Una bola de nieve

Desde Chile escribe el Dr. Max Silva Abbott.- La Comisión de Salud del Senado ha decidido reabrir el debate para regular la eutanasia activa en nuestro país. Hay que recordar que el anterior proyecto, de 2006, fue archivado en la Cámara de Diputados. Y como era obvio, la polémica no se ha hecho esperar.

La eutanasia es un problema sumamente complejo. Es ello lo que explica que hasta ahora sean pocos los países que la han normado (Holanda, Bélgica, Suiza, Luxemburgo y en algunas regiones de Estados Unidos). Sin embargo, viendo lo que ha ocurrido, sobre todo en los tres primeros países, puede verse claramente cómo la eutanasia es una auténtica bola de nieve y por ello, un camino en el cual no conviene adentrarse.

Veamos. Luego de regir durante una década para adultos, a mediados de 2013, Bélgica aprobó también la eutanasia infantil para aquellos niños que tuvieran una enfermedad terminal, exigiéndose su propio consentimiento “informado y maduro” (pese a que no pueden votar o comprar alcohol, por ejemplo), además del visto bueno de los médicos y de sus padres.

Algo parecido ha ocurrido en Holanda: desde 2005 se ha practicado impunemente la eutanasia en niños y bebés, siguiendo las pautas del “Protocolo de Groningen”, de 2004, donde uno de los criterios fundamentales a tener en cuenta, además del estado del menor, es el sufrimiento de los padres.

Incluso, en 2011, la Real Asociación Médica de Holanda publicaba unas nuevas directrices para la aplicación de la Ley de Eutanasia, vigente desde el año 2002. Según ellas, es posible aplicar la eutanasia a personas que sufran a causa de la soledad, por carecer de habilidades sociales o de dinero, aun si no están en peligro de muerte ni con una enfermedad terminal. Es por eso que existe un sistema de “eutanasia móvil”, que acude al domicilio del solicitante para brindarle este “servicio” de manera prolija y silenciosa. De hecho, en 2014 hubo un caso famoso, si bien en Suiza, en que una anciana solicitó la eutanasia por considerarse inadaptada para la vida de hoy.

Lo anterior demuestra que es inevitable que se vaya propagando y aceptando la noción de “vidas sin valor”, que “no merecen la pena ser vividas” o, desde una perspectiva más cercana a la medicina, de una cierta “calidad de vida” (en vez de dignidad humana) que justificaría la eutanasia. Además, que en muchas ocasiones la decisión no depende del afectado, sino de terceros. Y finalmente, que se aplica en casos que curiosamente no solo aumentan sin cesar, sino que se alejan cada vez más de las situaciones extremas de dolor y desesperación que para sus partidarios, la justificaban en un principio.

Es por eso que la eutanasia acaba convirtiéndose en una práctica cada vez más habitual y en suma, en una verdadera bola de nieve. ¿La iniciaremos también aquí?

Max Silva Abbott
Doctor en Derecho
Profesor de Filosofía del Derecho
Universidad San Sebastián

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