La generación rota, atemorizada y sin ilusiones

 Por: *Ale Diener

A inicios de los años dos mil recuerdo que en la Ciudad de México (CDMX) se aprobó que se reconocieran las uniones de personas del mismo sexo como si fuera matrimonio.

Mis hijas aún niñas, estaban sentadas a la mesa conmigo y les expliqué que en México había salido una ley en donde esto se permitiría y verían cada vez más personas del mismo sexo como si fueran parejas.

Mi hija menor, entonces de 7 años de edad, me miró y me preguntó: Y ¿Cómo van a tener bebés? Una pregunta por más obvia -“Pues es imposible hija, tienes razón.” – Le dije, aclarando que hay técnicas de manipulación que están logrando fabricar bebés. El avance científico ha llegado a alcances impensados.

Así como esta plática, años antes, no muchos, les dije que en la CDMX se podía matar a los bebés en la panza de la mamá, pero que no por eso era correcto ni bueno hacerlo. Pusieron cara de horror.

Durante su niñez les hablé de sexualidad, siempre desde la perspectiva de la intimidad. Tus partes privadas son lo más especial que tienes y nadie puede estarte diciendo qué hacer con ellas ni tampoco es correcto estar mostrándolas. Protégete porque tú eres tu cuerpo y lo que le pase a tu cuerpo te pasa a ti en tu corazón. Fue siempre el mensaje.

Ahora ya son mayores y hacen lo que ellas creen deben hacer, lo que les dejé tatuado en su alma estoy segura no lo olvidarán. Pues durante la niñez los seres humanos vemos y oímos con especial atención. La niñez es tan objetiva que lleva a preguntar cosas tan lógicas como: Y ¿Cómo van a tener bebés?.

Dice Antoine de Saint-Exupéry en El Principito “«Y los hombres no tienen imaginación. Repiten lo que se les dice». Es decir, los seres humanos, particularmente cuando se hacen adultos, abandonan los juegos de la imaginación, y con frecuencia suelen ser poco críticos frente a las cosas. Prefieren adecuarse a las opiniones de la mayoría y repiten y repiten sus consignas. Y entre otras maravillas dice que «todas las personas grandes han sido niños antes. Pero pocas lo recuerdan». Lo que es una realidad, le damos tantas vueltas a las cosas que ya no entendemos lo que es correcto de lo que no lo es, y por el contrario repetimos para adecuarnos a la mayoría, lo que a mi entender es tibieza, falta de criterio.

La película de Disney que ahora tanto se ha platicado; atacado y defendido, Lightyear, tiene una trama en la que lo de menos es el beso lésbico, sino que relata la historia de unas mujeres que viven como si fueran pareja, como si fueran un matrimonio y tienen un bebé.

Los padres de familia que no quieren que sus hijos la vean es porque están protegiendo su intimidad, están guardando su niñez. No porque crean que se volverán gays como muchos dicen.

El hecho de que dos mujeres salgan como si fueran mamás de un niño confunde, ya que rompe con el orden natural impreso en nuestros corazones. A los niños se les debe de proteger porque es lo correcto. No es cuestión de tolerancias o de fobias, es cuestión de un desorden que en la actualidad se quiere imponer como correcto. Pero a fin de cuentas desorden, ya que se busca promover lo contrario a lo que está en la ley natural que todos tenemos grabada en nuestra esencia humana.

Forzar a una sociedad a aceptar a gente que no se acepta a sí misma, que se odia y que se victimiza y más aún, a que se le tenga que aplaudir para que no se traume, ante un hecho irrefutable que es la sexualidad humana (atributo natural que nadie da ni nadie quita), es quebrar a la sociedad y patologizarla.

«Las personas mayores (…) siempre se imaginan que ocupan mucho sitio» según con esta frase infiere El Principito, que las personas adultas son incrédulas y, además, se juzgan demasiado importantes como para ser pequeñas frente a la creación y la naturaleza.

Soberbia y orgullo es lo que impera cuando se quiere romper con el orden natural y esta película como toda la propaganda homosexualista es lo que quiere, quebrar a los más jóvenes para que su identidad sea incierta y les sea más complicado saber quiénes son para saber hacia dónde ir.

Pensemos bien, ¿Por qué actualmente las generaciones nuevas están sumidas en depresiones y son los grandes consumidores de fármacos y tecnología que los hacen evadir su realidad? ¿Por qué tanta duda en saber qué quieren hacer y tanto rechazo al matrimonio y a la paternidad?

Sólo se me ocurre que se debe a que sus vidas son tan miserables que no quieren compartir la vida con nadie. Hay tal bombardeo de ideas contrarias a lo que les dicta su corazón que mejor se quieren encerrar en sí mismos y no dejar nada para la posteridad. Evitar que nuestros hijos sean parte de esta generación rota, atemorizada y sin ilusiones es más que lógico, nadie quiere que sus hijos sufran y menos por una herida en el cerebro, que es la más difícil de curar.

*Alejandra Diener es Economista, Orientadora Familiar, Educadora Perinatal y Doctoranda en Bioética. Activista por la vida y la familia, fundadora de Nathum Vida A.C.

La relevancia que tiene cultivar el valor de la generosidad

La generosidad se define como “el hábito de dar o compartir con los demás sin recibir nada a cambio”.

Me sorprende cómo los jóvenes -mujeres y hombres- han respondido ante los sismos en la Ciudad de México y otras muchas ciudades del país. Suelen hacer una larga fila, luego van sacando de una construcción derruida ladrillos y otros muchos objetos, hasta dar con personas muertas o heridas. Y en esa importante labor, se pasan muchas horas. No se sienten héroes, sino que lo consideran como un deber solidario y cívico.

Me llama la atención que el reconocido pedagogo, David Isaacs, en su libro “La Educación en las Virtudes Humanas y su Evaluación” ponga como primer capítulo “La Educación en la Generosidad” y afirme: “Esta virtud actúa en favor de otras personas desinteresadamente, y con alegría, teniendo en cuenta la utilidad y la necesidad de la aportación para esas gentes, aunque cueste esfuerzo.”

Antier en la madrugada me resbalé y caí contra la base metálica del colchón de la cama y me causó bastante dolor. Sin embargo, tenía que salir a dar clases toda la mañana. Me puse una faja en la cintura y fui a cumplir con mi deber. A continuación, acudí a la Cruz Roja y me atendió una Doctora y otros médicos con diversas especialidades, como un traumatólogo, un ortopedista, radiólogos y enfermeras. El hecho es que me tomaron varias radiografías del costado derecho de las costillas. Afortunadamente no hubo fractura ni fisura ni otra complicación. Al poco tiempo me dieron de alta.

Cuando me despedí, a todos los médicos les di las gracias, en especial a la primera Doctora que me recibió, quien me dijo esbozando una amplia sonrisa: “No me dé las gracias es nuestro deber. Lo hacemos con gusto y deseamos servir lo mejor posible al paciente. Y cualquier otra cosa que se le ofrezca, ya lo sabe, estamos aquí para servirle”

Me quedé sumamente agradecido con todo el personal que me atendió. Porque de ordinario no se observa esa manera tan amable y cordial de atender a los pacientes.

Recordé que también a los niños hay que educarlos en el valor de la generosidad desde su infancia. Viene a mi memoria que mi padre, abogado de profesión, solía dedicar algunos sábados en la tarde para atender, orientar, sugerir y resolver los problemas jurídicos que tenían los indígenas en “Pueblo Yaqui”. No le gustaba que le pagaran, pero a modo de agradecimiento, aquellas pobres gentes le regalaban guajolotes o gallinas.

También en la temporada invernal en que caían heladas y el Valle del Yaqui estaba en cero grados o incluso con más frío. Me acuerdo que eran alrededor de las tres de la madrugada, cuando mi papá se asomó a la habitación -envuelto en una manta- donde dormíamos mi hermano Arturo y yo. Nos dijo: “-No puedo dormir”.

¿Por qué papá? ¿Estás mal del estómago? ¿Te duele la cabeza? ”-No, no es nada de eso” -nos contestó.

  • “Pienso en toda esa gente pobre que estará sufriendo tanto debido a estas bajas temperaturas, particularmente en la colonia “Cartonera”. En cuanto amanezca, les quiero pedir que se vayan a una tienda bien surtida y compren 200 cobijas. Luego se encaminan a esa colonia y las distribuyen de casa en casa”. Y eso hicimos. Esos actos de generosidad de mi padre eran lo habitual.

¿Qué era eso de “La Cartonera“? Una colonia ubicada en el norte de Ciudad Obregón, Sonora, hacia el rumbo de Nogales donde llegaban, como aluvión, personas indigentes de otros estados y armaban su vivienda de cualquier modo: con un trozo de lámina como techumbre provisional y el resto eran sólo cartones.

En ese mismo orden de ideas, como mi casa estaba ubicada justo frente al “Hospital Municipal”, que casi no contaba con presupuesto para darles de comer a los enfermos, ni les proporcionan medicinas. En cuanto los daban de alta, muchas personas tocaban a la puerta de mi casa ya que estaban auténticamente “cayéndose del hambre”. Entonces mi madre les preparaba unos tacos de tortillas de harina. Y si venían acompañadas de algún chiquillo, me decía mi mamá:

       “-Sube a tu closet y dale a esta pobre criatura, tu regalo de navidad (o cualquier otro juguete). Naturalmente que a mí eso me costaba. Se trataba de un pequeño cochecito de carreras. Al dárselo al pequeño y observar su rostro de inmensa felicidad, propio de quien no ha recibido ningún regalo en su corta vida, me daba por bien pagado. Porque de inmediato el chiquillo muy contento se ponía a jugar con ese regalo.”

Otras veces los enfermos acudían a mi casa a pedir dinero para poder comprar sus medicinas. Mi padre sacaba la billetera y me decía:

-Dale a ese hombre este billete y pregúntale si con esto le alcanza para adquirir el medicamento.

Eran tan continuos esos edificantes ejemplos que mis padres me fueron inculcando sobre la generosidad, que siempre me pareció como lo más normal.

Otras veces, cuando las mujeres estaban sentadas en la bardita de mi casa, junto a la banqueta, dándoles del pecho a los recién nacidos, mi madre me pedía:

“-Ve y llámales a esas desnutridas mujeres -que me parten el alma- y diles que pasen al comedor porque voy a preparar de comer y, por supuesto, les daré abundante leche.”

Algunas de ellas no sabían español sino sólo el dialecto yaqui, y, desde luego, se mostraban muy agradecidas.

Pienso que para ser generoso se requiere, como se dice coloquialmente, “ponerse en los zapatos de los demás”. Sentir lo que sienten ellos; consolar su llanto y escuchar sus lamentos y penas. Luego, animarlos y darles palabras de aliento y de esperanza. Y como decía aquel sabio pensador: “Nadie lo hará por ti, tan bien como tú, si tú no lo haces”.

De la fiebre de la lectura a la fiebre por la basura de Los Bridgerton

Se dice que a mediados del siglo XVIII ocurrió la fiebre de la lectura, particularmente los jóvenes dedicaban mucho tiempo a la lectura de novelas. En nuestros días existe, diría yo, la fiebre por las series en varios portales de internet. A este respecto, puede hallarse varias adaptaciones a la pantalla grande de los clásicos de la literatura inglesa de la época georgiana y victoriana como Jane Austen, las hermanas Brontë, Charles Dickens, Elizabeth Gaskell, Thomas Hardy, entre otros.

Recientemente se transmite en un portal de internet una serie llamada Los Bridgerton ambientada (o tratando de ser ambientada) en la época georgiana, más específicamente el período de la Regencia en aristocracia británica. La serie presenta absurdos en todos sus puntos: noviazgos y matrimonios interraciales, aristocracia de raza negra, vestuario absurdamente colorido y ostentoso, contenido sexual, diálogos irrisorios: vulgaridad pura y dura. El resultado es una abyecta producción, de las miles que se pueden hallar en internet, solo que ésta ha sido vista por millones alrededor del mundo.

No es que la producción rompa estereotipos, es que miente de manera flagrante sobre la aristocracia y realeza británica de entonces, en la que los negros no formaban parte. Y de ello dan cuenta no solo las novelas sino la historia del país. ¡Racista! ¡Xenófoba! No, no están mal los matrimonios interraciales, sino pretender que eran algo habitual en el período georgiano, cuando es bien sabido que en el país británico la esclavitud era una práctica normalizada ¿Mintió Jane Austen al retratar en sus novelas a una aristocracia exclusivamente blanca? No. Este simple hecho es suficiente para darse cuenta de la tremenda tomada de pelo que significa la serie.

Otros argumentaran que la producción no busca un rigor histórico, que se trata de una fantasía inclusiva, el sueño dorado de esta generación deformada hasta el tuétano en el intelecto. Como fantasía y cuento de hadas es pésima, como novela de época una basura total. Algunos la comparan con Orgullo y Prejuicio –penoso-, la escritora sin duda volvería a morirse al saber que su célebre novela es comparada con un producto de nula calidad. Los Bridgerton cumple con el objetivo primario de ser el centro de discusión sobre su “inclusión racial”, sobre el sexo consensuado o violación, sobre el empoderamiento de la mujer, etcétera.

Pero la deformación de los clásicos no empezó con esta producción sino con adaptaciones tales como la de Orgullo y Prejuicio en 2007 (Keira Knightley y Mattew McFadyen), que mostraba a las señoritas Bennet como harapientas, viviendo en una casa sucia con animales por todos lados, sin modales; poca veracidad en la vestimenta de la época, aunque su banda sonora es de lo mejor. Mujercitas 2019 es otra producción que deformo de manera similar la novela original. Nadie duda que estas dos producciones puedan enganchar, pero siempre hay que aspirar a ver algo de calidad, como sus versiones previas: Orgullo y Prejuicio 1995 y Mujercitas 1967.

Desde luego la podredumbre siempre ha existido, películas de época con contenido sexual, el nulo rigor histórico en otras, pésimas interpretaciones en aquellas, fallas deliberadas aisladas. Sin embargo en Los Bridgertone los límites no existen más, cada aspecto es atacado, destruido y reconstruido falazmente. Si lo duda, tan solo vea las opiniones de varios fanáticos que se asombran de que, en aquella época hubiera “inclusión racial”, verdaderamente penoso. Solo nosotros somos responsables de lo que llega a la pantalla. Que esta serie sea de las de mayor audiencia habla mucho del público consumidor.

¿Fue un error que los jóvenes del siglo XVIII se aficionaran tanto a la lectura? No. Lo que está mal antes y ahora es no diferenciar lo valioso de lo que es basura, leer solo por leer, puesto que las lecturas execrables han existido siempre. ¿Está mal ver series de televisión o internet? No, pero debe desecharse no solo lo que no aporta nada sino también aquello que claramente esta diseñado para embrutecer el intelecto. Infinidad de mujeres gustan de la literatura inglesa y sus adaptaciones a la pantalla grande, esto lo sabe la industria cinematográfica, por tanto han de cuidar sigilosamente lo que ven, so pena de verles enganchadas de un producto como Los Bridgerton, algo muy propio para simios…

10 de mayo, el matrimonio y la felicidad

Ahora que se acerca el 10 de mayo, me parece oportuno escribir sobre el Matrimonio y la Fidelidad. Porque esta virtud es la perseverancia en la palabra dada. Se trata de un compromiso para toda la vida.

La fidelidad en un matrimonio se forja en lo que parece pequeño y en lo grande para enfrentar y solucionar las situaciones difíciles. Caso similar es como cuando se inicia una empresa, o cuando un joven recién egresado de la universidad en una profesión determinada, se enfrentan a situaciones difíciles, problemas, contradicciones. Son, podríamos decir, “la sal de la vida”.

 Las contradicciones enrecian el carácter, se vive un intenso proceso de aprendizaje, se adquiere experiencia. Y al final, se tiene la alegría de haber podido resolver esa situación concreta.

Lo fácil es comenzar, pero lo difícil es ser constante día tras día con la paciencia de un artista o artesano que está concluyendo poco a poco su obra de arte. Es un verdadero gozo enfrentarse a los retos que va deparando la existencia humana porque repercute en la madurez de la persona.

Se trata de un aprendizaje en el espíritu de sacrificio, de completa y cuidadosa entrega a las metas que se haya propuesto o que en la empresa ha fijado. De eso depende el éxito en el presente y en el futuro. Aquí no cabe el desánimo ni el desaliento.

Lo mismo sucede con los cónyuges recién casados en ese proceso de entenderse, comprenderse y disculparse mutuamente. Se aprende a ceder, a decir “no” a los caprichos y egoísmos; a pensar en cómo hacer feliz cotidianamente a la esposa o al esposo. Son detalles, menudencias, pero que proporcionan alegría, optimismo y buen humor en esa inicial convivencia.

Con qué gusto los matrimonios mayores recuerdan sus primeros años de casados. Los apuros económicos por los que tuvieron que pasar: hacer rendir la quincena; eliminar los gastos superfluos. Hasta es motivo de risa y buen humor aquel pequeño cochecito que tenían al principio y que a cada rato iba a dar al taller. También aquel pequeño departamento en que vivieron y con mil privaciones instalaron la cocina, una pequeña sala y demás enseres.

Después ella comenzó a desarrollarse como Ingeniera Química, trabajando en un reconocido laboratorio. “Con el tiempo y un ganchito” -como dice el dicho popular- pudieron ahorrar lo suficiente para cambiarse a un departamento más grande y confortable.

Después tuvieron una noticia que les causó una enorme alegría tanto a los cónyuges como al resto de la familia: el nacimiento del primogénito. Le pusieron por nombre, Francisco, al igual que su papá y le dicen Paquito. Naturalmente los dos estaban como locos de gozo y entusiasmo. Tuvieron que reorganizarse en “tiempos y movimientos” para que aquella criatura estuviera bien atendida. Y por supuesto con la invaluable ayuda de la abuelita. Y los fines de semana con el abuelito y las tías.

Se aprende a crecer en la virtud de la fortaleza ante las habituales contradicciones e imprevistos. También se debe aprovechar bien el tiempo para hacerlo rendir lo mejor posible y cumplir con todas las responsabilidades en el hogar y en el trabajo.

Los esposos van notando que el amor crece entre ellos por su misma convivencia cariñosa, así como en la medida en que vienen los hijos y van creciendo. Lógicamente que tuvieron que contratar a una experimentada empleada del hogar  con la finalidad que atendiera, junto con la abuelita, al pequeño Paquito y a las demás criaturas.

Entre los dos, marido y mujer, aprendieron a cocinar y a limpiar muy bien la casa. No faltó el día en que se le “chamuscó el arroz o los frijoles. O cuando el pastel quedó cocido como si fuera “de piedra”. Es decir, ¡incomestible! Fueron gajes del oficio y un tiempo de aprendizaje. Para resolver esto, tomaron varios cursos. Con el tiempo, el marido resultó un excelente chef y la esposa una experta en repostería. Pero esto costó esfuerzo lograrlo. Y no faltó el comentario de la abuelita: “En mis tiempos, ni soñando ocurría esto. Pero me da gusto que ahora los dos intervengan en el buen funcionamiento de la casa. Los dos aprenden y se complementan bien”.

El Sacramento del Matrimonio une a los bautizados en forma indisoluble. El hombre y la mujer y se comprometen a amarse toda la vida y abrirse a con generosidad a la procreación. Por ello dicen en la boda: “Yo te quiero a ti como legítimo esposo (a) y me entrego a ti. Prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida”. La forma del Matrimonio son precisamente estas palabras de los contrayentes dando su consentimiento. De esta manera queda sellado el matrimonio y los cuerpos de los cónyuges son la materia del Sacramento y establecen un contrato de por vida, por ello dicen las Sagradas Escrituras: “Serán como una sola carne”.

“De esta manera, los esposos participan del misterio de unidad y de amor entre Cristo y su Iglesia”, afirma San Juan Pablo II. También decía: “Cada hijo es un reflejo viviente del amor conyugal entre los esposos, signo permanente de la unidad y síntesis viva e inseparable del padre y de la madre”.  Es decir, un fruto del amor vivo entre los esposos. ¡Cuán cierta es la expresión que dice: “la fidelidad conduce a la felicidad”!

En suma, el futuro depende de las familias; llevan consigo el porvenir mismo de la sociedad y contribuyen eficazmente a un mañana esperanzador para que los esposos transmitan los valores a sus hijos, en una convivencia de amor y de armonía.

Dos grandes psiquiatras y su visión de la psicología humanística

El Psiquiatra Español, Dr. Juan José López-Ibor (1906-1991) fue un estudioso de la personalidad humana y sus diversas neuropatologías. Estudió en la Universidad Complutense de Madrid. Desarrolló su actividad profesional en el Hospital General de Madrid y en el Hospital Clínico San Carlos. Fue miembro de la Real Academia Nacional de Medicina, así como de la Real Academia Europea de Doctores.

Gozó de gran prestigio como Psiquiatra. Entre sus obras principales figuran: “Actas Luso-españolas de Neurología y Psiquiatría”, “Hacia una nueva Psicoterapia”, “Neurosis de Guerra”, “Agonía del Psicoanálisis”, “La Angustia Vital”, “La Neurosis  como enfermedad del Ánimo”, “Rasgos Neuróticos del Mundo Contemporáneo”, “Freud y sus ocultos dioses”, etc.

Este psiquiatra se opuso al Psicoanálisis de Sigmund Freud, Carl Gustav Jung, Alfred Adler, así como a la revisión de la Psicopatología iniciada por Karl Jaspers. Realizó algunas investigaciones junto con el Dr. Juan Antonio Vallejo-Nágera (1926-1990), otro célebre Psiquiatra de su tiempo.

Realizó en diversos períodos investigaciones sobre su especialidad en las Universidades de Zúrich, Berlín, Múnich, París y Tubinga. Estas investigaciones neurológicas y psiquiátricas sentaron las bases de la Psiquiatría que luego ejercería en España y en las que tuvo una notable influencia en las nuevas generaciones de psiquiatras jóvenes.

Como médico su nombre quedaría unido a los trastornos de la vitalidad y, muy en particular, al de los estados de ánimo. Fue un pionero, junto con Freud, en sus investigaciones sobre los trastornos emocionales que a largo del tiempo han demostrado ser tan eficaces.

Recuerdo que hace años adquirí uno de sus libros, “La Neurosis como enfermedad del Ánimo”. El Psiquiatra López-Ibor, después de atender a numerosos casos de sus pacientes, redactó sus observaciones  y reflexiones acerca de esta enfermedad, que me parecieron  sumamente interesantes y profundas.

El estudio y definición de la angustia patológica como trastorno vital, y el encuadramiento de sus varias manifestaciones del concepto de “timopatía”, a partir de un texto de Sigmund Freud de 1895, supuso un hito importante en la patología clínica y de la llamada patología psicosomática que se puede constatar en algunas personalidades maníaco-depresivas.

Su trabajo estuvo fuertemente influido por la fe católica, por ello se considera que este reconocido psiquiatra elaboró una “Psiquiatría Humanística” que abarca tanto el cuerpo como el alma de sus pacientes para que tuvieran un sentido en sus vidas, como años antes lo proclamó Víktor Frankl (1905-1997), aquél psiquiatra vienés que estuvo en un campo de concentración nazi por ser judío y animó a sus pacientes y compañeros de cárcel que descubrieran un sentido profundo en sus vidas para poder curarse y no enloquecer con aquellas tremendas torturas y fusilamientos.

Frankl también fe un discípulo de Sigmund Freud pero pronto se percató de los graves errores en que incurría el psicoanálisis y elaboró su propia psiquiatría. Viajó por muchos países dando conferencias y explicando “La Psicología del sentido trascendente de la existencia humana” y de su Escuela particular: “La Logoterapia”.

El Dr. Juan José López-Ibor ejerció cierta influencia en el Dr. Juan Antonio Vallejo-Nágera. El escritor José Luis Olaizola sostuvo largas conversaciones con este ilustre psiquiatra antes de su fallecimiento, a consecuencia de un cáncer de páncreas. Como fruto de esas cordiales platicas se concretó en la publicación del libro: “La Puerta de la Esperanza”.

En este texto el psiquiatra se muestra como ser humano normal, fiel a su esposa Viky y a sus hijos, proporcionándoles una acertada formación. Le gustaba pintar y escribir otro tipo de libros, como: “Aprender a hablar en público hoy”, así como novelas históricas, como: “Yo, el Rey”, “Yo, el intruso” acerca de figuras sobresalientes que dan cuenta de la enorme cultura de este reconocido psiquiatra.

Pero los libros que tuvieron una enorme trascendencia entre los profesores, alumnos y lectores fueron: “Guía Práctica de Psicología”, “Lecciones de Psiquiatría”, “Conócete a ti miso: los grandes problemas psicológicos de nuestro tiempo”, “Ante la depresión”, etc.

Tenía la facilidad de presentar lo complejo de las enfermedades psiquiátricas en un lenguaje sencillo y asequible al gran público. Por esta razón se explica que, casi todas sus obras, se hayan convertido en “Best-Sellers. Aún en nuestros días su libro “Ante la depresión” sigue siendo solicitado.

Su padre también fue un célebre Psiquiatra (1889-1960), quién además de publicar sus estudios, fue Catedrático de la Universidad de Valladolid..

Volviendo al Dr. Juan Antonio Vallejo-Nágera, en 1956 fue nombrado Director del Hospital Psiquiátrico Nacional, cargo que tuvo durante muchos años. Además, fue Catedrático de Psiquiatría y Psicopatología de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense.

También se dedicó a la investigación psiquiátrica a partir de sus experiencias médicas. Después abandonó la docencia y se dedicó a escribir. Recibió el “Premio Planeta” por su novela “Yo, el Rey”. También fue un brillante conferencista y divulgador de temas médicos.

Comenta el escritor José Luis Olaizola, sobre este ilustre personaje, que le impresionó el modo ejemplar y valiente sobre cómo enfrentó su propia muerte: con mucha paz en Dios.

En definitiva, el Dr. Vallejo-Nágera es recordado -al igual que el Dr. Juan José López-Ibor- como la nueva escuela de psiquiatras dentro de la moderna psicología contemporánea y también influyeron en otros países de Latinoamérica.

El problema del poder (y II)

En nuestra última columna abordábamos el tema del poder y algunas de sus características: ser exclusivo, excluyente y expansivo y por lo mismo, estar centrado sólo en sí mismo, rebajando a todo lo demás a simples medios para consolidarse.

            Ahora quisiéramos tocar brevemente y como una de las consecuencias de lo anterior, el conocido dicho según el cual, “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Tema importante, pues permite comprender al menos en parte lo que ocurre en la cabeza de algunos poderosos, a fin de tenerlo muy en cuenta por nuestro propio bien.

            Veamos. Como seres dotados de libertad, estamos capacitados para emplearla de buena o de mala forma. Y por lo mismo, hay varias herramientas que vienen en nuestro auxilio para ayudarnos a actuar de manera correcta; entre otras, nuestras convicciones religiosas (si las hay), la conciencia (aunque se puede adormecer) y las consecuencias que podemos prever fruto de nuestras acciones (si bien muchas veces de manera errónea).

            De hecho, estos tres elementos han sido muchas veces los que han impedido que tomemos el mal camino. Por tanto, mientras contemos con más de ellos (religión, conciencia y consecuencias), si son más fuertes y se encuentran en armonía mutua, más eficaz debiera ser su labor. Y al contrario, la falta de uno o de todos ellos o su debilitamiento nos deja literalmente a la deriva, haciendo mucho más probable que optemos por el mal camino.

            El problema es que mientras más alto se esté en la escala del poder, más probable es que estos tres elementos se debiliten o incluso desaparezcan, precisamente por el efecto que sobre el sujeto genera saberse poseedor de este poder.

            Ahora, imaginémonos una situación en la cual se está tan alto, que ya no se tengan convicciones religiosas y que fruto de incurrir por el mal camino, la conciencia se haya adormecido tanto, que ya no sólo no remuerda, sino que incluso justifique esas acciones (“actúa como piensas, si no, terminarás pensando como actúas”). Sólo quedaría el auxilio de las consecuencias negativas que podrían sufrirse por un mal comportamiento.

            Sin embargo, si precisamente fruto de ese poder que se detenta, esas consecuencias no afectaran al sujeto, o si pudiera “destruirlas” a su antojo y no padecer sus resultados, ¿qué armas tiene para resistir la tentación de hacer el mal? Ello, porque más de alguna vez esta ha sido la última valla de contención que ha impedido obrar de forma indebida. Pero cuando se está más allá de esta posibilidad, cuando se tiene precisamente el poder de modificarlo todo a su antojo y “saltarse” estas consecuencias, ¿qué le impide hacer lo indebido?

            Y es este el gran problema: que si el sujeto sabe que no tendrá consecuencias negativas fruto de sus acciones o que podrá destruirlas, sólo le quedan, de acuerdo con lo señalado aquí, sus convicciones religiosas y su conciencia para evitar obrar el mal, las que seguramente este mismo poder se habrá encargado de dejar fuera de combate.

            Por tanto, mientras más poder se tenga, mientras más y más grandes y monstruosas cosas se puedan hacer, mayor peligro de perder el control, sobre todo si se llega a poseer un poder ilimitado. Al superarse los parámetros normales, al tener un poder sobrehumano, resulta casi inevitable que el sujeto sucumba ante él.

Imagínense lo que puede llegar a ocurrir si se tiene un poder global…

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

La paciencia “todo lo alcanza”

En este mundo nuestro de las innovaciones y del asombroso progreso tecnológico, de las prisas, de no descansar ni un minuto en horas laborales, me parece que nos hemos ido acostumbrando a “la inmediatez”. Como aquel directivo que solía pedir a sus ejecutivos “quiero que este asunto salga cuanto antes y si no lo terminan a las 6;00 de la tarde, por favor, dediquen horas extras hasta realizarlo bien y me avisan esté donde esté, ¿O.K.?”.

O bien, como en la redacción de los periódicos se solía decir, cuando un periodista le preguntaba a su jefe: “Y esta nota de prensa para cuando la necesita”. Y en forma clara y tajante se escuchaba la clásica respuesta “era para ayer”. O sea, cuanto antes, entre más pronto mejor o “mete el acelerador” porque esto urge.

No todas las personas pueden conducirse durante toda su vida con ese vértigo imparable de velocidad laboral, de resultados “contra reloj”.  Como me explicaba una doctora Dermatóloga, a propósito de una reflexión que hacía sobre la sociedad de nuestro tiempo: “Hoy en día, los profesionistas jóvenes viven con demasiadas prisas y presiones, de un modo trepidante, es una espiral que no termina y, naturalmente, eso conduce a enfermedades nerviosas, como la depresión o a dañar su propio organismo como la gastritis, las úlceras, diversos trastornos cardíacos, etc. Cuando era una Doctora joven, nunca viví con semejante estrés y logré realizar mis objetivos. En cambio, esta generación termina por dañar la parte corporal o su salud mental”.

Por el contrario, me quedé pensando en los grandes filósofos, artistas y literatos de la cultura grecolatina quienes dedicaron mucho tiempo para realizar sus obras maestras, por ejemplo, Aristóteles y Platón. También en la Edad Media, Santo Tomás de Aquino para escribir la “Suma Teológica”, la “Suma contra Gentiles”, libros de profundas disquisiciones sobre Filosofía y Teología. O bien, en el Renacimiento italiano, “La Piedad” de Miguel Ángel Buonarroti, que me parece una genialidad, lo mismo que “El Moisés”, que al concluir esta maravillosa obra escultórica se dice que el artista le dio un leve golpe con el martillo en su rodilla y le dijo al Moisés: “¡Habla!”. Del mismo modo, Dante Alighieri quien escribió su monumental obra: “La Divina Comedia”, que ha quedado para la posteridad como una obra clásica.

Recuerdo ahora los célebres versos de Santa Teresa de Jesús sobre la paciencia:

Nada te turbe, /

Nada te espante; /

todo se pasa, /

Dios no se muda; /

La paciencia todo lo alcanza. /

Quien a Dios tiene nada le falta. /

Fue una persona que sufrió muchas incomprensiones, persecuciones y una tremenda pobreza, pero nada ni nadie le impidió fundar conventos por toda España. Tenía un tremendo empuje y una vigorosa determinación. Cuando se empañaba en cumplir un objetivo, vencía todos los obstáculos lo lograba porque era una mujer fuerte y paciente.

La paciencia está muy ligada a la fortaleza. Cuando se posee esta última virtud se tiene la capacidad de acometer una acción, pero también de resistir todo tipo de sufrimientos y penalidades.

Por ello se dice que una persona es fuerte porque es paciente ante las enfermedades, las adversidades, las numerosas dificultades que se encuentra en el camino, los problemas económicos, pero sale adelante. Es más, tiene la capacidad de llevar con buen ánimo todas estas pruebas por las que pasa y ningún suceso lo desanima. Puede sentir miedo ante una adversidad, pero lo vence con audacia y valentía. Cuando todos los de su equipo se desalientan, él pone el ejemplo de nunca desistir y perseverar en el intento con alegría.

Recuerdo a algunos generales y soldados que combatieron en la Segunda Guerra Mundial, que cuando un periodista los entrevistaba ante una hazaña conseguida en combate, solían preguntarles: “-¿Llegaron a tener miedo?” y la respuesta inmediata era: “-¡Por supuesto! Pero había que vencerlo, dar buen ejemplo a los demás soldados y mantener en alto el ánimo del todo el ejército”.

Como afirmaba el filósofo francés, Jean Jacques Rousseau (1712-1778) en una acertada frase: “La paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces”.

Durante quince años di clases en “Educar, A. C.”, Ixtapaluca, Estado de México, tanto en la Primaria como en la Secundaria y con frecuencia acudían a mí padres y madres de familia con la queja de que sus hijos no les obedecían en temas, como: el orden, el aprovechamiento del tiempo, la puntualidad para comenzar con sus tareas escolares y concluirlas bien; responsabilidad para estudiar, aunque no estuvieran ellos presentes; una vez que terminara el hijo mayor con sus obligaciones, ayudar a sus hermanos más pequeños con sus tareas escolares. Me decían: “Ya le hemos dicho a nuestro hijo mayor muchas veces, pero no nos obedece”. Entonces empleaba una comparación en aquellos lugares rodeados de sembradíos: “Ven aquella plantita que apenas se va desarrollando”. “Sí la vemos”- me respondían. “Pues sus hijos van creciendo poco a poco. Y como a esa plantita no se le puede forzar a que crezca más deprisa porque y se rompería ya sea del tallo, de las hojas o se le sacaría de la tierra con todo y raíz. Por lo tanto, se requiere paciencia un año y otro año. Poco a poco sus hijos comenzarán a vivir esos valores que ustedes les están inculcando. Así que ¡paciencia, mucha paciencia!”. Y de este modo concluía mi conversación con aquellos padres de familia.

Las buenas lecturas y sus considerables beneficios

Nunca agradeceremos bastante el hecho de que nuestros padres, y luego los profesores, nos animaran a cultivar la afición por las buenas lecturas.

En un principio nos presentaron las obras de Julio Verne y Emilio Salgari, autores que nos hacían transportarnos a fascinantes e imaginarios mundos. Ahora viene a mi memoria “La Isla Misteriosa” de Julio Verne, que es una novela de innumerables aventuras, pero también de profundas reflexiones. Aquel puñado de náufragos que han llegado a una isla –aparentemente solitaria- en medio del Océano Pacífico, nunca pierden la esperanza y el optimismo de ser rescatados algún día.

Después nos introdujeron en los libros clásicos de la Literatura para adolescentes, y, además, en libros de Historia, Geografía, Ciencia y otras disciplinas. Nos compraron diversas y enriquecedoras enciclopedias. Recuerdo a los grandes inventores, a los más reconocidos científicos, a las biografías de personajes admirables, a esas atrayentes descripciones de las batallas de Napoleón, o bien, de la Primera o la Segunda Guerra Mundial.

Todo ese bagaje cultural me ha servido para tener como una plataforma de conocimientos y despertar mi curiosidad por acudir a otras lecturas.

Mi hermano Arturo y yo solíamos tener competencias sobre los generales más destacados en la II Guerra Mundial, sus combates y sus numerosas hazañas. Él admiraba mucho al general y estratega militar, Erwin Rommel, el llamado “Zorro del Desierto” por su valentía y audacia

¿Por qué relato esto? Porque los libros, con sus profundos conceptos, son el alimento del conocimiento. Además, las buenas lecturas nos ayudan a acudir a libros de consulta o al Diccionario de la Real Academia Española.

Las lecturas nos despiertan el interés por abordar otras áreas del saber humano. Nos desarrolla la imaginación. Nos aumenta la capacidad de concentrarnos y deducir conclusiones lógicas. Ellas nos permiten conocer, descubrir y explorar nuevos mundos.

Se mejora la sintaxis, el vocabulario, la ortografía y nos podemos expresar con propiedad. Facilita la comunicación con nuestros familiares y amistades al relatar y recomendar aquellos libros que más nos gustaron.

Nos ayuda a aprovechar el tiempo y a permanecer activos durante el día. Nos hay tiempo para la ociosidad y para los buenos lectores no existe el aburrimiento.

Activa a las neuronas cerebrales y se incrementa la inteligencia. Es un eficaz modo de sano entretenimiento, incluso para salir del estrés, según afirman los psicólogos.

Sin duda, nos ayuda a mantener una buena conversación, a socializar y a cultivar nuevas amistades.

Así se explica que cuando los profesores nos dejaban de tarea en el fin de semana de escribir un relato con un tema libre para que nosotros eligiéramos. Ese encargo nos fue ayudando a mejorar nuestra capacidad narrativa. También, en los concursos de Oratoria nos permitía abordar temas de actualidad para exponer en esos eventos.

El poeta chileno Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura en 1971, escribió al respecto: “Los libros que más te ayudan son aquellos que te hacen pensar. Un gran libro de un gran pensador es un buque de pensamiento, cargado de belleza y verdad”. El célebre escritor, Fulton J. Sheen, también afirmó: “Cualquier libro que nos inspire a llevar una vida mejor, es un buen libro”.

Ahora bien, es verdad que actualmente existen videojuegos increíbles que divierten mucho, pero son sólo eso: entretenimientos. Es decir, no contribuyen a desarrollar todas las maravillosas facultades del cerebro que he mencionado antes. Por ello, hay que animar a los niños y a los adolescentes a que se planteen acudir a las buenas lecturas.

En mi caso, es probable que al estar en contacto con esas lecturas se fue desarrollando en mí el interés por las Humanidades. Ya que además de la carrera de Comunicación, estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM en la que profundicé sobre el desarrollo histórico de la lengua española, así como en la literatura mexicana, española y latinoamericana. En esta carrera se nos enseñó el análisis teórico, lingüístico y crítico de la creación literaria. Fue una experiencia enriquecedora que me abrió amplios horizontes acerca de nuestra rica Lengua Española.

Por ejemplo, ahí descubrí el valor literario de la obra del poeta Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura en 1990. Me deslumbró su poema “Piedra de Sol” similar, por su universalidad, al poema “La Tierra Baldía” del poeta inglés Thomas S. Eliot, considerado uno de los poemas más importantes de la Literatura Inglesa del siglo XX, también Premio Nobel de Literatura en 1948 por sus novedosas aportaciones ya que revolucionó el arte del verso.

A los niños y a los jóvenes se les puede alentar a leer un sencillo artículo de una cuartilla y, poco a poco, que se les anime a leer un folleto y, a continuación, un pequeño libro. Y preguntarles por las áreas del saber que más les agradan. De tal modo que gradualmente vayan adquiriendo ese interés por las buenas lecturas.

Ucrania y los efectos de una guerra

“La humanidad anhela liberarse de la pobreza, del trabajo, de la guerra, de todo lo que pocos eluden sin envilecerse”. Nicolás Gómez Dávila

Sucedió al término de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sarajevo 1984, una de las guerras más crudas de la era moderna, la guerra de Bosnia. Tan solo esperaban que la justa invernal terminara para dar paso a una guerra que cobraría miles de vidas y causaría miles de desplazados. En esta ocasión se vaticinaba que después de los Juegos Olímpicos de Invierno Pekin 2022, Rusia invadiría Ucrania. La salida del país de todos los deportistas visitantes era la prioridad del gobierno chino. Los pronósticos se hicieron realidad: el 24 de febrero a las 5 am, hora de Kiev, el mandatario ruso Vladimir Putin anunciaba una operación militar especial para proteger a los separatistas de las zonas de Donetsk y Luganks situadas en la región del Donbass.

Horas después, Ucrania condenando la invasión a su territorio, declarando ley marcial, por ello el Ministerio del Interior prohibió la salida del país a hombres de 18 a 60 años, para servir de manera militar. Rápidamente comenzó la despedida de sus familias. Del mismo modo, llevaron a cabo la distribución de rifles entre los civiles. Una medida desesperada ante la guerra con Rusia. Esta claro que cuando las cosas se tornan difíciles nadie piensa en la insensatez de la ideología de género, en prohibir la salida de mujeres para que defiendan la patria so pretexto de la igualdad. Esta discriminación hacia la mujer y niños se da en razón de su capacidad reproductiva y protección a la futura generación, respectivamente.

Por otro lado, al margen de la terrible situación en la que se hallan los civiles orillados a refugiarse, la defensa de la patria no debería ser obligatoria, sino una exigencia personal. El amor a la patria obliga en conciencia a defenderla, de tal suerte que no habría que esperar a que un gobierno obligue, sino acudir en su defensa cuando la están invadiendo. Pero aquello de la «paz y fraternidad mundial», aquello de la «no violencia» a cualquier costo ha producido sus frutos: oleadas de esclavos intelectualmente débiles, indiferentes a su patria, so pretexto de su seguridad. Ahora bien, decir que toda guerra es mala y debe evitarse a como dé lugar, es muy propio de una sociedad occidental cada vez más afeminada. Hay razones válidas para tomar las armas y matar: en legítima defensa y en guerra defensiva (entre otras más).

La causa justa se da siempre en la guerra defensiva, contestando una agresión injusta y habiendo agotado los medios pacíficos, debe ser decretada por una autoridad legítima, nunca se produce por odio sino por un derecho que se ha violado. La guerra ofensiva en sentido estricto es injusta. En el presente caso sería difícil asegurar si hay causa justa en la guerra y en quién recae el derecho legítimo a defenderse. Hay muchos intereses en juego y el panorama del conflicto bélico que los medios de comunicación nos presentan es, en gran parte, sesgado. Sale a la luz por ejemplo, la guerra que Ucrania mantiene desde el 2014 en la región de Donbass con tintes de limpieza étnica; pero los separatistas en esa zona son instigados por Rusia que ambiciona lo que una vez fue parte de la Unión Soviética.

Así pues, resulta osado justificar/disculpar la invasión de este país a Ucrania so pretexto de una guerra que lleva 8 años en aquella región y que Rusia misma ha provocado. Y en medio de todo esto, la OTAN que comete crímenes impunemente y cuyos intereses geopolíticos nos lleva a cumplir rápidamente con la Agenda 2030 del Nuevo Orden Mundial: dos años de “pandemia”, después una guerra que producirá carestía y alza de precios, más tarde, el hambre. Una guerra puede ordenar nuestras prioridades y hacer a un lado la estupidez, una guerra puede sacar el valor o la cobardía de las personas, puede abrirnos los ojos sobre la miseria del mundo y mostrarnos lo equivocados que estábamos obligándonos a reaccionar; he ahí algunos de los efectos de una guerra, viviendo a distancia.

Está claro que en todo este caos, la víctima es la población civil no solo en la región de Ucrania sino a nivel mundial, porque, lo que hoy sucede en el país eslavo, nos arrastrará a todos, eso es seguro…

Valores y virtudes para aprender de los atletas olímpicos

Siempre que veo por internet o televisión a los atletas en los juegos Olímpicos, estoy casi seguro que son personas con muchos valores. Naturalmente, habrá sus excepciones.

Considero en el gran número de tiempo que han dedicado a sus respectivas especialidades para lograr tener un papel destacado.

Observando, por ejemplo, el patinaje artístico y a sus competidores de las recientes Olimpíadas de Invierno, tengo la impresión de que todos podrían haber sido campeones por su calidad y profesionalismo. Aunque los jueces determinen quiénes lo hicieron mejor mediante la puntuación. Un cronista de la TV comentaba que ese patinaje por parejas o individual es una conjunción de arte, ballet y gimnasia con una coreografía y música bien seleccionadas.

Recuerdo la alta puntuación que alcanzaron Olga Korbut en Munich (1972), Nadia Comaneci en Montreal (1976) con calificación ¡de100 puntos cerrados!, Svetlana Khorkina en Atlanta (1996) dentro de la gimnasia olímpica. Ellas aún siguen siendo leyenda y están presentes en la memoria de los seguidores de ese deporte.

Svetlana decía -en una entrevista de prensa- que al mirar en Atlanta el enorme estadio completamente lleno, con personas de muy diversos países, lenguas y una gran cantidad de medios de comunicación sintió vértigo porque ella contaba con escasos 15 años -casi una niña- y habitualmente trataba a pocas personas ya que era originaria de una población pequeña. Su rutina era desplazarse desde su departamento al gimnasio donde entrenaba y luego regresar a su casa. Pero de pronto, el enfrentarse a tanto bullicio de toda aquella multitud se desconcertó. Tuvo que hacer acopio de sus fuerzas mentales para no desconcentrarse en medio de ese barullo y, finalmente, obtener su presea de oro.

Previo a la competición, ellas y ellos tuvieron que vencer infinidad de obstáculos para ser seleccionados en las rondas eliminatorias de sus países o regionales y poder competir en las Olimpíadas. Cuando obtuvieron las medallas comentan –con emoción- que aquellos sueños que tenían desde su infancia o adolescencia se convirtieron en realidad. Su alegría aumenta cuando ven izarse las banderas, escuchar los himnos de sus respectivas naciones y considerar el gozo que tendrían –en ese momento- sus familiares, amistades y paisanos.

El lema de los atletas suele ser: no decepcionarse o desanimarse ante los fallos o equivocaciones, obedecer a sus entrenadores y no perder la esperanza de ganar en las diversas competiciones. Saben que el fracaso es parte del aprendizaje y que jamás se debe abandonar la lucha.

Se suelen lastimar sus músculos, tendones y ligamentos y esperar con paciencia su restablecimiento. A veces se avanza un poco y otras, tienen la impresión que retroceden.

Es cuando entra en juego el espíritu deportivo para levantarse y recomenzar cuantas veces haga falta. Como escribía Winston Churchill: “En el combate; resolución; ver la derrota como un desafío; en la victoria, magnanimidad; en la paz, buena voluntad”.

O también, aquella conocida frase: “El carácter se manifiesta en los grandes momentos, pero se construye en los pequeños”. Es decir, los grandes logros se obtienen a base de cosas pequeñas, como lo comentan los atletas con sus entrenamientos diarios. En las importantes competiciones confiesan que se suele experimentar miedo, pero hay que aprender a autocontrolarse.

Y hay unas palabras muy inspiradoras de Churchill para los que suelen competir y, en general, un buen consejo para enfrentar las dificultades de la vida: “Nunca te rindas, nunca, nunca, nunca, en nada grande o pequeño, largo o corto, nunca cedas ante tus convicciones de honor y sentido común. Nunca te rindas ante la fuerza, nunca sucumbas ante el poder aparentemente abrumador del enemigo”. Estas consideraciones las pronunció por la radio para animar a los ciudadanos ingleses a resistir mientras las fuerzas alemanas destrozaban la ciudad de Londres.

Entre septiembre de 1940 y mayo de 1941 el ejército nazi desarrolló una campaña de bombardeo sistemático contra Inglaterra, conocida como “Blitz” (relámpago”). Murieron cerca de 43,000 civiles. Ese dramático episodio histórico, Gran Bretaña se encontraba sola, sin el apoyo militar de los Aliados, para enfrentarse a Adolfo Hitler, pero gracias a la firme determinación, el liderazgo y la valentía de Churchill, la ciudadanía conservó la calma y la esperanza.

El atleta Usain Bolt, corredor de los 100 y 200 metros planos obtuvo numerosas medallas de oro en los juegos Olímpicos de Beijing, Londres y Río de Janeiro. Perseveró en su afán por romper récords mundiales y lo logró con creces. La velocidad que alcanzaba en las pistas era asombrosa.

Anteriormente, en la década de los ochenta, el atleta Karl Lewis destacó por sus triunfos en esas mismas pruebas, más la del salto de longitud. También fue impresionante la cantidad de combates de box que tuvo que sostener José “Mantequilla” Nápoles para obtener el campeonato mundial de Peso Welter, no se obstante que no se le permitía luchar contra el campeón por diversas razones, pero no se desanimó y fue constante en sus deseos de triunfar. Por otra parte, la mujer más veloz del mundo es la jamaicana Elaine Thompson, con 3 medallas de oro obtenidas en la pasada Olimpíada de Tokio, al superar a Shelly-Ann Fraser-Pryce. Y así podríamos seguir relatando numerosos valores y virtudes de los atletas.

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