Vincent Lambert, la eutanasia y la familia

Fue en 2008 cuando Vincent Lambert, enfermero psiquiátrico sufrió un accidente de tráfico en el que quedó en estado cuadripléjico de parálisis y mínima consciencia. Desde entonces se le mantiene con vida alimentándolo e hidratándolo mediante tubo gástrico. Respira sin ayuda artificial. En 2013 los médicos recomendaron detener la atención médica. El caso lleva años, la última noticia: el tribunal de Francia ha dado la razón a los padres para no detener alimentación e hidratación al paciente; entretanto se analiza el caso a fondo. Cabe mencionar que la eutanasia en Francia es ilegal, por tanto el caso se ha convertido en una bandera para su aprobación en aquel país.

Este caso nos recuerda que vivimos en una sociedad que quiere acabar con todos los males del mundo: el hambre, el analfabetismo, la falta de empleo, la desigualdad económica, la contaminación, los desechos tóxicos, la violencia, las fobias, etcétera. Hemos criado una generación que cuenta con la tecnología más avanzada, con los mayores avances médicos, la mejor comunicada, la más informada, pero la peor preparada, la que no tolera ver el sufrimiento humano, (menos aún el de los animales), la más débil… y la más genocida. En nuestro afán por eliminar todo indicio de mal, nos hemos ido al siguiente nivel que es eliminar el dolor humano.

En lugar de eliminar el sufrimiento, hemos eliminado al que sufre; llamamos “muerte digna” a matar al paciente so pretexto que es por su bien y que, además, lo hacemos “por amor”, cuando lo que deberíamos hacer es proporcionar cuidados paliativos que mitiguen ese sufrimiento. El personal médico incluso, es capaz de venderle a usted la eutanasia como el mayor favor que le pueden hacer a su familiar enfermo.

Pero la eutanasia no es más que la consecuencia obvia del aborto. El día que dejamos una rendija a la cultura de la muerte, todo en avalancha se vino: del aborto en casos de violación, le siguió el aborto por tiempo determinado, para luego dar paso al aborto libre y después al infanticidio. Y si ya logramos matar al bebé en el vientre materno ¿qué nos impide matar a nuestros padres? Lo difícil era matar al hijo en las entrañas. Llamamos amor a cualquier cosa, de ese modo calmamos la conciencia.

Regresando a Vincent Lambert, como era de esperarse, la batalla legal ha desgarrado a la familia entera; interviene la esposa, seis hermanos del esposo y un sobrino que han dado su consentimiento para que deje de recibir atención y pueda morir «dignamente»; por el otro lado, los papas del esposo y dos de sus hermanos luchando por su vida y que continué siendo alimentado e hidratado. Los padres, pertenecientes a la Fraternidad Sacerdotal San Pio X, han sido tratados como fanáticos ultra católicos, pisoteándoles cuanto han podido en los medios masivos de comunicación.

Tal vez usted piense que ante un caso así, la familia debería ponerse de acuerdo en “dejarle ir” porque “le aman”. Debe grabarse que el amor no atenta jamás contra la vida humana; el amor cuando es verdadero, vela por la integridad y el bienestar del ser amado: amarle como Dios nos ha amado; esa es la medida y no nuestra burda y enlodada idea.

Ver luchar a una familia por algo así es doloroso, pero sería mucho peor una familia donde todos, absolutamente todos hubieran estado de acuerdo en matar al hijo/hermano/esposo porque significaría que ya no hay conciencia moral, ni aprecio por la vida humana. En tales casos todo está perdido. A esta situación se suma, en no pocas ocasiones el papel del sacerdote, que, si está pésimamente formado, es muy capaz de tratar el tema de la eutanasia como algo disculpado por la Iglesia Católica, cuando claramente nos llama a salvaguardar la vida y señala a la eutanasia como un acto gravemente malo y moralmente inaceptable. Así que, debe tenerse especial cuidado de a qué sacerdote se consulta.

Tenga por seguro que la lucha por la vida no solo se libra en los medios de comunicación, en las marchas, en los programas de televisión, en el cine; ¡no!, la batalla que usted ha de librar se encuentra muchas veces en su propia familia. Luché, no se arredré, hablé cuando la situación lo requiera, sea firme, porque de lo que usted haga dependerá la vida de un ser querido, de un bebé, de sus padres o de cualquier otro familiar. Estamos llamados a amar y defender la vida humana, aunque ello implique luchar incluso, con los de nuestra propia sangre, nunca por odio –como algún mal intencionado le dirá-  sino por amor a Dios y a nuestros semejantes.

Nunca antes como en este tiempo, resulta duro y cierto aquello de «No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada. Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra; y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa.»(Mateo 10: 34-36)

Que así sea…

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