El miedo de traer hijos al mundo

Estamos viviendo una época en que la familia -como institución- se encuentra sufriendo duros embates. Se tiende a ridiculizar, en ciertos ambientes, que el matrimonio es la unión de un hombre con una mujer en orden a procrear hijos y formar una familia estable.

Otras veces se pone en tela de juicio la indisolubilidad del vínculo y que esa unión de los cónyuges es para toda la vida.

En repetidas ocasiones y a lo largo de la historia, los gobiernos socialistas o comunistas sostienen la absurda idea de que los hijos de una familia les pertenecen al Estado y no a sus padres, como está ocurriendo actualmente en España.

A principios de 1970, el candidato a la Presidencia de la República por el P.R.I., Luis Echeverría Álvarez afirmaba que “Gobernar es poblar”. Tiempo después lanzó la campaña con el eslogan de que “La familia pequeña vive mejor” y autorizó que en las comunidades indígenas se esterilizaran tanto a mujeres (mediante la ligadura de trompas) o a los hombres (mediante la vasectomía) sin pedirles su consentimiento.

Fue un brutal abuso a la dignidad y a los derechos humanos de estas comunidades. También se lanzaron campañas de reducción de la natalidad al precio que fuera, como la difusión masiva de preservativos, el colocar  dispositivos intrauterinos sin previo aviso a los esposos, a la menor dificultad –según lo decidían arbitrariamente algunos médicos- extirpar la matriz, provocar abortos, etc.

Los siguientes Presidentes de este partido continuaron con estas funestas medidas al punto que el índice de la natalidad se ha visto reducida en forma considerable de 50 años a la fecha. Los sociólogos sostienen que a mediados de este siglo en México habrá mayoría de personas de la tercera edad, como ya ha está ocurriendo en Suecia, Dinamarca, Holanda, Inglaterra, Francia, Canadá…sin que haya relevos generacionales para los diversos trabajos.

Decía la ilustre filósofa y escritora mexicana, Dra. Emma Godoy: “Dios perdona siempre, los hombres algunas veces, pero la naturaleza no perdona nunca”. Es decir, cuando se trastorna seriamente el crecimiento poblacional y a los ciudadanos se les siembra un “terror a tener hijos”, entonces sobrevienen estos serios desórdenes que hoy observamos.

El célebre músico y poeta, Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura en 2016, escribió en su melodía “Señores de la Guerra”: “Ustedes han sembrado el peor de los miedos / que jamás se haya lanzado; / el miedo a traer niños al mundo. / Han amenazado a mi bebé, / cuando todavía no ha nacido / y ni siquiera tiene un nombre. / Y es porque ustedes no valoran / la sangre que corre por sus venas”.

El intelectual Antonio Socci, en su libro titulado El Genocidio Censurado, afirma que esta oleada de legalizaciones del aborto en muchos países del planeta, se ha convertido en el mayor genocidio de los siglos XX y XXI.

Ninguna guerra mundial -por sangrienta que haya sido- ha arrojado la escalofriante cifra de más de mil millones de víctimas inocentes abortadas como saldo de este genocidio.

Sin duda, se trata de la peor de las barbaries de nuestra civilización. Precisamente ahora en que se tiene tanta sensibilidad por el adecuado equilibrio en el ecosistema, por preservar animales en extinción; salvar ballenas, delfines, tortugas; cuidar los manglares y corales, etc. es justo ahora cuando se mira con enorme desprecio e indiferencia el valor de la vida humana.

Es innegable que diversos organismos internacionales aportan bastante dinero y presionan constantemente para que en los países denominados del “Tercer Mundo” o “subdesarrolados” se imponga esta “Cultura de la muerte”.

Me impacto mucho una entrevista que les hicieron a un par de jovencitas mexicanas al salir de una preparatoria pública, sobre si estaban de acuerdo o no con el aborto, una contestó que ya había abortado una vez, y la otra, respondió con displicencia que en dos ocasiones lo había hecho y que no sentía remordimiento alguno por haberlo realizado. Y todavía añadió que estaría dispuesta a tener un tercer aborto.

Pienso que esto es precisamente el trasfondo de lo que pretenden estos organismos internacionales: destruir la moral ciudadana al extremo que una chica pierda la conciencia del bien y del mal y le dé exactamente lo mismo asesinar a una criatura inocente en su vientre o practicar el infanticidio (es decir, dejarla morir al nacer).

Por ello, resulta urgente que los ciudadanos tengan un papel más protagónico en la sociedad y pongan los medios necesarios a su alcance para evitar que se continúe con este nuevo holocausto.

Los sacrificios y el penoso discurso de Michelle Williams

“Los hábiles aceptan envilecerse para triunfar y terminan fracasando porque se envilecieron” Nicolás Gómez Dávila

Solemos decir que hemos hecho sacrificios cuando nos esforzamos por conseguir algo que deseábamos: una licenciatura, un doctorado, aprender otro idioma, recuperarnos de una enfermedad, estar en forma, viajar a algún lugar, obtener una medalla, étc. Y los sacrificios pueden ser de diversa índole: privarnos de ciertas comodidades, levantarnos muy temprano y dormir hasta tarde, ahorrar, estudiar en días de descanso, dejar de asistir a fiestas, étc.

En la reciente entrega de los Globos de Oro, la actriz Michelle Williams dirigió un “poderoso” discurso al recibir su premio, algo digno de observar:

“Como mujeres sabemos que le pueden ocurrir cosas a nuestros cuerpos que no son nuestra elección”. Cada mujer sabe que teniendo relaciones sexuales puede quedar embarazada, por tanto la elección de tener un hijo o no es antes de mantener dichas relaciones sexuales. Hay que enfatizar que el uso de anticonceptivos no es la solución al aborto como muchos incautos piensan, muy por el contrario, ambos son parte del círculo vicioso que conviene a la industria del aborto

“Y no hubiese podido hacerlo sin usar mi derecho como mujer a decidir. De poder decidir cuándo y con quién tener mis hijos cuando me sintiera preparada, apoyada y capaz de balancear mi vida, que como madres sabemos la balanza siempre se debe apuntar a favor de nuestros propios hijos”. El embarazo no convierte a la mujer y al hombre en inútiles, (favor de leer más de una vez), antes bien, impele a redoblar los esfuerzos para salir adelante. ¿Cómo es que la balanza se inclina a favor de los hijos si se les mata?

“Sé que mis opciones pueden parecer diferentes a las de otras personas, pero gracias a Dios o a quien quiera que le recéis, vivimos en un país fundado en el principio de vivir acorde a lo que pensamos”. Matar al bebé en el vientre materno no es una opción como lo es el ser fanático de cierto equipo de fútbol soccer, de pertenecer a un club, de viajar, de comprar tal o cual modelo de auto, de vivir en la montaña o en la ciudad. Michelle Williams al igual que infinidad de personas, viven en un país donde es legal matar al bebé en el vientre materno en una o más circunstancias, desde las primeras semanas o hasta el noveno mes de gestación. Y agradecer a Dios por abortar es la burla en pleno; a Él se le agradece las bendiciones recibidas, la salud de nuestra familia, la conversión de otros, las difíciles pruebas que a la larga nos fortalecen; pero uno simplemente no agradece poder matar a los propios hijos. ¿Se da cuenta ahora de la degradación a la que hemos llegado?

Es evidente que la industria del aborto y la industria cinematográfica van con todo en el negociado del aborto y contra su restricción: el mensaje de Michelle Williams esta dirigido a todos aquellos que no habían sido totalmente absorbidos por la ideología de género, que todavía presentaban oposición, que mostraban aversión a las feministas desnudas o semidesnudas profiriendo blasfemias, actuando violentamente y defecando en la calle o frente a iglesias católicas. Ahora les han presentado a una actriz embarazada y sonriente; recibiendo un premio, defendiendo el asesinato en el vientre materno con palabras emotivas (o engaña bobos); agradeciendo a Dios por ello, agradeciendo vivir en un país donde sus leyes permiten matar al no nato, nauseabundo.

Es cierto que los padres hacen sacrificios por los hijos, trabajan a tiempo completo para proveer mejor a su familia; lograr un aumento de sueldo que les permita enviarlos a la universidad; abstenerse incluso de probar alimento para dárselo a sus pequeños. Se sacrificaba el tiempo, se sacrificaban cosas, se sacrificaban a sí mismos. ¿Quién diría que llegaría el día en que los padres sacrificarían a sus propios hijos en el vientre materno para lograr sus sueños? Y no solo eso, que también lo dirían a los cuatro vientos y les aplaudirían efusivamente por ello.

Esto, desde luego no tiene fin, pregúntese ¿A quién sacrificaría por un título universitario? ¿Mataría a su hermano por obtenerlo? ¿Mataría a sus padres por un empleo en Wall Street? ¿Mataría a su cónyuge por vivir eternamente en Los Alpes Suizos o en Nueva York? Las personas no son moneda de cambio para materializar nuestros sueños. Ni centenares de diplomas o trofeos obtenidos pueden compararse jamás con la vida de una persona.

El estiércol y el vómito contenido en un mensaje le fascina a mucha gente con solo verlo; otros necesitan que vaya envuelto en papel brillante y moño para digerirlo, a éstos últimos va dirigido el “poderoso” discurso de Michelle Williams. De usted depende tragárselo o no.

Solo hay una cosa en que la actriz tiene razón: acuda a las urnas y vote a favor de la vida, vote por políticos que defiendan la vida, el matrimonio y la familia; alce la voz en el lugar en el que está justo ahora; tome el micrófono, su pluma, su trabajo y actúe. Si la vida humana no fuera tan importante no habría infinidad de gente, empresas y organismos internacionales atacándola.

Haga que el mundo sea más humano y no una tragedia humana…

¡La hora de defender a los niños y a la familia!

Me ha llamado positivamente la atención, que por muchos puntos de la amplia geografía del país, este fin de semana -y en muchas otras ocasiones- han proliferado numerosas manifestaciones en favor de la vida del no concebido y de la familia, organizado por el “Frente Nacional por la Vida” ante las amenazas del aborto y de la ideología de género en México.

El conocido actor y productor Eduardo Verástegui, envió “un fuerte abrazo y mucho ánimo a las familias e instituciones que de manera pacífica se (han manifestado) este fin de semana a favor de la vida, la familia y las libertades fundamentales” (“Aciprensa”, 21-09-19).

El Presidente nacional de este movimiento, Rodrigo Iván Cortés afirmó con determinación: “Queremos darles voz a los que no tienen voz. Queremos abrazar a México y decir de manera fuerte y clara: Ni un mexicano menos”.

Estuve observando varios vídeos de diversas marchas y pude constatar que los participantes -familias enteras de las más diversas condiciones económicas y sociales- lo hicieron de manera espontánea y por propia iniciativa. “No hubo acarreados” como se acostumbra decir en los mítines políticos populacheros.

De acuerdo a las cifras que reporta la periodista Siboney Flores en www.animalpolitico.com del 24 de abril de 2019, en su nota titulada: “Aborto legal en la CDMX: Más de 209 mil mujeres recurrieron a ese procedimiento en 12 años”, es decir, desde abril de 2007 al mes de abril del año en curso. (ver: https://www.animalpolitico.com/2019/04/aborto-legal-cdmx-datos-mujeres/).

Es desconcertante cómo cada institución o medio de comunicación que investiga sobre el tema del aborto, aporta cifras y datos de sus estudios con una exagerada gama de variantes en sus resultados que no coinciden, o bien, se contradicen. ¿Falta de seriedad científica? ¿Cuestiones políticas? ¿Buscan cuidar su imagen pública? ¿Temor a presentar la realidad tal y cómo es y recibir represalias de las altas autoridades?

Porque el pasado 5 de octubre de 2016, la ciudadana Alejandra Flores Arroyo recibió una respuesta oficial del gobierno de la CDMX a su expresa consulta, mediante un serial de preguntas, sobre el tema de la interrupción legal del embarazo y la respuesta, en carta membretada, que llegó a sus manos, fue la siguiente: el número de abortos legales provocados en la CDMX ha sido de 164,954 desde abril de 2007 al 31 de agosto de 2016. Se adjunta carta oficial de la CDMX (1). Una visión de más amplio espectro nos proporciona la información del INEGI sobre las defunciones fetales, a nivel nacional, por tipo de parto o aborto, de 1989 a 2017 (2). Según el ile.salud.cdmx.gob.mx de abril de 2007 al 19 de diciembre de 2018, en la CDMX se han cometido 143, 598 Interrupciones Legales del Embarazo, y en total, en la república mexicana, se han cometido la escalofriante cifra de 205, 353 abortos (3).

Ya nací a mediados del siglo pasado, en una mediana población de Sonora, con bastante menos de 60,000 habitantes. De acuerdo a las cifras que aporta la publicación “Animal Político” estamos hablando que con este plan sistemático de eliminación de personas mediante “la interrupción legal del embarazo” –además los muchísimos miles de abortos que no se reportan de los hospitales privados- dan casi cuatro veces la población de mi natal Ciudad Obregón (240,000 muertes). ¡Es como si hubiese estallado una guerra civil de mexicanos contra los mismos mexicanos! Sólo que en este caso, se está agrediendo injustamente a los seres más vulnerables e indefensos. ¿Acaso el gobierno quiere una sociedad con mayoría de ancianos sin relevos en los trabajos que ocupan los jóvenes de la índole que sea? Esto ya está ocurriendo en Europa y los sociólogos afirman ya no hay modo de echar marcha atrás.

Pienso que ha llegado el momento de las posturas valientes y contundentes para defender lo más valioso que tenemos los mexicanos: el derecho y respeto por la vida humana de los no nacidos; la educación de nuestros hijos de acuerdo a nuestros principios y convicciones; propugnar por la familia constituida por padre, madre e hijos y todos aquellos valores que han hecho grande a nuestra patria.

  • Ver: file:///C:/Users/Raul/Pictures/ILE´s%20DF-2007-2015.pdf e ILE’s DF-2007-2015.pdf Consultado el 23 de septiembre de 2019.
  • https://mail.google.com/mail/u/0/#inbox/FMfcgxwDrRShHGXPwKkXxNMQtFnxDtlZ?projector=1&messagePartId=0.1 Datos INEGI: Consulta: 23 de septiembre de 2019.
  • salud.cdmx.gob.mx de abril de 2007 al 19 de diciembre de 2018, según estadísticas de GIRE, en la CDMX se han realizado 143, 598 Interrupciones Legales del Embarazo, y en total, en la república mexicana, se han cometido la escalofriante cifra de 205, 353 abortos.

El aborto por violación, la mujer y el hombre…

La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha aprobado la Norma Oficial Mexicana (NOM) 046-SSA2-2005 que ordena a todos los hospitales públicos practicar abortos cuando el embarazo sea resultado de violación, sin necesidad de que la víctima haya denunciado el delito ante las autoridades. Tan solo bastará que la víctima presente una solicitud bajo protesta de decir verdad de haber sufrido violación. En cuanto al personal médico, no está obligado a corroborar si lo que dice la mujer es verdad. En el caso de menores de 12 años, la solicitud será presentada por los padres o el tutor.

Como era de esperarse la norma ha sido el beneplácito de muchos. Si bien la violación de una mujer es un acto terrible, se le impone otro más: matar al hijo en las entrañas. Aunque parece justificable dado que el padre es un violador, en definitiva no es la solución: se somete a la mujer a un trauma mayor diciéndole que puede abortar a su hijo; una adolescente o mujer adulta puede mentir sobre la causa del embarazo y tener acceso al aborto solo porque su palabra basta, que la víctima no denuncie jamás la violación y el violador esté libre. El aborto es el sueño dorado de los violadores y tratantes de blancas al no quedar evidencia de su abuso. El aborto es también la solución del hombre que es incapaz de hacerse responsable por el hijo que engendró en una relación.

Las consecuencias de haber aprobado la modificación de la norma son por tan graves que esto nos pone a escasos pasos del aborto libre. Hay quienes piensan que actúan acertadamente al defender la vida con excepciones, refiriéndose al aborto por violación, pero apoyarlo bajo esta causa es afirmar que una vida vale menos que la de otros. La ley que debería usarse para castigar al culpable es ahora usada para castigar al bebé en el vientre materno, ni siquiera nos detenemos en buscar soluciones de vida. Por supuesto, no olvide que el aborto es un negocio muy lucrativo.

La defensa del aborto ha permeado a un nivel tan alarmante que sin más encontramos mujeres apoyándolo (desde las pláticas más casuales hasta un activismo deleznable) recomendando, exigiendo o  financiándolo, particularmente si es por violación. Esto último es lo que cautiva a muchos estultos: la “protección” de una víctima. El caso de los varones no es para menos, puede verse infinidad de jóvenes que creyendo ser provida, apoyan el aborto solo en casos de violación; peor aún, afirman no ser abortistas, dando como argumento la consabida cantaleta del feminismo radical. Pero nada tan grande sucede de pronto.

¿Cómo es que el cáncer que implica la defensa del aborto por violación avanzo tanto en tan poco tiempo? Observe detenidamente. Infinidad de mujeres se quejan de la clase de hombres que hay en la actualidad, pero ¿acaso no saben que el aborto quita toda responsabilidad al hombre? ¿qué esperaban de los varones que fueron acostumbrados por las mismas mujeres a una mentalidad anticonceptiva? Una vez que vieron que podían usarlas y salir bien librados, prepararon el camino para que otras fueran tratadas de la misma manera. Se quejan de que ellos sólo ven su cuerpo, pero muchas mujeres sólo presentaron eso. Se dicen a sí mismas que buscan el placer al que tienen «derecho», cuando lo único que propician es que sean usadas. Se han reído en su cara los hombres patanes, sus “amigos” que les aconsejan vivir su sexualidad como les plazca, las farmacéuticas que venden los anticonceptivos, sus padres incapaces de guiarlas y corregir sus ideas abortistas (o peor aún, fomentándolas) y hoy también los violadores, los tratantes de blancas, y la flamante Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Y ninguno de ellos protegió los derechos de la mujer jamás, menos aún su dignidad.

Deleznable ¿no le parece?

El católico ¿inteligente o estulto?

“La discusión moral no tiene cabida en un tema de salud tan elemental. Por eso celebro, festejo, que una mujer como María Consuelo Mejía, que además de ser católica es inteligente, cosa que no es muy común, nos parece maravilloso que ocurra y que concurra en esta ocasión, esta feliz coincidencia y que le estemos dando una medalla a una mujer brillante que ha salvado la vida de muchísimas otras mujeres”

Así lo señalaba la senadora Jesusa Rodríguez por el partido Morena, sobre el reconocimiento “Elvia Carrillo Puerto 2019” a María Consuelo Mejía Piñeros, colombiana, nacionalizada mexicana, “defensora por los derechos reproductivos de las mujeres”, es decir que promueve el aborto.

Cabe hacer oportunas aclaraciones a los católicos sobre las palabras de la senadora:

*“Católicas por el Derecho a Decidir” no es una organización católica, ni nadie que milite en ella. Es una filial en hispanoamérica de “Catholics for Free Choice” cuya sede se ubica en EEUU. Sus objetivos principales son la promoción del aborto y los “derechos sexuales y reproductivos de las mujeres”. Cada campaña lanzada por esta organización tergiversa la doctrina católica, provocando la división en la feligresía, defendiendo públicamente la despenalización del aborto. Afirman entre otras cosas, que se puede estar a favor del aborto y seguir siendo un buen católico, algo totalmente falso.

*La Iglesia siempre ha enseñado la gravedad moral del aborto. En el Código de Derecho Canónico, el canon 1398 indica: “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en “excomunión latae sententiae”. Encontramos también la “Declaración sobre el aborto provocado” de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe que fue publicado en 1974.

Pero, ¿qué significa para la senadora Jesusa un católico inteligente? Evidentemente un católico que apoye el aborto; un católico con la conciencia moral deformada, ni más ni menos.

*No hace falta decir que un católico que apoya el aborto, está imposibilitado para comulgar, por tanto, ha de acercarse al sacramento de la confesión, cambiar de vida. El católico ha de formar la consciencia, la cual, como indica el Catecismo, es un juicio práctico de la razón que nos dicta lo que debemos hacer en tal o cual circunstancia. Sin embargo cuando la consciencia moral está afectada por la ignorancia y la negligencia, forma juicios errados sobre ciertos actos.

*Recordemos que la consciencia puede ser: cierta o dudosa, recta o errónea. No debemos actuar con consciencia dudosa, hemos de procurar disipar la duda. Solo la conciencia cierta y recta procede de un buen juicio y debemos de esforzarnos en adquirirla, nutriéndonos de la Verdad que enseña nuestra fe católica; es decir, una consciencia formada en la Palabra de Dios.

Lo dicho por la senadora Jesusa Rodríguez no me sorprende; la estulticia, el dolo y la vulgaridad intelectual son propias de quienes promueven el aborto y la ideología de género en el mundo. Hacen burla de la Iglesia Católica, no por entretenimiento, sino porque saben que es la única institución que tiene bien fundamentado el respeto a la vida humana y su dignidad en cualquiera de sus etapas. No es casualidad que “Catholics for Free Choice” destine cuantiosos recursos a organizaciones como “Católicas por el Derecho a Decidir”: con la subversión de la doctrina católica, atacan la defensa más sólida de la vida en el vientre materno.

Ahora bien:

¿Cuántos católicos estultos van por la vida apoyando el asesinato en vientre materno? Verdaderos lastres para su propia familia y la sociedad.

¿Cuántos católicos que piensan que pueden disociar su vida cotidiana de la doctrina católica e incluso se ufanan de ello? Relativismo puro y duro es lo de hoy.

¿Cuántos católicos que simpatizan con la Teología de la Liberación, Marx, Che Guevara, Erasmo de Rotterdam, Carl Gustav Jung,  José Antonio Pagola, Ansel Grim? Hojas y más hojas que pueden muy bien alimentar la chimenea en lugar de deformar su inteligencia.

¿Cuántos sacerdotes que evitan hablar del aborto por temor a incomodar a la feligresía, pero hablan sin reserva sobre “la tolerancia de ideas ajenas” y que contravienen la fe católica? Se ha preferido tener más adeptos –como si se tratase de un club- a la verdadera evangelización del rebaño.

Usted que lee esto: Despierte, incomódese, moléstese, no con los demás, sino con usted mismo por haberse permitido vivir tanto tiempo en la ignorancia y negligencia. Fórmese:

*Lea el catecismo, un buen inicio es el Catecismo de San Pio X

*Estudiar seriamente temas de capital importancia como la vida humana. El Magisterio de la Iglesia tiene valiosos documentos: Humanae Vitae, Evangelium Vitae, Declaración sobre el aborto provocado, Instrucción sobre el respeto de la vida naciente y la Dignidad de la Procreación, étc.

*Procúrese lecturas edificantes, sobre vida de los santos y/o de autores católicos, entre lo recomendable tenemos a: San Agustín de Hipona, León XIII, San Juan Bosco, San Juan María Vianney, Fulton Sheen, Louis Veuillot, Felix Sardá y Salvany, Juan Donoso Cortes, Plinio Correa de Oliveira, Hillaire Belloc, Gilbert K, Chesterton, étc.

*Revise su vida sacramental, haga un examen de consciencia, acuda a confesarse, asista a la Santa Misa. Sea luz del mundo, en su hogar y en la esfera social.

Todos somos ignorantes y estultos en algo, pero procuremos dejar de serlo en cosas de vital importancia como la defensa de la vida (desde la concepción hasta la muerte natural) y la salvación de las almas. Toda conversión lleva su tiempo, reconocernos imperfectos pero perfectibles dentro del plan del Padre…

“La disminución de la fe, que produce la disminución de la verdad, no lleva consigo forzosamente la disminución, sino el extravío de la inteligencia” Juan Donoso Cortes

“Me avergüenzo de ser mujer”

Me avergüenzo de ser mujer en esta época. Con un pesar enorme me entristece. Mujer hoy es violencia en contra de la vida, de las instituciones, violencia en contra de la dulzura y de la paz. Mujer hoy parece que significa cobardía disfrazada de poder. Una mujer, si quiere demostrar que puede, tiene que ser como el varón y lograr enfrentarse a él. En la actualidad, una mujer que es masculinizada en su conducta, es una mujer fregona, lo cual no es algo que nos haga sentir orgullosas a quienes creemos que serlo, implica alocentrísmo, entrega, dulzura y fragilidad.

En los Premios Fénix salieron personas que son famosas como la cantante chilena Ana Tijoux, con un pañuelo verde que simboliza el apoyo a la mujer “a decidir sobre su propio cuerpo”. Las fotografías muestran a una artista con cara de venganza, de odio y de malicia. No es una mujer alegre, es una mujer que se ve furiosa, que incita al odio. Eso me avergüenza, que gozando de fama por su innegable talento, se aprovechen de una ideología que tergiversa la verdad y habla de decidir “sobre tu cuerpo”.

Una mujer embarazada puede decidir cómo parir, pero decidir cómo matar no es una opción ni un derecho, es una atrocidad de la cual las mujeres se están jactando con pañuelos verdes. Son la vergüenza de nuestro sexo, son la burla que hace creer que poder, implica huir de la maternidad. El empoderamiento para ellas, es matar al más indefenso, al bebé en el útero. Eso, dicen es la libertad, dicen es el éxito y el progreso. Por eso me avergüenzo que haya mujeres que en lugar de apoyar a mujeres que viven momentos adversos, las encaminen a matar como si fuera una decisión exitosa.

Acompañar a una mujer embarazada y que se encuentra en una situación complicada, para que logre entrarle a la maternidad, es heroísmo. Acompañar a una mujer a un centro de exterminio prenatal, para que termine con el ser humano en su vientre, es cobardía, es abandonarla y dejarla con su decisión. Porque si de pronto esa mujer se arrepintiera, no habrá vuelta para atrás. Esa, señoras y señores, es la peor cárcel que una mujer pueda enfrentar. El remordimiento.

Eventos mediáticos totalmente acaparados por estas mujeres que devalúan la feminidad, son lamentables y muy tristes. Aquellas mujeres que tienen poder sobre las políticas públicas y que proponen que el aborto sea un derecho a nivel continente para que sea “en condiciones seguras”, es una pena. Es falaz, es una mentira que sirve a intereses políticos y económicos, pues sabemos por reportes documentados en revistas médicas como British Medical Journal y The Lancet, que en donde más mortalidad materna hay es justamente en los países en donde el aborto es un derecho.

Personas como Tijoux o Sánchez Cordero, me avergüenzan pues degradan la feminidad y no merecen ser llamadas mujeres. No ven por nuestros intereses superiores y se aprovechan de su posición pública y de poder, respondiendo a caprichos y deseos aislados, que en un futuro no muy lejano, la sociedad pagará con creces cuando exista un verdadero problema de salud pública.

Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

Ser provida y no serlo…

Hace unos días, en el marco de la legalización del aborto en Argentina, se dio a conocer la carta que un padre de familia, Marcelo Savazzini escribió a su hija que apoya dicha legalización. El contenido de la carta denotaba una profunda preocupación, externaba que si bien no fue engendrada en las condiciones más idóneas, él y su esposa continuaron con el embarazo, siendo el acierto más grande de su vida.

La carta se hizo viral en pocas horas. Según declaraciones del padre, la reacción de la chica fue de descontento total, sintiéndose exhibida, le retiro la palabra. Sin duda debe ser doloroso que las convicciones de los hijos no sean buenas, ni velen por el bien común, particularmente si los padres han procurado infundirles valores.

Sin embargo cabe hacer algunas observaciones: el padre compartió en la red social una imagen en la cual se apreciaba el siguiente texto: “Acá está la solución para el aborto. Tenés pastillas anticonceptivas, tenés la pastilla del día después, tenés inyección todos los meses, tenés el chip, el DIU, hoy en día tenés derecho a ligarte las trompas cuándo quieras. Pero ojo, prefieren que legalicen un homicidio a enseñar a ser responsables. Si es tu cuerpo, cuídalo y si no querés ser mamá, cuídate.”

Es por desgracia, el error de varios provida, pensar que los métodos anticonceptivos son la solución al aborto, cuando son exactamente lo contrario. Cuando habitúas a los jóvenes a esta idea de usar lo que sea para «evitar» llegar a la instancia del aborto, lo que sigue es que no solo lo apoyarán, ¡lo van a exigir!. Tal educación cimentada en el hedonismo, donde le quitas la responsabilidad a un joven en el acto sexual, no es difícil que piense que no tiene necesidad de hacerse responsable, ante un embarazo.

El círculo vicioso comienza precisamente con la tan aclamada educación sexual impartida entre los adolescentes, la cual se basa en la promoción de los métodos anticonceptivos para “evitar los embarazos no deseados”, “evitar las enfermedades de transmisión sexual” y “evitar cambiar pañales”, una educación en la que se omite decir que no son realmente seguros y efectivos en los porcentajes que dicen tener. Tarde o temprano muchos caen en este engaño, comienzan las relaciones sexuales, con el paso del tiempo adquieren alguna infección de transmisión sexual o se dan los inevitables embarazos. Tanto los primeros como los segundos acuden a las clínicas que proporcionan los tratamientos y que practican el aborto. Por ello, es tan férrea la insistencia de los gobiernos en la “educación sexual” entre los adolescentes: puedes conseguir clientes por al menos un lapso de 30 ó 40 años, consumidores de preservativos o píldoras, pacientes a tratarse una infección o solicitantes del “aborto, legal, seguro y gratuito”.

La real solución al aborto es la castidad, la fidelidad en el noviazgo y en el matrimonio. Una educación basada en los valores morales y en el respeto por la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural.

Marcelo Savazzini y muchos provida deberán corregir esta parte fundamental en su defensa de la vida en el vientre materno. La buena intención siempre es importante, sin embargo debe reforzarse de cierto conocimiento general sobre el tema.

Nadie es infalible. Solo nosotros sabremos cuantos tropiezos habremos o no dado, antes de ver con total claridad la verdad,… la abrumadora verdad sobre la vida en el vientre materno, que es atacada y manipulada sin contemplaciones por muchos frentes como la “educación sexual” hedonista, la fecundación in vitro, los vientres de alquiler y el aborto.

Procuremos la defensa sólida de la vida en el vientre materno tanto como nos sea posible, vayamos contracorriente, aún si nuestra propia familia, nuestra sangre se vuelve contra nosotros en la batalla…

#Chile Objeción de conciencia

Criticable, por decir lo menos, ha resultado la actitud de buena parte de la oposición a la iniciativa del Ministerio de Salud para permitir la objeción de conciencia, tanto a personas naturales como jurídicas, a propósito de la ley de aborto aprobada hace unos meses, siguiendo en esto el dictamen del Tribunal Constitucional sobre el particular. De tal forma, estos críticos pretenden que nada ni nadie pueda oponerse a esta práctica, por muy controvertida que sea, al tratarse en el fondo para ellos de un “derecho humano”.

Lo anterior resulta curioso, puesto que es sabido que el tema del aborto produce uno de los mayores debates de nuestro tiempo, al punto que en muchas ocasiones, su avance ha sido fruto de polémicas sentencias de tribunales superiores o de exiguas mayorías parlamentarias, todo lo cual demuestra muy a las claras que no se trata para nada de una materia pacífica. De ahí que los que se oponen a esta práctica, al menos hayan tratado de mantener a salvo sus propios principios y convicciones mediante la objeción de conciencia.

Y no es para menos: por mucho que algunos consideren el aborto como un derecho, incluso un “derecho humano”, parece demasiado, es más, resulta inaceptable, que un médico tenga que ser violentado en sus convicciones más profundas y obligado a cometer lo que él considera, con fundamento biológico, un asesinato. Por eso resulta totalitaria una actitud que so pretexto de supuestos “derechos humanos” (que se insiste, en este caso generan una gran y fundamentada polémica), pretenda imponerse de manera avasalladora, no aceptando la más mínima crítica ni disidencia. Lo cual se muestra con las amenazas que usualmente se esgrimen contra los objetores, que van desde la pérdida de sus trabajos o la imposibilidad de acceder a los mismos, hasta el corte de los fondos en caso de ser una institución que recibe ayuda del Estado.

¿Dónde ha quedado pues, el derecho humano fundamental a no verse obligado a actuar contra las convicciones más profundas de una persona? ¿Justifica el supuesto derecho de algunos la cuasi esclavitud de otros? ¿Es justo que el profesional de salud que de buena fe considera que el aborto es un crimen, tenga que ensuciarse las manos para no perder su fuente de trabajo, si además, es posible derivar a quien lo solicita con otro profesional que sí está dispuesto a hacerlo? ¿Ocurrirá lo mismo si se llega a aprobar la eutanasia?

El problema de fondo, y al cual hemos aludido varias veces, es que en la actualidad, el progresismo pretende imponer su agenda valórica amparándose en la noción de “derechos humanos”, que desprovistos de cualquier raigambre objetiva, hoy dan para todo. De esta manera, basta con asignarle este rótulo a cualquier pretensión, por polémica o absurda que sea, para que por ese solo hecho, se sacralice y se conviertan automáticamente en los peores herejes quienes se opongan a ella. Por eso volvemos a repetirlo: actualmente muchos de los “nuevos derechos humanos” –que poco o nada tienen que ver con la Declaración Universal de 1948– están siendo utilizados como verdaderos instrumentos de dominación, como mecanismos para imponer de manera totalitaria una serie de comportamientos que van desde el irrespeto a la vida de los más débiles, hasta anular el derecho de los padres para educar a sus hijos, por mencionar sólo algunas de las polémicas más conocidas de nuestros días. ¿Seguiremos pisando el palito?

Max Silva Abbott
Doctor en Derecho
Profesor de Filosofía del Derecho
Universidad San Sebastián

El genocidio de nuestros días

Esta mañana podía leerse en un periódico: “Rendimos homenaje a las víctimas del Holocausto, una tragedia incomparable en la historia humana” decía el secretario general de la ONU, Antonio Guterres en el Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto.

Es posible que mucha gente ignore que en la historia de la humanidad han existido por desgracia otros genocidios, por ejemplo:

El genocidio de La Vendée: Conocido como el primer genocidio de la historia moderna. Ocurrido durante la revolución francesa que persiguió a la Iglesia Católica, en la que destaca también el martirio de las monjas Carmelitas de Compaigne. Cabe mencionar que La Vendée había sido evangelizada menos de un siglo atrás por San Luis María Grignion de Montfort, (autor del Tratado de Verdadera Devoción a la Santísima Virgen), lo cual explica la ferviente fe católica en aquella región francesa. Ante la persecución, los campesinos de La Vendée se resistieron y formaron un ejército llamado en ese tiempo “El Ejército del Sagrado Corazón”. La joven República ordeno a las tropas arrasar con todo en aquella región, masacrando alrededor de 120,000 personas.

El holocausto armenio: Llevado a cabo por el Imperio Otomano contra los cristianos armenios, iniciado en abril de 1915 con la detención de cientos de intelectuales políticos y eclesiásticos que serían ejecutados, a lo que siguió la eliminación de todo varón en edad de combatir y después la deportación masiva de civiles, compuestos mayormente por niños, mujeres y ancianos, mediante marchas forzadas, caminando cientos de kilómetros a través de zonas desérticas en las que la mayoría moriría. Las cifras indican 1.5 millones de armenios asesinados.

El genocidio ucraniano o holodomor: Llevado a cabo por la Unión Soviética entre 1932 y 1933, con Stalin en el poder. Fue el exterminio de alrededor de 7 millones de ucranianos provocada por una hambruna artificial mediante la colectivización de la agricultura. Se restringió alimentos a campesinos que no cumplían con el plazo de entrega de cosechas, éstos emigraban a las ciudades, pero el gobierno ordeno bloquearles el acceso y todos los puertos para impedir que entrase una sola mercancía o alimento.

El genocidio del aborto: No importa cuántos genocidios haya habido, el asesinato en el vientre materno, supera por mucho cualquier cifra de seres humanos asesinados. El doctor Brian Clowes, director de educación e investigación de “Human Life International”, investigó el número de abortos provocados en el mundo desde 1973: 1.700 millones de seres humanos sin nacer. Esta cifra naturalmente se incrementa diariamente.

El aborto es el mayor genocidio que el hombre haya cometido jamás.

Éste último es realmente el genocidio que no tiene comparación con ningún otro, porque, si bien los demás ya ocurrieron e incluso a uno se le conmemora anualmente, el último ocurre –fíjese bien- bajo el amparo de la ley, no es privativo de una clase social, cada día llega incluso a las zonas más rurales la planificación familiar que incluye el aborto, hay miles de mujeres y hombres que no solo lo promueven sino que hasta lo exigen, abuelos que pagan el aborto de sus nietos, doctores y enfermeras que deberían salvar vidas son parte de este asesinato, laicos católicos que deberían alzar la voz son incapaces de decir nada incluso en una simple red social o en una conversación, porque “es un asunto de cada quien”. Y encima se le ha llamado “derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo”. Irónicamente es la ONU promueve activamente el aborto en el mundo, organismo para quien el señor Antonio Guterres trabaja.

Mientras que en los tres genocidios que he citado, los gobiernos que los cometieron hicieron lo posible por ocultarlos, ya sea por conveniencia, vergüenza o por cuidar su imagen ante el mundo, el aborto es aclamado y promovido diariamente en todas partes sin el mayor asomo de vergüenza, ha corrompido no solo al Estado, sino también a las familias,… ha corrompido las almas.

Ningún genocidio debería ser tolerado, promovido ni aprobado, pero con el aborto…

“El mundo moderno nos exige que aprobemos lo que ni siquiera debería atreverse a pedir que toleráramos” (Nicolás Gómez Davila)

#Chile #Aborto Tercera cámara

Si se analiza con más calma y con la debida distancia el reciente fallo del Tribunal Constitucional que rechazó el requerimiento de la oposición respecto de la ley de aborto en tres causales, surgen varias reflexiones que conviene tener en cuenta, tanto respecto de este asunto en particular, como para el funcionamiento de nuestra institucionalidad en general.

Un primer aspecto que merece ser comentado –y como ya se dijo en otra columna–, es que si la oposición hubiese siquiera sospechado este veredicto, se habría abstenido de presentar el requerimiento, pues salvo la admisión de la objeción institucional para las personas jurídicas (y no sólo la objeción de conciencia para las personas naturales), claramente le salió el tiro por la culata.

Un segundo elemento que llama a profunda reflexión, es que se hace difícil creer que un fallo de tal magnitud y manejo de antecedentes haya sido redactado sólo luego de presentado el requerimiento y escuchados las decenas y decenas de alegatos que se realizaron ante este organismo.

Finalmente, en tercer lugar, que la sentencia fue mucho más allá de lo que estaban solicitando los requirentes –la impugnación de las tres causales de aborto defendidas por el proyecto–, al punto que no es descabellado preguntarse si hubo aquí “ultrapetita” –es decir, que el tribunal fue más allá de lo solicitado–. Lo anterior, puesto que abordó un tema bastante más delicado y profundo que permitir el aborto en tres causales: el estatuto jurídico del no nacido. De esta manera, su sentencia lo “expulsó” de la categoría de “persona”, pese a que este mismo tribunal le había reconocido tal calidad en su anterior fallo referente a la “píldora del día después”.

Ahora bien, de todo lo dicho es posible extraer al menos dos conclusiones: la primera, que el fallo está abriendo las puertas a la liberalización total del aborto sin causales, al entenderlo en el fondo como un “derecho humano”, pese a atentar contra un miembro de la especie humana inocente e indefenso. Ello, pues desde su perspectiva, nunca podría primar el interés de el no nacido sobre el de la madre o de un tercero interesado en abortar, al haber sido relegado a la categoría de “no-persona” –algo así como un animal–, por mucho que el fallo insista en que se trata de un “bien jurídico protegido”.

Y la segunda, es que con esta “invisibilización” del no nacido en cuanto a su calidad de persona, el Tribunal también fue mucho más allá de lo que las cámaras estaban debatiendo, al abordar la calidad ontológico-jurídica del “nasciturus”. De esta manera, en el fondo el Tribunal terminó actuando, tal como criticaba ácidamente el gobierno (antes de conocerse el fallo por la opinión pública), como una “tercera cámara”, pues privó al Poder Legislativo y a la misma ciudadanía de debatir este trascendental y delicado tema legal y constitucional. Ello, pues si se hubiera discutido abiertamente este trascendental tema tanto en el parlamento como por parte de la ciudadanía, sin duda alguna el desenlace podría haber sido bien distinto.

Sin embargo, a pesar de esto último, en la presente oportunidad, este rol de “tercera cámara” no ha sido cuestionado por el gobierno.

 

Max Silva Abbott
Doctor en Derecho
Profesor de Filosofía del Derecho
Universidad San Sebastián

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