Davos y el “gran reinicio”

Mientras el mundo entero sigue aterrado por la pandemia, con encierros cada vez más drásticos en diversos países, entre el 25 y 29 de enero, acaba de celebrarse de manera virtual, el conocido Foro Económico Mundial, o Foro de Davos (Suiza), reunión en la cual, entre otras entidades, participan diversos mandatarios y otros representantes de varios Estados, de grandes empresas e instituciones financieras y múltiples organismos internacionales, a fin de debatir el futuro del mundo. En teoría se abordan temas sobre todo económicos, pero en el fondo, se hacen planes que afectan la vida entera de los miembros del planeta. De hecho, la influencia de este foro –que lleva realizándose hace más de 50 años– ha determinado de manera cada vez más poderosa nuestro devenir, y todo indica que su intención es acrecentar dicha influencia aún más.

            En realidad, bien podría decirse que en parte se parece a la planificación económica que se observaba en la antigua URSS, disponiendo de manera estratégica, las piezas de la producción, del consumo y del crédito, entre otras cosas, a fin de conseguir, según expresan, nuestro bienestar. Y obviamente, a medida que este proceso se va asentando, sus promotores van poniéndose cada vez más originales y creativos.

            En efecto, de acuerdo con la información oficial de este evento, que se conecta de manera directa con la “Agenda 2030”, propiciada por la ONU, se pretende realizar el llamado “gran reinicio” económico a nivel mundial, en teoría, estimulado por la pandemia que nos aqueja. Ello, pues desde su perspectiva, nuestro actual sistema económico habría mostrado su inoperancia frente a la misma, lo cual haría necesario cambiarlo por completo.

Con todo, y al margen de esta última apreciación, lo claro es que estamos ingresando en una gravísima crisis económica, en buena medida incentivada por los estragos que ha producido esta pandemia, lo que desde la óptica de Davos, justificaría este gran reinicio, que entre otras cosas, pretende crear un sistema económico único a nivel mundial, con un gobierno global, en que exista sólo dinero digital.

            Si bien es un tema largo y con muchas aristas para tratarlo aquí, tal vez la idea más llamativa de esta agenda 2030 a la cual tributa Davos, es que de aquí al final de esta década, la propiedad privada sea eliminada por completo y a la vez, se asegure a todos los habitantes del mundo que sus necesidades básicas se encuentren cubiertas. “No poseerás nada, pero serás feliz”, reza el lema de esta propuesta.

Para ello, se pretende otorgar a los diferentes Estados y sobre todo a diversos órganos internacionales, el control casi absoluto sobre nuestras vidas. Esto resulta evidente desde su perspectiva, pues en atención al cambio tan drástico que busca llevarse a cabo, se trata de un fenómeno global que necesita de una autoridad mundial y que todos seamos “ciudadanos del mundo”, por decirlo de alguna manera.

Ahora bien, al margen de las casi infinitas y peligrosas implicancias que puede tener todo lo dicho, lo importante es darse cuenta de la creciente importancia que tienen diferentes instancias internacionales, que se hacen cada vez más poderosas y sobre las que se carece de control, y que se van imponiendo al querer de los Estados. Todo lo cual significa que el mundo, tal como lo conocemos, está transformándose profunda rápidamente.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

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