En la pandemia: Películas para cargarse de optimismo

Las películas con valores resultan ser un poderoso vehículo para transmitir ideas e invitan a reflexionar sobre temas profundos. Adjunto algunas de ellas a modo de ejemplo.

1.Bella- Eduardo Verástegui, Tammy Blanchard, Manny Pérez, Angélica Aragón.

2. El Estudiante- Jorge Lavat.

3. Mente Brillante – Russel Crowe.

4. Tierra de Sombras- Anthony Hopkins (biografía de C. S. Lewis).

5. El Festín de Babette- Stéphane Audran, Bodil Kjer and Birgit Federspiel..

6. El Discurso del Rey- Colin Firth, Geoffry Rush. 

7. Al frente de la Clase -Jimmy Walk Treat Williams.

8. El Doctor- Willliam Hurt, Elizabeth Perkins.

9. Manos milagrosas- C. Gooding Jr. 

10. Mis tardes-Margueritte Gerard Depardieu.

11. De Dioses y de Hombres-Lambert Wilson. 

12. La última Cima- Pablo Domínguez.

13. A prueba de fuego, Kirk Cameron, Erin Bethea 

14. El Jardín Secreto. Kate Maberly, Heydon Prowse, Andrew Knott, Maggie Smith.

15. Perfume de Mujer – Al Pacino. 

16. El Salario del Miedo-. Ives Montand. 

17. Las Cronicas de Narnia, El León La Bruja y el Ropero-William Moseley, Anna Popplewell, Skandar Keynes and Georgie Henley.

18. Sueños de Abril-Miranda Richarson, Joan Plowrigth, Polly Walker, Alfred Molina, Jossie Lawrence.

19. Carros de Fuego- Ben Cross, Ian Chaleson, Ian Holm..

20. Ella y el Candidato-Rocio Vedeja, Damayanti Quintanar, Héctor Arredondo, Jorge Lavat..

21. El Violinista- Tang Yun Liu Peiui. 

22. Mente Indomable- Robin Williams, Matt Damon.

23. Las Bordadoras-Lola Naymark, Ariane Ascaride, Thomas Laroppe, Jackie Berroyer, Marie Félix

24. Cinema Paradiso-Guissepe Tornatore, Phillip Noiret.

25.. La sociedad de los Poetas Muertos- Robin Williams.

26. Casablanca- Humprey Borgard, Ingrid Bergman.

27. Reto Valientes. Alex Kendrick Ken Bevel.

28. Amigos- François Cluzet Omarzy. 

29. Los Coristas -Gerard Jugnot..

30. La Cristíada-Peter O´Toole, Andy García, Eduardo Verástegui.

31. El Inglés que subió la colina y bajo la montaña-Hugh Grant.

32. El chófer de la señora Daisy- Morgan Freeman Jessica Tandy .

33. Con ganas de triunfar-Edward James Olmos, Andy García.

34. Apóyate en mí-Morgan Freeman.

35. El Hombre de dos Reinos-Paul Scofield, Orson Wells (Ganadora de 6 Óscares).

36. Cyrano de Bergerac-Gerad Depardieiu, Anne Brochet.

37. Un Sueño Posible -Sandra Bullock..

38.. Sol de Media Noche-Mikail Barishnikov Gregory Hines 

39.Muerte en el Nilo-Peter Ustinov David Niven, Bette Davis, Angela Landsbury.

40. Nanny-McPhee Colin, Ema Thompson, Angela Landsbury.

41. El Camino del Guerrero- Nick Nolte Ryoko.

42. El Detective-Alec Guiness. 

43.. Profesor- Lazhar Mohamed, Fellag Sophie Nélisse.

Un amor para recordar…

Hace unos años, me ponderaban lo maravilloso de la película “Diario de una pasión”; cómo era que unos jóvenes de diferentes clases sociales se habían enamorado; cómo habían superado tantas cosas y al final estar juntos hasta la ancianidad. Era el ejemplo de que el “amor real” existe, o bien, con el que muchas mujeres sueñan: pasión, diversión, dolor,… que se transformó en peleas, golpes, celos, promiscuidad, infidelidad.

La pregunta obligada es ¿realmente alguien querría algo así en su vida?

Mi respuesta a tal ejemplo fue recomendar la película “Un amor para recordar” protagonizada por Mandy Moore y Shawn West: Jamie es una estudiante sobresaliente, alegre, que viste con largos vestidos, ayuda a otros con tutorías, es servicial; escribió para el anuario escolar que deseaba presenciar un milagro, siendo esto último parte de un listado de cosas que deseaba hacer antes de morir. Landon es el típico galán popular de la escuela, fanfarrón y abusivo. Debido a su participación en una obra teatral, inician a duras penas una amistad que más tarde se transforma en amor.

¿Cuál es la novedad? ¿Qué puede ser interesante? Jamie ama los libros, más no vive encerrada en una biblioteca; posee un carácter apacible y alta autoestima; tiene una seguridad que muchas chicas de preparatoria invidiarían; su rostro y sonrisa irradian una belleza genuina. Sus estándares son altos en todos los aspectos, así que cuando entra en contacto con el rebelde Landon, ella jamás los abarata para agradarle; al contrario, es él quien eleva los propios al querer su amistad y más tarde su amor. He aquí que comenzará la dura transformación del muchacho.

Landon comienza a ayudar a otros, aprende a disculparse y se aleja de amigos que no le hacen bien. Admite que se ha equivocado; para salir con Jamie hace las cosas apropiadamente: pide permiso a su padre y la lleva a cenar a un lugar decente. Jamás intenta sobrepasarse, ni le propone nada deshonesto. Le ayuda a hacer realidad parte de su listado de cosas qué hacer. Después de tiempo y una dolorosa noticia, le propone matrimonio y se casan.  Toda esa trama fue el centro de aquella conversación: cuando la mujer se da a respetar, el hombre que desee estar con ella, deberá ordenarse para merecerla o tendrá que alejarse.

Esto jamás sucedió con Noah y Allie en “Diario de una pasión”, puesto que salen a hurtadillas y ella aceptaba el trato vulgar con tintes de “diversión” que él le dá y así es su relación; con muestras de pasión desbordada, viven en una montaña rusa, llena de altibajos emocionales, con gritos y hasta golpes. En un reencuentro, acaban teniendo relaciones sexuales, él es promiscuo y ella infiel a su prometido. Todo esto fue presentado al cinéfilo cómo “amor”.

Allie al tener estándares bajos, propicia que Noah tenga acceso a ella. No espero hasta el matrimonio, así que tomo un anticipo; no fue caballero en modo alguno y no le interesó proteger la castidad de la mujer que decía amar. No tiene nada que ver la clase social, sino el amor verdadero y el respeto. No tiene qué ver la cuna sino la forma en que vivimos y cuánto nos respetamos; ahí radica gran parte del éxito o fracaso de las relaciones humanas que sostenemos a lo largo de nuestras vidas.

No es raro pensar que ya no hay caballeros; creo sinceramente que además de la siempre importante formación moral en la familia, los hombres deben tener un ideal por el cual luchar y elevarse en todo sentido, así que la mujer ha de mostrárselo, comportándose de acuerdo al tipo de hombre que quiera en su vida. Si se comporta como Allie, es probable que el tipo sea divertido pero no un hombre respetable; si se comporta como Jamie, muchos se irán es cierto, pero quedará aquel que la respete y la ame. Lo mismo sucede a la inversa.

Desde luego el hombre que es realmente caballero, no solo respetará a la mujer que tiene estándares altos y se ama a sí misma; también lo será –muy particularmente- con aquellas mujeres que no saben respetarse a sí mismas, accediendo a tener relaciones sexuales si sus novios se lo piden o vistiendo de manera poco decorosa, entre otras cosas. Y si ellas no aprecian el gesto, solo alejarse, pero jamás aprovecharse. ¿Cuántas veces no hemos escuchado a hombres que se tenían a sí mismos por “caballeros”, decir “ella quería”? Absurda disculpa para salir bien librados de una mala relación, habiendo obtenido lo que querían.

Suele pensarse que el amor cuando es real debe doler, incluso herir, debe ser tumultuoso y apasionado, o de lo contrario no es amor. Ese concepto tan equivocado debe erradicarse, porque puede llevar a muchos a vivir relaciones verdaderamente tormentosas, donde el amor y el respeto es lo único que no existe.

“Un amor para recordar” puede parecerle una película básica a muchos, no obstante muestra que la amistad y el amor, al ser ordenados en Dios, pueden transformar para bien la vida de las personas. Inclúyala en su vídeoteca familiar, vale mucho la pena…

Charles Dickens: pionero de la novela de denuncia social

Quizá pocos sepan que el escritor inglés, Charles Dickens, fue el pionero de la novela de denuncia social. Nació en 1812 y falleció en 1870. Pertenecía a la clase media, pero su padre gastaba mucho más de lo que ganaba. En un principio, le embargaron sus bienes, pero llegó el momento en que era tal el cúmulo de sus deudas, que se le condenó a la cárcel. Pero en Inglaterra se acostumbraba               que toda la familia debería también de acompañar al preso a la misma celda de la cárcel. Sólo el pequeño Charles fue dejado en libertad debido a que trabajaba en una fábrica de grasa para calzado.

Para Dickens fue una inolvidable experiencia el sentir en carne propia la explotación laboral de niños y mujeres que trabajaban de sol a sol, sin ningún tipo de seguro médico ni pensión laboral, con despidos injustificados. No había consideración alguna para las mujeres embrazadas. Recibían la mísera paga de unas cuantas monedas, un poco de pan y café. Trabajaban en lugares insalubres, oscuros y, además, hacinados en espacios demasiado reducidos. Nadie podía abandonar esos oficios porque se encontraban bajo un régimen de esclavitud. En la novela “Oliver Twist” leemos cómo el protagonista huye y es perseguido para que regrese a su trabajo. Así que no le queda más remedio que unirse a una pandilla de niños ladrones comandados por un viejo corrupto y un ladrón asesino. A Charles Dickens le tocó vivir buena parte de era de la Reina Victoria y de la Revolución Industrial en las que estas situaciones eran comunes. 

Gracias a la inesperada herencia de una tía, toda su familia logró salir de la cárcel. A continuación, se trasladaron de Landport (Portsmouth, Gran Bretaña) a Londres.

Pronto este joven decide ser periodista, toma clases de taquigrafía y es contratado para ser cronista en el Parlamento y sus textos fueron publicados en el “Mirror Parlament”.

Por esos años se prometió a sí mismo: “Jamás volveré a pasar hambre ni penurias”. Reconocía que la obra que más admiraba era “Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes Saavedra. Poco tiempo después se casó con Catherine Thompson Hogarth con quien procreó diez hijos.

Debido a que realizó tan sobresalientes crónicas en el Parlamento, el director del “Mailing Magazine”, se fijó en él y valoró su gran espíritu de observación, así como su fina y aguda ironía. Le propuso que escribiera crónicas de la ciudad, de distintos barrios, de sus parques, de los mercados, de las tabernas; de cómo se vestían, hablaban y se comportaban las personas ricas y las pobres. En un principio escribió bajo el seudónimo de “Boz” para que no fuera confundido con sus crónicas del Parlamento. Sus breves relatos citadinos tuvieron un éxito arrollador, al punto que eran esperados semanalmente con enorme interés por los lectores. El director del periódico le ofreció realizar una compilación y publicarlos en forma de libro en 1836 y titulado “The Sketches by Boz”.  A partir de ese año se revelaba Dickens como novelista.

En 1836 publicó la obra humorística “Los Papeles Póstumos del Club de Pickwick”, que alcanzó gran celebridad por sus juegos de palabras, ironías, giros inesperados y con chispeante alegría. En 1837 publicó una novela sobre la vida de un niño huérfano, “Oliver Twist” con rasgos autobiográficos y que pronto alcanzó un tiraje de 20,000 ejemplares. En 1841 publicó “Tienda de Antiguedades” y, en 1843, dio a conocer su inmortal obra, “Cuento de Navidad”, con su inolvidable personaje Scrooge, avaro y egoísta que conmovió a toda Gran Bretaña. Y, en la actualidad, continúa impactando a los lectores del mundo entero. Es una obra clásica que se recuerda cada Navidad.

A lo largo y a lo ancho de toda su obra literaria, Dickens se declaró enemigo de la pena de muerte y denunció numerosos abusos e injusticias sociales que observaba en su entorno y los describía con un realismo impresionante. Pero siempre dejando mensajes positivos acerca de cómo resolver esas diferencias socioeconómicas.

En 1849 publica “David Copperfield”, también de rasgos autobiográficos y para numerosos críticos es considerada su mejor obra. En poco tiempo logró vender 100,000 ejemplares. Hay lectores que confiesan que esta obra la leen por lo menos una vez al año, junto con “El Quijote de la Mancha”.

En 1853 publica “Tiempos Difíciles”. También viaja a Paris donde conoce a Alejandro Dumas y, a la entonces joven promesa del mundo de las letras, Julio Verne.

En 1860 entabló una gran amistad con el escritor de misterio del siglo XIX inglés, Wilkie Collins                -autor de “La Dama de Blanco”, entre otras muchas obras- quienes mutuamente se ejercieron una positiva influencia en sus creaciones literarias. Fruto de esa gran amistad, Dickens publicó “Historia de Dos Ciudades” y “Grandes Esperanzas”.

En 1867 realizó su segundo viaje a los Estados Unidos y se llevó una gran alegría al comprobar que a raíz de la victoria del Presidente Abraham Lincoln durante la Guerra de Secesión, se fortaleció el gobierno federal, se modernizó la economía y, sobre todo, fue abolida la esclavitud de las personas afroamericanas con notables imperfecciones, aunque sus plenos derechos no los obtendrían sino hasta el siglo XX.

Sorpresivamente, en junio de 1870 falleció. Un mes antes, había sido recibido por la Reina Victoria y ella le confesó que era una profunda admiradora de sus obras literarias y no se resistió a preguntarle cómo fue que alcanzó tal notoriedad como novelista y periodista, sin haber pasado por las aulas universitarias. Dickens le respondió con sencillez que con ese talento se nace y se cultivan cuando se tienen grandes ideales en la vida.

León Tolstói y Fiódor Dostoyevski consideraban a Carles Dickens como a un autor cristiano, no tanto porque practicara mucho su religión, sino por las soluciones que aportaba a las tramas de sus novelas.

Una opinión unánime de los críticos literarios es que Dickens hizo más por los pobres, por los marginados debido a sus claras y valientes posturas en contra de la esclavitud laboral y racial; por sus denuncias ante las injusticias y tremendas diferencias socioeconómicas en la sociedad inglesa; por su permanente oposición a la pena de muerte, etc., de tal modo que su benéfica influencia ayudó a tomar conciencia nacional para que en el Parlamento , tanto en el siglo XIX como en el XX, se aprobaran leyes para resolver estas severas problemáticas.

Si quieres, puedes ser feliz

“Editorial Panorama” ha publicado un libro de mi autoría, titulado: “Si quieres, puedes ser feliz” que me parece que viene muy bien para estos tiempos de pandemia en que muchas personas se encuentras desesperadas, pesimistas, sin paz interior; en un permanente estado de desconcierto o mal humor ante esta excepcional situación que estamos viviendo en los cinco continentes.

Para conservar la salud mental es recomendable: 1) Aprovechar bien el tiempo y tener la mente ocupada en asuntos constructivos. Tengo amigos que dedican a impartir  clases o conferencias virtuales para su universidad o bachillerato, o bien, sobre humanidades o temas de empresa; 2) otros se han dado a la tarea de tomar cursos de computación o de otras áreas del saber on line, de intensificar sus conocimientos de inglés, de leer clásicos de la literatura universal,  biografías de grandes personajes de la historia; 3) algunos se han centrado en convivir mejor con su esposa e hijos –sin dejar su trabajo habitual vía virtual- y reconocen que los tenían un tanto abandonados en tiempos de actividades normales. Comentan que es una buena ocasión para poner orden material en toda su casa; 5) Desde luego, es también un tiempo para mantener o incrementar el trato con los familiares, las amistades y conocidos de la escuela o universidad que, a través de las redes sociales, se pueden volver a contactar de modo eficaz.

Ante estas circunstancias resulta fundamental el pensar en positivo porque de nada sirve angustiarse o sobredimensionar los hechos objetivos. La cuestión es mantener el buen ánimo, la serenidad, la alegría y transmitirla a nuestros seres queridos y a quienes nos rodean. El escritor Romano Guardini afirmaba que para mantener la paz, la armonía y el equilibro interior, las personas “deberían de ser aceptarse a sí mismas, aceptar a los demás como son (y no como nos gustaría que fueran) y aceptar lo que ocurre en el entorno social”. A Guardini le tocó vivir de cerca la Segunda Guerra Mundial con todo tipo de privaciones y sufrimientos. Y esa filosofía de vida le ayudó en forma considerable.

Muchas personas se han preguntado en estos meses de cuarentena, ¿cuál es le verdadero sentido de la vida? ¿cómo se consigue la felicidad? ¿Está acaso en el sexo?, ¿en el dinero?, ¿en el poder?, ¿en los placeres o bienes materiales? Conviene recordar que las personas somos seres abiertos a la trascendencia. Nuestro destino no concluye aquí en la tierra. Teniendo claro este punto de partida, se llegan a otros temas fundamentales.

Relacionado con estos cuestionamientos, en otro apartado de mi libro analizo: ¿Cuáles son las características de una personalidad centrada y equilibrada?  Y enumero: 1) La objetividad; 2) la autonomía e independencia para valerse por sí misma;

3) la capacidad de amar y darse generosamente a la persona amada y a los demás;

4) Tener sentido de la responsabilidad;

5) Poseer una visión amplia, es decir, considerar en forma panorámica la vida y a los demás. Engloba las metas trazadas en el campo profesional, familiar, personal, religioso, económico, político, estético, etc.

6) Tener sentido ético, capaz de distinguir acertadamente entre el bien y el mal. No relativizar los hechos que le ocurran a la persona ni caer en el subjetivismo cómodo y de mera conveniencia y mantenerse coherente con los valores a lo largo de toda la existencia.

7) Capacidad de reflexión. En una sociedad que se mueve vertiginosamente y con demasiadas prisas como la nuestra, conviene tener momentos de calma para meditar sobre nuestros propios actos (introspección), sacar consecuencias y corregir el rumbo, si hace falta.

8) Sentido de humor. Es la chispa de la vida sana para aprender a ver los problemas con cierta distancia; no perder la alegría ni el entusiasmo y, en ocasiones, cuando sea necesario, aprender a reírnos de nosotros mismos. Es decir, tener la saludable actitud de aprender a desdramatizar los hechos y situarlos en su justa dimensión.

9) Capacidad de entablar amistades profundas y duraderas. No hay mayor alegría que tener muchos amigos y cultivar esas amistades por toda la vida. ¡Cómo se disfrutan esos encuentros cuando los viejos amigos se reúnen y recuerdan divertidas anécdotas de la infancia, la adolescencia o episodios de la vida pasada!

10) Seguridad y flexibilidad. Por una parte, es importante ser congruente con los ideales planeados y tener firmes convicciones. Pero a la vez, no se puede caer en el inmovilismo y resistirse a cualquier cambio. Porque vivir supone incorporarse un torrente de cambios –más en nuestro tiempo- por ello hay que estar vigilantes y luchar contra esa tendencia de la rigidez mental.

11) Manejo de la frustración. No hay persona que no cometa errores o equivocaciones. Todos, sin excepción, somos seres imperfectos. Hay quienes “se hunden” ante sus propios fracasos, pequeños o grandes. Pero hay que aprender que de cada caída o error siempre se puede aprender algo positivo. Los modernos pedagogos y pensadores de recursos humanos en las empresas animan al personal a transformar esas limitaciones y visualizarlas como “retos”, “desafíos” o “áreas de oportunidad”. Y considerar el lado positivo o de aprendizaje que entraña alguna problemática concreta.

12) Manejarse por objetivos. Si no hay una guía clara en la vida es como un barco sin brújula que fácilmente se pierde en el inmenso mar y casi seguro no llegará a buen puerto. En definitiva, la integración de la personalidad madura abarca múltiples aspectos, pero podemos afirmar que toma en cuenta tanto lo humano como lo espiritual, debido a que tiene una visión trascendente de la existencia humana.

George Orwell y sus profecías sobre los regímenes totalitarismos

El escritor George Orwell (1903-1950) fue un periodista y escritor inglés de la primera mitad del siglo pasado. Ha sido un autor célebre, sobre todo, por dos de sus obras: “Rebelión en la Granja” (1945) y “1984” (1949).

Su biografía ha sido azarosa y cambiante. Tenía mucha sensibilidad por las cuestiones sociales. En un principio apoyó a los movimientos de izquierda. Posteriormente, junto con otros muchos intelectuales, artistas y periodistas se unió a las “Brigadas Internacionales” cuando estalló la Guerra Civil Española (1936-1939) para apoyar la causa de la república. Por esos años escribió “Homenaje a Cataluña” (1938) haciendo una alabanza del anarquismo español, que se caracterizaba –entre otros muchos aspectos- por cometer actos terroristas por toda la geografía del territorio nacional.

Pero pronto se percató que los dirigentes de la república española, habiendo comenzado con un socialismo moderado, paulatinamente se fueron radicalizando y se vieron arrollados por el marxismo-leninismo de José Stalin, quien desde el Kremlin (Moscú) dictaba órdenes al Partido Comunista Español.

Como buen analista político fue desentrañando el modo cómo se manipulaban a los medios de comunicación y, a través de ellos, se difundían numerosas y graves mentiras. Dicho en otras palabras, tanto los discursos políticos, las manifestaciones multitudinarias, así como los medios masivos se utilizaban como mera propaganda para engañar al pueblo.

Este escritor, en un principio, se resistía interiormente a aceptar este hecho y en comprender de fondo cómo se instrumentalizaban periódicos, libros, revistas, posters, panfletos, programas de radio, etc. con una finalidad perfectamente planeada y dirigida hacia una supuesta “búsqueda del bien de causas populares”. Así que Orwell, ya convencido de la manipulación colectiva, cambió de giro y comenzó trabajar publicando sus escritos en los que delataba estos abusos políticos.

Pero, en 1937, sufrió un grave atentado en Barcelona, el que estuvo a punto de ser asesinado. Orwell asegura que el autor intelectual fue el propio Presidente del Gobierno de la II República, Juan Negrín, el llamado “Lenin Español” –quien gobernó de 1937 a 1939-. Ese suceso le cambió su visión de la política y de los grupos socialistas y marxistas. De inmediato, salió huyendo hacia Gran Bretaña.

Desde este hecho se dedicó a denunciar a los gobiernos totalitarios, como el de la Alemania nazi de Adolfo Hitler, el de la Italia de Benito Mussolini y la dictadura de José Stalin de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.).

De esta manera, de ser un simpatizante de los gobiernos de izquierda, a través de su aguda pluma, pasó convertirse en una voz de denuncia contra los gobiernos totalitarios y manifestó su postura en favor de la democracia. Afirmaba que el gobierno de Stalin representaba una permanente amenaza en contra de las libertades de los países de Occidente. Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) trabajó para la “BBC” de Londres y el periódico “Tribune”. Por esos años redactó su obra “Diarios de Guerra” (1940-1942).

“Rebelión en la Granja” (1945) es una novela satírica, una fábula mordaz sobre el régimen de José Stalin quien corrompe las ideas originales de seguir el pensamiento de Karl Marx, de Friedrich Engels y de Vladimir Lenin hasta imponer un gobierno dictatorial, conocido como el “estalinismo”, con un enorme culto hacia su persona.

El argumento se centra en que un grupo de animales de una granja se rebelan contra unos dueños humanos déspotas. Los expulsan, pero en poco tiempo, la granja se convierte en un gobierno mucho peor, con una dictadura inmisericorde y brutal. Se trata de un análisis –sencillo pero profundo- del poder político y los peligros de ceder ante la tentación totalitaria.

En la novela “1984”, este autor muestra las múltiples herramientas que los Estados modernos poseen para ejercer un control absoluto y férreo sobre sus ciudadanos. Aparece “El Gran Hermano”, quien todo lo vigila, lo observa meticulosamente, y si la autoridad suprema considera que algún ciudadano ha atentado contra el régimen es rápidamente castigado con la prisión o con la muerte.

En mi opinión es una obra profética. El protagonista, Winston Smith, aparece como el símbolo de la rebelión frente al «Gran Hermano». Éste se ha llegado a apoderar de la vida y la conciencia de todos sus súbditos, incluso interviniendo en las esferas más íntimas de los sentimientos humanos. Winston es descubierto en su inconformidad contra este sistema de permanente observación policiaca y es conducido a una “clínica psiquiátrica”.

En ella es sometido a diversas torturas mentales. Y concretamente se le advierte amenazadoramente, que se le destruirá y cambiará su personalidad por su actitud rebelde ante el Estado. Concretamente se le dice: «Nunca podrás volver a experimentar el sentimiento humano. Todo habrá muerto en tu interior. Nunca más serás capaz de amar, de cultivar las amistades, de disfrutar de la vida, de reírte, de sentir curiosidad por algo, de tener valor, de ser un hombre íntegro. Estarás hueco. Te vaciaremos de ti y te rellenaremos de ¡nosotros!».

No obstante que la novela “1984” fue publicada en 1949, las amenazas de “El Gran Hermano” contra el personaje Winston Smith -a la vuelta de más de 70 años- todavía resultan estremecedoras. Este tipo de supuestas “clínicas psiquiátricas” contra los disidentes de los diversos regímenes comunistas fueron empleadas por décadas en la U.R.S.S., en algunos países de Europa del Este, en Vietnam, en China, y todavía, se emplean en Cuba y Venezuela. Las palabras de George Orwell han resultado proféticas y, sin duda, el peligro de la tentación totalitaria sigue vigente en nuestros días.

“Ni uno menos”

«La buena educación de los jóvenes es, en verdad, el ministerio más digno, el más noble, el de mayor mérito, el más beneficioso, el más útil, el más necesario, el más natural, el más razonable, el más grato, el más atractivo y el más glorioso» San José de Calasanz

Wei Menzhi es una chiquilla de 13 años que es contratada por el alcalde del pueblo para sustituir durante un mes al maestro de la escuela local. La preocupación de éste es el hecho de que varios alumnos han abandonado las clases; así que la condición que lleva a Wei Menzhi a obtener su empleo y cobrar su sueldo es que no debe haber ni un alumno menos, es decir, ni una sola deserción durante ese mes.

Zhang Huike, uno de los alumnos abandona la escuela para ir a la ciudad en busca de trabajo. Wei Menzhi comienza una ardua labor de búsqueda. Lo que inicialmente le mueve a traerlo de regreso es la promesa de pago si nadie deserta, sin embargo termina siendo la mayor cruzada a su corta edad. Ella y los demás alumnos consiguen empleo de una fábrica de ladrillos, y comienzan a calcular cuántos ladrillos deberán cargar para obtener dinero suficiente y que la maestra pueda comprar el boleto de autobús a la ciudad en busca de Zhang Huike. Una vez en la ciudad, hace carteles e indagaciones sobre el paradero del chico; pasa penurias comiendo sobras e incluso durmiendo en la calle. Va a parar a un canal de televisión, esperando durante días poder hablar con el director y obtener su ayuda para encontrar al chico… hasta que logra ser escuchada, dando un emotivo mensaje.

Ganadora del León de Oro en el Festival de Cine de Venecia en 1999, la película muestra la pobreza extrema en la que viven los niños de un una escuela rural de China; muestra cuán preciadas son las tizas y sobretodo, cuán importante es todavía para ciertos maestros el conservar a los niños en la escuela.

Conmovedora película en la que no hubo actores profesionales, los protagonistas conservaron su nombre real en la producción. No encontrara sobreactuaciones, ni fuegos artificiales o absurdas situaciones inverosímiles muy propias de las producciones de Disney; usted solo hallará los gestos y emociones más naturales y espontáneas de los niños; hallará una impecable banda sonora y un mensaje tan profundo como entrañable.

¿Cuántos maestros han sido capaces de ver en la docencia algo más que un trabajo? ¿Cuántos irían en auxilio de ese alumno que vive una tormenta personal? ¿Cuántas veces hemos sido agradecidos con aquellos maestros que nos han ayudado? ¿Cuántos alumnos que teniendo posibilidades económicas, desaprovechan la escuela y malgastan los recursos de sus padres?

Solemos darle tan poca importancia a la docencia que nos fijamos únicamente en números, en el promedio que obtienen los alumnos, las estadísticas de aprovechamiento, el prestigio de tal o cual colegio. Pocos padres se toman el tiempo de ver a aquel que esta frente al pizarrón, lo que enseña a sus hijos, las ideas que transmite, el esmero o no, con el que desarrolla su clase. Menos todavía quienes le infunden a sus hijos el respeto debido a los maestros. Eso, definitivamente debe cambiar.

Por otro lado, son escasos los docentes que logran tocar profundamente (para bien) la vida de sus alumnos. El día que muchos vuelvan a entender la gran tarea que tienen enfrente, las aulas serán otra vez ese lugar donde se desarrolla el ministerio de mayor mérito como lo decía el padre fundador de los colegios escolapios. Confiemos en que así sea. Puede estar seguro de que el mejor antídoto contra las malas películas que nos invaden por doquier, es frecuentar las buenas producciones. Sírvase usted y disfrute de “Ni uno menos”, una verdadera joya de la cinematografía asiática…

Temple de acero: La historia de Marie Curie

Fortaleza es la capacidad de una persona para tener empuje, constancia, reciedumbre con el objeto de conquistar sus metas en la vida, a pesar de los obstáculos que pueda que enfrentar. A lo largo de la historia hemos tenido ejemplos admirables; se trata de mujeres y hombres que nos dejaron un rico legado y de los que podemos aprender de sus grandes virtudes y valores.

Recuerdo el caso de la científica Marie Curie (1867-1934), de origen polaco, quien, junto con su esposo Pierre, descubrieron los elementos químicos: el Radio y el Polonio. Ambos fueron pioneros en el campo de la radioactividad. Les apasionó su investigación porque vislumbraban que sus descubrimientos podrían resultar una eficaz cura contra el cáncer.

En Polonia, que se encontraba bajo la dominación zarista rusa, a las mujeres jóvenes no les permitían realizar estudios universitarios. Así que a Marie Curie no le quedó más remedio que trasladarse a Francia y pasó indescriptibles hambrunas, además que no tenía medios económicos para realizar sus estudios ni vivir en una modesta pensión en París. Gracias a una hermana casada que residía en la capital gala, la ayudó a sobrevivir. Aun así, vivía pobremente. Y con ese poco dinero, en parte, lo empleaba en comprar libros para estudiar y prepararse mejor en su carrera universitaria. Tenía un verdadero anhelo de aprender. En ningún momento se doblegó ante tantas dificultades.

Cuando conoció a Pierre, su futuro marido, congeniaron muy bien y se percataron que tenían los mismos intereses científicos. Contrajeron matrimonio y los dos se avocaron en continuar profundizando en sus estudios en un pequeño laboratorio que él tenía.

Presentaron el resultado de sus investigaciones a la comunidad científica y tuvieron una magnífica recepción con resonancia tanto en Francia como en otros países, que se interesaron vivamente por sus descubrimientos. Las contradicciones y dificultades no desaparecieron, pero siguieron adelante porque estaban convencidos de que sus estudios y hallazgos repercutirían en bien de la humanidad.

En 1903, Pierre y Marie Curie recibieron el Premio Nobel de Física. Fue la primera mujer en recibir este galardón.

Lamentablemente, Pierre, murió a causa de un fatal accidente al ser arrollado por un carruaje en una transitada calle de París.

Marie, naturalmente, quedó sumamente afectada. No obstante, se armó de valor y siguió adelante con sus trabajos de investigación. Fue invitada a impartir la misma cátedra que daba su marido en la Universidad de La Sorbona. La aceptó con la ilusión de que se le permitiera crear un mejor laboratorio, como su difunto Pierre deseaba. Fue la primera mujer en ocupar el puesto de profesora en esta célebre universidad.

En los años sucesivos fue nombrada miembro de la Academia de Ciencias de Suecia, de la Academia Imperial de San Petesburgo (Rusia), de la República Checa, de Polonia, de la Sociedad Filosófica de Estados Unidos y muchas otras.

Ella continuó trabajando infatigablemente y en 1911 recibió el Premio Nobel de Química. Siendo así la primera persona en recibir dos Premios Nobel.

Al estallar la Primera Guerra Mundial, Marie Curie decidió colaborar del lado de Francia construyendo ambulancias móviles para enfermos graves que pudieran ser curados con la ayuda de los rayos X. Para ello enlistó a un buen número de enfermeras, que colaboraron con gusto.

Cabe señalar que, por esos años, Marie Curie se encontraba con diversas enfermedades y dolencias. A pesar de ello, siguió adelante porque consideraba que era más importante su misión humanitaria y, con su eficaz servicio y la de sus colaboradoras, pudieron salvar muchas vidas humanas.

Se convirtió en la directora del servicio de Radiología de la Cruz Roja francesa y creó el primer centro de radiología militar en Francia. Llegó a organizar más de 20 unidades móviles para atender a los enfermos. Con emanaciones de radio, Madame Curie contribuyó a la esterilización de tejidos infectados de los soldados heridos en combate y que necesitaban una atención médica inmediata.

Un aspecto de su admirable generosidad y desprendimiento fue que todo el dinero que había recibido con ocasión de sus Premios Nobel, así como de sus numerosas condecoraciones y los galardones recibidos, se desprendió completamente de esas sumas y las destinó íntegramente en ayuda práctica para continuar auxiliando a los heridos de guerra.

En 1921 fue invitada a los Estados Unidos por el Presidente Warren G. Harding. En este país recibió 9 doctorados Honoris Causa. También viajó por otros países de Europa dando conferencias sobre sus investigaciones. Sin duda, se trataba de un tema revolucionario y sobre el que había grandes expectativas y era del interés común de los científicos y gobernantes.

En la primavera de 1934 contrajo una anemia aplástica a consecuencia de su exposición permanente con el material radioactivo. Murió en el verano de ese mismo año. Habría que señalar que Madame Curie siguió trabajando en sus investigaciones hasta que su enfermedad se lo impidió, en medio de múltiples dolores, achaques y sufrimientos físicos. Por aquellos años se desconocían a fondo cómo evitar ser alcanzados por la radioactividad y las múltiples medidas que había qué implementar.

Sin duda, ha sido todo un ejemplo de temple de acero, de fortaleza, de perseverancia y de verdadero amor a la investigación científica –aun arriesgando su propia vida- en beneficio de la humanidad.

Cuando las inquietudes no satisfacen ni a la razón ni al corazón

Toda la excepcional situación que estamos viviendo en el orbe con ocasión de la pandemia, nos lleva a preguntarnos, sobre cuestiones claves, como: En realidad, ¿quiénes somos? Además de nuestros padres, ¿tenemos a un Creador que nos haya dado la vida? ¿Existe una Inteligencia superior a nosotros? ¿Somos criaturas suyas? ¿Qué espera que hagamos en este mundo? ¿Por qué nuestro paso por la tierra es tan breve? ¿Cuál es nuestro destino final? ¿Por qué la existencia humana es tan frágil y nos enfermamos? ¿Cómo explicar la muerte?

Es sorprendente la capacidad que tenemos los humanos para acostumbrarnos a lo más trascendente en vez de solucionar prioritariamente los cuestionamientos anteriormente mencionados, como auténticos chiquillos en la infancia nos llenamos de juegos y diversos entretenimientos; en la adolescencia nos atraen las fiestas, los deportes, las chicas; luego viene la edad de los grandes ideales y metas para estudiar las carreras universitarias, obtener un título. Después, se plantea el matrimonio y la familia. Y, simultáneamente, una intensiva labor para ir labrando el futuro personal y familiar.

Todo eso está muy bien. En muchos casos es admirable, noble y meritorio. ¿Pero no es verdad que el gran ausente, en medio de todo este panorama de vida, es Dios? Porque en muchos casos se vive como si Dios no existiera, se vive de espaldas a Él y se pretende ignorar su Presencia de nuestras vidas.

En muchos casos, sólo cuando surgen el dolor, la enfermedad y la muerte en nuestros seres queridos y amistades, nos viene el recuerdo de ese Ser Supremo, es como un gran despertador que nos sacude. Es entonces cuando tenemos la necesidad imperiosa de rezar, de acudir a Él al experimentar en nuestras vidas esa tremenda fragilidad.

Por desgracia, otras personas se vuelcan afanosamente en la búsqueda de placeres efímeros, pensando equivocadamente que allí se encuentra la felicidad, pero esos goces pasan pronto, se escapan como agua entre las manos. Y de nuevo vuelve ese estado de insatisfacción, de hastío existencial, como ha descrito magistralmente el psiquiatra vienés, Dr. Viktor Frankl, en su libro “Psicoanálisis y Existencialismo”.

Añade este brillante antropólogo y pensador que el reto de los humanos es preguntarnos: “¿Qué sentido tiene lo que hago? ¿Tiene congruencia?”  Es decir, “busco siempre un ‘porqué’ y un ‘para qué’” de lo que hacemos”? Porque, de lo contrario, correríamos el peligro de convertirnos en “esquizofrénicos dentro de nuestra vida cotidiana”.

Dicho en otras palabras, existen personas que toda su vida van realizando actividades, viajes, planes de forma casi interminable, pero nunca se sientan a pensar sobre estos trascendentes temas y en el momento menos pensado se encuentran con la muerte, como escribe el poeta de Castilla, Antonio Machado: “y un día, como tantos, descansan bajo la tierra”.

Respondo a algunas de las preguntas que plantee en el primer párrafo y que muchas personas me han hecho, en estos días, con ocasión de la pandemia: 1) Somos hechura de Dios y su Inteligencia es infinitamente superior a la nuestra; 2) Nos ha creado por pura bondad suya; 3) Desea que lo amemos, cada vez con más intensidad; 4) Los demás, son nuestros hermanos, donde se debe reflejar y plasmar nuestra correspondencia a ese infinito amor que Dios nos tiene; 5) Espera que hagamos el bien en la tierra, como el Hijo de Dios Encarnado –Jesucristo- lo hizo. 6) La familia, el trabajo, el estudio y todas las actividades buenas, son ocasiones de encuentros con Dios; 7) Nuestro paso por este mundo es tan breve porque Dios, como buen Padre, nos tiene preparado un Hogar donde seremos felices para siempre, siempre y cuando cumplamos con sus Mandamientos (ver en internet Catecismo de la Iglesia Católica); 8) Morimos porque sólo Dios es inmortal. En Dios no hay ni enfermedad ni dolor y, con su Resurrección, venció a la muerte y en Él radica la Vida Eterna.

Todo esto explica por qué las personas tengan gran un anhelo, una sed de Dios. Incluso los hombres que en su juventud o madurez se declararon ateos o, incluso, anticlericales, en el atardecer de sus vidas buscan o se preguntan por la Trascendencia. Nuestro Premio Nobel de Literatura,  Octavio Paz escribía, en uno de sus últimos poemas, que intuía interiormente que Alguien preguntaba por Él, que Alguien lo buscaba y lo llamaba por su nombre, “Alguien me deletrea”, escribía.

Recomiendo a los lectores un libro que escribí sobre afamados personajes agnósticos, ateos e indiferentes a la fe cristiana. Celebridades como el cineasta Eduardo Verástegui; el cantautor Bob Dylan, ideólogo de la generación de los años sesenta; el Premio Nobel de Medicina, Alexis Carrel; el intelectual marxista André Frossard; el iniciador del “New Age”, Louis Pauwels; el comunicador y activista político comunista, Peter Seewald, y un largo etcétera, un día también sintieron que “Alguien tocaba a las puertas de su corazón” y sobrevino un cambio radical en sus vidas. Esta publicación se titula: “Dios preguntó por ellos”, Editorial Minos III Milenio, México, 2016 (se puede solicitar a las distribuidoras de Editorial Porrúa o Amazon).

En todos ellos, nos percatamos de una sed insaciable del Ser Trascendente y cada uno testimonia     -con sencillez y transparencia-  la intervención palpable de Dios que dio un giro profundo a sus vidas.

Pandemia

Esta palabra viene de:  Pan-Todo Demos-Pueblo

 El Peleponeso 430 a.c., es sacudido por un virus desconocido, la famosa peste antonina que según dicen mató a cinco millones de personas.

Después viene Justiniano y la peste bubónica, que viene de Egipto y dice la historia, aunque no sé porque se dan estos datos, que se extendió por Italia y mata a siete millones.

En el siglo xix mueren más de un millón de personas en Rusia y después viene la famosa y triste gripe española, que se dice mató a más de 25 millones de personas en el mundo.

No sé si estos datos son correctos y creíbles, pero lo que importa, es que en el mundo siempre ha habido momentos tremendos, asolados por guerras, hambre y enfermedades y hoy con todos los adelantos que tenemos, no hemos aprendido nada.

 Tenemos aviones, sistemas electrónicos, que nos comunican en segundos de un lado a otro del planeta, pero seguimos siendo irresponsables e indiferentes, lo único que importa es el momento, lo demás no lo vemos, o no lo queremos ver.

Por qué no hacemos algo, por mejorar la vida de los demás, porqué mientras unos nadan en la riqueza, pueblos enteros se mueren de hambre, por qué no nos convertimos en verdaderos hermanos, dando, apoyando, enseñando y creyendo que todo se puede, cuando hay ganas de hacerlo, que podríamos haber evitado esto si fuésemos más humanos y sintiéramos amor por los demás, esa es la gran palabra amor.

Que tristeza, que el consumismo nos haya llevado a este extremo. Qué pena, pues cada vez sentimos menos y creemos más en los que nos llega por medios electrónicos.

 Pero nunca es tarde, cambiemos, pensemos en las personas, cooperemos en la medida que podamos, no me refiero sólo al dinero, cooperar es mostrar atención, querer y amar al prójimo y así venceremos.

Una forzada “corocuaresma”

Cual pesadilla inesperada e inimaginable, el Covid-19 está haciendo trastabillar e irse de bruces a nuestro dinámico mundo, que en una carrera cada vez más acelerada, parecía haberse olvidado de la posibilidad que su loco frenesí pudiera interrumpirse o incluso detenerse alguna vez.

            Y es eso lo que está pasando, puesto que en atención a las características de esta pandemia, el mundo, literalmente, tendrá casi que paralizarse para poder aminorar sus daños.

En realidad, la actual situación es completamente inédita, tanto para las actuales generaciones, como también de cara a la historia humana. Para las actuales generaciones, pues el último escenario similar fue la Gripe Española, de 1918, razón por la cual no hay nadie vivo que la recuerde; y para la humanidad, pues nunca antes se había dado una situación de esta naturaleza en un mundo absolutamente interconectado y mutuamente dependiente, en que la distancia y el tiempo casi han desaparecido. De hecho, y sanitariamente hablando –en atención a lo altamente contagioso del virus–, más que hablar de una “aldea global”, sería tal vez más conveniente hablar de una “habitación global”.

Por tanto, tenemos que prepararnos para algo desconocido y nuevo para la gran mayoría de la población: el tener que dejar de interactuar con extraños (o mejor dicho, con personas ajenas al ámbito familiar más cercano) y, literalmente, encerrarnos en nuestros hogares, cambiando además, muchísimos aspectos de nuestro estilo de vida para evitar el contagio y ayudar a quienes sean afectados por él.

            Pero al mismo tiempo, puesto que se nos fuerza a bajarnos de este “carrusel del mundo”, ello nos obligará también a mirarnos más a nosotros mismos y a quienes nos rodean, exigiéndonos ayudarnos unos a otros en aspectos tan esenciales e importantes como la salud y la vida.

            En suma, si algo bueno cabe de todo esto, es que podemos adquirir una buena cuota de realismo, tocar las fibras más importantes de la existencia, y de valorar en su verdadera importancia las relaciones humanas más cercanas. Ello, pues estos aspectos tan básicos, a menudo parecen eclipsarse –al punto de casi no ser considerados– por esta vorágine a la cual nos hemos acostumbrado y que hoy el Covid-19 nos obliga a para en seco.

            Es por todo esto y mucho más, que las semanas que se nos vienen pueden ser una muy buena, aunque forzada oportunidad, para poner las cosas en su sitio y darnos cuenta de lo que es realmente importante (la vida y salud, propia y de nuestros más cercanos, así como las relaciones interpersonales con ellos) y de lo que es accesorio (todo lo demás). En suma, un período de purificación (una “corocuaresma”), o si se prefiere, de desintoxicación de tanta banalidad que nos consume y que en muchos casos, hace perder el rumbo.

            Por último, lo anterior debiera hacernos más humildes, al demostrarnos que no todo está bajo nuestro control y que existen muchas variables –más de las que creemos– que no dependen de nosotros y son, en suma, un regalo –inmerecido tal vez–, que vienen a ser la base que sostiene el mundo que hemos construido. Un mundo que creemos muy sólido, pero que puede derrumbarse ante esta realidad incontrolable, según parece estar ocurriendo hoy, como un castillo de naipes.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

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