Sonríe y los demás la gozarán contigo

Considero que ante la actual situación económica y social por la que atraviesa el país, me parece oportuno exponer este animante y valioso tema.

Cuando una persona rebosa de buen humor, optimismo y alegría de ordinario suele tener personas a su alrededor porque sabe compartir ese gozo de vivir y resulta como un poderoso imán que atrae a los demás.

¿Por qué? Por la sencilla razón de que todos queremos ser felices y si alguien tiene gracia para contar chistes o ve la vida con una perspectiva amable, graciosa y ocurrente inevitablemente los amigos y conocidos lo buscarán porque resulta muy divertido y reconfortante el estar con personas con ese agradable carácter.

Desde luego, no me refiero a tener humor para burlarse de los demás ni para hacer pasar un mal rato a otra persona haciendo escarnio de ella, con la finalidad de conseguir de forma grotesca la risa de los demás. Ésas son conductas muy poco solidarias con el prójimo.

El verdadero sentido de humor es el que une a todos los familiares, colegas, amigos y conocidos en una grata convivencia. Y, por supuesto, estrecha más los lazos de amistad. Incluso el aprender a reírse de sí mismo resulta muy sano, cuando las circunstancias lo ameriten.

Se requiere de ingenio, creatividad y chispa para mover a la risa a los que nos rodean. Los médicos recomiendan el aprender a divertirse sanamente porque resulta muy beneficioso para la salud.

En muchas ocasiones nos encontramos con amigos o colegas en el trabajo que son obsesivos ante los problemas normales y terminan agotándose. Es cuando el doctor le recomienda “cambiar de aires”, pasar unos días en la playa o en el lugar que más le descanse y así se olvide de sus preocupaciones.

Hay enfermedades que son catalogadas como “psicosomáticas” por esa estrecha conexión del cuerpo con la mente. Y así podemos observar a personas que ante el exceso de trabajo -con sus lógicas dificultades- sufren de infartos, úlceras, insomnios crónicos, problemas con la vesícula biliar u otro vital órgano, infartos cerebrales, etc. O bien, en su sistema nervioso sufren de depresión y otros trastornos emocionales.

La risa es contagiosa. Ayuda a eliminar el estrés; mejora la autoestima; contribuye a mejorar la imaginación; se redimensionan los problemas que parecían como irresolubles o que se habían agigantado para darles su justa dimensión. A través de la risa las personas exteriorizan sus emociones y sentimientos; se establecen mejores relaciones sociales; se logran vencer miedos e inseguridades y proporcionan una sensación de bienestar. Todo ello es altamente provechoso para la salud de la mente y del cuerpo (cfr.efisioterapia.net).

El filósofo Henri Bergson tiene un magnífico ensayo, titulado: “La risa. Ensayo sobre el significado de la comicidad” (1) (2). Entre otros aspectos destaca los hechos que resultan como “disparadores” de la comicidad, como:

La confusión; Lo inesperado. Lo ridículo. Lo ilógico. El cariz psicológico. Lo exagerado. La imitación.

Paso a paso, este pensador va exponiendo con maestría y hondura el resultado de sus investigaciones. Es un ensayo que vale la pena leer con calma y meditarlo para nuestro propio provecho.

El Psicólogo Jesús Garanto Alós afirma: “El humor es un gran médico. Su eficacia terapéutica se debe al hecho de que constituye el clima psicológico ideal para que el sistema nervioso -que es la clave de la salud- pueda realizar su trabajo regulador en las mejores condiciones de facilidad, de buena circulación vital y de relajamiento. Posibilita que la vida tenga sentido en cualquier circunstancia”.

Reír siempre será la mejor terapia para el espíritu. Si nuestra disposición interior es positiva en todo momento, existirán suficientes motivos para ver el lado divertido de las cosas.

El deseo de hacer felices a los demás es el verdadero y profundo motor que mueve a poner siempre una nota simpática en nuestro diario actuar.

Pienso, por ejemplo, en los casos en que un familiar o amigo hayan perdido a un ser querido; o bien, que se encuentren con graves dificultades en su trabajo; cuando les aparezca una grave enfermedad; o en el caso de que una persona haya tenido una gran desilusión y necesite unas palabras de ánimo. El hecho de acompañarles en su dolor y pena, consolar al que sufre, ayudarles a visualizar la existencia humana con un sentido trascendente son, sin duda, apoyos de bastante ayuda.

Es muy importante aprender a ser felices en esta Tierra. Recordar que la vida es sólo una. Por ello, ¡vale la pena vivir con alegría, optimismo y buen humor! Es la mejor herencia que dejaremos a los demás.

  • Bergson, Henri, “La risa. Ensayo sobre el significado de la comicidad”: Buenos Aires, Editorial Espasa Calpe, 2011.
  • Espinoza Aguilera Raúl, “Si quieres, puedes ser feliz”, “Panorama Editorial”, México, 2019. Capítulo 14.
  • Garanto Alós, Jesús, Paidología del humor, Barcelona, Editorial Herder, 1983.

La brevedad de la vida y diversas posturas frente a esta realidad

A propósito de este mes dedicado a los difuntos, es un hecho que la vida se nos va como agua entre las manos. Quizá con el paso de las décadas parecería que el tiempo se va acortando. Y las semanas se pasan casi sin sentirlas, al igual los meses. Hacia el otoño de nuestra existencia, nos guiamos por las estaciones del año. Pensamos: “Ya llegó la primavera y hace algo de calor”. Luego, consideramos: “Estamos en tiempo de lluvias”. Muy pronto aparece el clima frío y nos abrigamos más. Y de pronto, casi de modo sorpresivo, se dejan venir las fiestas de fin de año. Con asombro decimos: “¡Se fue un año más y ni lo sentí!”

Mientras trabajamos y nos concentramos en infinidad de quehaceres, el tiempo parece que acelera su paso, porque se nos va sigilosamente, sin dejar huella ni rastro. Salvo en nuestros organismos que se van desgastando con el ese paso de los años y aparecen enfermedades y achaques propios de la edad.

“El tiempo es implacable (…) desfigura los rostros”, como describía con acento trágico el poeta Octavio Paz. También el poeta nicaragüense, Rubén Darío, escribía con nostalgia y dramatismo: “Juventud, divino tesoro, / ¡ya te vas para no volver! / Cuando quiero llorar, no lloro / y a veces lloro sin querer.”

Muchas veces sucede que se piensa, de forma equivocada, que se poseerá por siempre una residencia estable en la tierra. Hay personas que se afanan en obtener el mayor número de bienes materiales. Y si tienen bastantes, no se conforman con lo obtenido, sino que quieren muchos más.

Pero mientras viven, no faltan quienes se niegan a reflexionar que habrá un final de esta existencia y se acabará. Y mucho menos consideran sobre lo que habrá después de ella. Les parece de mal gusto hablar sobre ese tema, o bien, se considera un pensamiento sin sentido, que es equivalente a perder el tiempo. Porque lo importante es vivir el “hoy y ahora”, como me decía un amigo español “¡Vivir a tope!”, con toda intensidad; gozando al máximo cada segundo de la vida. Son aquéllos que tienen una visión hedonista de la existencia, concebida como un mero conjunto de placeres. Y huyen de todo dolor o malestar o asuntos desagradables.

Por otra parte, hay quienes consideran que es mejor dedicarse a tiempo completo a realizar negocios, ganar bastante dinero y, en las reuniones con los amigos, conversar sobre cuáles han resultado ser buenos negocios y cuáles no. De día y de noche, su mente gira en torno a esa finalidad. Olvidan por completo que tienen deberes familiares como esposos y como padres; como ciudadanos o trabajar por el bien común. Eso no entra dentro de sus utilitaristas y pragmáticos esquemas.

Me recuerda a uno de los personajes de “El Principito”, la obra maestra de Antoine de Saint-Exupéry, que no deja de contar millones de estrellas. Se molesta porque “El Principito” lo interrumpe y, de momento, olvida el número de estrellas que llevaba contadas. “¿Para qué cuentas tanto? ¿Las estrellas son tuyas?”-le pregunta “El Principito”. La única respuesta que obtiene es: “¡Vete ya, no me interrumpas más!”. Sin duda, es una crítica hacia esos personajes que dicen ser “muy serios” y sólo se ocupan de negocios y no saben gozar sanamente de la vida.

No con capaces de contemplar un bello amanecer, ni un agradable paisaje, ni la sonrisa de un niño, o de un sereno lago con hermosos cisnes. Transitan como por un largo y oscuro túnel, centrados en sí mismos y en sus propios intereses, hasta que les sorprende la muerte: un infarto, un aneurisma cerebral, un paro respiratorio.  Jamás voltearon para considerar la belleza de una noche cubierta de estrellas o un magnífico atardecer en el océano infinito, o sin reflexionar sobre Quién creó todas esas maravillas. Sus vidas quedaron truncadas de manera súbita y sorpresiva. Nunca reflexionaron sobre el sentido trascendente de la existencia humana. Como canta el poeta Bob Dylan: “Cuántas veces debe / un hombre alzar su vista / antes de que pueda / mirar el Cielo / (“La Respuesta está en el Viento”).

Como me decía un médico que cumplió setenta y cinco años y angustiado comentaba: “Se me ha ido la existencia. Tengo cáncer de pulmón con el diagnóstico de que me queda muy poco tiempo de vida. Que, por cierto, fue bastante desastrosa. Con cuatro divorcios y un montón de hijos regados. Siento mucha culpabilidad. Me encuentro con las manos vacías, sin buenas obras. A veces quisiera volver a tener catorce años para volver a empezar y no cometer tantas torpezas como lo hice, pero me doy cuenta que eso es un imposible. Me urge hacer un examen general de mi vida y pensar en qué bien puedo hacer por los demás antes de partir de este mundo”.

Como sabiamente escribía el inmortal escritor ruso Fiódor Dostoyevski: “El secreto de la existencia humana está no sólo en vivir, sino también en saber para qué se vive””. De ahí la importancia en realizar muchas buenas obras en servicio de los demás, de tener una vida útil y provechosa gastada en ayudar a quienes más lo necesitan, de darle un sentido a nuestro trabajo profesional que redunde en beneficio de la familia y de la sociedad, de interesarse por el bien de la comunidad y dejar una honda huella de bien en nuestro paso por la tierra.

El aborto y el derecho en las antiguas civilizaciones

En un interesante ensayo escrito por Federico Trino-Figueroa M.-Conde, titulado “La legalización del aborto en el derecho comparado” comenta que desde que existía la civilización, el aborto voluntario ha sido siempre castigado por las leyes. Sostiene que la condena al aborto no se ha limitado al cristianismo ni es una condena exclusivamente religiosa o moral.

La “arqueología jurídica” demuestra que las más antiguas civilizaciones consideraron la vida desde la gestación como un valor superior, que exige la protección del derecho por medio del establecimiento de sanciones ante eventuales ataques.

Diecisiete siglos antes de Cristo, el “Código de HammurabÍ”, dedica seis de sus preceptos –los párrafos 209 a 214- a sancionar con pena de talión y/o compensación económica, a los distintos tipos de abortos causados deliberadamente.

Y lo mismo se comprueba en los restantes “monumentos jurídicos” de la antigüedad precristiana, desde el “Éxodo” bíblico, a la literatura india del “Veda” o de las leyes de “Manú”.

Comenta este especialista que en la cultura griega y el Derecho Romano introdujeron nuevos factores y matices en esta evolución. Para el filósofo Aristóteles le resultaba muy claro que el aborto siempre es un acto criminal.

También apoyaba el concepto que en la práctica no se puede olvidar el “Juramento de Hipócrates” que prohibía a los médicos practicar el aborto voluntario.

Por su parte, el Derecho Romano, en su etapa clásica, vino a sentar el principio fundamental de la protección jurídica del concedido y el aborto era considerado como un delito.

Entonces, podríamos preguntarnos, ¿cómo se explica que la despenalización del aborto en México haya sido aprobada de manera tan sorpresiva? Pienso que se debe a que el Presidente de Estados Unidos, Joseph Biden Jr., aunque dice ser católico, es un partidario a ultranza del aborto.

Considero que si se hubiera reelegido como Presidente, Donald Trump, el aborto no hubiera sido despenalizado en México. Porque Trump siempre ha sido un claro defensor de la vida humana desde el momento de su concepción.

¿Por qué lo afirmo? Porque ya sabemos la gran influencia que ejerce el gobierno norteamericano en el Hemisferio Occidental, particularmente en Latinoamérica, y el hecho de que al aborto le hayan dado “vía rápida de aprobación” considero que se debió a la presión que ejerció la Casa Blanca sobre el Presidente Andrés Manuel López Obrador y habitualmente son decisiones cupulares a cambio de generosos préstamos económicos. México siempre ha funcionado así y ahora no pudo haber sido la excepción. Pero respeto las opiniones contrarias.

Recuerdo que durante la campaña electoral del candidato a la Presidencia, Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), adoptó el significativo lema que “Gobernar era Poblar”. Se trataba de fomentar el crecimiento poblacional para fomentar el progreso de México en todos sus aspectos. Al poco tiempo, habiendo ya tomado el cargo de Primer Magistrado de la Nación, cambió radicalmente su postura. Entonces lanzó su lema con aquella funesta cancioncilla de que “La Familia Pequeña Vive Mejor”, que tanto daño hizo en la familia media mexicana porque introdujo una visión egoísta y centrada en darle prioridad al placer entre los cónyuges rompiendo de esta manera la visión unitiva y procreadora de la relación sexual y contribuyendo a trivializar el matrimonio

Se distribuyeron miles y miles de píldoras anticonceptivas en todo el país y lo más grave: en comunidades rurales –sin el consentimiento de las personas- a las mujeres se les ligaban las trompas de Falopio y a los hombres se les hacía la vasectomía. Claro está, cuando vinieron las reclamaciones por parte de los afectados que deseaban tener más hijos, ya no se podía hacer absolutamente nada para solucionar esta cruel e injusta imposición. Dicho en otras palabras, se atropellaron brutalmente la dignidad de las personas y los derechos humanos.

Actualmente, basta con una mera fotografía o un ultrasonido que muestre la existencia del bebé en el seno de su madre en el que se pueden observar su cabeza, el tronco y las extremidades. Incluso, cómo se mueve. Hasta pequeños detalles, por ejemplo, si se chupa el dedo y hasta cuando tira pequeñas patadas. Son pruebas evidentes e incuestionables de que existe la vida humana en el seno de la madre.

Ahora bien, si se considera “políticamente correcto” negar esta evidencia es que nos encontramos ante un eclipse de la razón. Ya no se discurre intelectualmente ni se ofrecen pruebas sino simplemente se hace violencia para imponer un punto de vista equivocado, más propio de un tirano.porque resulta incomprensible la decisión que tomó el actual Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Lic. Arturo Zaldívar Lelo de Larrea.

En conclusión, la afirmación del Derecho Romano y de otros Códigos de civilizaciones antiguas acerca de que el concebido debe tener una protección legal, ya forma parte de la Ética Universal en la construcción de la teoría sobre el ser humano no nacido y en los derechos intrínsecos a su personalidad.

La trascendencia de la comunicación epistolar

«El hombre no se comunica con otro hombre sino cuando el uno escribe en su soledad y el otro lo lee en la suya. Las conversaciones son o diversión, o estafa, o esgrima». Nicolás Gómez Dávila

Hace unas semanas padecíamos durante algunas horas la caída de redes sociales como Facebook, Instagram y Whatsapp. La comunicación instantánea entre los usuarios se vio afectada. Cuando pensábamos que nada sustituiría los correos electrónicos o las llamadas a números fijos, WhatsApp los desplazo a todos. Facebook no se quedó atrás, las publicaciones, compartir noticias y los memes. ¿Ahora cómo nos vamos a comunicar? Y no es que lo ignoremos, sino que esa comunicación al instante y donde todos pueden verla, se volvió un tanto adictiva.

Del mismo modo en que hay mucha basura en dichas redes, siendo justos hay que decir que bien llevadas nos mantienen en contacto con gente valiosa, nos enteramos al instante de noticias importantes, descargamos información y también nos conecta con causas loables. Perder todo eso tan de repente y por algunas horas debió angustiar a muchos, estresar a otros y darle lo mismo al resto. Nos dimos cuenta de la dependencia que hemos desarrollado alrededor de esos pequeños dispositivos llamados celulares. Como única defensa habría que decir que no se trata del dispositivo en sí, sino en todo lo que obtenemos a través de éste.

Pensemos en que, si los mensajes y las publicaciones que hacemos en las redes, nos satisfacen y nos llenan en cierto modo al conectarnos con los demás, entonces ¿qué no lograrán las cartas donde realmente se vierte una gran parte de nosotros? Pero, “¡Es mejor el celular, puedes hablar con quien sea al instante!” Lo referente a la inmediatez no tiene objeción alguna, pero reside ahí nuestra mayor debilidad: no saber esperar. Somos esclavos de las respuestas apresuradas, de los emoticones para expresar un estado de ánimo; nos conformamos con una comunicación a distancia y que no implique mayor esfuerzo, ni cercanía; y de la llamada telefónica y el encuentro interpersonal ni hablemos.

Ya lo decía un buen sacerdote, demos el siguiente paso para que no todo quede en lo instantáneo y efímero de las redes sociales; trascender, volvamos a la comunicación tradicional por excelencia: la comunicación epistolar la cual no tiene parangón: usted toma un pedazo de papel y un bolígrafo y comienza a escribir lo que desea decirle a otra persona, sea que viva en su mismo barrio, en su misma ciudad o en otro país. Recuerdo la bella postal que una amiga de secundaria me regalo después de las vacaciones escolares, recuerdo las notas de felicitación por un cumpleaños o las cartas de amistad o amor.

Las cartas que un buen día fueron la comunicación personal por excelencia, han sido relegadas de la vida cotidiana ante el avance avasallador del celular y las redes sociales que han acaparado el mercado de las comunicaciones. Pero una carta tiene su sello particular: esta escrita especialmente para nosotros (lo que nos recuerda que somos únicos), no hay una copia de respaldo en ningún lado; es un mensaje tangible y un recuerdo para la posteridad. La comunicación epistolar conlleva beneficios: nos educa en la espera, en la paciencia y en la templanza.

Después del encuentro personal y la convivencia, la carta es una de las mayores muestras de afecto que se le pueda dar a alguien, dirigida a aquellas personas que apreciamos sobremanera; tan estrechamente vinculada a los tiempos en que las cosas y las relaciones interpersonales eran más duraderas y menos desechables. Así que trascendamos y restauremos la verdadera comunicación, quizá de ese modo le recordemos a alguien lo importante que es para nosotros; quizá también recordemos lo empáticos que podemos ser ante la adversidad, el dolor y la alegría de otros en un mundo cada vez más materialista…

Miguel de Cervantes: un gigante de la literatura universal

Sin duda, Miguel de Cervantes Saavedra es una de las figuras más sobresalientes de la Literatura Universal y la cumbre más alta de la Literatura Española. Considero que no hay literato que haya superado su enorme talento para escribir, con un estilo pulido y elegante.

Uno de los aspectos que más me llama la atención es que, a pesar de haber llevado una vida con situaciones humanamente muy duras, nunca perdió su alegría, su optimismo, su entusiasmo y buen humor.

Lo podemos comprobar en su incomparable obra “Don Quijote de la Mancha”, en la que rebosa la fe, la esperanza de vivir y un sentido trascendente de la existencia humana. Tuve catedráticos en la Facultad de Filosofía y Letras, que comentaban que cada año leían con gusto esta monumental obra maestra y continuaban aprendiendo mucho de esta célebre novela.

Lo digo en contraste con William Shakespeare que transmite pesimismo, melancolía y tristeza. Por ejemplo, en su obra “Como Gustéis”, aunque es una comedia, comenta que un bufón expresó: “Así, pues, de hora en hora maduramos y maduramos. Y luego de hora en hora, nos podrimos y podrimos, y aquí se acaba el cuento”. Y en su obra “Hamlet”, este personaje le dice a Horacio que la calavera del bufón Yorick huele mal y le dice: “Miserables son los destinos que nos esperan, Horacio”. También, en la obra “Macbeth” dice este personaje: “¡La vida no es más que una sombra que pasa, un pobre cómico que se pavonea y se agita una hora sobre la escena y después no se le oye más”

Miguel de Cervantes nació en Alcalá de Henares en 1547. Al parecer, estudió en la Universidad de Salamanca. Posteriormente vivió en Italia donde aprendió la lengua del Dante y leyó a los grandes autores renacentistas.

En 1570 se alistó como soldado en las tropas pontificias. El 7 de octubre de ese mismo año intervino en la histórica Batalla de Lepanto en la que los aliados derrotaron al Imperio Otomano que amenazaba con invadir Europa. Los aliados estaban integrados por el Imperio Español, los Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de Génova y el Ducado de Saboya. Con esa importante victoria se reforzó la hegemonía cristiana en el Mar Mediterráneo y se recuperó la paz en el continente europeo.

En esta Batalla, Miguel de Cervantes resultó gravemente herido con dos arcabuzazos, uno en el pecho y otro en su mano izquierda que desde entonces le quedó inútil. Pero Cervantes se sentía orgulloso de esas heridas y por ello recibió el sobrenombre de “El Manco de Lepanto”.

En 1572, ya recuperado de salud, se incorporó de nuevo en la milicia con Don Lupe de Figueroa. Su nave zarpó a España, pero a los pocos días, la embarcación fue atacada y aprendida por tres naves corsarias argelinas. Por cinco años estuvo en la cárcel de Argel. Hasta que en 1580 fue liberado y cuatro años después abandonó la milicia.

Sobre su obra literaria, en 1585 publicó “La Galatea”. Además, escribió las obras de teatro: “La Numancia”, “Los Tratos de Argel” y “La Batalla Naval”, haciendo referencia a sus experiencias en la Batalla de Lepanto” y a su prisión en Argel.

En 1602 cambia de ciudad, primero reside en Castilla, luego en Valladolid. En esta población comienza a redactar “El Quijote de la Mancha”. En 1605 publicó la primera parte de esta obra universal y el autor contaba con 57 años.

En 1608 se trasladó a Madrid y comenzaron los años de mayor actividad literaria y escribió: “Las Novelas Ejemplares”, La segunda parte de “El Quijote de la Mancha”, “El Viaje al Parnaso”.

En 1616 terminó “Los Trabajos de Persiles y Segismunda”, obra muy cuidada en donde alcanza la cima de la perfección narrativa con pasajes de armoniosa belleza.

Aunque es reconocido por ser un gran novelista también fue un excelente poeta lírico y muchas de sus obras de teatro las escribió en verso.

En sus “Novelas Ejemplares” presenta personajes con agudas observaciones psicológicas, así como detalles realistas, como se puede leer en “La Gitanilla”, “La Española Inglesa”, “La Fuerza de la Sangre”, “El Celoso Extremeño” y “La Ilustre Fregona”.

Cervantes era un profundo conocedor de las clases sociales de su tiempo y presenta una interesante radiografía de los diversos estratos socioeconómicos al modo de Honoré de Balzac, representante de la novela francesa realista del siglo XIX. Estas percepciones cervantinas se pueden leer en “Rinconete y Cortadillo”, “El Licenciado Vidriera”, “El Casamiento Engañoso” y “El Coloquio de los Perros”.

¿Dónde aprendió el pensamiento humorístico? De los Clásicos grecolatinos, como Aristóteles, Platón, Horacio, etc. Su humor es sano, divertido y nunca amargo. Le gustan los juegos de palabras, los contrastes graciosos, los chispazos inesperados de buen humor y el ingenio propio de su época. Además, posee sentimientos de generosa compasión por los defectos y miserias de los demás.

En 1616 falleció de diabetes a la edad de 68 años. Sus restos reposan en Madrid, en el Convento de las Trinitarias Descalzas.

Sin duda, Miguel de Cervantes Saavedra ha pasado a la Historia de la Literatura como la gran figura Universal de todos los tiempos. Sus obras se han traducido a numerosos idiomas y se han realizado bastantes películas y obras de teatro sobre sus inmortales obras.

Para que el trabajo profesional sea fecundo y eficaz

Con cierta frecuencia nos encontramos con personas que nos dicen que en su trabajo cotidiano experimentan aburrimiento, monotonía, rutina, pereza y ante un resfriado, un ligero desajuste estomacal o una pequeña desvelada dejan de ponerle intensidad a su actividad y comentan que no saben cómo superar esos obstáculos.

Conviene recordar que la personalidad humana posee razón y fuerza de voluntad al igual que los sentimientos. Es verdad que los estados de ánimo pueden ser volubles y tener altas y bajas, pero la fuerza de voluntad es la que debe imperar para vencer dichas dificultades. Por ello, hay que decidirse a enfrentar esa pasajera desgana con fortaleza y determinación, porque como dice el proverbio chino: “son meros tigres de papel”.

El célebre político inglés, Winston Churchill toda su vida padeció de una fuerte depresión nerviosa a la que denominó “su perro negro”. Pero comenta que en cuanto comenzaba a escribir un discurso o a redactar un artículo para la prensa o un nuevo capítulo para su próximo libro, recobraba la ilusión y terminaba bien su día. Satisfecho se decía así mismo: “Hoy he vencido a mi perro negro”.

Los trabajos que nos parecen arduos para poder realizarlos y que imaginamos que son como una especie de montaña, en cuanto nos concentramos en irlos resolviendo uno a uno, con paciencia y serenidad, nos damos cuenta que no son tan difíciles de resolver como inicialmente no daba esa impresión.

Al comenzar el día, conviene trazar un pequeño plan de los quehaceres prioritarios a realizar porque hoy en día es muy fácil evadirlos con tanto distractor, como el celular o las redes sociales, y se cae en el peligro de avocarse en asuntos secundarios, cuando lo importante -como se dice en términos taurinos- es “entrarle al toro por los cuernos”. Si no se sabe enfrentar lo que es prioritario y se pospone lo importante un día y otro día, de poco habrán servido esas jornadas.

¿Y los asuntos muy urgentes? Lo muy urgente debe de esperar porque una decisión precipitada puede llevarnos fácilmente a equivocarnos y podría tener serias consecuencias para la institución donde se labora. Dicho en otras palabras, esos asuntos conviene estudiarlos con calma para proponer la solución más acertada.

También en el trabajo debemos de ponernos metas realistas y optimistas porque caminar sin metas es como “tirar golpes al aire”. Una meta es un camino trazado, pensado y bien reflexionado.

Es interesante el ejemplo de Cristóbal Colón que buscando una ruta marítima hacia las Indias Orientales (Filipinas, China, India) encontró algo mucho mejor: el descubrimiento del Continente Americano. Tuvo una travesía muy accidentada en la que perdió el rumbo, pero luego lo recuperó. Por momentos los de la tripulación querían amotinarse, adueñarse de la nave y regresar a España. Colón los persuadió que ya estaban cerca de tierra firme y eso les animó.

A los pocos días, con aquel inolvidable grito del marinero Rodrigo de Triana: “¡Tierra a la vista!”, llegaron a la primera isla perteneciente a Santo Domingo y Haití que Colón le puso el nombre de “La Española”. Ahí los nativos le informaron que más adelante encontrarían la tierra firme del inmenso continente recién descubierto.

El ejemplo que nos dio Colón fue que siempre siguió adelante con optimismo, sin desánimos y, desde luego, su esfuerzo valió mucho la pena. Regresó con los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, para notificarles de su importante hallazgo y que era importante organizar nuevas expediciones para conocer la dimensión de los nuevos territorios.

Otro aspecto destacado en el trabajo consiste en aprovechar bien el tiempo, viviendo en primer lugar la puntualidad para rendir al máximo. Conocí al Dr. Carlos Llano Cifuentes, fundador del IPADE y la UP. Me llamaba mucho la atención que cada año publicara un nuevo libro. Un día le pregunté que cómo se organizaba para lograr ese importante logro en medio de tanto quehacer que tenía. Me respondió que evitaba perder su tiempo en internet, y que, si lo usaba, iba directo a encontrar la información que requería. Vivía el mismo criterio con respecto a las revistas y periódicos.

Me comentaba que los capítulos de sus libros los iba elaborando cuando los fines de semana subía los montes circundantes a la Ciudad de México –que era su gran afición- y al volver de regreso a su casa, anotaba las ideas centrales sobre lo que había reflexionado. De esta manera iba desarrollando y madurando su nuevo libro. Después elaboraba un borrador general de su publicación y finalmente se lo entregaba a un corrector de estilo.

Por otra parte, nos encontramos con “minutos heroicos” que debemos de vivir durante el día. Tanto al momento de iniciar la jornada como al concluir a tiempo para atender a la propia familia, que es otro importante trabajo que tenemos entre manos para dedicar el tiempo necesario a la esposa y a la atención de los hijos. Con ella, escucharla y cambiar las impresiones del día; ayudar a los hijos en sus tareas escolares; contribuir en las labores cotidianas del hogar. Otro “minuto heroico” es aprender a ir a descansar a la hora conveniente, de tal manera que se duerma el tiempo necesario para comenzar el día siguiente con nuevos bríos. En medio de todo, imprimir alegría y buen humor a nuestra labor diaria, de tal manera que se desee retornar con ilusión para sacar adelante las metas planeadas y contagiar de esa visión positiva a los colegas de la oficina. Con este enfoque, el trabajo jamás se considerará como un “peso insoportable” que hay que cumplir, sino como un gustoso quehacer que nos llena de entusiasmo y satisfacción.

A 500 años de la Conquista

Lo puedes ver en los muros de varias calles, en las redes sociales de inconformes eternos con la madre patria y críticos de historia; en las conversaciones de un grueso de estudiantes a quienes se les ha lavado el cerebro en las escuelas de filosofía, antropología e historia; en las exposiciones de “arte” organizadas por en INBAL; y ahora en el Zócalo de la Ciudad de México: “500 años de resistencia indígena”. El gobierno de la ciudad conmemoró a los pueblos originarios con una representación del Templo Mayor y un alumbrado decorativo en Zócalo y en Paseo de la Reforma.

“¡Genocidio! ¡Maldito exterminio! ¡Nuestros ancestros!” gritan muchos, pero debe recordárseles que los españoles no llevaron a cabo ningún genocidio, no exterminaron indígenas (el término significa acabar con algo totalmente y eso jamás ocurrió aquí); desde luego durante la Conquista murieron indígenas y españoles. Nosotros somos el resultado de un mestizaje logrado a partir de la caída de Tenochtitlán. Pero los románticos del indigenismo se niegan a soltar su versión falsa de los acontecimientos ocurridos hace 500 años.

Mención aparte merece el cambio de nombres a calles, un acto que pretende borrar la historia que no se puede cambiar, un acto tan arrogante como absurdo, liderado por el gobierno de la Ciudad de México. Tal es el caso de la calle de Puente de Alvarado por “Calzada México Tenochtitlán”, el cambio a la estación del metro Zócalo por “Zócalo-Tenochtitlán”; la Plaza de la Noche Triste por “Plaza de la Noche Victoriosa”. Respecto a ésta última, basta saber que la victoria pequeña obtenida por los mexicas no es nuestra victoria; pero la victoria conseguida por la alianza de españoles e indígenas dando paso a la caída de Tenochtitlán dio lugar a ese mestizaje y a nuestro origen.

De entre todos aquellos que se arrogan el derecho de reclamar a la madre patria por un genocidio inexistente, el caso más vergonzoso no se lo lleva el presidente, los ateos, masones o anti hispanistas, sino aquellos católicos que contagiados de aversión a España, celebran a los pueblos originarios como cualquier rojillo comunista y holgazán. El católico ha de procurar adentrarse en la historia para evitar contaminarse e incluso avergonzarse de su pasado; debe tener presente que después de la Conquista, España no fundo Colonias sino Virreinatos, la diferencia entre uno y otro es abismal.

A saber que las Colonias son territorios sujetos al gobierno de otro país, tal es el caso de Inglaterra, que exterminaba a los indígenas y/o confinaba en reservas a fin de impedir el mestizaje. Los Virreinatos eran territorios con el mismo derecho que los europeos, había igualdad política y económica; España fundo universidades a lo largo de toda América. La mayor parte de la riqueza se quedaría en estos territorios exceptuando el quinto del rey. En suma: los Virreinatos fueron un sistema de gobierno totalmente diferente a las Colonias. Fue la expansión católica en completa oposición a la expansión protestante y masónica de naciones como Inglaterra.

Uno de los actos que se terminaron con la caída de Tenochtitlán fueron los sacrificios humanos y las prácticas caníbales donde se hacía la extracción de corazón y se desmembraba el cuerpo, cocinándolo. Sacrificaban guerreros capturados en las guerras floridas. Existe el caso particular de la caravana que iba de Veracruz a Tenochtitlán compuesta de 550 españoles, indígenas, mestizos y mulatos que fueron capturados por aztecas y llevados al pueblo de Zultépec donde serían sacrificados a lo largo de varios meses (se hallaban mujeres embarazadas y niños), ninguno quedo vivo. Más tarde Hernán Cortés mandaría arrasar el pueblo.

Pero lo más importante de todo fue la evangelización de estos territorios. Al llegar Hernán Cortés a Tenochtitlán y ver los sacrificios humanos llevados a cabo en el altar del Templo Mayor, haría derribar su ídolo haciéndolo pedazos y mandaría colocar la imagen de la Virgen de los Remedios en su lugar, mostrándoles a quién debían invocar en adelante. Tal hecho significaba que nuestra Madre Celestial vencía una vez más a dioses paganos y practicas satánicas: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya”.

No, esto no es superstición o absurdo fanatismo religioso. Si bien la Conquista fue muy dura en todos los sentidos, mas allá del choque entre dos culturas se trato de la lucha del bien contra el mal porque desde aquel día, millones de almas serían arrebatadas a satanás. Alabar a los pueblos originarios no solo es “alabar a guerreros valerosos” como lo quieren hacer ver muchos resentidos (sin sentido), sino abrazar –lo quiera o no- todo el paganismo satánico que impregnó a la cultura indígena. Cuando se odia la Conquista e intenta modificar la visión de la historia es porque en el fondo se odia y se ataca todo lo que en ella hay de cristiano.

Celebre por todo lo alto la Conquista de Tenochtitlán porque a partir de ahí fue posible el mestizaje y usted y yo estamos aquí gracias a ello; celebre la llegada de España, celebre la alianza de españoles con los tlaxcaltecas y demás tribus, celebre la evangelización de América. Grábese en la memoria que somos la mezcla de ambas razas, nosotros no éramos Colonia sino Virreinato, nosotros no éramos de España, nosotros éramos España; nosotros no le pertenecemos al paganismo satánico, nosotros le pertenecemos a Dios…

De olimpiadas y patriotismo

«Haced de cada hogar una escuela de patriotismo, sin que os importe el tener o no fortuna; tenéis el patrimonio espiritual, y ese basta; porque no importa nada que los caballeros sean mendigos, con tal de que los mendigos sean caballeros». Juan Vázquez de Mella

La estrategia de la Federación Mexicana de Softbol de reclutar jugadoras en el país donde se juega el mejor softbol del mundo daría frutos a nuestro país cuando clasificaron por primera vez a unos Juegos Olímpicos y se metieron a la pelea por el bronce. El 27 de julio la selección mexicana obtuvo un maravilloso 4º lugar en las Olimpiadas de Tokyo sucumbiendo ante la selección canadiense que se llevaría el bronce. Dicha selección mexicana está conformada casi en su totalidad por jugadoras nacidas en suelo estadounidense pero de origen mexicano. Los aplausos por el evidente logro no se hicieron esperar.

La polémica se desataría dos días después cuando las boxeadoras mexicanas Brianda Cruz y Esmeralda Falcón publicaron en redes sociales que la selección de dicha disciplina había tirado a la basura uniformes de gala, además de playeras y tenis. El presidente del Comité Olímpico Mexicano pidió una sanción ejemplar que incluya el veto de la selección y el caso esta bajo investigación. Por su parte el presidente de la Federación Mexicana de Softbol argumentó exceso de equipaje, razón por la cual se vieron en la necesidad de dejar los uniformes, sin embargo salió a la luz que optaron por llevarse sabanas y almohadas de la Villa Olímpica.

Un hecho desafortunado, una evidente falta de respeto de las jugadoras al haber tirado  sus uniformes a la basura; no hay modo alguno en que se pueda justificar y/o defender tal acción. Si bien es cierto que todos cometemos errores, minimizarlo o deformarlo sería un error. Y digo esto a partir de los argumentos que varios comunicadores, analistas deportivos y aficionados han puesto sobre la mesa en defensa de las jugadoras:

*Bien, un uniforme de seleccionado no es solo una tela o un trapo el cual podemos tirar cuando mejor nos parezca; el uniforme lleva la bandera del país al cual se representa en la mayor justa deportiva del mundo, es irrepetible. No, no existe un contrato donde diga que deba conservarse, lo dice la educación, el respeto y el amor a la patria que se mama desde el seno del hogar.

*Criticar su acción no es una actitud machista o misógina (aquí hace su aparición el feminismo lacerante que aprovecha la ocasión para llevar agua a su molino), toda vez que la crítica objetiva per se carece de odio y sesgo. No se les llama la atención porque sean mujeres, ni porque se les odie sino porque independientemente de su sexo, su acción es reprobable.

*Aludir a la xenofobia es otro error garrafal ya que no se les desprecia en modo alguno, menos aún por haber nacido en Estados Unidos, por tener apellidos anglosajones o por hablar solo ingles; de ser así no habrían formado parte del seleccionado mexicano en ninguna disciplina; no, repito, se critica su actuar carente sentido común y de todo respeto a su país.

*Tanto aquel que gana la presea dorada, el 4º lugar o es último en su prueba no tiene disculpa ante una acción de esa naturaleza. ¿La entrega en la competencia disculpa o le da derecho a un deportista a tirar los uniformes a la basura? No. La entrega en competencia se espera de cualquiera que asiste a Juegos Olímpicos; el respeto y amor a su país es parte de esa entrega, no están disociados.

Y el caso es que justamente ese respeto y amor no se manifiesta en el presente caso, porque la historia no empezó el día del escándalo sino cuando omitieron el logotipo y la bandera de México en el uniforme de competencia. ¿Y quién es el insensato que osaría decir que no hay ofensa cuando alguien hace tales desprecios a través de acciones concretas? Se ha dicho que las jugadoras vienen de una cultura de desechar todo, muy propia de Estados Unidos, pero sabemos también que ellos aprovechan cualquier oportunidad para ensalzar a su patria, sea en el deporte, en espectáculos, películas, etcétera.

Ahora bien, después de enfocarnos en las jugadoras de softbol que sin duda alguna se llevaran un gran aprendizaje de esta situación, aprovechemos nosotros para recordar lo que es el amor a la patria y no cometamos la insensatez de confundirlo con patrioterismo barato, nacionalismo o xenofobia. Nos daremos cuenta de que el amor a la patria no se puede imponer jamás, no se compra y no tiene precio alguno; puesto que a diferencia del nacionalismo que es una ideología, el patriotismo es una virtud que se cultiva en la familia desde el día en que nacemos; es un afecto natural que halla su arraigo en el alma, que trae a la memoria la tierra de nuestros padres y que, tarde o temprano se refleja en nuestro actuar: en el aula, en la sociedad o en la mayor justa deportiva del mundo…

Libertad de expresión, el católico y Libertas Praestantissimum

«No estoy luchando por una libertad que signifique el derecho a hacer lo que me plazca, sino por una libertad que signifique el derecho a hacer lo que se deba. La obligación implica Ley; la Ley implica inteligencia; y la inteligencia implica a Dios». Arz. Fulton J. Sheen

Es común hallar el pensamiento laxo en el católico de que la libertad de expresión significa poder decir lo que queramos. El liberalismo cuenta con flamantes ejemplos de ello, uno es John Stuart Mill, economista y filósofo británico, escribió: “No podemos jamás tener seguridad de que la opinión que tratamos de ahogar sea falsa y aún cuando de ello estuviésemos seguros, el ahogarla sería un mal”. Otro ejemplo es hallado en la Declaración de Derechos de Virginia (que más tarde inspiraría la constitución de los EEUU), en su artículo 12 afirma: “La libertad de prensa es uno de los grandes baluartes de la libertad y no puede ser restringida jamás de no ser por gobiernos despóticos”. Ambos, claros errores del concepto de libertad de expresión. Es un hecho que los EEUU se fundaron sobre principios liberales en todos los aspectos.

Ahora bien, el pensamiento liberal ha permeado en el católico, podemos encontrar grupos como el ENJES (Encuentro Nacional de Jóvenes en el Espíritu Santo) que publicaron en una ocasión un dibujo donde aparecen dos jovencitas sonriendo y abrazándose, una provida y otra proaborto con la leyenda “Podemos pensar distinto sin agredirnos”. A primera vista parece aceptable pero lo que hacemos es afirmar que nos importa un bledo si alguien opina que asesinar en el vientre materno esta bien, porque al fin y al cabo está en su derecho de decir lo que le plazca, mientras no me agreda (ya sabe el “amor y la cordialidad” ante todo). ¿No le parece insultante el pensamiento liberal y su deformado concepto de libertad que se ha extendido en el mundo?

Si llegados a este punto, a usted católico le parece escandalosa la crítica a estos conceptos de libertad, no se preocupe, nuestra Madre Iglesia vigilante y defensora de la verdadera libertad tiene el antídoto para combatir y erradicar su pensamiento liberal. Uno de los mayores combates presentados al liberalismo, condenándolo, lo dió SS León XIII en el año 1888 en su encíclica “Libertas Praestantissium” en la que marca incluso el liberalismo de primero, segundo y tercer grado, aquí algunos extractos sobre el tema que nos atañe:

*En una sociedad humana, la verdadera libertad no consiste en hacer el capricho personal de cada uno ya que esto provocaría una extrema confusión y una perturbación que acabaría destruyendo al propio Estado, sino que consiste en que, por medio de las leyes civiles, pueda cada cual fácilmente vivir según los preceptos de la ley eterna.

*El derecho es una facultad moral. Existe el Derecho de propagar en la sociedad, con libertad y prudencia, todo lo verdadero y virtuoso para que pueda participar de las ventajas de la verdad y del bien el mayor número posible de ciudadanos.

*Las opiniones falsas, máxima dolencia mortal del entendimiento humano, y los vicios corruptores del espíritu y de la moral pública deben ser reprimidos por el poder público para impedir su paulatina propagación, dañosa en extremo para la misma sociedad. Los errores de los intelectuales depravados ejercen sobre las masas una verdadera tiranía y deben ser reprimidos por la ley con la misma energía que otro cualquier delito inferido con violencia a los débiles.

*Si se concede a todos una licencia ilimitada en el hablar y en el escribir, nada quedará ya sagrado e inviolable. Ni siquiera serán exceptuadas esas primeras verdades, esos principios naturales que constituyen el más noble patrimonio común de toda la humanidad.

Así pues, todo lo bello, bueno y verdadero tiene derecho a ser propagado, no así el mal ni la podredumbre. “¡Estaríamos limitando la libertad!” gritara el católico liberal; en efecto, porque para llamarse a sí misma libertad, ha de ser virtuosa y estar circunscrita dentro de la moral. La libertad ilimitada para hacer lo que nos plazca no es otra cosa que la esclavitud del pensamiento y del actuar. Cuando nos sintamos tentados a defender la libertad de expresión ilimitada, piense que aboga para que el cerdo publique pornografía en las redes sociales, lo mismo que una mujer de publicar sobre el derecho a la vida del no nato y la conversión de homosexuales que comienzan a vivir una vida plena y ordenada.

Y solo el liberal, el estulto o el imbécil ignorarían la clara diferencia entre libertad y esclavitud, entre el bien y el mal, entre comer estiércol o una comida nutritiva…

La dimensión humana en el trabajo profesional

Me parece que todos hemos visto esa graciosa película de Charles Chaplin, titulada: “Tiempos Modernos” en la que hace una sátira de la sociedad altamente tecnológica, pero que se está deshumanizando.

Chaplin trabajaba en una gran industria como obrero. Su trabajo era sumamente elemental. Recuerdo que se encontraba frente a una banda sin fin y pasaban multitud de tuercas y, con un par de herramientas, las iba ajustando. Pero se tenía que poner listo y apurarse porque de lo contrario la banda avanzaba más rápido y no alcanzaba a apretar todas las tuercas

Era lo único que hacía durante todo el día. De manera que, al concluir su larga jornada laboral, le quedaba un acentuado tic de mover sus manos sin parar, como si estuviese apretando y apretando más tuercas imaginarias.

No pasa de ser una broma, pero pienso en muchas personas que acuden a su trabajo cotidiano con aburrimiento o monotonía; o bien, tensos, con estrés, nerviosos y no acaban de encontrar el lado amable, sino que lo consideran un mero quehacer fastidioso. Y están contando las horas para que termine e irse cuanto antes a cualquier otro sitio.

Lo primero que hay que decir es que todos debemos encontrar los aspectos que nos entusiasmen e ilusionen, de manera que todos los días vayamos a trabajar con optimismo y planteándonos metas concretas. Muchas veces en los detalles pequeños se encuentran cosas que debemos descubrir porque nos alegran, nos dan buen humor, paz y serenidad.

No hay que olvidar que un trabajo profesional bien hecho y a conciencia, nos ayuda a crecer en virtudes, como: orden, aprovechamiento de tiempo, constancia, fortaleza, creatividad, ingenio.

Es decir, mientras que producimos algo bien elaborado, a la vez nos está impulsando a mejorarnos a nosotros mismos como personas en nuestros valores y virtudes.

En cierta ocasión, visité la ciudad de Oaxaca y fui a observar con unos amigos cómo elaboraran las ollas y otros objetos con el famoso barro negro y me di cuenta que el alfarero realizaba verdaderas obras maestras. Lo felicité por su labor.

Él me contestó:

“- Como vengo al trabajo con gusto e ilusión, todo sale mucho mejor.”-dijo sonriente.

Otro aspecto, no menos importante es contagiar a los colegas del trabajo con esa misma alegría y buscar servir a los demás en lo que se les ofrezca.

En otras ocasiones, hay que aconsejar a los colegas o subalternos que no dramaticen los normales problemas del quehacer diario ni se estén continuamente quejando, sino enseñarles a ver lo positivo y aprovechable de cada situación. Incluso de los errores y equivocaciones se puede aprender y sacar una lección.

A veces nos hemos topado con compañeros de trabajo que “todo lo ven negro”, son pesimistas. Se llenan de amargura, están crispados y tienden a ser ácidos o sarcásticos ante los defectos de los demás. De sobra sabemos que esa clase de personas terminan con gastritis, colitis, piedras en la vesícula biliar o problemas del hígado.

Con el buen ejemplo y una sonrisa se puede ayudar a esas personas que sufren inútilmente. Se les puede enseñar a ver –como dicen los ingleses- “el lado luminoso de la nube”. A no criticar ni caer en la murmuración, que no conduce a nada, sino a generar mal ambiente laboral. También en toda empresa hay que tener espíritu de competitividad y afán de superación, pero es fundamental no meterse mutuamente zancadillas –por celos o envidias- ni desprestigiar a nadie.

Otro elemento clave en el trabajo es luchar contra el excesivo individualismo y la hostilidad hacia los demás, creando un grupito separado como un quiste aislado del conjunto. Todos trabajamos por el bien común de la empresa y, por tanto, debe de existir ese ambiente de confianza y camaradería. Para ello, hay que saber comprender, perdonar y disculpar los pequeños defectos que todos tenemos. En otras palabras, ser amables y sociables con todos, sin excluir a nadie, lo mismo que tener capacidad de adaptarse a todos los caracteres.

Considero esencial respetar la dignidad humana que cada persona tiene, en especial, lo relativo a los valores éticos. Fomentar virtudes, como: honradez, honestidad, templanza, solidaridad para con todos, etc.

Reviste, también, gran relevancia el estar abiertos y convivir amigablemente con los demás. De este modo, se combaten las tendencias hurañas y los egoísmos. Algo que se agradece mucho en toda convivencia es evitar los resentimientos, las actitudes altaneras, despectivas; el ser autoritarios, complicados, o bien, no convertirnos en los típicos “aguafiestas” cuando alguien ha conseguido un logro y merece ser felicitado o animado.

Si se es directivo, es necesario aprender a motivar al personal y saber compartir metas comunes para que se ilusionen todos los colaboradores. Como decía Tomás Moro: “Hay que aprender a tener corazón”, tomando en cuenta que los demás no son máquinas ni robots y agradecen todas las delicadezas y atenciones humanas.

En conclusión, si una persona se encuentra relajada, a gusto y contenta con su trabajo, toma buenas decisiones y obtiene mejores resultados. Trabajando todos de esta manera, en un cualquier trabajo, se logra mayor productividad, a la vez que una mejor eficacia.

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