La valentía de Jackie Robinson, primer afroamericano en ligas mayores

El inolvidable atleta Jesse Owens (1913-1980) compitió en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936. En ese entonces, al frente del gobierno alemán, se encontraba el Fuhrer, Adolfo Hitler. Era la época del apogeo del nacionalsocialismo. Y absolutamente todas las manifestaciones culturales, artísticas, deportivas, de los avances y progresos socioeconómicos eran encauzados para la difusión de la propaganda nazi, dirigida por Joseph Goebbels y secundada por Hitler.

Era de todos conocido el odio de los nazis hacia los judíos, los hispanos y los afroamericanos.

Así que cuando se presentó Jesse Owens en las pistas olímpicas fue clamorosamente abucheado, haciendo escario del color de su piel. Hitler estaba muy convencido de la superioridad de la raza aria y que sus atletas barrerían todos los logros –anteriormente conseguidos- de Owens.

La sorpresa mayúscula fue que Jesse Owens ganó 4 medallas olímpicas de oro: 100 y 200 metros planos, salto de longitud y la carrera de relevos de 4×100 metros. Supuso tan gran disgusto para Hitler que no soportó esa derrota -.que él la interpretó como una humillación- y prefirió abandonar el gigantesco estadio olímpico de Berlín ante el desconcierto de miles de espectadores.

En Estados Unidos, ocurría algo similar. Los deportes eran dominio de los de raza blanca y los afroamericanos eran excluidos por una absurda discriminación racial. Concretamente en el béisbol, era impensable que formaran parte de las Ligas Mayores.

Pero hubo un valiente jugador Jackie Robinson (1919-1972) quien poseía destacadas facultades para este deporte. Desde los años cuarenta “tocó puertas” para que se le permitiera ingresar en un equipo, pero automáticamente le era denegada su petición.

Una anécdota nos muestra su temple y su carácter. Por esos años ingresó a las fuerzas armadas en la Segunda Guerra Mundial. Cuando un afroamericano subía a un autobús obligatoriamente debía de sentarse en la parte trasera. Pero Jackie se negó. Fue llevado a una corte marcial y se le absolvió de sus cargos. Al término de la conflagración abandonó el ejército con honores.

Pero hubo un manager de los Dodgers, Branch Rickey, que se decidió a contratar a Robinson al observar su valía profesional. Le advirtió a Jackie que la pasaría mal desde un principio y que le aconsejaba que controlara sus pasiones y temperamento ante un ambiente hostil, agresivo, violento y brutalmente ofensivo. Pero Jackie, a pesar de todo, tuvo un desempeño brillante bateando y jugando la primera base.

El 15 de abril de 1947 participó en la Grandes Ligas, la segregación racial quedó superada y anotó la carrera ganadora de la Serie.

No obstante, de ser un magnífico deportista, le gritaban frases hirientes y racistas; recibía cartas con amenazas de muerte; los mismos pitchers malintencionadamente le lanzaban las bolas a la cabeza y a las piernas; algunos catchers le escupían en sus zapatos, pero Jackie mantuvo siempre el control y “la cabeza fría”.

Por soportar en silencio todas esas graves ofensas –poco a poco- se fue ganando el respeto de todos sus compañeros, de los equipos contrincantes y del público en general. ¿Cuál fue el resultado? Fue nombrado el Novato del Año.

En 1949 fue elegido como “El Jugador más Valioso” con un promedio de bateo por encima de .342, 124 Home Runs e impulsando 122 carreras. Un dato asombroso fue que en 19 ocasiones se “robó” el home.

Es edificante el pensamiento que Jackie Robinson tenía sobre su actitud tranquila y serena, de no responder “agresión por agresión”. A menudo comentaba: “Estoy abriendo una brecha nueva. Pienso en los miles y miles de atletas afroamericanos que vendrán –con libertad- a destacar en multitud de actividades deportivas en todo Estados Unidos.

Después de su retiro del béisbol, se dedicó a luchar contra la segregación racial, a favor de los Derechos Civiles y trabó amistad con Martin Luther King, así como Dwight Eisenhower y John F. Kennedy. Se esforzó por conseguirles becas a jóvenes de escasos recursos y consiguió fondos para que tuvieran los afroamericanos una vivienda digna.

Se han escrito libros y filmado películas biográficas sobre esta gran figura por ejemplo, en 2013 se estrenó la película “42”.

El 15 de abril ha sido declarado en Estados Unidos como “el Jackie Robinson Day”, la gran leyenda del béisbol en las ligas mayores.

Ahora que comienza un nuevo año tan especial

Ciertamente en este 2021, todos los ciudadanos de la tierra tenemos la esperanza de que con las nuevas vacunas contra el COVID ceda esta terrible pandemia. Es el anhelo común de millones y millones de seres humanos en los cinco continentes.

Pero me pregunto si con obtener la salud del planeta es suficiente. Porque desde el punto de vista en la conducta humana no han ocurrido cambios substanciales.

Una de las canciones más emblemáticas de los años sesenta compuesta por el músico y poeta Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura en 2016, se titula “La Respuesta está en el Viento”. En ella filosofa sobre la situación del mundo actual.

Aunque fue compuesta en 1962, a casi 60 años después, siguen siendo válidos los conceptos vertidos en sus reflexiones. Porque también ahora vivimos tiempos de guerras, de crisis, de discriminación racial, de persecución religiosa, de enfrentamientos sociales, de violencia llevaba al extremo, de indiferencia entre las personas y el desamor.

El poeta de nuestro tiempo trae a consideración la urgencia de replantearnos soluciones de paz, de diálogo entre las naciones, entre los hombres; de pensar en los modos pacíficos para evitar las guerras; de cómo podemos tener más entrañas de misericordia hacia nuestros semejantes; de que toda persona goce plenamente su libertad sin coacciones que lo esclavicen ni lo etiqueten negativamente.

Para ello resulta fundamental preguntarse “¿qué es el hombre? ¿cuál es su destino y su trascendencia? ¿cuáles son los valores permanentes que han cimentado nuestra civilización actual?”

“¿Por qué es tan importante promover la paz y la concordia entre los pueblos? ¿Y que del mismo modo exista una apertura franca, leal y noble que conduzca hacia un fructífero diálogo para llegar a acuerdos y enriquecedoras conclusiones?

Para ello hemos de recorrer muchos caminos en busca de soluciones como esas gaviotas que vuelan por el azul del cielo tras recorrer largas distancias entre los mares hasta encontrar un lugar seguro en la arena dónde reposar.

Y el Nobel de Literatura se pregunta: “¿Cuántas veces las balas de cañón deberán aún volar / antes de que sean prohibidas para siempre?” Y se responde: “La Respuesta mi amigo está flotando en el viento” (es decir, está al alcance de todos, basta con que queramos poner por obra la solución).

“¿Cuántos años cierta clase de personas tendrán que existir / antes de que se les permita ser libres?” Porque es evidente que la discriminación racial, socioeconómica y de la libertad religiosa continúan, lo mismo el mal trato a las mujeres, a los discapacitados y esa moderna esclavitud que es una verdadera plaga de nuestra época como es “la trata de personas”.

Y el poeta continúa meditando: “¿Cuántas veces puede un hombre voltear su cabeza hacia otro lado, fingiendo que simplemente no ha vio nada?” Porque la hambruna se ha agudizado y los que carecen hasta de lo fundamental se han multiplicado en medio de esta pandemia; existe mayor desempleo y se ha quebrantado la economía; están los miles de enfermos que solicitan sus medicinas; los tristes que requieren ser consolados porque han perdido a seres queridos y necesitan palabras de aliento y consuelo.

Hay quienes no tienen una vivienda digna, que pasan frío en invierno, ancianos y huérfanos que viven en desamparo y están esperando nuestra mano amiga y fraterna. La Respuesta depende de nosotros, de nuestra generosidad.

El Premio Nobel insiste que el gran problema de la humanidad radica en la indiferencia, en el cerrar los ojos a la realidad dolorosa, pero que conjuntamente hemos de buscar soluciones de fondo, permanentes y mover a muchas otras personas a ser generosas también.

Y el poeta Dylan se plantea el sentido trascendente de la existencia humana, cuando escribe: “¿Cuántas veces debe un hombre mirar hacia el firmamento / antes de que pueda ver el Cielo?”

“¿Cuántos oídos debe tener un hombre / hasta que escuche a la gente llorar?” Porque es una realidad con ese dolor humano con el que nos topamos día con día y hemos de cultivar la suficiente sensibilidad para adelantarnos a servir a los demás y socorrerlos en sus necesidades materiales y espirituales.

Un cuestionamiento de Bob Dylan que me impresionó desde la primera vez que escuché esta melodía fue cuando escribió: “¿Cuántos fallecimientos tendrás que presenciar / hasta persuadirte que todas las personas habremos de morir?” En medio de la sociedad materialista y hedonista como la de los Estados Unidos estaba mal visto o era considerada una falta de educación hablar de la muerte, pero el poeta afronta directamente y sin rodeos esta vital cuestión.

Y concluye con “La Respuesta, mi amigo, está al alcance de tu mano; flota en el viento”. En otras palabras, tú puedes ser el detonador de esa transformación tan esperada.

Me parece que con estas consideraciones del Premio Nobel de Literatura nos da material para meditar y reflexionar acerca de este año 2021 que comienza.

El Nacimiento, la filantropía, el arte y el amor a Dios

“Yo soy católica, yo soy inmortal; mío es el imperio de las siglos, el monopolio de las verdaderas virtudes; mía es la victoria sobre el paganismo; he aquí lo que nos dice la Iglesia por medio de las pinturas y de los ornamentos de los templos” Abate J. Gaume

Hace un par de años al subir a un autobús me lleve una grata sorpresa al ver que el chofer de la unidad había colocado en gran parte del tablero nada más y nada menos que el Nacimiento y un pequeño arbolito con esferas. Aunque modesto, denotaba el esmero con que había sido preparado: con musgo y papel se daba la apariencia de acantilado del cual bajaba un riachuelo por un costado y rodeaba el Nacimiento. Pequeñas figurillas de barro, no faltaba nadie: el Niño Dios, la Virgen María, San José, el Ángel, los Reyes Magos, los pastorcillos, un pozo, ovejas, y demás animalillos.

En esos mismos días el diario español El País publicaba una nota en que decía “La Navidad es una bella y tierna leyenda…” cuyo contenido ponía en duda el que hubiera nacido el 24 de diciembre, en un pesebre, en Belén; tocando temas tales como si estaba casado, a quién se le apareció primero, si era culto, si doblego al poder, etcétera. En todo momento hablaba de leyendas, teorías e hipótesis, gnosticismo y sectas. Uno de los tantos artículos nefastos que podemos hallar en internet, ofensivos hasta el tuétano, pero con el que muchos estarían de acuerdo pues han desligado la Natividad de todo sentido cristiano.

Parece no importar si colocamos el Nacimiento o no, si lo ponemos con figuras de cartón, de fierro doblado, de plástico, porque “lo hacemos con el corazón” y nos escudamos en ello para darle a Dios lo que nos viene en gana. La cuestión económica no es argumento válido cuando no pocas familias en situación muy difícil se esmeran al colocar el Nacimiento en su hogar con figurillas de barro, musgo, heno, luces. No somos estultos, sabemos apreciar cuando algo ha sido realizado con sencillez y esmero; una imagen, un vitral, una pintura, una representación del Nacimiento ayudan a la piedad y a acercarnos más a Dios.

Para disculpar el hecho de hacer mal las cosas, se dice por ejemplo, que mientras debatimos sobre el Nacimiento colocado este año en el Vaticano, varios migrantes mueren ahogados; hay sacerdotes a los que les insulta que mientras hay miseria en el mundo, demos la atención y cuidado a las cosas de Dios en nuestras iglesias: cálices, copones, custodias, patenas, el adorno del altar, la hora santa, las procesiones, el arrodillarnos en la recepción de la Sagrada Comunión, etcétera. Habría que recordarles la vida de los santos que, no solo veían las necesidades materiales de aquellos a quienes evangelizaban sino ante todo las necesidades espirituales. En la Iglesia Católica todo es jerarquía y los santos lo tenían claro: la salvación de las almas por amor a Dios.

Mientras diarios de alcance internacional publican artículos nauseabundos respecto a la Navidad, respecto a la vida y obra de Nuestro Señor Jesucristo; mientras sacerdotes piensan y se comportan como filántropos, un humilde chofer de autobús es más consciente de honrar a Nuestro Señor, porque al lleva a cabo su trabajo sirviendo a los demás, se encomienda a Dios y además evangeliza con su pequeño Nacimiento. Es menester que entendamos lo que decía el Santo Cura de Ars: “Todas las buenas obras juntas no equivalen al sacrificio de la Misa, porque son obras de los hombres, mientras que la santa Misa es obra de Dios”.

Se ha de amar a Dios antes que al prójimo, en caso contrario tendemos a ser filántropos en lugar de ejercer la caridad cristiana. Dios y las cosas de Dios están antes que el prójimo sin que ello sea en absoluto un desprecio a nuestros semejantes, antes bien amando primero a Dios sobre todas las cosas, amaremos al prójimo como Él lo pide. Siempre cultive usted el hábito de ser delicado con las cosas de Dios y darle su debida importancia; cada detalle contribuye a la evangelización y a recordarnos que nuestro Salvador ha llegado. Mientras un diario internacional no tiene empacho en vomitar mil cosas, ¿por qué usted habría de rehusarse a honrar a Dios en su día a día?

El mejor arte debe estar al servicio de la evangelización. Una imagen delicada y detalladamente hecha puede cautivar el interés de un niño o un adulto y ayudar a la piedad cristiana. Me enseñaron que para Dios es todo lo mejor. Y eso va desde el arreglo del altar, la custodia, los cantos, la liturgia, las procesiones, hasta las ilustraciones de un pequeño catecismo o la representación del Nacimiento. Porque todo ello tiene un impacto en el alma. En esto no cabe aquello de «Lo que importa es la intención» porque el sentido común nos impele a entregarle a Dios todo lo que tenemos y de la forma más perfecta que podamos.

Le deseo una Feliz y Santa Navidad

Deportividad, constancia y fortaleza

En los últimos fines de semana, he estado yendo a caminar alrededor del Lago de Chapultepec (segunda sección) un promedio de una hora. Tenía tiempo de no hacerlo y he observado notables mejorías materiales que se han hecho en toda esta área.

En primer lugar, prácticamente se han cerrado los accesos para automóviles                    –abriendo numerosos estacionamientos- y dejando esa amplia zona en un lugar privilegiado para correr, caminar, circular en bicicletas (de todos los tamaños), y con amplios jardines para que los niños y las familias convivan cordialmente y en paz. Me parece una acertada determinación de las autoridades.

En segundo lugar, la tradicional pista para correr a mayor velocidad, popularmente denominada “El Sope”, también ha sido remozada con luz eléctrica, arreglo de la gran pista a la que se da mantenimiento periódicamente, mejor vigilancia, sistema de drenaje en los carriles de la pista, etc.

Me da un gusto enorme observar cómo los niños y adolescentes se han animado a practicar más el deporte y el atletismo. Hoy veía a una niña de escasos 8 años que, vestida con tenis y pants, corría a buena velocidad por una pista; otras chicas de 13, 14 y 15 años me daban ejemplo de empeño y dedicación de correr con ánimo y sin desfallecer.

Por supuesto que los jóvenes son mayoría tanto en las bicicletas como en las carreras. Pero también, personas mayores –de ambos sexos- corren con la misma ilusión. Se ha vencido el temor a “hacer el ridículo” como se pensaba antes, cuando una señora obesa decidía practicar este ejercicio y reducir su peso.

Paseando a lo largo del Lago se aprenden numerosos valores de la gente. Por ejemplo, miraba a un entrenador que llamaba la atención a un corredor que se había “desinflado”, interrumpió su carrera y se sentó entre un nutrido grupo de jóvenes.

El entrenador la daba la siguiente lección:

“-¡Jamás detengas tu carrera! Tienes que ejercitar la fuerza de voluntad y fortaleza para llegar a la meta que nos hemos trazado. Ese es el lema en los maratones: “Nunca hay que detenerse. Hay que continuar, cueste lo que cueste”.

Y a continuación le dijo enfáticamente:

  • ¡Ánimo, ponte de pie! Vamos a continuar corriendo aunque estés algo cansado. Esto no lo olvides.

En otras partes observaba a padres de familia enseñando a sus niños a andar en bicicleta o en patines. Si se caían, de inmediato, venían las palabras de aliento para la chiquilla o el niño que querían comenzar a llorar:

“-¡Ves, no te pasó nada! Levántate y síguele dando a tus patines (o a la bici).

También pensaba que son recuerdos imborrables en las mentes infantiles porque nunca olvidarán que aprendieron a andar en bicicleta con la ayuda de sus papás.

Más adelante, se aprecian a niños dándoles de comer trozos de “galletas de animalitos” a los peces dentro del agua, en compañía de sus padres. Por las caras de asombro y de gozo de algunos pequeñines se intuía que era la primera vez que lo hacían.

Por todo el Lago se observan a familias unidas, conversando, riéndose, ya sea en las bancas o debajo de la sobra de los abundantes árboles, dispuestos a realizar un picnic comiendo sus tortas y, luego, a jugar voleibol o una “cascarita” de futbol en la que participa toda la familia.

En las pistas aledañas jovencitas y jóvenes corrían varios kilómetros con constancia y esfuerzo. Hace poco escuchaba en la pista de “El Sope” que algunos atletas han llegado a ser seleccionados para los Juegos Panamericanos. Incluso comentaban de algunos que estaban ahí que ganaron algunas medallas.

Tengo un amigo, profesor, que -junto con otros profesionistas-, todos los días corren de madrugada en esta pista un par de horas y se van preparando para el Maratón de la Ciudad de México de agosto. Han logrado importantes récords personales, no obstante que ya pasan de los 40 años. Y, por si fuera poco, los fines de semana, suben a montañas circundantes de la capital. Me decía el líder de este grupo de amigos: “Querer es poder. Porque muchas veces no se tienen ganas o tienes un músculo algo adolorido, o bien, está lloviendo y hace frío, pero el vencer esas adversidades templa bastante el carácter y así se animan otros a ser más deportistas.

Y concluía:

-Es que haciendo deporte es donde más amigos he hecho porque te das cuenta cuando las personas tienen afán de superación, manifiestan deseos de mejorar en valores y virtudes.

-Luego, como soy profesor, les planteo darles breves charlas sobre valores humanos como fortaleza, constancia, superación personal, sobriedad, templanza, perseverancia en las metas, el crecer en la fuerza de voluntad, etc. y aceptan de buena gana.

En conclusión, podríamos decir que con el espíritu deportivo se incrementan esos valores como la fortaleza y la constancia y se logran magníficos resultados en la vida personal y familiar de cada persona.

La formación de valores en los hijos

Un error frecuente que recuerdo en mi adolescencia, cuando algún niño o joven, no tenía buena conducta, era que los mayores de inmediato preguntaban: “-¿En qué escuela estudia?”

Pienso que hay que remontarse a la formación que los chicos han recibido de sus padres, en su propio hogar.

La moderna Pedagogía habla de la “Formación Integral de los hijos”. Es decir, señala que debe de abarcar no sólo el aspecto académico para que obtengan buenas calificaciones sino, también y sobre todo, el inculcarles buenos hábitos, como por ejemplo: el orden, el aprovechamiento del tiempo, la sobriedad y la sinceridad, el esfuerzo en el estudio y el trabajo, la generosidad y la justicia, la obediencia y el compañerismo, la responsabilidad, la alegría y el optimismo, etc.

La familia es la primera y principal escuela de virtudes y valores. En la familia se consigue que los hijos crezcan en esos valores porque están motivados por el verdadero amor. Dicho en otras palabras, no crecen en esas virtudes por un mero “voluntarismo” como “cumplir el deber por el deber mismo”. Porque llega el momento en que el niño o el adolescente se hartan de que se le exijan cumplir algo que no entienden ni comprenden. De ahí la importancia de enseñarles a razonar. Que sepan que, por ejemplo, crecer en la virtud del orden redunda en su propio beneficio.

Recuerdo que cuando estaba en la Primaria, con la ayuda y asesoría de mis padres, procuraba hacer las tareas bien. Un día tras otro. En las materias de Geografía, Historia y Gramática, mi madre me ayudaba. Pero en los difíciles problemas de Matemáticas, esperaba a que llegara mi padre, un poco más tarde, para resolverlos acertadamente. Ya después en la Secundaria me valía por mí mismo porque se me había fomentado el hábito del estudio.

Otra norma o costumbre, era que mis seis hermanos y yo debíamos hacer, en primer lugar, las tareas escolares y después podríamos hacer un rato de deporte con los amigos o ver nuestro programa favorito en la televisión.

Cuando venía la temporada de exámenes trimestrales o finales, nos animaban a poner un particular esfuerzo para obtener buenas notas. Recuerdo la alegría que nos daba el pasar con buenas calificaciones al siguiente año escolar. Era la consecuencia lógica de ese esfuerzo mantenido.

Algunas veces recibíamos preceptoría académica de los profesores y, en otras ocasiones, conversaban privadamente con nuestros padres. De esta manera, se establecía un puente de comunicación “escuela-familia” para ayudarnos a mejorar también en la parte humana, además de la académica.

Otro aspecto fundamental es la formación en la fuerza de voluntad para conseguir las metas que se aspiran. Me refiero, por ejemplo, si una hija o un hijo quieren aprender a tocar un instrumento musical, practicar más un deporte para lograr incorporarse a la selección escolar o animarse a participar en un concurso de matemáticas, oratoria o poesía. La ayuda y el apoyo de los padres resultaba clave.

Me viene a la mente, cuando el hijo de un amigo mío mostró que tenía buen oído y particular habilidad para tocar el piano. Se le inscribió en una academia musical y, posteriormente, fue admitido en la orquesta del colegio. Esta orquesta de niños viajó por varias ciudades de Estados Unidos para dar conciertos. Tanto los padres como el hijo mostraban un gran gozo y satisfacción, además de que se crece en la virtud de la solidaridad y el compañerismo.

Todo ser humano está llamado a ser feliz. La superación personal, la autoestima, la alegría y la felicidad de las metas logradas forman un estrecho entramado que conducen a la autorrealización como personas.

Otro concepto fundamental es que los hijos deben sentirse queridos en cualquiera de las etapas de la vida en que se encuentren. A menudo ocurre que las manifestaciones de afecto se prodigan en la infancia, pero al llegar a la adolescencia, particularmente los padres, tienden a volverse más fríos y secos con sus hijos varones y eso es fuente de innumerable de traumas y resentimientos. Me contaba un amigo que no recordaba la última vez que su padre le había dicho que lo quería, sino cuando estaba agonizando. Y esto me lo contaba con lágrimas de dolor.

Sin duda, la mejor herencia que se puede dejar en los hijos es que tengan una mentalidad optimista y alegres frente al mundo y a la vida porque el ejemplo de los padres ayuda a educar bien. En cuanto a la generosidad, tengo muy grabado el recuerdo de un buen amigo mío que hacia el mes de noviembre, les decía a sus hijos:

“-En diciembre –como todos los años- vamos a repartir ropa, buenos juguetes y dulces a los niños huérfanos. Vayan separando todo lo que piensen que se podría regalar, pero ¡qué esté en buen estado! Y despréndase de algún juguete que les guste especialmente porque eso les ayudará mucho a ustedes y a todos. Efectivamente, llegando la fecha acordada y que sus hijos veían los rostros llenos de alegría de los pequeños huérfanos, comentaban:

-“¡Qué feliz me siento! –comentaba la más pequeña- porque entregué esa muñeca que tanto me gusta a una niñita”. Y otro hijo decía: “¡Regalé un buen balón de futbol a un pequeño que noté que nunca le habían regalado algo parecido y con su cara de felicidad me sentí más contento yo que él!”

En conclusión, la formación de los hijos es una tarea que no termina nunca y los frutos se aprecian y aquilatan a la vuelta de los años.

Una reflexión sobre la amistad…

“La amistad verdadera consiste en perfeccionarse mutuamente y conducirnos más cerca de Dios” (Santa Teresa de los Andes)

Suele decirse que amigos hay muchos; incluso que no importa si profesan otra religión, que lo importante es el respeto mutuo y que cada quien puede creer lo que quiera; ergo lo demás no importa. La «libertad y el respeto» está por encima de todo, es decir la fraternidad sin más. Tal afirmación no podría causarme más que hilaridad por cuanto refleja el poco o nulo discernimiento en las relaciones sociales.

A través de mi vida he tenido amigos de un peculiar abanico: sectarios cristianos, liberales hijos de masones, homosexuales, ateos e izquierdosos y desde luego, católicos. La amistad de los primeros fue cultivada en un tiempo en el que estuve alejada de mi fe católica, un período caótico. Tales amistades no pudieron resistir el embate ya no del tiempo, sino de una diferencia de pensamiento que se hizo cada vez más evidente cuando de repente esgrimían argumentos contra Ella y yo (aún indiferente) reaccionaba en su defensa al instante y como podía, sintiendo fuego en el corazón. Las preguntas que rondaban mi mente eran: ¿De dónde venía éste fuego? ¿Por qué no podía guardar silencio?

La respuesta la hallé en lo que había recibido durante la niñez/adolescencia. Puedo decir a los padres de familia que, si logran inculcar a sus hijos la fe católica desde la más temprana edad al llevarlos a la Santa Misa o rezar el Santo Rosario, obligarlos si es necesario (no caigan en el error de ser débiles en este punto, particularmente cuando pululan aquellos que demonizan el obligar, ustedes son católicos y de sus hijos darán cuenta exacta a Dios); leer buenos libros, hablarles de las luchas libradas por la Iglesia para la salvación de las almas; de todo ello, créanlo algo queda tan arraigado al alma que ni los peores años de rebeldía y estupidez pueden borrar jamás. Nuestros padres pueden cometer infinidad de errores pero si son firmes en la cristianización de los hijos será algo incomparable a los ojos de Dios.

Bien, el común denominador de las mencionadas amistades fue el de atacar la fe católica durante alguna conversación simple hasta un debate deliberado; en uno o varios flancos, en uno u otro momento y cuando menos lo esperé, vino de amigos que consideraba entrañables. Esa lucha no la busqué (como todo católico light evitaba esos temas), simplemente llegó y en ese punto, -aunque no lo tengamos muy claro- quien rehusé el combate so pretexto de valorar más una amistad que a Dios y a la Iglesia, yerra terriblemente. Debemos saber que cuando el mundo habla de libertad de expresión y respeto al otro, nosotros los católicos no somos ese otro; se espera que nos quedemos callados bajo un discurso de tolerancia cuando insultan nuestra fe católica y los valores cristianos; se nos considera amables si guardamos silencio o en caso contrario somos unos fanáticos religiosos.

Ahora bien ¿todas las amistades son buenas? Absolutamente no. No importa lo que diga la delicada sensibilidad del discurso actual, jamás será lo mismo la amistad de un ateo, de un sectario cristiano, un izquierdista o liberal (por más buena persona que lo consideren los estándares del mundo) que la de un católico practicante y comprometido con su fe católica. La de los primeros queda irremisiblemente truncada en uno u otro punto; la del segundo, la fe le impele a entregarse cada día más a los demás. Es verdad, la amistad es necesaria al alma; pero dada la imperfección del ser humano, pocos son aptos para sostener una amistad sincera, genuina y fundada en Dios. Podemos tener en alta estima a nuestros amigos, pero Dios y la fe católica no pueden ser moneda de cambio jamás. Quien haya vivido algunos años y profesado su fe en público, sabe que la amistad de otro católico es radicalmente opuesta al mundo.

Ya sea de contactos en la red social o en la vida real, puedo decir que las amistades francas cultivadas la última década, han venido de otros católicos; y ello es tan gratificante y enriquecedor por cuanto sé del bien que buscamos, aun en nuestras diferencias y yerros. Así que ¿cómo saber cuándo una amistad lo es realmente? Para que una amistad sea bella, buena y verdadera, es preciso que nuestro amigo amé a Dios y a la fe católica antes que a nadie, porque solo de ese modo podrá amarnos como Él lo pide, encomendarnos a su misericordia, querer nuestro bien en todos los aspectos, principalmente en lo que se refiere a la salvación de nuestra alma. Desde luego es necesaria la congruencia con la fe católica y, aunque no es indispensable, ayuda el tener cierta afinidad e intereses en común.

Cuanto más alejados estamos de Dios, nuestros estándares se vuelven sumamente bajos y endebles, nos convertimos en estultos para la mayor parte de las cosas: elegimos mal desde la música, los libros que leemos, las conversaciones que sostenemos, las películas que vemos, hasta los amigos en quien confiamos, etcétera. Siempre es bueno recordar que en el sentido moral y cristiano, las amistades nos pueden subir o bajar. Adolescente o joven no se angustien si no encuentran amigos que compartan su fe y sus valores cristianos, hay más como ustedes en otros lugares y solo es cuestión de tiempo para que puedan conocerse; mientras tanto procuren practicar las virtudes para poder ser capaces de ofrecer el día de mañana una amistad real.

Pueden estar seguros de que una amistad será más profunda y duradera cuando tenga su fuente en Dios, Uno y Trino, cuando les una el deseo común de servirle en la salvación de las almas. La amistad así llega como un torrente que todo lo inunda y no hay poder humano que lo detenga, verdadero bálsamo para el alma, capaz de ayudarnos a curar heridas; sostenernos en las adversidades y conducirnos hacia Dios. La amistad es uno de los mayores tesoros, siempre esté ordenada a Dios. Deseo que usted experimente la dicha de una verdadera amistad, de amigos que compartan su misma fe católica y le amen como el Señor lo pide…

¿Qué es la unidad de vida?

Recuerdo aquel inolvidable sismo del jueves 19 de septiembre de 1985 en que la CDMX resultó seriamente afectada porque muchas edificaciones se colapsaron. Es decir, las estructuras no resistieron la magnitud de aquel terremoto de 8.1 y las estructuras se fracturaron y muchos edificios se vinieron abajo.

A mí me sorprendió en un octavo piso de la colonia Polanco, los cimientos crujían y algunos cristales se rompieron. Pero, por fortuna, no pasó a mayores. Mi oficina de prensa se encontraba en la calle Viena, en la Zona Rosa. Hacia el mediodía, la dueña del inmueble me llamó para decirme que por favor sacáramos objetos de valor como la fotocopiadora, archiveros, máquinas de escribir ya que se había caído toda una pared lateral y probablemente sería saqueada en poco tiempo. A primera hora de la tarde fui a recoger esos instrumentos de trabajo y en las edificaciones de alrededor el espectáculo era dantesco.

Recorrí algunas cuadras y me encontré a la actriz María Félix llorando desconsoladamente, dentro de un convertible blanco, porque su edificio se había aplastado “como un acordeón”. Y así muchos otros en algunas colonias circundantes, como la Roma, la Condesa, la Cuauhtémoc, etc.

En cambio, otros edificios soportaron el embate del temblor y prácticamente no sufrieron daños.

Pensaba que éste es un buen ejemplo para explicar la unidad de vida. Me refiero a que para conseguir la plena madurez de la personalidad humana se requiere ser coherente o congruente con los propios principios o metas de vida. En todos los ámbitos: en la vida familiar, en el trabajo, en las relaciones sociales, etc.

Dan pena esas personas que en una iglesia o con su familia se comportan de una manera y, con sus amigos, al calor de las copas, realizan actos de los que luego se arrepienten, o bien, en el medio laboral a sus subalternos los tratan mal, les retrasan su salario o no viven la justicia social.

Este importante valor nos habla de que mujeres y hombres –sean adolescentes o mayores-, se encuentren solos o acompañados, mantengan sus principios vitales y tengan la valentía de decirles a quienes los pretenden arrastrar por otros equivocados caminos: “Esto que me proponen no va de acuerdo con mis convicciones”. Es decir, sin importar en absoluto el qué dirán ni los respetos humanos.

Un ejemplo concreto es la fidelidad conyugal. Es relativamente fácil ser infiel sin que la esposa –de momento- se entere, pero todo en esta vida se acaba sabiendo. Se trata de perseverar en el amor a la mujer a la que un día se prometió entregar la vida entera y a los hijos que se han procreado.

En otro sector no menos importante, en el trabajo profesional de debe de vivir la honradez, la eficacia, el realizar el quehacer profesional bien hecho, con sentido profesional, sin presentarlo defectuoso o de manera tramposa porque tarde o temprano el jefe se enterará y no vendrán las esperadas promociones dentro del mismo trabajo, los aumentos de sueldo, etc.

En cambio, cuando alguien tiene prestigio profesional se le suele invitar a laborar en otros trabajos mejor remunerados, incluso en corporativos de empresas multinacionales.

Algo semejante ocurre en las relaciones sociales con ocasión de amistad o del trato con colegas de la empresa. En la milicia se suele escuchar un dicho para referirse a una persona congruente, con principios bien determinados, y que no se dejan llevar ante el ofrecimiento de actos de corrupción y se suele decir: “Este es un hombre de una sola pieza”.

Dicho en otras palabras, que no se “quiebran” ante “cañonazos de $50,000 pesos”, como en los años veinte solía decir el General Álvaro Obregón.

A este tipo de personas “de una sola pieza” se le suelen confiar puestos de alta responsabilidad, en los que se deposita información confidencial y se requiere que sean personas probadas, con criterio y prudentes.

Me vienen a la mente personalidades del mundo de las Letras que resistieron a los embates del marxismo-leninismo, como: Aleksandr Solzhenitsyn quien por sus ideas contrarias al totalitarismo de izquierda fue enviado por varios años a una temida cárcel en Siberia. Sufrió toda clase de privaciones: frío, malos tratos, poquísima alimentación y todo tipo de vejaciones, pero al final permaneció fiel a sus principios y en 1970 se le concedió el Premio Nobel de Literatura, después de enviar sus obras través de amigos comunes y, una vez publicadas, sus obras fueron aclamadas por la crítica mundial en los países occidentales.

Otro caso muy conocido es el del escritor cubano, Armando Valladares, quien por su oposición al régimen de Fidel Castro pasó 22 años en prisión. Entre sus obras más conocidas, se encuentra: “Contra toda Esperanza” en la que nos muestra a un intelectual decidido a no ceder en sus convicciones, aunque pasara el resto de sus días en prisión.

La pregunta final es, ¿de dónde han sacado fuerza moral estas celebridades? De sus principios sólidos y firmemente arraigados porque el amor a la verdad –en estos casos- ha sido más poderoso que las amenazas de muerte.

El cine y la sexualización de los niños

“A fuerza de verlo todo, se termina por soportarlo todo. A fuerza de soportarlo todo, se termina por tolerarlo todo. A fuerza de tolerarlo todo, terminas aceptándolo todo. A fuerza de aceptarlo todo, finalmente lo aprobamos todo”. San Agustín de Hipona

Los niños cuya edad era de 3 a 5 años, se hallaban “peleando por amor”, un par besándose en la boca y hablando como adultos; alguno por ahí desvistiéndose mientras bailaba y otros lo veían; la mayoría usando únicamente pañales con enormes seguros, haciendo poses sugerentes. Todo ello fue filmado, no hubo escándalo en los medios de comunicación, no hubo demandados, ni mujeres feministas desgarrándose las vestiduras; no. Esto sucedió, ante los mirada impávida de la sociedad hace 88 años: se estrenaba en EEUU la saga de ocho capítulos llamada “Baby burlesque” protagonizada por la pequeña Shirley Temple con otros infantes.

No ha faltado quien se queja de que veamos con ojos “actuales” un programa hecho hace casi un siglo. No es paranoia, no es exageración; la pedofilia y la podredumbre ha existido desde hace mucho tiempo. Resulta obvio por tanto, que la industria cinematográfica dirija producciones a ese tipo de público. Tal abuso con la pequeña actriz siguió en sus largometrajes donde es coestrella siempre al lado de hombres con los que sostiene un trato muy cercano y sugerente. Aquellos fueron también los años de la caricatura “Betty Boop” con características abiertamente sexuales y que se vendió en nuestro país como si fuera para niños, cuando resultaba obvio que estaba dirigida a adultos.

Es probable que si la sociedad de hace un siglo hubiese alzado la voz y exigido que “Baby burlesque” se suspendiera, se habría detenido de algún modo el abuso de esos infantes y el posterior abuso a Sherley Temple. Se habría quizá evitado ver  la sexualización de Natalie Portman y Jodie Foster en películas como “León: el profesional” y “Taxi driver” respectivamente; se habrían evitado  producciones en las que hombres sostienen relaciones “amorosas” y sexuales con menores de edad, tratando de normalizar al mismo tiempo la homosexualidad y la pedofilia/pederastia a los ojos del público.

El objetivo es precisamente sexualizar a los niños, la destrucción del ser humano desde la más temprana edad, disfrazar de amor algo que no lo es y pedir tolerancia. Debemos cuidar a los hijos, lo que ven, lo que hacen, con quién están, los lugares que frecuentan, las amistades que forjan, los maestros que les imparten enseñanza, los familiares que están cerca de ellos, etcétera. Para ello es necesario que los adultos y padres se tomen en serio su papel protectores de la familia.  No podemos darnos el lujo de parpadear cuando se trata del cuidado de los hijos.

Pero ayer como hoy, no presentamos la resistencia que deberíamos a todo aquello que nos llega a través de la televisión, el cine, el internet, los portales de películas y los medios impresos. Y cada concesión que hacemos es una batalla que se pierde; nos tienen arrinconados con aquello de la “libertad de expresión” para que traguemos toda la podredumbre que antes debía permanecer en la clandestinidad pero hoy es puesta en la comodidad de nuestra sala sin que apenas nos demos cuenta, ya sea por indiferencia, negligencia o estupidez.

¿Y usted qué tipo de producciones permite que vean en su casa?

El tiempo de la vida es breve

El tiempo es un tesoro que se posee, pero es sumamente fugaz. Se nos escapa como agua entre las manos; transcurre de una manera casi imperceptible. Escribía el poeta Gustavo Adolfo Bécquer: “Al brillar un relámpago, nacemos y aún dura su fulgor, cuando morimos: ¡Tan corto es el vivir!”

Esta reflexión me venía con ocasión que hemos entrado en el último trimestre del año. Sin duda, un año especial por la pandemia.

Cuando miramos las fotografías de nuestra infancia y adolescencia con compañeros de la escuela y la universidad, notamos el paso irreversible del tiempo. Y tenemos que aceptar la edad con todas sus consecuencias.

Esto no lo digo para poner una nota dramática o negativa sobre esta realidad, sino para asumir plenamente este hecho y llegar a una conclusión: aprender a aprovechar bien el tiempo y sacaremos frutos jugosos.

Decía sabiamente el filósofo Séneca: “Apresúrate a vivir bien y piensa que cada día es, por sí solo, una vida”.  En este mismo sentido el pensador Gregorio Marañón escribía: “La vida es nueva cada día”.

Dicho en otras palabras, es importante aprender a vivir con optimismo y ojos llenos de ilusión cada día que vivimos. Siempre existen asuntos interesantes qué aprender, metas valiosas para ponernos y luchar cada día por mejorar, aunque sea en puntos concretos y pequeños.

El inolvidable Presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, quien lanzó el “New Deal” (“El Nuevo Trato”) una serie de medidas muy específicas para buscar soluciones viables frente a la tremenda crisis económica, después de la caída de la bolsa de 1929, Además, tenía una aprovechable convicción personal: “En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada”. Y fue un Mandatario que se enfrentó a muchas incomprensiones y críticas, pero él siguió adelante. Le tocó la difícil decisión de que su país entrara en la Segunda Guerra Mundial a pesar de la frontal oposición ciudadana y de muchos otros políticos.

Recuerdo que tenía a un maestro en la Universidad de Navarra que habitualmente estaba de buen humor, además de ser un erudito en su especialidad, era amiguero, extrovertido y practicaba el excursionismo y otros deportes. Con frecuencia me decía: “Vivir es algo maravilloso; no te la crees de tantas posibilidades que tenemos para ser muy felices”. Y ésta fue siempre su norma de vida.

Me viene a la memoria aquella célebre frase del pensador norteamericano Ralph W. Emerson: “Graben esto en su corazón: cada día es el mejor del año”. Considero que no le faltaba razón.

Tenía un tío de mediana edad -que ya falleció-, mientras que yo era un adolescente, me decía muy convencido:

-¡Ya verás cómo se te pasa la vida! Primero te parecen largas las semanas y los meses. Años después, te parecerá que las semanas se deslizan como un cuchillo sobre la mantequilla; los meses y los años como un puñado de días. Luego te das cuenta que la vida se te fue.

Y yo le decía:

-Con todo respeto, tío, ¿no estarás exagerando o dramatizando?

Me respondía:

–Ya lo comprobarás por ti mismo. Sólo deja que pasen algunas décadas. ¿Cuánto tiempo hace que me casé con tu tía? Y ahora todas tus primas se han casado o están por casarse y pronto seré abuelo. ¡Me parece increíble!

Cuando estudié Literatura y, dentro del Siglo de Oro Español, estudiamos los textos de Calderón de la Barca, en su conocida obra de teatro: “La Vida es Sueño”, me parecía desmesurado su planteamiento de considerar la existencia humana como una ilusión, una fantasía, un efímero sueño. Pero con el paso de los años le ido concediendo la razón.

El libro del Eclesiastés afirma con claridad, en Lengua Latina: “Tempus breve est” (“El tiempo es breve”). Y esta realidad nos ayuda a espolearnos y escudriñar bien el tiempo para sacarle el mejor provecho. Y concluyo con esta frase de un conocido pensador de nuestros días: “Nadie lo hará tan bien como tú, si tú no lo haces”.

La importancia de la capacidad de reflexión

Vivimos en una cultura contemporánea en que lo que premia y valora es la inmediatez: “hoy, ahora y cuanto antes”. Y esto en todos los ámbitos, en el trabajo, en el estudio, en la toma de decisiones, etc. Pero esto no es una problemática sólo actual, sino que existe desde que el hombre habita en la faz de la tierra.

Todos sabemos que la prudencia una virtud capital en la que se analizan con calma los pros y los contras de una determinación; los convenientes e inconvenientes; recabar antecedentes de un asunto; pedir opinión a los expertos y especialistas. De esta manera hay menos probabilidades de equivocarse.

Hace poco vi una película titulada: “Lejos del mundanal ruido” basada en la novela clásica de Thomas Hardy, con actores destacados como Carey Mulligan, Matthias Schoenaerts, Michael Sheen y Tom Sturridge.

El argumento se centra dentro de la segunda mitad del siglo XIX en la era victoriana de la región campirana de Inglaterra. Una chica casadera es la protagonista principal. Como era atractiva, lista y acababa de recibir una jugosa herencia, no le faltaban pretendientes para contraer matrimonio.

Uno de ellos era un rico hacendado, buen hombre, con virtudes. Le declara su amor en varias ocasiones, pero ella invariablemente rechazaba su ofrecimiento.

Había otro granjero con algunas propiedades, de condición más bien modesta pero de buen corazón, que también le propone matrimonio, ella lo rechaza en forma tajante.

En un momento dado de la película, la protagonista afirma que no le interesa casarse, que prefiere quedarse soltera de por vida.

Pero el día menos esperado, aparece en el pueblo un soldado británico, apuesto y experto en el arte de amar y pronto la seduce con ciertos actos de audacia y le insiste que la ama apasionadamente.

Pocos se explican cómo aquella joven tan recatada y prudente, se pone de novia con aquel advenedizo soldado. De inmediato el granjero le advierte que tenga cuidado con el militar porque tenía antecedentes poco recomendables y que no le garantizaba un feliz matrimonio.

Ella no hace caso alguno porque está como embelesada por aquel apuesto galán. Pronto se ponen de novios y se casan en breve tiempo. Todos fueron actos precipitados.

Una vez como esposos, ella descubre desilusionada: 1) tenía una amante y un hijo natural; 2) el soldado no trabajaba y le sacaba el máximo dinero posible a la chica. 3) Apostaba en los juegos irresponsablemente y las deudas las tenía que pagar la   esposa; 4) era alcohólico, presumido y perezoso.

Lo que plantea el novelista es cómo esta mujer fue capaz de cometer un mayúsculo acto de imprudencia, perdiendo toda objetividad en sus actos, dejándose llevar por sus impulsos y pasiones, que, a fin de cuentas, la llenó de dolor y amargura.

Es importante considerar que cuando se pierde la capacidad de reflexión sobre los propios actos se llegan a cometer graves errores y equivocaciones. Pensaba en tantas mujeres que cometen el mismo error y pronto se separan del marido. O bien, en aquellos hombres de empresas que se lanzan a una aventura para invertir una fuerte suma de dinero en un negocio que no garantiza y luego viene la quiebra.

No es posible olvidar aquella crisis financiera de 2008 que se originó en Estados Unidos, tan grave como la de 1929. Los vendedores inmobiliarios comenzaron a ofrecer residencias, casas de campo, coches, etc. otorgando un cómodo sistema hipotecario. Sobre todo, a inmigrantes y personas de escasos recursos.

Esta problemática tuvo dos caras de una misma moneda. Por una parte, los que adquirieron esos bienes inmuebles no consideraron el monto global de su endeudamiento a largo plazo, que era por muchísimos años, ni los intereses mensuales que deberían de pagar, así que en muy poco tiempo adquirieron una deuda insostenible para su modesta economía. Desde luego fue un acto de imprudencia e incapacidad de reflexión acerca del compromiso que estaban adquiriendo.

Recuerdo una fotografía dramática, de unos inmigrantes que vivían en una lujosa residencia y, con ocasión de sus fuertes deudas, tuvieron que abandonarla e instalarse temporalmente en tiendas de campaña dentro de lo que era su jardín. Así que la pobreza prolifero rápidamente en miles de personas que se quedaron sin hogar.

Por el otro lado, fue lamentable que los que vendían esas casas, se conformaron con recibir sus comisiones por las ventas y no se interesaron del desastre económico que provocarían a nivel nacional e internacional. Cuando los expertos dieron la voz de alarma de esa burbuja financiera que se estaba viviendo, ni Wall Street ni los demás grandes bancos les dieron importancia alguna. ¿Cómo se explica esto? Por codicia, ambición de ganar más dinero a toda costa y una grave irresponsabilidad. Luego vinieron las medidas punitivas y se tipificaron como delitos penales dichos abusos.

A lo largo de toda la existencia es sumamente importante aprender a reflexionar sobre los actos que se piensan realizar o que se han efectuado y sacar consecuencias prácticas. Por ejemplo: “Me he equivocado en esto y lo otro; en cambio, tuve estos buenos aciertos”. Y nunca olvidar esas experiencias de vida que son fundamentales en la madurez de la personalidad.

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