El miedo: la enfermedad más contagiosa

«La juventud prolongada -permitida por la actual prosperidad de la sociedad industrial- redunda meramente en un número creciente de adultos puerilizados». Nicolás Gómez Dávila

Es un hecho que las personas mueren, es parte de la vida, sin embargo, con la situación del Covid parece que apenas nos damos cuenta -horrorizados- de que eso sucede con frecuencia. Las pérdidas humanas siempre son dolorosas. En épocas anteriores con una esperanza de vida menor, no era casualidad que apenas naciera un bebé, era bautizado a la mayor brevedad. Los padres eran conscientes de la importancia de la recepción de los sacramentos antes de que fuese demasiado tarde.

No obstante, para nosotros ahora, la salud y la vida material pareciera lo importante y en torno a ella hemos permitido que todo, absolutamente todo gire, desde nuestros hábitos, las relaciones sociales e incluso, nuestra vida religiosa. Muchos toman decisiones no por responsabilidad, ni siquiera porque les importe la salud de los demás, sino por miedo, sí, miedo a morir. Comenzamos a denunciar a otros por no obedecer, por reunirse con su familia, por abrir su negocio para sobrevivir. Tan solo ver lo que hemos hecho, en lo que hemos convertido las relaciones interpersonales y la sociedad en un tiempo record, para darnos cuenta de que el miedo es la enfermedad más contagiosa; no la peste, no un virus, sino el miedo.

Solo mire a su alrededor, ¿cuántos se encierran para salvar la propia vida? y aunque lo logren, habrán perdido valiosas oportunidades de estar con los demás, de ayudarles. Vivimos la caída de la economía, la pérdida de empleos, el cierre de negocios y la supresión del culto religioso. Tenga claro que la vida material tiene su valor porque en ella hay un alma a la cual salvar. Pero en nuestro afán de salvar la vida material, comenzamos a vivir sin Dios, sin sacramentos, sin los demás. Nos dicen que no habrá Misa y ni siquiera nos damos cuenta de lo que eso significa. ¿Cuándo fue que tuvo más valor la vida material que salvar el alma?

Lo que caracteriza a la generación actual es que somos frágiles, no solo de pensamiento sino de forma de vida, proporcionada por la tecnología y los avances en diferentes campos. Vivimos instalados en una placentera comodidad que nos ha dañado. Olvidamos que si estamos aquí es por gracia de Dios y por lo que las generaciones precedentes enfrentaron: las hambrunas, las pandemias como la peste negra o la gripe española, guerras mundiales, revoluciones; los padres daban su vida para proteger la de sus hijos, hoy no queremos ni saludar de mano a nuestra familia. Hemos convertido la vida material en el bien supremo no importando si desechamos a otras personas en el camino para protegernos.

¿Cuánta gente se encuentra sola sin recibir visita de nadie? ¿Cuántos que viven sanos y encerrados voluntariamente pero que mueren cada día de miedo y basados en ello toman las decisiones más absurdas? Esperan que pasé esta situación para vivir nuevamente, tal vez mañana, el mes entrante, el próximo año. Ignoran que esta situación no pasará jamás; ha llegado para instaurar un nuevo orden mundial; ha llegado para generar un cambio radical en el seno mismo de las familias, en las relaciones interpersonales, el comercio, la industria, la migración, llegando al ámbito moral y religioso; control poblacional ni más, ni menos.

La situación en la Iglesia no es alentadora tampoco, el miedo esta presente: ¿Cuántos sacerdotes que toman las medidas sanitarias más absurdas en Misa llevando a la feligresía a cometer abusos litúrgicos, pero se niegan a salir para administrar los sacramentos a los enfermos? Recientemente escuche a un sacerdote decir “Prefiero molestarlos con el cubrebocas que velarlos”, bien, resulta que ese mismo sacerdote se ha negado a llevar la sagrada comunión a los enfermos, menos velarlos. De más está decir que el sacerdote no ha de guardar jamás su vida para sí mismo sino para servir al rebaño y ganar almas para Dios, sobre todo en los momentos más necesarios. ¿Se da cuenta ahora de lo absurdo que es valorar más la propia vida material que la salvación de las almas?

Salga a caminar, converse, sonría y ría a carcajadas, respire aire fresco, visite a sus familiares, reúnanse y abrácense. Vaya a Misa, usted y los suyos reciban los sacramentos con la debida reverencia y disposición, especialmente si están convalecientes. No se trata de ser irresponsables y descuidar la vida material, sino de no darle el mayor valor aislándonos para “preservarla” cuando de sobra sabemos que la muerte es un destino al que todos estamos llamados. Cuando dejemos de temer el morir tomaremos decisiones conscientes para cuidar de los nuestros como es debido; dejaremos de obedecer órdenes solo porque sí, discerniremos si es pertinente seguirlas. Cuidaremos el estado de nuestra alma y nuestra fe.

Hay miedos comprensibles, pero el que hoy pulula entre la gente por la situación de Covid es una de las peores cosas y lo más terrible es que se contagia fácilmente. «¡Nos veremos pronto!» decía un eslogan de salas de cine y que ahora está grabado en las mentes de casi todos. Esperemos que ese mañana no sea tarde, cuando la vida se nos haya consumido, precisamente cuando más queríamos conservarla…

“Todo se logra con la paciencia”

En una sociedad que premia “la inmediatez”, es decir, que nos ha ido acostumbrando a resolver los asuntos “hoy, ahora y cuanto antes”, la virtud de la paciencia se encuentra infravalorada.

Pero, ¿qué es la paciencia? Es la virtud que hace soportar los males con resignación, por ello se dice que “la paciencia es más útil que el valor”. Otros pensadores afirman que es la cualidad del que sabe esperar con tranquilidad las cosas que tardan. Esta virtud se vincula con la perseverancia o constancia, acompañada del optimismo y la visión positiva de las dificultades cotidianas.

Fui muchos años profesor de primaria y secundaria y en esa institución educativa teníamos el sistema de la asesoría académica y de fomentar valores integrales. También, en forma periódica, conversábamos con los padres para ponernos de acuerdo en cómo formar mejor a sus hijos. Recuerdo en varias ocasiones, ellos me decían: “No sabemos qué hacer con nuestros niños porque uno es muy desordenado y el otro pone poca dedicación en sus tareas escolares. Les hemos dicho que tienen que cambiar, pero no notamos en ellos grandes cambios; quisiéramos que pusieran mucho mayor empeño”. Les hacía ver que en su labor de padres –como la de nosotros los maestros- teníamos que tener la paciencia de un agricultor que con frecuencia va observando el desarrollo de los plantíos que sembró y decide si a aquellas plantitas les hace falta más agua, fertilizante para combatir una plaga, eliminar una zona encharcada, etc. Así el agricultor sabe que con esa paciencia obtendrá los frutos deseados. Y les hacía la comparación, un tanto chusca: “a base de estirar el tallo, las ramas o las hojas de las plantas, no iban a crecer más de prisa”. Que precisamente ésa era la virtud que debíamos de cuidar tantos los papás como los profesores: ser constantes, pacientes, no perder el buen ánimo, corregir con cariño y sentido positivo, etc. Pienso que me entendían y cambiaban de actitud.

Por otra parte, me gusta observar la labor de los escultores o artesanos quienes, con infinita paciencia, con el cincel y el martillo, van conformando del tosco mármol una bella figura o de una masa informe de arcilla, van modelando hermosas vasijas de barro. Observo que ellos trabajan con serenidad y calma y no existe precipitación en su labor creativa.

Me vienen a la memoria aquellas palabras sobre el quehacer literario expresadas tanto por Juan Rulfo como por Juan José Arreola sobre que ellos, en realidad, eran “artesanos de la palabra”. Se referían a que para escribir una buena obra de Literatura se requería sopesar cada expresión o palabra hasta que quedara un conjunto verdaderamente estético.

En ese mismo sentido, admiro mucho a esos jóvenes que con muchos esfuerzos logran realizar sus estudios universitarios. Recuerdo a Manuel Antonio que vivía en Chalco y diariamente se trasladaba en transporte público hasta la UNAM. Estudiaba Leyes. Se levantaba alrededor de las cuatro de la mañana para poder llegar a tiempo a su primera clase de siete. Al terminar sus clases, se iba a trabajar a un despecho de abogados y recuerdo que en varias ocasiones me lo encontré en camiones de pasajeros con los típicos libros enormes para llevar a firmar.

Después regresaba a la Facultad de Derecho para cursar otro par de materias y ya tarde tomaba su medio de trasporte colectivo para llegar a su casa alrededor de las diez de la noche. Saludaba a su familia, cenaba algo y se ponía a estudiar hasta cerca de las doce. Yo le preguntaba que si el dormir tan pocas horas no le afectaba y él me respondía que ya estaba acostumbrado y que “se echaba sus cabeceadas” en esos trayectos tan largos de su casa a la universidad y de regreso. De esta manera, resumía Manuel Antonio, no me resulta tan fatigoso.

Posteriormente realizó una especialidad en Derecho Corporativo y económicamente, con el paso de los años, le ha ido bien, al punto que lo primero que quiso fue conseguir para sus padres una casa más grande y confortable.

Pero esto es algo que se observa de forma cotidiana y normal en miles de estudiantes, empleadas y trabajadores en la Ciudad de México. Me gusta llamarles “los héroes anónimos” porque a base de grandes sacrificios sacan adelante a sus hogares, la formación de sus hijos y sus estudios profesionales.

Otro ángulo en el fortalecimiento de la paciencia, es el vencer problemas como la incomprensión o el rechazo inicial. Eso me recuerda a los pintores de la “Escuela Cubista” como Georges Braque, Juan Gris, Diego Rivera, Pablo Picasso, Fernand Léger, etc. que cuando comenzaron a pintar sus cuadros fueron calificados de “estrafalarios”, “extravagantes” y que sus obras no eran realmente arte. Pero el tiempo y la crítica se han encargado de demostrar lo contrario.

Me hace gracia recordar una anécdota del músico Ígor Stravinsky (1882-1971) que fue un compositor y director de orquesta ruso, quien compuso obras como “Petrushka”, “El Pájaro de Fuego”, “La Consagración de la Primavera”. Al inicio, sus composiciones de música clásica moderna fueron muy criticadas. Tanto que cuando se estrenó esta última obra en un teatro de París, el recinto estaba abarrotado de críticos artísticos y personas amantes de la buena música.  El compositor Ïgor estaba sentado en primera fila. Pero fue tal el repudio del público a su novedosa obra que paulatinamente aquel gran teatro se fue vaciando. Stravisnky en vez de sentirse indignado o fracasado, comentó con ecuanimidad: “No pasa nada. Algún día ellos comprenderán mi arte” y siguió componiendo. Actualmente es considerado uno de los músicos más importantes y trascendentes del siglo XX.

Por ello, es muy certero el célebre el dicho que afirma: “¡La paciencia todo lo alcanza!”.

¿Por qué el aborto se sigue aprobando en nuestro tiempo?

La república de Argentina en fecha reciente aprobó el aborto. El Presidente de Estados Unidos, Joe Biden quiere elevar a rango constitucional el aborto. En otros países, como México, se encuentra en estudio la posibilidad de aprobarlo.

La pregunta es: ¿Se han vuelto locos los gobernantes y legisladores? ¿Alguna   vez  han visitado una clínica en la que se destruyen vidas humanas y se arrojan a los basureros? Son pequeños cadáveres mutilados, destrozados, deformados; bebés a los que se les arrancaron sus brazos, sus piernas y machacaron sus cabecitas. Es un espectáculo tremendo de observar. No se puede llegar a comprender que tanta crueldad ocurra en este siglo XXI, que se jacta de ser la época de los derechos humanos y del respeto por el medio ambiente, los animales y la flora y la fauna submarina.

Las frases que se suelen emplear para justificarlo son: “Aceptar el aborto es propio de ‘sociedades de avanzada’; ‘políticamente correctas’; de ‘’apertura a los nuevos tiempos’ ”.

Los que no se dice es que detrás del aborto se mueve mucho dinero: hospitales, médicos, enfermeras, material quirúrgico, medicamentos. Lo que podemos afirmar, con absoluta certeza, es que se trata un lucrativo negocio porque, como sostenía el Doctor Bernard Nathanson hace años: “Es cuestión de aritmética: a 300 dólares cada aborto, y si lo multiplicamos por 1,550,000 abortos, nos encontramos con una industria que produce más de 500 millones de dólares anualmente, de los cuales, la mayor parte van a parar a los bolsillos de los médicos que lo practican”.

Existen numerosos millonarios del Primer Mundo que se oponen abiertamente al desarrollo demográfico de países en vías de desarrollo. Y, en vez de apoyarlos económicamente para que sean autosuficientes, prefieren irse por la vía del exterminio y aniquilación.

Ese fue el mismo camino que determinó Adolfo Hitler, líder del nacionalsocialismo alemán, en sus tristemente célebres campos de concentración. Lo que nunca he llegado a comprender cómo es que enfervorizó a millones de arios para detener, maltratar, humillar, torturar y asesinar a miles y miles de judíos. Sabemos que en su mente perversa también los latinoamericanos y afroamericanos nos encontrábamos en su lista macabra porque de la misma manera éramos considerados seres inferiores que no teníamos derecho a existir.

He leído varias historias dramáticas, me viene a la memoria, por ejemplo: una enfermera que colaboró en varios abortos y, al finalizar la jornada, al salir del quirófano y pasar por los botes de basura, escuchaba el lamento de un bebé que había quedado con vida. Ella se movió a compasión, lo recogió, lo llevó a escondidas a su casa, lo limpió, lo curó, le brindó sus cuidados médicos, lo alimentó. Luego le proporcionó educación y cariño como si fuera su hija. Pudo desarrollarse con normalidad e incluso llegó a asistir a la universidad. Con el tiempo, se casó y tuvo hijos. Ella quiso brindar su testimonio en diversos medios de comunicación y me llamó mucho la atención el hecho de que afirmó que no guardaba rencor ni resentimiento contra sus padres naturales ni contra el médico que la abortó. Y, en cambio, un gran agradecimiento a Dios y a la enfermera que le permitieron vivir y desarrollarse como ser humano. Su conclusión fue hacer un urgente llamado para frenar este demencial genocidio silencioso.

Da mucha pena ver en los medios de comunicación a cientos de jovencitas que se colocan su pañoleta verde y levantan sus puños manifestando su apoyo al aborto. Sabemos que han sido “mentalizadas” o manipuladas con unas cuantas frases superficiales y no tienen la menor idea de lo horroroso que resulta el destrozar a una criatura indefensa e inocente en el seno de su madre y privarla de su primer derecho humano: el derecho a vivir.

Estas jóvenes dicen que con ello manifiestan su “liberación femenina”. Pienso que a ellas serían a las primeras a las que habría que llevarlas a esas clínicas en las que se practica el aborto y que observen detenidamente cómo son arrojados a los basureros y el deplorable estado en que quedan esos pequeños cadáveres destrozados de los bebés.

Una última reflexión para animar a los ciudadanos mexicanos a que tengamos una participación ciudadana más activa, dejando de lado la pasividad y la indiferencia, y que hagamos todo lo posible por detener y terminar con este silencioso holocausto, una importante conclusión a la que llegaba el Doctor Bernard Nathanson: “Aprendimos que lo único que se necesita para que el mal triunfe, es que los hombres de buena voluntad simplemente no hagan nada”.

Noticias del gran mundo

“Para poder avanzar, primero hay que recordar”

El capitán Jefferson Kyle Kidd es un veterano de la Guerra de Secesión que viaja de condado en condado para narrar noticias del mundo, sea de política, aventuras o actos heroicos de la gente común. En su travesía encuentra a una niña que era trasladada por las autoridades a casa de sus familiares; sus padres y su hermana habían sido asesinados hacia seis años siendo ella la única sobreviviente y por tanto secuestrada por los indios Kiowa. Ante la falta de personal militar, decide llevarla él mismo con su familia. La historia se trata de la travesía a lo largo de 640 km que ambos recorren para llegar al hogar de Johanna, una travesía llena de contrariedades, problemas, peligros, dolor y al final, sanación.

Basada en la novela homónima de Paullete Jiles, “Noticias del gran mundo” está dirigida por Paul Greengrass y protagonizada por Tom Hanks (capitán Jefferson Kyle Kidd) y la pequeña actriz alemana Helena Zengel quien a su corta edad cuenta con un Premio de Cine de Alemania por su participación en el drama “Syster Chasher” y que ha sido nominada al Globo de oro por interpretar a Johanna Leonberger en la presente producción “Noticias del gran mundo”.

Volviendo a la trama, con el pasar de los días Johanna recuerda palabras de su idioma natal, el alemán; resulta evidente que recuerda mucho más: el asesinato de su familia. Ella desarrolla el gusto por las historias que narra el capitán Jefferson quien perdió a su esposa y su imprenta en la Guerra de Secesión, así que tuvo que reinventar su vida para seguir adelante. Si bien ya no imprimía los periódicos, empezó a leerlos a la gente a cambio de algunas monedas. De esa forma encontró el medio para vivir y al tiempo daba esperanza a aquellos que oían sus historias, porque no solo se limitaba a leer, también les ofrecía una reflexión.

Una vez que Jefferson se da cuenta de la gravedad de la situación, decide ayudar a Johanna; no la suelta jamás aunque ello pone en peligro su vida y lo manifiesta así: -“Supongo que ambos enfrentaremos nuestros temores en este camino”, en efecto, habrían de forjar una amistad. Una lección para nosotros que hemos hecho de este mundo uno que tiende a “soltar” todo y a todos cuando se presentan dificultades, que ha puesto la felicidad en un peldaño y no tolera el dolor ni las contrariedades. Bien podríamos reflexionar ¿Cuántas veces nos hemos comportado egoístamente con los demás cuando atraviesan un suceso difícil?

En la travesía, encuentran la casa de Johanna; ella baja de la carreta y se acerca. Encuentra solo las huellas de aquello que perdió, de una vida otrora bella y hoy una casa vacía y desolada. Si bien Jefferson hubiera querido ahorrarle los recuerdos dolorosos, ella le contesta algo tan cierto como esperanzador: –“Para poder avanzar, primero hay que recordar”. Recordar puede ser muy doloroso, más aún si se trata de algo maravilloso de nuestra vida, sean personas, lugares o vivencias que ya no están y que es imposible recuperar. Recordar es necesario, no para vivir en el dolor del pasado sino para sanar las heridas del alma y hallar la fuerza para continuar hacia adelante.

Un proceso desde luego nada sencillo. Pocos pueden entender el duelo que se vive ante una pérdida, pocos comprenden cuando alguien necesita reconstruirse a sí mismo. Atravesando una situación así, podemos llegar a ser un poco como Johanna: difíciles de tratar, difíciles de comprender y difíciles de querer que algunos optarán por alejarse. Lo extraordinario es que Dios en su infinita misericordia no nos olvida jamás y nos permite encontrar a otros que nos fortalecen en la vorágine del día a día. La historia del capitán Jefferson y Johanna no es más que la historia de la superación del dolor profundo de una pérdida y el largo camino que se debe recorrer, a veces tortuoso para sanar, reconstruir todo y seguir avanzando.

Una maravillosa y memorable película llena de esperanza que no debe

14 de febrero: los frutos del verdadero amor

Recuerdo la letra de una canción de un grupo de música moderna, “Los Apson”, que decía: “Cuando apenas era un jovencito / mi mamá me decía / mira, hijito, si  un amor, tratas de encontrar / no la busques, hijo, muy bonita / porque al paso del tiempo se le quita: / busca amor, nada más que amor.”

Esto viene a colación por el 14 de febrero, “Día del Amor y la Amistad”. Me gusta conversar con esposos mayores que ya son abuelos o bisabuelos porque son “como libros abiertos de sabiduría”. En esos encuentros me suelen mostrar, por ejemplo, sus fotografías desde cuando eran novios, luego se casaron, de cuando fueron naciendo sus hijos y así más fotos de su álbum familiar, y finalmente, los festejos de cuando cumplieron 50 años de matrimonio o más.

Observo su alegría y regocijo con unos relatos en los que abundan simpáticas anécdotas. Desde el momento en que contrajeron nupcias y, como el esposo acababa de concluir su carrera universitaria, ganaba un discreto sueldo. Así que, los cónyuges se fueron a vivir a un pequeño departamento en un modesto condominio. Por supuesto, de renta.

Tenían sólo un cochecito viejo y destartalado. Ella se las ingeniaba para hacer rendir la quincena y también tenía un pequeño trabajo. Entre los dos se esforzaban para buscar un mayor ingreso económico para el hogar.

Los alimentos en las comidas solían ser sencillos, pero con buen gusto y sazón. También eso era una demostración práctica de amor, en la que participaba el esposo para poner la mesa o lavar y volver a colocar la vajilla en su lugar.

Luego, tuvieron su primer hijo. Por falta de medios, ella no podía ir a comprar en la tienda maternal todas las ropitas del bebé, sino que tejió lo que el pequeño iba a necesitar. Y todo con naturalidad, nadie se sentía “víctima”, sino que era ocasión de gratos recuerdos.

A base del trabajo constante y esmerado del marido y de la mamá, los ingresos en la familia fueron aumentando. Se cambiaron a un mejor departamento. Y continuó creciendo el número de hijos.

De cada hijo se guardaban imborrables recuerdos: desde cuando nacieron; sus años de infancia; cuando comenzaron a asistir al kínder o a la primaria.

Por supuesto, eran causa de bromas y buen humor las peculiaridades de cada uno, su carácter, sus ocurrencias, las travesuras infantiles. Y con orgullo relataban cuando la niña o el niño obtenían un buen promedio académico; o habían ganado en un concurso de canto, baile, futbol, o poesía. Después venían las fotografías de la Preparatoria y las de las diversas Carreras Universitarias que libremente habían elegido. “Lo importante es que hayan logrado ser personas de bien”, decía feliz el abuelo.

La abuela, a continuación, mostraba con orgullo los recuerdos las bodas de cada hijo. Ella comentaba: “Mira qué “percha” tiene mi hijo mayor””, o bien, “¡Qué guapas son todas mis hijas!”.

Les comentaba:

-“Este hijo se parece más a usted, señora”.

  • Bueno –añadía- pero si lo conocieras y lo vieras actuar, hablar, sus gestos y hasta cómo camina, es la viva imagen de su padre”.

Y la menor de sus hijas, ¿Qué Carrera estudió? –pregunté.

–  Ingeniería Química, como su padre. Es muy inteligente y actualmente estudia la Maestría.

Intervenía el abuelo:

  • En realidad, tenemos la fortuna que todos nuestros hijos son dedicados y les ha ido bien profesionalmente.

       – Además ya tenemos 8 nietos y son nuestra alegría. Cuando vienen, la casa se llena de risas, gritos y algarabía, como cuando mis  cinco hijos estaban pequeños                     –comenta ella con gusto y una amplia sonrisa..

Él concluye:

  • Somos muy felices en nuestro matrimonio. ¡Valieron la pena tantas privaciones y sacrificios por los hijos y todas estas anécdotas que ahora “nos saben a gloria”! Mi esposa y yo siempre hemos caminado en el trayecto de la vida buscando tener los mismos ideales y sueños. Desde luego, no han faltado los roces y fricciones, como en toda familia. Pero con comprensión, el saber disculpar, con cariño, todo se supera.

Ella también añade:

-A veces, me gustaría volver a empezar. ¡Fue tan hermosa cada etapa de nuestro matrimonio! Cuando me lo preguntan, no pierdo oportunidad de contar nuestra historia de amor, que no tiene nada de extraordinaria, pero sí es un testimonio de vida.

Después de la reunión, me quedé pensando en cuántos matrimonios mexicanos pueden dar un testimonio similar, pero lo llevan con tal naturalidad y normalidad que –como se dice- “nunca serán noticia”, pero que influyen eficazmente en su entorno social.

Adquirir el espíritu deportivo

A lo largo de la existencia humana se pueden pasar por situaciones difíciles, tener períodos cuesta arriba, enfrentarse a problemas complejos, sufrir contratiempos en el trabajo, descalabros económicos, sucesos inesperados y dolorosos dentro de la familia.

Hay personan que ante estos hechos se hunden en una profunda tristeza o depresión; no tienen capacidad de respuesta, se rinden ante las dificultades y prefieren buscar evasiones como aplazar indefinidamente la resolución de los problemas, darse definitivamente por vencido, acudir al alcohol.

Existe una importante virtud o valor que se admira en los atletas y es su espíritu deportivo. No me refiero a que todas las personas deben ser especialistas practicando gimnasia, ejercicio físico o algún deporte. Mi enfoque se orienta hacia la actitud que hay que tomar en la vida para no doblegarse ante las habituales contrariedades que aparecen pequeñas o grandes.

En mis años de infancia admiraba al popular actor llamado Johnny Weissmuller, quien protagonizaba a “Tarzán y filmó numerosas películas en el contexto de la selva africana acompañado de su inseparable Jane y un simpático chimpancé, “Chita”. Sabía que en Juegos Olímpicos de París (1924) y Amsterdam (1928) había ganado cinco preseas de oro.

Cuando leí su biografía, me enteré que había nacido sietemesino y el médico les dijo a sus padres que Johnny debería de hacer mucho ejercicio, de preferencia practicar la natación para mejorar su capacidad pulmonar. Así lo hizo durante su niñez y adolescencia. Le tomó tal afición a este deporte, que desarrolló una buena musculatura y velocidad para superar los tiempos en los 100 y 200 metros en nado libre.

Otro caso interesante es el de Mohamad Alí (Cassius Clay), quien tenía mucha ilusión en clasificar para los Juegos Olímpicos de Roma (1960), pero por discriminación racial se le pusieron innumerables trabas. Finalmente, a base de insistir, logró participar y ganó la medalla de oro en el peso semipesado. A su regreso, se dedicó por completo al boxeo profesional y en 4 ocasiones conquistó el título mundial de pesos pesados. Es recordado por su particular estilo “mariposa”, de girar dando saltos, en torno a su oponente que innovó el arte tradicional de boxear.

El corredor de Jamaica, Usain Bolt,,con 1.94 de estatura, comenzó su carrera en el box a los 15 años pero en muchas competición se le excluyó por su falta de experiencia y ser demasiado joven. En el desarrollo de su desempeño deportivo ganó 19 medallas de oro en varias competiciones olímpicas, además de las que había obtenido en otras competiciones.

Otro caso que merece especial mención es el de la saltadora de pértiga rusa, Yelena Isinbáyeva, ganadora de medallas de oro en Atenas (2004) y Beijing (2008) pero ella quería mejorar y superó los 5 metros de altura. Con perseverancia insistió, una y otra vez, hasta conseguir los 5.06 metros, en ese entonces el récord mundial.

Otra deportista rusa, que ha sido un ejemplo de constancia y espíritu deportivo, es la clavadista de los 10 metros de altura, Yulia Koltunova. En una entrevista, relata con sencillez y naturalidad que la clave de su éxito ha sido asistir al gimnasio diariamente y obedecer dócilmente a las indicaciones de su experimentada entrenadora. Ha conseguido varias medallas de oro olímpicas y se dio a conocer cuando ganó en los juegos internacionales universitarios.

En México, en 1970, había un boxeador Jesús “Chucho” Castillo que le dieron la oportunidad de enfrentarse a Rubén “El Púas” Olivares, campeón mundial de los pesos gallo y pluma. Era indiscutible la superioridad y experiencia de Olivares. Pero Chucho Castillo se lo puso como un serio reto. Así que se dedicó a entrenar a fondo: corriendo más kilómetros, cortando árboles, levantando pesas, no faltando al gimnasio y, sobre todo, observando –junto con su entrenador- en cámara lenta las anteriores peleas de Olivares. Descubrieron sus zonas débiles que descuidaba “El Púas” en las peleas. El resultado fue que –contra todos los pronósticos- “Chucho” Castillo derrotó a Rubén Olivares.

También en nuestro país tenemos casos admirables de atletas que se superaron como Brenda Flores, quien obtuvo dos medallas de oro, destacando la de 10,000 metros planos en los Juegos Panamericanos. Patricia Sánchez también consiguió la presea de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. En fecha más reciente, en 2019, Paola Morán obtuvo la medalla de plata tanto en la Universiada en Nápoles (Italia) como en los Juegos Panamericanos de Lima, Perú. Paola tiene escasos 23 años y por su espíritu deportivo y perseverancia, representa la gran promesa para México dentro del atletismo.

¿Tú cómo enfocas la pandemia?

Como Comunicador, me llama poderosamente la atención los diversos enfoques que se presentan en los medios de comunicación sobre el COVID-19. En líneas generales podemos afirmar que son antagónicos y contradictorios.
La corriente pesimista suele comentar:
– “Esto es sólo el principio; lo peor está por venir”;
– “Sin duda que vendrán en el mundo muchas otras pandemias, una tras otra, y cada vez más serias y graves para la humanidad”
– “Con el paso de los años, sobrevendrán catástrofes mucho peores; ¡ya lo verán!”
– “Estamos viviendo una especie de gran Guerra Mundial la cuál irá en aumento”.
– ¡Este cataclismo mundial no hay quien lo pare porque es irreversible!”
– Algunos gobernantes y empresarios sostienen: “Hay que alertar a la población sobre una nueva situación que pondría en jaque al planeta”.
– “La actual información sobre las supuestas soluciones al COVID no son sino manipulaciones políticas”, y un largo etcétera.

Las posturas excesivamente positivas nos hablan de que:
– “La batalla contra el COVID prácticamente se ha vencido gracias a los importantes descubrimientos de diversos científicos y que se están implementando en varios laboratorios de prestigio”;
– Para marzo o abril, comenzaremos a ver importantes resultados y mejorías a nivel internacional”;
– “Todo volverá a la normalidad en poco tiempo y en la medida que se vayan aplicando las medidas oportunas”;
– “Nada ni nadie podrá detener el progreso irreversible de la ciencia y la tecnología. Es cuestión de esperar un poco de tiempo, ¡y listo!”.

En conclusión, abundan las visiones catastrofistas o de un optimismo francamente ingenuo o simplista. Porque el COVID no se solucionará “como por arte de magia”. Requiere de sus procesos y complejas etapas.

Por otra parte, en miles y miles de personas de todo el orbe el actual confinamiento en sus casas –aunque sea “home-office” – les está produciendo ansiedad, angustia, irritabilidad, impaciencia, explosiones de carácter e importantes trastornos emocionales tanto en los mayores como en los chicos.
Hay personas que ven, leen o escuchan noticias sobre el COVID mañana, tarde y noche. Incluso, en bastantes casos les produce frecuentes insomnios.

Me he enterado de personas que se obsesionan tanto con esta pandemia que dejan de comer, pierden ilusión por la vida, o bien, tienen la equivocada impresión que ellas, sus hijos o sus familiares cercanos se contagiarán ante el más mínimo detalle o descuido. Es decir, sufren de una cierta paranoia y se salen de la realidad, con lo que su sistema nervioso se ve seriamente afectado. En muchos casos, tienen que acudir a Psiquiatras o a Psicólogos.

He leído con interés en la institución española “Hacer Familia” la cantidad de alternativas que ofrecen desde su página web con la finalidad de alentar a tener una serie de actividades sanas en el hogar entre los cónyuges y los hijos. Incluso, últimamente presentan conferencias en las plataformas digitales con sesiones para preguntas y respuestas a cargo de orientadores familiares, y psicólogos. Realmente es un esfuerzo encomiable para ayudar a millones de familias.

Muchos otros expertos dan conferencias virtuales sobre las virtudes para vivir conjuntamente en el seno del hogar ante esta crítica situación, como: paciencia, serenidad, aprovechamiento del tiempo, espíritu de trabajo o laboriosidad; practicar con los hijos diversos juegos o entretenimientos; hay personas que se han propuesto aprender un idioma “on line”, o bien tomar cursos de actualización en sus respectivas especialidades profesionales, etc.

Me parece que una actitud sana es pensar en el “hoy y ahora” qué actividad voy a realizar y aprender a gozar del momento presente, aún de las cosas más sencillas de la vida. Y así planear toda la semana de manera que la vida esté llena de constructivas ilusiones.

Hoy en la mañana me encontré con un amigo que me preguntaba: “¿Cuándo acabará esta maldita pandemia?” Le hacía ver que nada se gana con mantener una actitud negativa, de desesperación, de ansiedad y menos transmitirla de esa forma a sus seres queridos.

Otras virtudes que son clave para mantener “la mente sana en cuerpo sano” –sin dejar de tener los pies bien puestos en la tierra- son: conservar la alegría, la visión positiva de la situación circundante; ser realistas pero sin dramatizar y el buen humor. En suma, como decía aquella popular sección fija de la revista “Selecciones del Reader’s Digest” “La risa es un remedio infalible”. Porque esa actitud ayuda a redimensionar los problemas.

La valentía de Jackie Robinson, primer afroamericano en ligas mayores

El inolvidable atleta Jesse Owens (1913-1980) compitió en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936. En ese entonces, al frente del gobierno alemán, se encontraba el Fuhrer, Adolfo Hitler. Era la época del apogeo del nacionalsocialismo. Y absolutamente todas las manifestaciones culturales, artísticas, deportivas, de los avances y progresos socioeconómicos eran encauzados para la difusión de la propaganda nazi, dirigida por Joseph Goebbels y secundada por Hitler.

Era de todos conocido el odio de los nazis hacia los judíos, los hispanos y los afroamericanos.

Así que cuando se presentó Jesse Owens en las pistas olímpicas fue clamorosamente abucheado, haciendo escario del color de su piel. Hitler estaba muy convencido de la superioridad de la raza aria y que sus atletas barrerían todos los logros –anteriormente conseguidos- de Owens.

La sorpresa mayúscula fue que Jesse Owens ganó 4 medallas olímpicas de oro: 100 y 200 metros planos, salto de longitud y la carrera de relevos de 4×100 metros. Supuso tan gran disgusto para Hitler que no soportó esa derrota -.que él la interpretó como una humillación- y prefirió abandonar el gigantesco estadio olímpico de Berlín ante el desconcierto de miles de espectadores.

En Estados Unidos, ocurría algo similar. Los deportes eran dominio de los de raza blanca y los afroamericanos eran excluidos por una absurda discriminación racial. Concretamente en el béisbol, era impensable que formaran parte de las Ligas Mayores.

Pero hubo un valiente jugador Jackie Robinson (1919-1972) quien poseía destacadas facultades para este deporte. Desde los años cuarenta “tocó puertas” para que se le permitiera ingresar en un equipo, pero automáticamente le era denegada su petición.

Una anécdota nos muestra su temple y su carácter. Por esos años ingresó a las fuerzas armadas en la Segunda Guerra Mundial. Cuando un afroamericano subía a un autobús obligatoriamente debía de sentarse en la parte trasera. Pero Jackie se negó. Fue llevado a una corte marcial y se le absolvió de sus cargos. Al término de la conflagración abandonó el ejército con honores.

Pero hubo un manager de los Dodgers, Branch Rickey, que se decidió a contratar a Robinson al observar su valía profesional. Le advirtió a Jackie que la pasaría mal desde un principio y que le aconsejaba que controlara sus pasiones y temperamento ante un ambiente hostil, agresivo, violento y brutalmente ofensivo. Pero Jackie, a pesar de todo, tuvo un desempeño brillante bateando y jugando la primera base.

El 15 de abril de 1947 participó en la Grandes Ligas, la segregación racial quedó superada y anotó la carrera ganadora de la Serie.

No obstante, de ser un magnífico deportista, le gritaban frases hirientes y racistas; recibía cartas con amenazas de muerte; los mismos pitchers malintencionadamente le lanzaban las bolas a la cabeza y a las piernas; algunos catchers le escupían en sus zapatos, pero Jackie mantuvo siempre el control y “la cabeza fría”.

Por soportar en silencio todas esas graves ofensas –poco a poco- se fue ganando el respeto de todos sus compañeros, de los equipos contrincantes y del público en general. ¿Cuál fue el resultado? Fue nombrado el Novato del Año.

En 1949 fue elegido como “El Jugador más Valioso” con un promedio de bateo por encima de .342, 124 Home Runs e impulsando 122 carreras. Un dato asombroso fue que en 19 ocasiones se “robó” el home.

Es edificante el pensamiento que Jackie Robinson tenía sobre su actitud tranquila y serena, de no responder “agresión por agresión”. A menudo comentaba: “Estoy abriendo una brecha nueva. Pienso en los miles y miles de atletas afroamericanos que vendrán –con libertad- a destacar en multitud de actividades deportivas en todo Estados Unidos.

Después de su retiro del béisbol, se dedicó a luchar contra la segregación racial, a favor de los Derechos Civiles y trabó amistad con Martin Luther King, así como Dwight Eisenhower y John F. Kennedy. Se esforzó por conseguirles becas a jóvenes de escasos recursos y consiguió fondos para que tuvieran los afroamericanos una vivienda digna.

Se han escrito libros y filmado películas biográficas sobre esta gran figura por ejemplo, en 2013 se estrenó la película “42”.

El 15 de abril ha sido declarado en Estados Unidos como “el Jackie Robinson Day”, la gran leyenda del béisbol en las ligas mayores.

Ahora que comienza un nuevo año tan especial

Ciertamente en este 2021, todos los ciudadanos de la tierra tenemos la esperanza de que con las nuevas vacunas contra el COVID ceda esta terrible pandemia. Es el anhelo común de millones y millones de seres humanos en los cinco continentes.

Pero me pregunto si con obtener la salud del planeta es suficiente. Porque desde el punto de vista en la conducta humana no han ocurrido cambios substanciales.

Una de las canciones más emblemáticas de los años sesenta compuesta por el músico y poeta Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura en 2016, se titula “La Respuesta está en el Viento”. En ella filosofa sobre la situación del mundo actual.

Aunque fue compuesta en 1962, a casi 60 años después, siguen siendo válidos los conceptos vertidos en sus reflexiones. Porque también ahora vivimos tiempos de guerras, de crisis, de discriminación racial, de persecución religiosa, de enfrentamientos sociales, de violencia llevaba al extremo, de indiferencia entre las personas y el desamor.

El poeta de nuestro tiempo trae a consideración la urgencia de replantearnos soluciones de paz, de diálogo entre las naciones, entre los hombres; de pensar en los modos pacíficos para evitar las guerras; de cómo podemos tener más entrañas de misericordia hacia nuestros semejantes; de que toda persona goce plenamente su libertad sin coacciones que lo esclavicen ni lo etiqueten negativamente.

Para ello resulta fundamental preguntarse “¿qué es el hombre? ¿cuál es su destino y su trascendencia? ¿cuáles son los valores permanentes que han cimentado nuestra civilización actual?”

“¿Por qué es tan importante promover la paz y la concordia entre los pueblos? ¿Y que del mismo modo exista una apertura franca, leal y noble que conduzca hacia un fructífero diálogo para llegar a acuerdos y enriquecedoras conclusiones?

Para ello hemos de recorrer muchos caminos en busca de soluciones como esas gaviotas que vuelan por el azul del cielo tras recorrer largas distancias entre los mares hasta encontrar un lugar seguro en la arena dónde reposar.

Y el Nobel de Literatura se pregunta: “¿Cuántas veces las balas de cañón deberán aún volar / antes de que sean prohibidas para siempre?” Y se responde: “La Respuesta mi amigo está flotando en el viento” (es decir, está al alcance de todos, basta con que queramos poner por obra la solución).

“¿Cuántos años cierta clase de personas tendrán que existir / antes de que se les permita ser libres?” Porque es evidente que la discriminación racial, socioeconómica y de la libertad religiosa continúan, lo mismo el mal trato a las mujeres, a los discapacitados y esa moderna esclavitud que es una verdadera plaga de nuestra época como es “la trata de personas”.

Y el poeta continúa meditando: “¿Cuántas veces puede un hombre voltear su cabeza hacia otro lado, fingiendo que simplemente no ha vio nada?” Porque la hambruna se ha agudizado y los que carecen hasta de lo fundamental se han multiplicado en medio de esta pandemia; existe mayor desempleo y se ha quebrantado la economía; están los miles de enfermos que solicitan sus medicinas; los tristes que requieren ser consolados porque han perdido a seres queridos y necesitan palabras de aliento y consuelo.

Hay quienes no tienen una vivienda digna, que pasan frío en invierno, ancianos y huérfanos que viven en desamparo y están esperando nuestra mano amiga y fraterna. La Respuesta depende de nosotros, de nuestra generosidad.

El Premio Nobel insiste que el gran problema de la humanidad radica en la indiferencia, en el cerrar los ojos a la realidad dolorosa, pero que conjuntamente hemos de buscar soluciones de fondo, permanentes y mover a muchas otras personas a ser generosas también.

Y el poeta Dylan se plantea el sentido trascendente de la existencia humana, cuando escribe: “¿Cuántas veces debe un hombre mirar hacia el firmamento / antes de que pueda ver el Cielo?”

“¿Cuántos oídos debe tener un hombre / hasta que escuche a la gente llorar?” Porque es una realidad con ese dolor humano con el que nos topamos día con día y hemos de cultivar la suficiente sensibilidad para adelantarnos a servir a los demás y socorrerlos en sus necesidades materiales y espirituales.

Un cuestionamiento de Bob Dylan que me impresionó desde la primera vez que escuché esta melodía fue cuando escribió: “¿Cuántos fallecimientos tendrás que presenciar / hasta persuadirte que todas las personas habremos de morir?” En medio de la sociedad materialista y hedonista como la de los Estados Unidos estaba mal visto o era considerada una falta de educación hablar de la muerte, pero el poeta afronta directamente y sin rodeos esta vital cuestión.

Y concluye con “La Respuesta, mi amigo, está al alcance de tu mano; flota en el viento”. En otras palabras, tú puedes ser el detonador de esa transformación tan esperada.

Me parece que con estas consideraciones del Premio Nobel de Literatura nos da material para meditar y reflexionar acerca de este año 2021 que comienza.

El Nacimiento, la filantropía, el arte y el amor a Dios

“Yo soy católica, yo soy inmortal; mío es el imperio de las siglos, el monopolio de las verdaderas virtudes; mía es la victoria sobre el paganismo; he aquí lo que nos dice la Iglesia por medio de las pinturas y de los ornamentos de los templos” Abate J. Gaume

Hace un par de años al subir a un autobús me lleve una grata sorpresa al ver que el chofer de la unidad había colocado en gran parte del tablero nada más y nada menos que el Nacimiento y un pequeño arbolito con esferas. Aunque modesto, denotaba el esmero con que había sido preparado: con musgo y papel se daba la apariencia de acantilado del cual bajaba un riachuelo por un costado y rodeaba el Nacimiento. Pequeñas figurillas de barro, no faltaba nadie: el Niño Dios, la Virgen María, San José, el Ángel, los Reyes Magos, los pastorcillos, un pozo, ovejas, y demás animalillos.

En esos mismos días el diario español El País publicaba una nota en que decía “La Navidad es una bella y tierna leyenda…” cuyo contenido ponía en duda el que hubiera nacido el 24 de diciembre, en un pesebre, en Belén; tocando temas tales como si estaba casado, a quién se le apareció primero, si era culto, si doblego al poder, etcétera. En todo momento hablaba de leyendas, teorías e hipótesis, gnosticismo y sectas. Uno de los tantos artículos nefastos que podemos hallar en internet, ofensivos hasta el tuétano, pero con el que muchos estarían de acuerdo pues han desligado la Natividad de todo sentido cristiano.

Parece no importar si colocamos el Nacimiento o no, si lo ponemos con figuras de cartón, de fierro doblado, de plástico, porque “lo hacemos con el corazón” y nos escudamos en ello para darle a Dios lo que nos viene en gana. La cuestión económica no es argumento válido cuando no pocas familias en situación muy difícil se esmeran al colocar el Nacimiento en su hogar con figurillas de barro, musgo, heno, luces. No somos estultos, sabemos apreciar cuando algo ha sido realizado con sencillez y esmero; una imagen, un vitral, una pintura, una representación del Nacimiento ayudan a la piedad y a acercarnos más a Dios.

Para disculpar el hecho de hacer mal las cosas, se dice por ejemplo, que mientras debatimos sobre el Nacimiento colocado este año en el Vaticano, varios migrantes mueren ahogados; hay sacerdotes a los que les insulta que mientras hay miseria en el mundo, demos la atención y cuidado a las cosas de Dios en nuestras iglesias: cálices, copones, custodias, patenas, el adorno del altar, la hora santa, las procesiones, el arrodillarnos en la recepción de la Sagrada Comunión, etcétera. Habría que recordarles la vida de los santos que, no solo veían las necesidades materiales de aquellos a quienes evangelizaban sino ante todo las necesidades espirituales. En la Iglesia Católica todo es jerarquía y los santos lo tenían claro: la salvación de las almas por amor a Dios.

Mientras diarios de alcance internacional publican artículos nauseabundos respecto a la Navidad, respecto a la vida y obra de Nuestro Señor Jesucristo; mientras sacerdotes piensan y se comportan como filántropos, un humilde chofer de autobús es más consciente de honrar a Nuestro Señor, porque al lleva a cabo su trabajo sirviendo a los demás, se encomienda a Dios y además evangeliza con su pequeño Nacimiento. Es menester que entendamos lo que decía el Santo Cura de Ars: “Todas las buenas obras juntas no equivalen al sacrificio de la Misa, porque son obras de los hombres, mientras que la santa Misa es obra de Dios”.

Se ha de amar a Dios antes que al prójimo, en caso contrario tendemos a ser filántropos en lugar de ejercer la caridad cristiana. Dios y las cosas de Dios están antes que el prójimo sin que ello sea en absoluto un desprecio a nuestros semejantes, antes bien amando primero a Dios sobre todas las cosas, amaremos al prójimo como Él lo pide. Siempre cultive usted el hábito de ser delicado con las cosas de Dios y darle su debida importancia; cada detalle contribuye a la evangelización y a recordarnos que nuestro Salvador ha llegado. Mientras un diario internacional no tiene empacho en vomitar mil cosas, ¿por qué usted habría de rehusarse a honrar a Dios en su día a día?

El mejor arte debe estar al servicio de la evangelización. Una imagen delicada y detalladamente hecha puede cautivar el interés de un niño o un adulto y ayudar a la piedad cristiana. Me enseñaron que para Dios es todo lo mejor. Y eso va desde el arreglo del altar, la custodia, los cantos, la liturgia, las procesiones, hasta las ilustraciones de un pequeño catecismo o la representación del Nacimiento. Porque todo ello tiene un impacto en el alma. En esto no cabe aquello de «Lo que importa es la intención» porque el sentido común nos impele a entregarle a Dios todo lo que tenemos y de la forma más perfecta que podamos.

Le deseo una Feliz y Santa Navidad

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