Una situación imparable

Aunque algunos pretendan que se trata de un debate ya superado, no cabe duda que el aborto es uno de los grandes dramas de nuestro tiempo; y la razón es obvia: porque cuando unos se creen con derecho a decidir soberanamente quiénes viven y quiénes no antes de nacer, el aborto se concierte en una situación imparable.

Me explico: siempre se señala, por quienes defienden esta práctica, que además de tratarse de un supuesto ‘derecho’, su legalización evitaría un cúmulo de abortos clandestinos, sobre los cuales, curiosamente, se tienen abundantes y muy seguras cifras, pese a que una realidad verdaderamente “clandestina” debiera ser difícil de identificar y mucho menos de cuantificar.

Sin embargo, este argumento ha mostrado ya varias veces ser falaz.

En efecto, recientemente, en Inglaterra se ha descubierto que el personal de varios hospitales públicos falsificaba de manera habitual los informes que la ley exige para poder realizar un aborto. El caso recuerda de manera muy directa, una situación similar ocurrida en España en 2008, en las clínicas del Dr. Morín, donde pasaba lo mismo. Además, debe hacerse hincapié que en ambos países, las reales dificultades para realizarse un aborto son casi inexistentes, al existir un criterio sumamente amplio a su respecto.

Sin embargo, lo anterior no debe extrañar en lo más mínimo, porque el problema de fondo, como se ha dicho, es que la legalización del aborto se transforma en un problema imparable –en un auténtico barril sin fondo–, pues siempre se querrá más y más libertad a su respecto. Todo lo cual es entendible desde su perspectiva, ya que si para sus partidarios se le puede quitar la calidad de persona al no nacido en ciertas circunstancias, es imposible que no aboguen por tener completa libertad en tal sentido.

Es por eso, por ejemplo, que ya en varios países se realizan, bajo cuerda, miles de abortos por razón del sexo de la criatura, en su grandísima mayoría, de niñas; o también, resulta notorio cómo en muchos lugares que cuentan con este supuesto ‘derecho’, el aborto eugenésico (esto es, el que elimina a los niños con deficiencias mentales o físicas) se haya convertido en una práctica común, por lo que se ha dicho, y con razón, que los niños con síndrome de Down se encuentran en vías de extinción.

Ante la primera situación han protestado varias organizaciones feministas, alegando una inaceptable discriminación. Con todo, si bien su reclamo resulta cierto, parece imposible no llegar a este estado de cosas si en el fondo, se pretende que el aborto sea a libre demanda y sin restricción alguna. Esta y no otra es la lógica consecuencia de su legalización, por muchas cortapisas que se coloquen en un principio.

Por eso, hasta donde veo, aquí no caben medias tintas: o la vida de todos es sagrada y somos esencialmente iguales, o arribamos a esta masacre para la humanidad. Max Silva Abbott

*Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad Católica de la Ssma. Concepción

CHILE

 

 

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