Ucrania y los efectos de una guerra

“La humanidad anhela liberarse de la pobreza, del trabajo, de la guerra, de todo lo que pocos eluden sin envilecerse”. Nicolás Gómez Dávila

Sucedió al término de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sarajevo 1984, una de las guerras más crudas de la era moderna, la guerra de Bosnia. Tan solo esperaban que la justa invernal terminara para dar paso a una guerra que cobraría miles de vidas y causaría miles de desplazados. En esta ocasión se vaticinaba que después de los Juegos Olímpicos de Invierno Pekin 2022, Rusia invadiría Ucrania. La salida del país de todos los deportistas visitantes era la prioridad del gobierno chino. Los pronósticos se hicieron realidad: el 24 de febrero a las 5 am, hora de Kiev, el mandatario ruso Vladimir Putin anunciaba una operación militar especial para proteger a los separatistas de las zonas de Donetsk y Luganks situadas en la región del Donbass.

Horas después, Ucrania condenando la invasión a su territorio, declarando ley marcial, por ello el Ministerio del Interior prohibió la salida del país a hombres de 18 a 60 años, para servir de manera militar. Rápidamente comenzó la despedida de sus familias. Del mismo modo, llevaron a cabo la distribución de rifles entre los civiles. Una medida desesperada ante la guerra con Rusia. Esta claro que cuando las cosas se tornan difíciles nadie piensa en la insensatez de la ideología de género, en prohibir la salida de mujeres para que defiendan la patria so pretexto de la igualdad. Esta discriminación hacia la mujer y niños se da en razón de su capacidad reproductiva y protección a la futura generación, respectivamente.

Por otro lado, al margen de la terrible situación en la que se hallan los civiles orillados a refugiarse, la defensa de la patria no debería ser obligatoria, sino una exigencia personal. El amor a la patria obliga en conciencia a defenderla, de tal suerte que no habría que esperar a que un gobierno obligue, sino acudir en su defensa cuando la están invadiendo. Pero aquello de la «paz y fraternidad mundial», aquello de la «no violencia» a cualquier costo ha producido sus frutos: oleadas de esclavos intelectualmente débiles, indiferentes a su patria, so pretexto de su seguridad. Ahora bien, decir que toda guerra es mala y debe evitarse a como dé lugar, es muy propio de una sociedad occidental cada vez más afeminada. Hay razones válidas para tomar las armas y matar: en legítima defensa y en guerra defensiva (entre otras más).

La causa justa se da siempre en la guerra defensiva, contestando una agresión injusta y habiendo agotado los medios pacíficos, debe ser decretada por una autoridad legítima, nunca se produce por odio sino por un derecho que se ha violado. La guerra ofensiva en sentido estricto es injusta. En el presente caso sería difícil asegurar si hay causa justa en la guerra y en quién recae el derecho legítimo a defenderse. Hay muchos intereses en juego y el panorama del conflicto bélico que los medios de comunicación nos presentan es, en gran parte, sesgado. Sale a la luz por ejemplo, la guerra que Ucrania mantiene desde el 2014 en la región de Donbass con tintes de limpieza étnica; pero los separatistas en esa zona son instigados por Rusia que ambiciona lo que una vez fue parte de la Unión Soviética.

Así pues, resulta osado justificar/disculpar la invasión de este país a Ucrania so pretexto de una guerra que lleva 8 años en aquella región y que Rusia misma ha provocado. Y en medio de todo esto, la OTAN que comete crímenes impunemente y cuyos intereses geopolíticos nos lleva a cumplir rápidamente con la Agenda 2030 del Nuevo Orden Mundial: dos años de “pandemia”, después una guerra que producirá carestía y alza de precios, más tarde, el hambre. Una guerra puede ordenar nuestras prioridades y hacer a un lado la estupidez, una guerra puede sacar el valor o la cobardía de las personas, puede abrirnos los ojos sobre la miseria del mundo y mostrarnos lo equivocados que estábamos obligándonos a reaccionar; he ahí algunos de los efectos de una guerra, viviendo a distancia.

Está claro que en todo este caos, la víctima es la población civil no solo en la región de Ucrania sino a nivel mundial, porque, lo que hoy sucede en el país eslavo, nos arrastrará a todos, eso es seguro…

Valores y virtudes para aprender de los atletas olímpicos

Siempre que veo por internet o televisión a los atletas en los juegos Olímpicos, estoy casi seguro que son personas con muchos valores. Naturalmente, habrá sus excepciones.

Considero en el gran número de tiempo que han dedicado a sus respectivas especialidades para lograr tener un papel destacado.

Observando, por ejemplo, el patinaje artístico y a sus competidores de las recientes Olimpíadas de Invierno, tengo la impresión de que todos podrían haber sido campeones por su calidad y profesionalismo. Aunque los jueces determinen quiénes lo hicieron mejor mediante la puntuación. Un cronista de la TV comentaba que ese patinaje por parejas o individual es una conjunción de arte, ballet y gimnasia con una coreografía y música bien seleccionadas.

Recuerdo la alta puntuación que alcanzaron Olga Korbut en Munich (1972), Nadia Comaneci en Montreal (1976) con calificación ¡de100 puntos cerrados!, Svetlana Khorkina en Atlanta (1996) dentro de la gimnasia olímpica. Ellas aún siguen siendo leyenda y están presentes en la memoria de los seguidores de ese deporte.

Svetlana decía -en una entrevista de prensa- que al mirar en Atlanta el enorme estadio completamente lleno, con personas de muy diversos países, lenguas y una gran cantidad de medios de comunicación sintió vértigo porque ella contaba con escasos 15 años -casi una niña- y habitualmente trataba a pocas personas ya que era originaria de una población pequeña. Su rutina era desplazarse desde su departamento al gimnasio donde entrenaba y luego regresar a su casa. Pero de pronto, el enfrentarse a tanto bullicio de toda aquella multitud se desconcertó. Tuvo que hacer acopio de sus fuerzas mentales para no desconcentrarse en medio de ese barullo y, finalmente, obtener su presea de oro.

Previo a la competición, ellas y ellos tuvieron que vencer infinidad de obstáculos para ser seleccionados en las rondas eliminatorias de sus países o regionales y poder competir en las Olimpíadas. Cuando obtuvieron las medallas comentan –con emoción- que aquellos sueños que tenían desde su infancia o adolescencia se convirtieron en realidad. Su alegría aumenta cuando ven izarse las banderas, escuchar los himnos de sus respectivas naciones y considerar el gozo que tendrían –en ese momento- sus familiares, amistades y paisanos.

El lema de los atletas suele ser: no decepcionarse o desanimarse ante los fallos o equivocaciones, obedecer a sus entrenadores y no perder la esperanza de ganar en las diversas competiciones. Saben que el fracaso es parte del aprendizaje y que jamás se debe abandonar la lucha.

Se suelen lastimar sus músculos, tendones y ligamentos y esperar con paciencia su restablecimiento. A veces se avanza un poco y otras, tienen la impresión que retroceden.

Es cuando entra en juego el espíritu deportivo para levantarse y recomenzar cuantas veces haga falta. Como escribía Winston Churchill: “En el combate; resolución; ver la derrota como un desafío; en la victoria, magnanimidad; en la paz, buena voluntad”.

O también, aquella conocida frase: “El carácter se manifiesta en los grandes momentos, pero se construye en los pequeños”. Es decir, los grandes logros se obtienen a base de cosas pequeñas, como lo comentan los atletas con sus entrenamientos diarios. En las importantes competiciones confiesan que se suele experimentar miedo, pero hay que aprender a autocontrolarse.

Y hay unas palabras muy inspiradoras de Churchill para los que suelen competir y, en general, un buen consejo para enfrentar las dificultades de la vida: “Nunca te rindas, nunca, nunca, nunca, en nada grande o pequeño, largo o corto, nunca cedas ante tus convicciones de honor y sentido común. Nunca te rindas ante la fuerza, nunca sucumbas ante el poder aparentemente abrumador del enemigo”. Estas consideraciones las pronunció por la radio para animar a los ciudadanos ingleses a resistir mientras las fuerzas alemanas destrozaban la ciudad de Londres.

Entre septiembre de 1940 y mayo de 1941 el ejército nazi desarrolló una campaña de bombardeo sistemático contra Inglaterra, conocida como “Blitz” (relámpago”). Murieron cerca de 43,000 civiles. Ese dramático episodio histórico, Gran Bretaña se encontraba sola, sin el apoyo militar de los Aliados, para enfrentarse a Adolfo Hitler, pero gracias a la firme determinación, el liderazgo y la valentía de Churchill, la ciudadanía conservó la calma y la esperanza.

El atleta Usain Bolt, corredor de los 100 y 200 metros planos obtuvo numerosas medallas de oro en los juegos Olímpicos de Beijing, Londres y Río de Janeiro. Perseveró en su afán por romper récords mundiales y lo logró con creces. La velocidad que alcanzaba en las pistas era asombrosa.

Anteriormente, en la década de los ochenta, el atleta Karl Lewis destacó por sus triunfos en esas mismas pruebas, más la del salto de longitud. También fue impresionante la cantidad de combates de box que tuvo que sostener José “Mantequilla” Nápoles para obtener el campeonato mundial de Peso Welter, no se obstante que no se le permitía luchar contra el campeón por diversas razones, pero no se desanimó y fue constante en sus deseos de triunfar. Por otra parte, la mujer más veloz del mundo es la jamaicana Elaine Thompson, con 3 medallas de oro obtenidas en la pasada Olimpíada de Tokio, al superar a Shelly-Ann Fraser-Pryce. Y así podríamos seguir relatando numerosos valores y virtudes de los atletas.

La influencia de la música y sus contenidos

Cada vez más me sorprende la influencia ideológica que ha ejercido la música popular y sus contenidos en la sociedad. Es verdad que esta influencia es multifactorial porque de la misma manera influyen las series de TV (como Netflix), las películas, los videojuegos, los libros, las redes sociales y demás medios de comunicación.

Cuando era adolescente se notaba claramente el modo de pensar de las personas de la década de los veinte y treinta porque se caracterizaban por tener una sensibilidad cargada de romanticismo. Les agradaba bailar el Charleston o el Foxtrot. Además, les gustaba escuchar las composiciones de Agustín Lara, de Ricardo Palmerín, de Guty Cárdenas, de María Grever. O bien, las interpretaciones de Emilio Tuero, Pedro Vargas, “Toña La Negra”, María Luisa Landín, Libertad Lamarque, Sarita Montiel.

O si les agradaba la música ranchera, preferían escuchar a Tito Guízar, a Jorge Negrete, a Lola Beltrán, a Pedro Infante o a los Tríos. En los años posteriores a José Alfredo Jiménez, Javier Solís y Lucha Villa donde los problemas sentimentales se resolvían en la cantina desahogando sus penas con un grupo de amigos. Como dice aquella canción de José Alfredo: “Quien no llega a la cantina exigiendo su tequila, / exigiendo su canción” (“Tu Recuerdo y yo”), que sin duda promocionó en algunos la afición por el alcoholismo.

La década de los años cuarenta y cincuenta recibió la influencia militar ya que miles y miles de soldados, durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), marcharon al frente para combatir contra los nazis de Adolfo Hitler, los fascistas italianos de Benito Mussolini, los japoneses, o bien, participando en la Guerra de Corea (1950-1953). En los centros educativos se tuvo la tendencia a impartir una educación más rígida y formal acordes con la época. Aparecieron las grandes bandas como la de Glenn Miller o la de Tommy Dorsey que interpretaban Frank Sinatra, Tony Bennett, etc. con los bailes del Swing o del Boogie Woogie.

En México y Latinoamérica floreció la música tropical procedente, sobre todo, de Cuba y Brasil: como la Cumbia, el Cha,, Cha, Cha o el Mambo. Ritmos alegres y contagiosos por naturaleza. Destacaron Celia Cruz (“La Guarachera”), la Sonora Matancera, la Sonora Santanera o Dinamita. Se respiraba un ambiente optimista y lleno de entusiasmo. Nadie suponía que el 1 de enero de 1959 el líder guerrillero comunista, Fidel Castro, impondría en Cuba un régimen dictatorial que acabaría con las libertades ciudadanas, cometiendo infinidad de crímenes abusos contra los derechos humanos.

En la década de los sesenta vino el cambio ideológico, una evolución en las modas y costumbres; con una inesperada revolución en el modo de pensar, de actuar y una brusca ruptura contra lo establecido por las generaciones anteriores. Esto se apreció en el mayo de Francia de 1968 y en muchos otros países como México, Alemania, Italia, Gran Bretaña…

El caso de Estados Unidos considero que fue un completamente aparte porque se comenta que algunos profesores de la Universidad de Stanford (ubicada a 56 kilómetros de San Francisco.) influenciados por las teorías del escritor Aldous Huxley (1894-1963) y autor de los conocidos libros “Un Mundo Feliz”, “Las Puertas de la Percepción”, “Contrapunto”, etc., propuso la experimentación con la droga        L. S. D. (dietilamida del ácido lisérgico) que altera el sentido del espacio, la distancia y el tiempo, con sensaciones extrañas y emociones fuertes y cuyo efecto puede durar hasta 12 horas. Se trata de una droga alucinógena.

Estos profesores la consumieron y animaron a algunos alumnos de esta universidad a consumirla también. De ahí mismo nació el movimiento “Hippie” con su lema de “Haz la Paz y no la Guerra”. Se trataba de una ideología que proponía un cambio de actitud frente a los gobernantes que promueven el belicismo, de mantener una armonía con la naturaleza y el cosmos.

Comienza a surgir la música Psicodélica (producto del L. S. D.). Si antes eran ritmos alegres para jóvenes colegiales como el Rock and Roll o el Twist, a partir de esa nueva oleada la música conlleva mensajes importantes con la finalidad de cambiar la mentalidad de la gente joven.

De esta manera aparecen cantantes como Bob Dylan, Joan Báez, Donovan o grupos psicodélicos como “Cream”, “The Beatles” (en su segunda época), “Pink Floyd”, “Jefferson Airplane”, Janis Joplin, “Grateful Dead”, “Love”, “Jimi Hendirx Experience”, “The Doors”, “The Byrds” y muchos más.

Fue tan intenso el “bombardeo psicológico” en los jóvenes a través de los medios de comunicación, particularmente en la música, que llegó un momento en que muchos jóvenes deseaban experimentar con las drogas alucinógenas y también con el peyote, la marihuana, la cocaína, la heroína y fue impresionante el número de víctimas que fallecieron por sobredosis de drogas como Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison (vocalista de “The Doors), Brian Jones ( del grupo “The Rolling Stones”), Syd Barret (líder, cantante y compositor de la banda inglesa “Pink Floyd”), Keith Moon, baterista del grupo “The Who”, Kurt Cobain, cantante del grupo “Nirvana” quien se suicidó.

Muchos otros actores, actrices, cantantes más recientes y figuras del espectáculo murieron por sobredosis. Y, por supuesto, millares de jóvenes en todo el mundo.

Este es el resultado de una generación que quiso cambiar el mundo, con lo establecido cuanto antes (“hoy y ahora”) y escogieron la pista falsa de las drogas o la adicción alcohólica.

En el matrimonio: “El amor siempre gana”

En cierta ocasión miré un gran anuncio publicitario en una transitada avenida de la Ciudad de México en el que se promocionaba un determinado producto y en la parte final hacía énfasis en esta idea: “El Amor Siempre Gana”.

Un concepto que me pareció provechoso para abordar el tema que quiero tratar con ocasión del ya cercano 14 de febrero, “Día del Amor y la Amistad”. Tradicionalmente se enfoca al noviazgo, pero considero importante también encuadrarlo dentro del matrimonio.

¿Por qué? Porque esa unión del marido y la esposa es para siempre. Me encanta observar esas grandes fotografías, normalmente colocadas en una pared, en la que están los abuelos ya mayores, los hijos, los muchos nietos y algunos bisnietos.

Cuando les pregunto a los abuelos por los nombres de los hijos y las hijas me responden con orgullo que cada uno tiene una profesión, algunos son Ingenieros, oros médicos, otros administradores, otras dentistas o abogadas. Y entre los nietos hay quienes tienen bien determinada la carrera universitaria que quieren cursar.

Después, con toda naturalidad se orienta la conversación hacia el inicio de su matrimonio. Desde los apuros económicos que tuvieron que pasar para sostener a una familia numerosa, luego comprar una casa propia o aquel primer coche que tuvieron. La infinidad de anécdotas divertidas que han ocurrido a lo largo de 50 o 60 años de casados.

Es evidente que el mayor orgullo de los abuelos son sus propios hijos y nietos. Relatan con gusto los logros profesionales del hijo que es médico neurocirujano, la hija especializada en Endodoncia, o bien, que el administrador, con maestría en dirección de empresas, consiguió un importante trabajo directivo en un corporativo de Estados Unidos.

Y es hermoso ver cómo esos esposos se siguen tratando con cariño y afecto, como cuando eran novios, cuidando el uno para el otro, mil detalles de servicio y deferencia. No se han dejado llevar por la rutina, el cansancio o la monotonía con el paso de los años y cada nieto o bisnieto es una ocasión de enorme alegría.

Resulta un testimonio elocuente la anécdota que se cuenta del estadista y canciller de Alemania, Otto Von Bismark (1815-1898) y una de las figuras clave de las relaciones internacionales durante la segunda mitad del siglo XIX.

Bismarck estaba casado con una mujer procedente de un modesto pueblo de Alemania y ella no pertenecía a la aristocracia.

Bismarck viajaba con mucha frecuencia y se entrevistaba con importantes personalidades, de ambos sexos, del mundo de la política, de la realeza, de la diplomacia, de la cultura…

En muchas ocasiones, ella no podía acompañarle en esos viajes. Un día le externó, por carta, un temor que tenía:

“ – ¿No te olvidarás de mí que soy una provincianita, en medio de tus princesas y embajadoras?”

Él respondió de modo contundente:

 “ – Olvidas que me he desposado contigo para amarte?”

Es decir, Bismarck le dijo que se había casado con ella no porque la amaba cuando eran novios o de recién casados, sino que le comunicó lo que pensaba sobre esa unión matrimonial, en el tiempo presente y mirando hacia el futuro: “me he casado contigo para amarte por siempre”.

El amor debe ser una decisión para toda la vida. Al formar un hogar y una familia se consolida una comunidad de vida en la que los esposos se comunican los anhelos, las ilusiones, los ideales; en definitiva, la totalidad del ser y la existencia.

No caben las desconfianzas ni los recelos. Tampoco se deben dar cabida a los resentimientos ni rencores. Todo ser humano tiene defectos y equivocaciones. Uno de los cónyuges puede pasar por un mal rato en su carácter o un estado de ánimo menos amable. Pero se impone siempre la inmensa capacidad de perdonar, comprender y disculpar, si surgieran esos naturales roces que genera toda convivencia.

La fidelidad de los cónyuges es lo que más los llena de alegría, lo mismo que los hijos y los nietos. Paladean todos esos años que vivieron juntos, desde que se conocieron. Luego cuando se pusieron de novios e iban a fiestas y bailes.

La vida misma les enseñó a apreciar otras realidades que habitualmente no aparecen en los anuncios publicitarios. Por ejemplo, que la felicidad está en cuidar los pequeños detalles de afecto, en las manifestaciones de cariño cotidiano, en procurar la paz y armonía en el hogar, en tener un mismo corazón y un mismo espíritu para sacar adelante a la familia y juntos compartir alegrías y tristezas. Porque los esposos están llamados a sumar sus capacidades, ayudarse en sus limitaciones y armonizar sus esfuerzos.

Es en los momentos difíciles cuando se consolida y acrisola ese amor conyugal. Es entonces cuando se arraigan en los corazones la entrega mutua y el cariño, porque el verdadero amor no busca su propio provecho de manera egoísta, sino que se orienta siempre al bien de la persona amada. Como escribía el literato francés, Antoine de Saint-Exupéry: “Amar es mirar juntos en la misma dirección”.

Six Flags y la ventana de Overton

«La única educación posible es esta: estar lo bastante seguro de una cosa para atreverse a decírsela a un niño» G. K. Chesterton.

Joshep Overton, vicepresidente del Centro Mackinac de Políticas Públicas, instituto de investigaciones en política en EEUU, desarrolló una teoría sobre cómo es posible conseguir que una idea irracional, al ser promovida en la sociedad, sea aceptada e incluso se vuelva obligatoria. La ventana hace alusión a un espacio delimitado en el cual podemos ver algunas situaciones y otras no; quienes la construyen tienen, desde luego, control político a nivel mundial; mueven esa ventana de acuerdo a sus intereses. Toda idea colocada dentro de ella va en detrimento de la sociedad: ideas que de exponerse tal cual son, la sociedad combatiría de manera frontal.

Una de las ideas que ha sido llevada a la ventana de Overton es la aceptación de las relaciones homosexuales y el “derecho” a expresarse donde sea que vayan. Para darnos cuenta de lo que ha sucedido, basta con mencionar que hace unos días el parque de diversiones Six Flags ubicado en la CDMX fue denunciado por “discriminación” hacia una pareja homosexual. El motivo indicaron, un beso dentro de dicho parque, por lo cual se les invito a salir de las instalaciones. Six Flags tenía en sus políticas una que disuadía a los asistentes de “ser demasiado afectuosos” en el parque y que se aplicaba a todos por igual.

En protesta, parejas de homosexuales organizaron un “besotón” el 30 de diciembre en la entrada de dicho parque, cuya administración se reunió con una comisión de la comunidad homosexual y autoridades de CDMX. La empresa se disculpo mediante un comunicado en el que indica eliminar la política que hace referencia al comportamiento afectuoso de los visitantes La medida derogada podría parecer absurda, pero todo aquel que haya viajado poco o mucho en el transporte público, se da cuenta de que las parejas homosexuales suelen ser exhibicionistas, particularmente cuando ven niños, pues se han propuesto educar a las nuevas generaciones a como dé lugar con el argumento de libertad de expresión y del «love is love».

Pero el sentido común nos indica que todo exhibicionismo está mal, sea en la calle, en un restaurante, en casa o en un parque de diversiones, esta mal. Para que un acto sea gesto de amor, debe ser ordenado, complementario (hombre-mujer) y pudoroso. No se le puede llamar a cualquier cosa amor, como no se le puede llamar día a la anoche. No se puede enseñar a los niños que los actos homosexuales sean moralmente lícitos porque es un ataque directo a su niñez. La familia, la sociedad y las autoridades, que debieran salvaguardar su infancia, llevan hasta su espacio de esparcimiento actos intrínsecamente desordenados y desde ahora estarán obligados a verlos.

La ventana de Overton hizo que en el siglo pasado se hablara del tema de la homosexualidad con enfoque científico, después un tema de discusión, dejando de ser tabú; más tarde, que los actos homosexuales siempre y son parte inherente de la naturaleza humana. Luego que la homosexualidad no es una enfermedad (desaparece del listado de enfermedades mentales), está ahora en los genes, “se nace homosexual”, aparece el término “homofobia”. Después, los medios de comunicación promocionaron cantantes, actores, deportistas y políticos declarándose homosexuales; el cine hace lo suyo incluyendo personajes homosexuales divertidos, luego inteligentes y después agresivos. En este punto el tema es ya popular en la sociedad. El aspecto legal entra en escena: uniones homosexuales, obligación de enseñar ideología de género en las escuelas, adopción de niños por parte de homosexuales, obligarles a ver los actos homosexuales a cualquier lado al que vayan y por último, criminalización de todo aquel que se oponga a ello.

Y cada etapa de la ventana de Overton fue exitosa debido a la negligencia y contubernio de los poderes políticos, de la psiquiatría, medios de comunicación, sociedad y la propia familia. Y la consecuencia de todo ello ha sido una ruptura social irreparable. La agenda homosexual ha declarado abiertamente que va por sus hijos, que los educará y los volverá sus aliados. ¿Hay alguna forma de combatir la situación actual? Limpie su razonamiento, no puede ser un débil mental, fórmese e infórmese, usted mismo y a los suyos. No todo es libertad de expresión; dé testimonio del amor ágape entre un hombre y una mujer; en la crianza de los hijos se debate la guerra. Ya lo afirmaba Gilbert Keith Chesterton:

«Un padre y una madre unidos en matrimonio, tomados de la mano y paseando con sus hijos en brazos, será el gesto más revolucionario e intrépido en este decadente siglo XXI»…

El liderazgo provida y el católico

“Si la Revolución es el desorden, la Contra-Revolución es la restauración del Orden.Y por Orden entendemos la paz de Cristo en el Reino de Cristo. O sea, la civilización cristiana, austera y jerárquica, fundamentalmente sacral, antiigualitaria y antiliberal”. Plinio Corrêa de Oliveira

Hace algunas semanas se desato en redes sociales una batalla campal de una organización juvenil de derecha. De los tantos mensajes que derivaron de aquello, me llamo la atención uno en particular que afirmaba que la lucha provida debía ser liderada por católicos. Dicha aseveración causo reacciones de desaprobación justo donde no debían suceder: entre católicos. Su lógica respondía a la cada vez más difundida idea de inclusión y formación de un frente común ante la aplanadora abortista cuyos avances en el aspecto familiar, social y legislativo han sido demoledores en los últimos años. Cabe mencionar que llamarse de derecha tanto como llamarse de izquierda es indicativo de que tal o cual organización esta destinada al fracaso, pues ambos extremos son, por sí mismos, destructores del orden social.

Unirse para ganar en una causa tan delicada no es malo en sí, pero definitivamente no cualquiera puede liderar una empresa exigente como la lucha provida, sea en las redes sociales, en la legislación, e incluso en campañas de oración. El liderazgo provida ha de estar en manos de católicos y aún entre éstos debe elegirse a aquel que pueda reunir ciertas características: formación sólida en el tema, de manejo de información, ciertas capacidades de comunicación, carácter y particularmente formación en la fe católica. Esto último siendo lo más importante es la columna que sostendrá al católico en la lucha provida. Suele hallarse católicos bien intencionados pero terriblemente ignorantes que, al hacer su fe a un lado so pretexto de buscar unión, desechan aquello que les sostendría en el combate.

Muchos dirán justo ahora que esta lucha es de todo ciudadano de buena voluntad, de todo aquel que defiende la libertad no importando su credo o sus ideas político-religiosas personales, porque “lo importante es la defensa de la vida” y por ende, excluirlos de liderar, esta mal. Bien, un protestante, un judío, un ateo, un musulmán y un católico liberal, por ejemplo, pueden defender la vida a rajatabla pero es común verlos ceder en temas como anticoncepción, adopción de niños por parte de homosexuales, aceptación de unión homosexual siempre que no toquen los impuestos, eugenesia; estar en contra de la violación pero a favor de las relaciones sexuales consensuadas fuera del matrimonio; combate de pornografía pero defensa de la mujer en el “sexo servicio”, etcétera. Y algunos de esos errores vienen desde su credo o ausencia de éste, es decir, la raíz de su discernimiento esta mal.

Frances Kissling ex-monja fundadora de «católicas por el derecho a decidir” nos da la respuesta: «Si nosotros como movimiento, tuviéramos que tratar de la moralidad en el aborto, nosotros perderemos, porque el discurso moral está controlado por los hombres y por la religión y está construido contra las mujeres (¿?). Pero esta perspectiva católica es el lugar exacto donde comenzar el trabajo, porque la posición católica es la más desarrollada. Así si uno consigue refutar la posición católica, refuta todas las demás. Ninguno de los otros grupos religiosos realmente tiene declaraciones tan bien definidas sobre personalidad, cuándo la vida comienza, fetos, etc. Así si se derrumba la posición católica, se gana.»

Así que considerar la unión más importante que la verdad es un craso error. No todos conocen la verdad y si lo hacen, no todos la aceptan; no todos son líderes, es preciso entenderlo para no caer en aquel argumento viciado de la “inclusión” y “exclusión”; por ejemplo, no todos son capaces de sostener un debate, no todos conocen de leyes, no todos tienen habilidades comunicativas; pero todos pueden trabajar en dar una educación católica sólida a las generaciones presentes, sea a nivel familiar, parroquial o en institución educativa. Todo católico ha de prepararse desde su trinchera para propagar la cultura de la vida, para combatir las ideas de católicos liberales que fisuran el movimiento provida y combatir los intereses que lo alejan de su recta intención. Así que la cuestión es simple: todos pueden ser milicia, sí, pero no todos pueden ser generales.

El caso de los liberales (católicos o no) es de mencionarse ¿Cuántos liberales ve usted al interior del movimiento provida? Entran y dividen organizaciones, enlodan la causa y la limitan; lo que no logra la aplanadora abortista desde fuera, lo hacen los liberales desde dentro. ¿Se ha preguntado cómo es que tanto liberal “provida” tiene voz en los medios de comunicación? Una característica común es verlos blasfemar o burlarse de los católicos en uno u otro aspecto y a éstos, defenderlos so pretexto de la libertad de expresión, penoso. Es lo que hay, pero es bien sabido que los ciegos no pueden guiar a nadie, no importa cuán áspero le parezca esto.

Al margen de la lucha de egos y desacuerdos que llegan a presentarse en muchas organizaciones provida, el católico debe tener presente esto: los frentes que hay que defender son muchos y es preciso que la aplanadora abortista no encuentre fisura alguna en ellos. En todo ámbito hay jerarquía y, el católico per ser está destinado a ir en vanguardia. Ya lo han dicho antes: “La contrarrevolución será católica o no será”…

La esperanza: una actitud positiva frente al futuro

La esperanza es la positiva apertura hacia el futuro que está impregnada por el deseo de alcanzar los bienes anhelados y la ilusión por lograrlos.

Siempre me ha sorprendido la visión esperanzada y alegre de los jóvenes. ¿Qué esperan? Culminar sus estudios universitarios y de posgrado. Contraer matrimonio y fundar una familia. Conseguir un mejor trabajo y obtener mayores ingresos.

Posteriormente, tener una casa propia y ocuparse de la educación responsable de sus hijos. Confían en que sus planes se concretarán satisfactoriamente. Tienen un entusiasmo vital para enfrentarse a los posibles obstáculos que saben aparecerán en sus caminos, la esperanza puesta en que los resolverán y nada ni nadie podrá eliminar esa inconmensurable alegría que experimentan.

Saben que sus metas las lograrán con paciencia y buen humor y son inasequibles al desaliento porque viven con mucha fe en el futuro. Vencen cualquier actitud pusilánime o pesimista. Por ello, me gusta convivir con la gente joven porque tienen un entusiasmo contagioso e invariablemente salgo rejuvenecido cuando converso con ellos. Son divertidos y comparten el lado agradable de la existencia humana.

Por el contrario, he observado la actitud de algunas personas mayores que comentan entre ellos acerca de esta realidad: “Espérate a que pasen los años y que se topen con grandes problemas. Entonces se acabarán sus ideales”. Nunca he estado de acuerdo con esta visión tan cruda y desencarnada.

El “espíritu joven” se puede llevar siempre en el corazón. Me viene a la memoria aquel relato de Raymundo, un empresario de edad avanzada, que me comentaba muy entusiasmado: “Estamos iniciando un desarrollo inmobiliario en “Los Cabos”. En cinco años esperamos vender los departamentos construidos. Y luego nos lanzaremos a invertir más dinero para construir el doble de departamentos porque están viniendo muchas personas jubiladas de Estados Unidos y Europa. Me admira cómo se interesan por adquirirlos. En diez años haremos otros planes todavía más ambiciosos. En veinte… En ese momento, titubeó y me dijo con objetividad y humildad: Bueno, a esa edad ya no llegaré. ¡Pero continuarán mis hijos y mis nietos con esos desarrollos!”-concluyó sonriendo. Y pensé en mi interior, este buen amigo tiene el corazón joven no obstante su avanzada edad.

Relato esta anécdota porque ciertas personas mayores –desde luego no todas- a medida que van envejeciendo se obsesionan demasiado con sus enfermedades y achaques propios de la edad. Pierden casi toda ilusión por vivir. Prácticamente nada les llama la atención. Con frecuencia conversan de épocas anteriores. Me recuerda aquella popular canción del grupo español “Mecano”, cuya letra dice: “Ay, qué pesado, qué pesado. / Siempre pensando en el pasado. / No te lo pienses demasiado. / Que la vida está esperando”.

En efecto, la vida nos está esperando para continuar haciendo planes y proyectos. Por ejemplo, hay muchas personas de la Tercera Edad que toman clases de computación, de música, inglés, etc. Cada vez, es más frecuente que personas en esa misma edad culminen sus estudios universitarios, o incluso, ¡de Posgrado!

Tengo algunos conocidos míos a los que visito con frecuencia que sufren un cáncer en fase avanzada. No pierden la alegría y se esfuerzan por sonreír. Sé que están acudiendo con su Oncólogo y les inyectan y les dan a tomar medicamentos que los debilitan demasiado y pierden el apetito por unos días. Lo asombroso es que nunca he escuchado una palabra de queja de parte de ellos. ¿Por qué? Porque han aprendido que el dolor y la alegría son compatibles. Aunque esto suene a un disparate. Ellos continúan, en la medida de sus posibilidades, sacando adelante su trabajo. No es que escondan sus males. Simplemente han aprendido a ubicar sus dolencias en un lugar adecuado, sin dramatizar.

Como escribía el Psiquiatra vienés Dr. Viktor Frankl: “Cuando el hombre aprende a dar un sentido trascendente a sus enfermedades y a otros problemas comprende que todo tiene un “para qué”, entonces descubre su profundo significado.

Recuerdo a un célebre pensador, que se encontraba con graves dolencias y en su diario del último año que vivió, escribió: “Ningún día sin dolor y siempre con alegría”. No le tenía miedo ni a la enfermedad ni a la muerte. Murió como un hombre valiente y siempre he sentido gran admiración por él.

Todas estas reflexiones vienen con ocasión de que se nos acerca el fin de año. Muchas personas elaboran proyectos ambiciosos y metas para el año venidero. Otros más, hacen un balance de sus actos y elaboran propósitos concretos de superación para ser mejores personas.

Se trata de calar en lo profundo de nuestras vidas para no caer en la banalidad. Es todo un proceso de transformación para visualizar dónde nos encontramos y plantearnos con audacia un nuevo modo de vivir cara al futuro. También, hay que aceptar los cambios que ocurren alrededor. Muchas personas se dejan llevar por ciertas barreras como las malas experiencias pasadas, la tristeza, el pesimismo o la visión trágica de la existencia. Depende de cada uno de nosotros el aprender a pasarlas por alto y no darles excesiva importancia. Hace falta determinación para vencer esos miedos e inseguridades que todo el mundo experimenta. “Y tratar de poner lo espiritual y el amor por encima de todo”, como escribe la Psicóloga y Pedagoga Alicia Dellepiane, autora del libro “Camino de la Alegría”.

Sonríe y los demás la gozarán contigo

Considero que ante la actual situación económica y social por la que atraviesa el país, me parece oportuno exponer este animante y valioso tema.

Cuando una persona rebosa de buen humor, optimismo y alegría de ordinario suele tener personas a su alrededor porque sabe compartir ese gozo de vivir y resulta como un poderoso imán que atrae a los demás.

¿Por qué? Por la sencilla razón de que todos queremos ser felices y si alguien tiene gracia para contar chistes o ve la vida con una perspectiva amable, graciosa y ocurrente inevitablemente los amigos y conocidos lo buscarán porque resulta muy divertido y reconfortante el estar con personas con ese agradable carácter.

Desde luego, no me refiero a tener humor para burlarse de los demás ni para hacer pasar un mal rato a otra persona haciendo escarnio de ella, con la finalidad de conseguir de forma grotesca la risa de los demás. Ésas son conductas muy poco solidarias con el prójimo.

El verdadero sentido de humor es el que une a todos los familiares, colegas, amigos y conocidos en una grata convivencia. Y, por supuesto, estrecha más los lazos de amistad. Incluso el aprender a reírse de sí mismo resulta muy sano, cuando las circunstancias lo ameriten.

Se requiere de ingenio, creatividad y chispa para mover a la risa a los que nos rodean. Los médicos recomiendan el aprender a divertirse sanamente porque resulta muy beneficioso para la salud.

En muchas ocasiones nos encontramos con amigos o colegas en el trabajo que son obsesivos ante los problemas normales y terminan agotándose. Es cuando el doctor le recomienda “cambiar de aires”, pasar unos días en la playa o en el lugar que más le descanse y así se olvide de sus preocupaciones.

Hay enfermedades que son catalogadas como “psicosomáticas” por esa estrecha conexión del cuerpo con la mente. Y así podemos observar a personas que ante el exceso de trabajo -con sus lógicas dificultades- sufren de infartos, úlceras, insomnios crónicos, problemas con la vesícula biliar u otro vital órgano, infartos cerebrales, etc. O bien, en su sistema nervioso sufren de depresión y otros trastornos emocionales.

La risa es contagiosa. Ayuda a eliminar el estrés; mejora la autoestima; contribuye a mejorar la imaginación; se redimensionan los problemas que parecían como irresolubles o que se habían agigantado para darles su justa dimensión. A través de la risa las personas exteriorizan sus emociones y sentimientos; se establecen mejores relaciones sociales; se logran vencer miedos e inseguridades y proporcionan una sensación de bienestar. Todo ello es altamente provechoso para la salud de la mente y del cuerpo (cfr.efisioterapia.net).

El filósofo Henri Bergson tiene un magnífico ensayo, titulado: “La risa. Ensayo sobre el significado de la comicidad” (1) (2). Entre otros aspectos destaca los hechos que resultan como “disparadores” de la comicidad, como:

La confusión; Lo inesperado. Lo ridículo. Lo ilógico. El cariz psicológico. Lo exagerado. La imitación.

Paso a paso, este pensador va exponiendo con maestría y hondura el resultado de sus investigaciones. Es un ensayo que vale la pena leer con calma y meditarlo para nuestro propio provecho.

El Psicólogo Jesús Garanto Alós afirma: “El humor es un gran médico. Su eficacia terapéutica se debe al hecho de que constituye el clima psicológico ideal para que el sistema nervioso -que es la clave de la salud- pueda realizar su trabajo regulador en las mejores condiciones de facilidad, de buena circulación vital y de relajamiento. Posibilita que la vida tenga sentido en cualquier circunstancia”.

Reír siempre será la mejor terapia para el espíritu. Si nuestra disposición interior es positiva en todo momento, existirán suficientes motivos para ver el lado divertido de las cosas.

El deseo de hacer felices a los demás es el verdadero y profundo motor que mueve a poner siempre una nota simpática en nuestro diario actuar.

Pienso, por ejemplo, en los casos en que un familiar o amigo hayan perdido a un ser querido; o bien, que se encuentren con graves dificultades en su trabajo; cuando les aparezca una grave enfermedad; o en el caso de que una persona haya tenido una gran desilusión y necesite unas palabras de ánimo. El hecho de acompañarles en su dolor y pena, consolar al que sufre, ayudarles a visualizar la existencia humana con un sentido trascendente son, sin duda, apoyos de bastante ayuda.

Es muy importante aprender a ser felices en esta Tierra. Recordar que la vida es sólo una. Por ello, ¡vale la pena vivir con alegría, optimismo y buen humor! Es la mejor herencia que dejaremos a los demás.

  • Bergson, Henri, “La risa. Ensayo sobre el significado de la comicidad”: Buenos Aires, Editorial Espasa Calpe, 2011.
  • Espinoza Aguilera Raúl, “Si quieres, puedes ser feliz”, “Panorama Editorial”, México, 2019. Capítulo 14.
  • Garanto Alós, Jesús, Paidología del humor, Barcelona, Editorial Herder, 1983.

La brevedad de la vida y diversas posturas frente a esta realidad

A propósito de este mes dedicado a los difuntos, es un hecho que la vida se nos va como agua entre las manos. Quizá con el paso de las décadas parecería que el tiempo se va acortando. Y las semanas se pasan casi sin sentirlas, al igual los meses. Hacia el otoño de nuestra existencia, nos guiamos por las estaciones del año. Pensamos: “Ya llegó la primavera y hace algo de calor”. Luego, consideramos: “Estamos en tiempo de lluvias”. Muy pronto aparece el clima frío y nos abrigamos más. Y de pronto, casi de modo sorpresivo, se dejan venir las fiestas de fin de año. Con asombro decimos: “¡Se fue un año más y ni lo sentí!”

Mientras trabajamos y nos concentramos en infinidad de quehaceres, el tiempo parece que acelera su paso, porque se nos va sigilosamente, sin dejar huella ni rastro. Salvo en nuestros organismos que se van desgastando con el ese paso de los años y aparecen enfermedades y achaques propios de la edad.

“El tiempo es implacable (…) desfigura los rostros”, como describía con acento trágico el poeta Octavio Paz. También el poeta nicaragüense, Rubén Darío, escribía con nostalgia y dramatismo: “Juventud, divino tesoro, / ¡ya te vas para no volver! / Cuando quiero llorar, no lloro / y a veces lloro sin querer.”

Muchas veces sucede que se piensa, de forma equivocada, que se poseerá por siempre una residencia estable en la tierra. Hay personas que se afanan en obtener el mayor número de bienes materiales. Y si tienen bastantes, no se conforman con lo obtenido, sino que quieren muchos más.

Pero mientras viven, no faltan quienes se niegan a reflexionar que habrá un final de esta existencia y se acabará. Y mucho menos consideran sobre lo que habrá después de ella. Les parece de mal gusto hablar sobre ese tema, o bien, se considera un pensamiento sin sentido, que es equivalente a perder el tiempo. Porque lo importante es vivir el “hoy y ahora”, como me decía un amigo español “¡Vivir a tope!”, con toda intensidad; gozando al máximo cada segundo de la vida. Son aquéllos que tienen una visión hedonista de la existencia, concebida como un mero conjunto de placeres. Y huyen de todo dolor o malestar o asuntos desagradables.

Por otra parte, hay quienes consideran que es mejor dedicarse a tiempo completo a realizar negocios, ganar bastante dinero y, en las reuniones con los amigos, conversar sobre cuáles han resultado ser buenos negocios y cuáles no. De día y de noche, su mente gira en torno a esa finalidad. Olvidan por completo que tienen deberes familiares como esposos y como padres; como ciudadanos o trabajar por el bien común. Eso no entra dentro de sus utilitaristas y pragmáticos esquemas.

Me recuerda a uno de los personajes de “El Principito”, la obra maestra de Antoine de Saint-Exupéry, que no deja de contar millones de estrellas. Se molesta porque “El Principito” lo interrumpe y, de momento, olvida el número de estrellas que llevaba contadas. “¿Para qué cuentas tanto? ¿Las estrellas son tuyas?”-le pregunta “El Principito”. La única respuesta que obtiene es: “¡Vete ya, no me interrumpas más!”. Sin duda, es una crítica hacia esos personajes que dicen ser “muy serios” y sólo se ocupan de negocios y no saben gozar sanamente de la vida.

No con capaces de contemplar un bello amanecer, ni un agradable paisaje, ni la sonrisa de un niño, o de un sereno lago con hermosos cisnes. Transitan como por un largo y oscuro túnel, centrados en sí mismos y en sus propios intereses, hasta que les sorprende la muerte: un infarto, un aneurisma cerebral, un paro respiratorio.  Jamás voltearon para considerar la belleza de una noche cubierta de estrellas o un magnífico atardecer en el océano infinito, o sin reflexionar sobre Quién creó todas esas maravillas. Sus vidas quedaron truncadas de manera súbita y sorpresiva. Nunca reflexionaron sobre el sentido trascendente de la existencia humana. Como canta el poeta Bob Dylan: “Cuántas veces debe / un hombre alzar su vista / antes de que pueda / mirar el Cielo / (“La Respuesta está en el Viento”).

Como me decía un médico que cumplió setenta y cinco años y angustiado comentaba: “Se me ha ido la existencia. Tengo cáncer de pulmón con el diagnóstico de que me queda muy poco tiempo de vida. Que, por cierto, fue bastante desastrosa. Con cuatro divorcios y un montón de hijos regados. Siento mucha culpabilidad. Me encuentro con las manos vacías, sin buenas obras. A veces quisiera volver a tener catorce años para volver a empezar y no cometer tantas torpezas como lo hice, pero me doy cuenta que eso es un imposible. Me urge hacer un examen general de mi vida y pensar en qué bien puedo hacer por los demás antes de partir de este mundo”.

Como sabiamente escribía el inmortal escritor ruso Fiódor Dostoyevski: “El secreto de la existencia humana está no sólo en vivir, sino también en saber para qué se vive””. De ahí la importancia en realizar muchas buenas obras en servicio de los demás, de tener una vida útil y provechosa gastada en ayudar a quienes más lo necesitan, de darle un sentido a nuestro trabajo profesional que redunde en beneficio de la familia y de la sociedad, de interesarse por el bien de la comunidad y dejar una honda huella de bien en nuestro paso por la tierra.

El aborto y el derecho en las antiguas civilizaciones

En un interesante ensayo escrito por Federico Trino-Figueroa M.-Conde, titulado “La legalización del aborto en el derecho comparado” comenta que desde que existía la civilización, el aborto voluntario ha sido siempre castigado por las leyes. Sostiene que la condena al aborto no se ha limitado al cristianismo ni es una condena exclusivamente religiosa o moral.

La “arqueología jurídica” demuestra que las más antiguas civilizaciones consideraron la vida desde la gestación como un valor superior, que exige la protección del derecho por medio del establecimiento de sanciones ante eventuales ataques.

Diecisiete siglos antes de Cristo, el “Código de HammurabÍ”, dedica seis de sus preceptos –los párrafos 209 a 214- a sancionar con pena de talión y/o compensación económica, a los distintos tipos de abortos causados deliberadamente.

Y lo mismo se comprueba en los restantes “monumentos jurídicos” de la antigüedad precristiana, desde el “Éxodo” bíblico, a la literatura india del “Veda” o de las leyes de “Manú”.

Comenta este especialista que en la cultura griega y el Derecho Romano introdujeron nuevos factores y matices en esta evolución. Para el filósofo Aristóteles le resultaba muy claro que el aborto siempre es un acto criminal.

También apoyaba el concepto que en la práctica no se puede olvidar el “Juramento de Hipócrates” que prohibía a los médicos practicar el aborto voluntario.

Por su parte, el Derecho Romano, en su etapa clásica, vino a sentar el principio fundamental de la protección jurídica del concedido y el aborto era considerado como un delito.

Entonces, podríamos preguntarnos, ¿cómo se explica que la despenalización del aborto en México haya sido aprobada de manera tan sorpresiva? Pienso que se debe a que el Presidente de Estados Unidos, Joseph Biden Jr., aunque dice ser católico, es un partidario a ultranza del aborto.

Considero que si se hubiera reelegido como Presidente, Donald Trump, el aborto no hubiera sido despenalizado en México. Porque Trump siempre ha sido un claro defensor de la vida humana desde el momento de su concepción.

¿Por qué lo afirmo? Porque ya sabemos la gran influencia que ejerce el gobierno norteamericano en el Hemisferio Occidental, particularmente en Latinoamérica, y el hecho de que al aborto le hayan dado “vía rápida de aprobación” considero que se debió a la presión que ejerció la Casa Blanca sobre el Presidente Andrés Manuel López Obrador y habitualmente son decisiones cupulares a cambio de generosos préstamos económicos. México siempre ha funcionado así y ahora no pudo haber sido la excepción. Pero respeto las opiniones contrarias.

Recuerdo que durante la campaña electoral del candidato a la Presidencia, Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), adoptó el significativo lema que “Gobernar era Poblar”. Se trataba de fomentar el crecimiento poblacional para fomentar el progreso de México en todos sus aspectos. Al poco tiempo, habiendo ya tomado el cargo de Primer Magistrado de la Nación, cambió radicalmente su postura. Entonces lanzó su lema con aquella funesta cancioncilla de que “La Familia Pequeña Vive Mejor”, que tanto daño hizo en la familia media mexicana porque introdujo una visión egoísta y centrada en darle prioridad al placer entre los cónyuges rompiendo de esta manera la visión unitiva y procreadora de la relación sexual y contribuyendo a trivializar el matrimonio

Se distribuyeron miles y miles de píldoras anticonceptivas en todo el país y lo más grave: en comunidades rurales –sin el consentimiento de las personas- a las mujeres se les ligaban las trompas de Falopio y a los hombres se les hacía la vasectomía. Claro está, cuando vinieron las reclamaciones por parte de los afectados que deseaban tener más hijos, ya no se podía hacer absolutamente nada para solucionar esta cruel e injusta imposición. Dicho en otras palabras, se atropellaron brutalmente la dignidad de las personas y los derechos humanos.

Actualmente, basta con una mera fotografía o un ultrasonido que muestre la existencia del bebé en el seno de su madre en el que se pueden observar su cabeza, el tronco y las extremidades. Incluso, cómo se mueve. Hasta pequeños detalles, por ejemplo, si se chupa el dedo y hasta cuando tira pequeñas patadas. Son pruebas evidentes e incuestionables de que existe la vida humana en el seno de la madre.

Ahora bien, si se considera “políticamente correcto” negar esta evidencia es que nos encontramos ante un eclipse de la razón. Ya no se discurre intelectualmente ni se ofrecen pruebas sino simplemente se hace violencia para imponer un punto de vista equivocado, más propio de un tirano.porque resulta incomprensible la decisión que tomó el actual Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Lic. Arturo Zaldívar Lelo de Larrea.

En conclusión, la afirmación del Derecho Romano y de otros Códigos de civilizaciones antiguas acerca de que el concebido debe tener una protección legal, ya forma parte de la Ética Universal en la construcción de la teoría sobre el ser humano no nacido y en los derechos intrínsecos a su personalidad.

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