tiempo para hacerlo rendir lo mejor posible y cumplir con todas las responsabilidades en el hogar y en el trabajo.

Los esposos van notando que el amor crece entre ellos por su misma convivencia cariñosa, así como en la medida en que vienen los hijos y van creciendo. Lógicamente que tuvieron que contratar a una experimentada empleada del hogar  con la finalidad que atendiera, junto con la abuelita, al pequeño Paquito y a las demás criaturas.

Entre los dos, marido y mujer, aprendieron a cocinar y a limpiar muy bien la casa. No faltó el día en que se le “chamuscó el arroz o los frijoles. O cuando el pastel quedó cocido como si fuera “de piedra”. Es decir, ¡incomestible! Fueron gajes del oficio y un tiempo de aprendizaje. Para resolver esto, tomaron varios cursos. Con el tiempo, el marido resultó un excelente chef y la esposa una experta en repostería. Pero esto costó esfuerzo lograrlo. Y no faltó el comentario de la abuelita: “En mis tiempos, ni soñando ocurría esto. Pero me da gusto que ahora los dos intervengan en el buen funcionamiento de la casa. Los dos aprenden y se complementan bien”.

El Sacramento del Matrimonio une a los bautizados en forma indisoluble. El hombre y la mujer y se comprometen a amarse toda la vida y abrirse a con generosidad a la procreación. Por ello dicen en la boda: “Yo te quiero a ti como legítimo esposo (a) y me entrego a ti. Prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida”. La forma del Matrimonio son precisamente estas palabras de los contrayentes dando su consentimiento. De esta manera queda sellado el matrimonio y los cuerpos de los cónyuges son la materia del Sacramento y establecen un contrato de por vida, por ello dicen las Sagradas Escrituras: “Serán como una sola carne”.

“De esta manera, los esposos participan del misterio de unidad y de amor entre Cristo y su Iglesia”, afirma San Juan Pablo II. También decía: “Cada hijo es un reflejo viviente del amor conyugal entre los esposos, signo permanente de la unidad y síntesis viva e inseparable del padre y de la madre”.  Es decir, un fruto del amor vivo entre los esposos. ¡Cuán cierta es la expresión que dice: “la fidelidad conduce a la felicidad”!

En suma, el futuro depende de las familias; llevan consigo el porvenir mismo de la sociedad y contribuyen eficazmente a un mañana esperanzador para que los esposos transmitan los valores a sus hijos, en una convivencia de amor y de armonía.

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