Padres, enseñen Religión a sus hijos (20 preguntas)

Los padres, si lo consideran conveniente, deben consultar este artículo con el sacerdote, pastor, rabino o imán, según la Religión que practiquen.

¿Qué es la Religión?

La Religión es el sentido de la vida y una fuente de disciplina que ofrece anclas sólidas, estabilidad social y desarrollo moral, tanto al individuo, como al grupo. La Religión proporciona: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, generosidad, fidelidad, afabilidad y disciplina. Es una exigencia de la razón, de la justicia y de la paz.

¿Para qué sirve la Religión?

La Religión sirve para creer y confiar en Dios y en el prójimo. La Religión no es algo decorativo u ornamental, significa elegir a Dios. como el criterio básico de la vida. Es el conocimiento teológico, que añade una dimensión trascendente a la vida moral de la humanidad.

¿La Religión es para estar pidiendo continuamente cosas a Dios?

La religión es, para amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. No es correcto el estar siempre pidiendo y nunca dando. A Dios se le pueden dar muchas cosas: A través de un buen comportamiento personal y acciones a favor del prójimo. “Manos que no dais, que esperáis”.

¿Por qué los padres tienen que enseñar Religión a sus hijos, de acuerdo a sus edades, características y circunstancias?

Los padres no pueden dejar a los hijos, que empiecen a aprender los conceptos religiosos, cuando ellos quieran o cuando lleguen a la mayoría de edad. Estamos en una época donde casi todas las sociedades son laicas y muchas de ellas son laicistas, es decir, que legislan y actúan en contra de la religión. Los padres están obligados a darles formación religiosa, escolar, familiar y social, desde que son muy pequeños, desde que están en la cuna.

¿Ayuda la Religión a que los hijos sean más felices?

Los hijos son mucho más felices, cuando han desarrollado un fuerte sentido del valor religioso y personal. Se dan cuenta que sus vidas tienen un mejor y mayor significado, lo que les permite desarrollar más en profundidad su espiritualidad, y mantener mejores relaciones con sus familiares, amigos y sociedad. Los hijos con mayor formación religiosa, son más sociables y menos tímidos.

La religiosidad, la espiritualidad, la felicidad, el temperamento y las relaciones interpersonales, mantienen una conexión muy estrecha, entre en los hijos que tienen una buena formación religiosa y se mantienen practicantes en rezar, meditar, asistir a los actos religiosos, etc. El valor personal, la alegría de vivir, la importancia de la amistad, la bondad, el altruismo, el voluntariado y la caridad, son virtudes y valores humanos, que se incrementan con las prácticas religiosas.

¿La enseñanza religiosa tiene que ser igual, para todas las edades y circunstancias?

Los padres tienen que ir adaptando las enseñanzas, según sus edades físicas, mentales y circunstancias reforzándolas o añadiendo nuevas, a medida que los hijos vayan creciendo en edad, conocimientos y responsabilidades, siempre de acuerdo a sus características y conveniencia en cada caso.

¿Dónde debe enseñarse la Religión?

1.     La Religión da a la vida una nueva perspectiva y un horizonte más amplio, haciéndola más humana y capaz, de generar una sociedad más solidaria y llena de esperanza.

2.     La Religión debe enseñarse, principalmente, dentro del hogar familiar, y complementarse en la escuela, Iglesia y organizaciones religiosas.

3.     La Religión es un elemento esencial de la experiencia y educación humana, sobre el significado de lo sagrado.

4.     La Religión es una ciencia, que como tal, tiene derecho a estar en el currículo escolar y formar parte de la dimensión educativa de la escuela, debido su fuerte nexo de unión entre educación, formación y religión.

5.     La Religión es una materia estudiada, por un gran número de ciencias: La Historia de las religiones, la Psicología de las religiones, la Sociología de las religiones, la Fenomenología de las religiones, la Filosofía de las religiones y la Teología, entre otras.

6.     La Religión no aísla a las personas que la practican. Al contrario, les da un sentido de pertenencia y comunidad, que nada ni nadie puede igualar.

7.     La religión no se impone, se persuade, aunque se deba amar a todas las religiones, pero enamorándose de la propia.

8.     La Religión por su pluralismo confesional actual, tiene que estar presente y ser enseñada de manera concertada y armonizada, con los diversos grupos de alumnos y en todos los foros de la sociedad.

9.     La Religión verdadera exige entre otras cosas, la práctica de las virtudes y valores humanos.

10. La Religión, sin ninguna excusa, debe ser enseñada por los padres, debido al derecho irrenunciable que tienen, de educar a los hijos, según las propias convicciones morales y para que no corran el riesgo, de perderse el tesoro más preciado de la humanidad.

¿Se puede medir la formación que reciben los hijos en Religión?

          Esta formación no se puede medir, pero se podrán observar posteriormente, los resultados de su educación religiosa, su nivel de felicidad, espiritualidad, religiosidad, caracteres y temperamentos, según el modo de vida y las acciones que realicen los hijos. Algunos padres creen que la Religión enseñada a los hijos, se puede medir como los exámenes de matemáticas, que les hacen en la escuela o en el colegio.

          Tampoco se puede medir la calidad y cantidad de enseñanza, que los padres han realizado en materia de buenos modales, comportarse en la mesa, saber obedecer a la primera, ser puntuales, ordenados, educados, etc. Es decir, saber vivir de acuerdo a las virtudes y valores humanos. Eso se ve en los resultados a plazo corto, medio y largo. No hay un examen normalizado, para determinar cuánto saben los hijos sobre religión, moralidad, amor al prójimo, etc. La vida es la que se encargará de aprobar o suspender a los hijos, en función de sus conocimientos de Religión y su práctica.

¿Está decayendo la Religión en la población mundial?

Los que no practican ninguna religión y los laicistas, que son los que atacan a toda clase de religiones, son los que más pregonan, que la Religión está muerta y que va camino de desaparecer. Lo hacen para justificarse a sí mismos, aun a sabiendas, que eso no sólo es incierto, sino que la Religión a nivel mundial, tiene cada vez más practicantes y partidarios, según las diversas estadísticas publicadas.

Pasa lo mismo con los fumadores, alcohólicos, divorciados, hipócritas, abortistas, etc. que se pasan el día diciendo que todo el mundo lo hace, para intentar defender, disculpar y excusar su deformado sistema de vida.

¿Qué son las virtudes y valores humanos?

Las virtudes humanas son disposiciones estables, del entendimiento y de la voluntad, que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta, según la razón y la Fe. Pueden agruparse en torno acuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

Valores humanos son la calidad moral, que mueve a hacer las buenas acciones con convencimiento y firmeza en el arte de vivir.

¿Qué es lo que tienen que saber los hijos sobre Religión, para cuando llegan a cada una de sus edades?

Los padres saben para cada edad, lo que sus hijos deben haber aprendido sobre Religión. Ponen todo su empeño en educarles o enseñarles a que lo consigan y si al final no lo consigue, lo llevan a consultar con los especialistas. Además hay un proceso lógico de aprendizaje de destrezas, que empiezan por saber: Mamar, chupar, llevarse la comida a la boca, gatear, andar, hablar, correr, hacer sus necesidades fisiológicas, leer, escribir, etc.  Es como una escalera, por la que van subiendo peldaño a peldaño. Pero para subir cada peldaño, deben haber afianzado su paso por el anterior. Después irán aprendiendo las siguientes, hasta que lleguen a ser adultos.

¿Qué deben aprender los hijos sobre religión, en cada una de sus diferentes edades físicas y mentales?

Los padres deben enseñar a sus hijos, poco a poco y desde que son muy niños, los conceptos y prácticas religiosas, para que a medida que vayan creciendo, puedan ir consolidando cada uno de los peldaños, imprescindibles en cada edad, para que puedan ir soportando los siguientes pasos, con los conocimientos y prácticas de los pasos anteriores, estudiando bien las Reglas o Mandamientos, los Libros sagrados etc. Primero aprendiendo a amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo, como a uno mismo. La religión empieza como costumbre, continua como hábito y termina como virtud.

¿Algunos padres practican con sus hijos, la eutanasia religiosa?

Desgraciadamente, hay padres que aplican a sus hijos la eutanasia a la enseñanza de la religión. Lo hacen por dejadez, incongruencia, desconocimiento, por “el qué dirán” o por la moda, de decir, que los hijos estudien y practiquen la Religión cuando sean mayores o cuando ellos quieran. No se dan cuenta, que los hijos constituyen el presente y futuro de las familias y de las naciones y sin Religión fracasarán.

¿Tienen que esperar los padres, a que los hijos sean mayores para enseñarles Religión?

Ningún padre dejaría de dar de comer a su hijo, llevarle al médico o a la escuela, hasta que el hijo quisiera hacerlo. Pero cuando se trata de enseñar Religión, algunos padres esperan a que los hijos sean mayores, para que ellos decidan si quieren aprenderla o no, pero entonces ya suele ser tarde. No la han asimilado desde la más tierna infancia.

¿La eutanasia religiosa tiene otras implicaciones?

Sin la religión bien implantada en los hogares, no hay ni familia, ni naciones que funcionen. Los niños y ancianos, constituyen el futuro de los pueblos. No atenderles bien a ambos, es una eutanasia encubierta y una eutanasia cultural. A los niños, porque son el futuro de la familia y de la nación y llevarán adelante la historia. A los ancianos, porque trasmiten la experiencia y la sabiduría de la vida, hacia las generaciones anteriores. Laeutanasia religiosa se produce a los ancianos, cuando no se les habla de religión, ni se les deja hablar ni actuar.

¿Cómo y cuándo deben aprender Religión los hijos?

Los hijos aprenden a entender y practicar la Religión, con el ejemplo, que ven en sus padres y con lo que estos les enseñan, desde que están en la cuna, rezando con ellos por sus hermanos, abuelos, papás, familiares y amigos. Tanto al levantarse, como al acostarse, al empezar a comer, al salir de la casa y al entrar en el automóvil.

¿Deja huella el conocimiento de la Religión?

Los principios religiosos adquiridos desde pequeños, se convierten en inamovibles, durante el paso de los años y continuamente salen a relucir, incluso en los difíciles momentos de incertidumbre, próximos a la desesperación. Desde muy pequeños, deben acostumbrarse a rezar junto a sus padres y a verles rezar a ellos, incluso públicamente. Posteriormente llegarán los momentos, en los que les enseñan las oraciones y los signos religiosos, y les lleven a asistir a los actos religiosos y a ir conociendo las bases del Catecismo.

¿Dónde y cuándo deben enseñar los padres la Religión a sus hijos?

A partir de la edad física y mental, que los niños adquieren el discernimiento, los padres deben complementar la educación escolar, con la educación religiosa, en la casa y en la catequesis, donde les prepararán para recibir los conocimientos, prácticas y rituales religiosos que correspondan a sus edades. La edad adecuada física e intelectual, para empezar su formación religiosa, dependerán de la opinión de los padres, del sacerdote, pastor o rabino, según la religión que practiquen sus padres.

¿Se debe enseñar Religión a los hijos, aunque estos no la comprendan?

Los hijos cuando son pequeños, es posible que no comprendan todo lo que les dicen los padres sobre la Religión, pero hay que ir haciéndolo, poco a poco, porque de mayores, si no tienen una sólida formación religiosa, no podrán distinguir lo bueno y lo malo, para elegir libremente lo mejor para sus vidas. Para evitar que caigan en manos, de los que sistemáticamente, se dedican a engañar a los jóvenes, menos formados religiosamente e insuficientemente enseñados, de educación familiar.

¿La Religión debe estar soportada con obras buenas?

La Religión debe estar bien soportada con obras buenas, para que posteriormente conduzca a la práctica de las virtudes y valores humanos, tan necesarios para la formación de las personas, y para poderla tener como ancla cuando crean que todo falla. La Religión siempre se mantiene arraigada firmemente, en el amor y en la vida.

¿Qué sucederá a los hijos que no son educados en la Religión?

Se comportarán como asilvestrados, intolerantes, maleducados, consentidos, enteros, etc. Serán hijos y futuros padres conflictivos, déspotas, violentos, exigentes y tiranos. No distinguirán el bien del mal, en lo que hagan ellos o en lo que hagan otros, entre la virtud y el vicio, entre la moralidad y la inmoralidad. Tomarán demasiados, altos e innecesarios riesgos, y casi siempre de resultados irreversibles.

¿Qué sucederá en las familias, naciones o sociedades donde los padres no enseñen religión a sus hijos?

Hay muchas naciones, donde no existe ni ha existido, desde hace muchos años, la libertad religiosa para que cada familia y cada individuo, puedan practicar la Religión que libremente escoja. Esos países además suelen crear leyes que van, en contra de los más elementales derechos humanos, aceptados mundialmente, así luchar frontalmente contra todas las cuestiones religiosas.

¿Es la familia la verdadera escuela de formación religiosa para los hijos?

1.     Qué confusión para los padres, cuando vean a sus hijos yendo por el mal camino de los perdedores, por no haberles enseñado a practicar las virtudes y valores humanos.

2.     Qué desconocimiento el de los padres, que no trasmiten la Religión a sus hijos, enseñándoles lo mejor para su presente, de dónde les llega su dignidad, ni lo que les deparará su futuro, que esté soportado por la condición del conocimiento y de la práctica religiosa.

3.     Qué error para los padres, que no quieren enseñar la Religión, que demuestra que el hombre, no es el fin mismo del propio hombre, sino que hay una trascendencia hacia un Ser superior.

4.     Qué ignorancia demuestran cuando los hijos, se consideran bien calificados para auto aconsejarse, presumiendo de que no necesitan a nadie que les enseñen, corrijan, orienten en los temas de la Religión.

5.     Qué ineptitud la de los padres que aconsejan a sus hijos “Vive la vida loca”, que vida no hay más que una y hay que vivirla deprisa, o que les enseñan a justificar sus desordenes con el dicho: “Comamos y bebamos que mañana moriremos”.

6.     Qué padecimiento para los padres, cuando ven que los hijos huyen de la realidad, de lo que ocurre a su alrededor y no les preocupa aislarse del conocimiento y práctica de la Religión, aunque eso les suponga soledad, retraimiento, incomunicación, desamparo, etc.

7.     Qué pena da cuando algunos hijos, se acomodan frente a la realidad religiosa, en su indiferencia crónica, en su pereza mental.

8.     Qué triste es cuando los hijos quieran actuar exclusivamente, según su propio criterio, sin querer escuchar la formación religiosa y moral, que enseñan los padres. Algunos se centran en sí mismos, se consideran autosuficientes y solamente hacen caso, a lo que han oído en la calle a cualquier persona.

9.     Qué desgracia es perder la Religión, es perderlo todo. Mucho más que perder la salud, el dinero, los amigos, la posición social, etc.

10. Qué egoísta es fijarse en los defectos, de los que hablan de Religión, y no querer atender a lo que dicen.

¿Cuáles son las 10 mejores formas de enseñar la religión a los hijos?

1.     Enseñarles a llevar una vida espiritual bien dirigida, por personas expertas, que sepan ayudar en los buenos momentos, para mejorarlos y en los malos, para saber pedir fuerzas para superarlos.

2.     Enseñarles a ponerse objetivos realizables, para ir mejorando en conocimiento y práctica de las virtudes y valores humanos, de forma que la religión sirva de ejemplo a los demás.

3.     Enseñarles a profundizar en la formación religiosa y en su práctica, para poder aclarar las propias dudas y en su caso, las que tengan otros. Estar bien preparados intelectualmente y dar buen ejemplo de religiosidad, es fundamental, para que se distinga las personas que aman y practican la religión, de los ateos y agnósticos.

4.     Enseñarles a que las obligaciones religiosas, son en beneficio de los fieles y no están para castigar, sino para disfrutar de ellas, al conocerlas en profundidad y los motivos por lo que existen.

5.     Enseñarles a que se sepan levantar, cada vez que se caen, consciente o inconscientemente. Las personas religiosas, saben que es muy importante no caer, pero también saber levantarse y pedir perdón, con arrepentimiento y firme propósito de la enmienda.

6.     Enseñarles a realizar abiertamente las prácticas religiosas, para que se den cuenta, que la religión está dinámica, activa y vigorosa y que es un honor practicarla. Aunque las cosas íntimas, siempre deben permanecer en la privado.

7.     Enseñarles a rechazar los escrúpulos, que quieren imponer los que no practican la religión y hablan, sobre la hipocresía de las personas con convicciones religiosas, en el caso de que no sean perfectos en todos sus actos.

8.     Enseñarles a ser valientes antes los ataques y desafíos que hagan con la Fe, sin esconderse, huir, ni sentir vergüenza, al contrario: Estar siempre muy orgulloso, de practicar la religión.

9.     Enseñarles a tener una vida intensa religiosa, con los medios espirituales ofrecidos, para poderse sentirse espiritualmente convencidos, fuertes y sanos.

10. Enseñarles y demostrarles, como la religión está cada vez más pujante, aunque tenga muchos enemigos, que la intentan destruir sin conseguirlo. Esto da mucha más fuerza a los que la practican, para seguir profundizando en su conocimiento y en su práctica.

¿Hace ruido el silencio religioso?

La Religión llevada en silencio y con buen ejemplo, también hace un ruido ensordecedor, a quienes ven comportarse a las personas llenas de sentido religioso. La oración, los sacrificios, el ejemplo callado, el buen comportamiento privado, familiar y social, el trabajo honrado, la vida social, etc. hacen mucho, ante las conciencias públicas, incluyendo las de los agnósticos y ateos. Es el silencio que hace ruido.

¿Es la libertad de Religión, un factor de progreso personal y social?

Poder practicar sin restricciones la Religión, es un cambio radical de mentalidad, introducido desde siempre en la cultura, en la libertad y en las costumbres, con independencia del régimen político o el grado de democracia. Es el derecho inalienable de las personas, para su progreso físico y moral.

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Maternidad Subrogada: ¿de quién es el hijo?

México D.F., Julio 2013.- Con avisos pegados en postes y paredes una clínica que se dice especializada en infertilidad y medicina reproductiva, invita a mujeres de entre 18 y 35 años de edad, a subrogar (rentar) su vientre a cambio de un “donativo” de 120 mil pesos, aun cuando la práctica de este procedimiento no es legal y se aprovecha de la vulnerabilidad económica de las mujeres que prestan su cuerpo para gestar.

La Subrogación de vientre o de útero, mejor conocida como Maternidad Subrogada es la práctica mediante la que una mujer gesta en su vientre un niño que, al nacer, será entregado a otra persona (s). El tema es muy complejo, pero es importante conocer los numerosos riesgos y problemas vinculados con el tema, ante la posibilidad de que se legalice su práctica en el Distrito Federal y en todo el país.

“La Maternidad subrogada implica diversas y complejas situaciones para las que nuestro sistema jurídico no está preparado para regular y resolver satisfactoriamente”, enfatiza la abogada Ingrid Tapia, especialista de TAD (THINK · ACTION · DEVELOPMENT). “Una de las más importantes se refiere a la filiación de la paternidad o lo que es lo mismo ¿quién, de los distintos padres y madres involucrados en el “pedido” y gestación del bebé tiene derecho sobre él? ¿Cuáles son las circunstancias que lo determinarían? -y explica-: “En la maternidad subrogada pueden existir dos  padres: el que paga por el hijo y el que –de ser necesario- aporta el material genético (semen); y hasta 3 madres: la que aporte el material genético (óvulos), la que geste al bebé y la que lo desea y paga por él. ¿Cuál de estos padres/madres lleva la mano a la hora de responder por el bienestar del menor? que finalmente es lo que debería preocuparnos.

Por otro lado, se han preguntado ¿qué pasa si la mamá gestante se niega a entregar al hijo? ¿Qué pasa si el hijo nace con algún defecto o malformación y es rechazado por quienes lo encargaron? ¿Y si sólo pagaste por uno y nacen gemelos? Y ¿Si la pareja que lo encargó se separa o uno o ambos cónyuges fallecen durante el período de embarazo? ¿de quién es el hijo ahora?, espero que los legisladores que están promoviendo la legalización de esta práctica tengan las respuestas precisas para que la vida y la dignidad humana prevalezcan por encima de intereses particulares, por legítimos que estos sean”, puntualiza la jurista.

Contradicciones del día del niño

Día del niño

Por un verdadero regalo de Dios, pertenezco a una familia numerosa tanto en la rama paterna como en la materna. Cuando era, por ejemplo, santo de mi abuelo, en su casa  nos reuníamos mis once tíos, hermanos de mi mamá, muchos primos, sobrinos, parientes…. Y se tenía por costumbre preparar comida norteña en una pequeña ciudad al sur del estado de Sonora con: carne machaca, carnitas de cerdo, frijoles con chorizo y queso, tortillas de harina, dulces típicos regionales, etc. y se organizaba un ambiente muy agradable, entre la algarabía de la chiquillería que se entretenían con diversos juegos infantiles en un gran patio.

Pero, sin duda, el suceso que más gozábamos mis familiares y yo era el nacimiento de un nuevo hermanito o primo. Nosotros fuimos siete hermanos y en cuanto nos llegaba la invitación para ir a conocerlo, íbamos a toda prisa al sanatorio -que estaba como a siete cuadras de mi casa- y, era tanta la emoción, que no esperábamos a que llegara un coche a recogernos para trasladarnos, sino que  nos encantaba ir corriendo hasta llegar jadeantes al hospital. Era todo un día de fiesta el ir a verlo, hacerle caricias, tocar sus manitas, tratar de hacerle sonreír, preguntar a quién se parecía y observar la enorme felicidad de mis padres…

Por eso me parece estupendo que se celebre el “Día del Niño” y que se les organicen fiestas y se sientan muy queridos y atendidos por sus padres.

Pero, últimamente, cuando llega el 30 de abril, me acuerdo primero de todos esos niños no nacidos que aún se encuentran en el vientre de sus madres. Allí están indefensos, recibiendo alimentación y oxígeno de la madre, formándose en especie de “cunita” protectora y esperando el momento en que puedan ver la luz del día y recibir el abrazo y afecto de sus padres, hermanos y familiares.

Y es que desde el óvulo es fecundado se inicia una nueva vida, única e irrepetible. Tiene ya su individualidad y es un embrión en desarrollo que crecerá hasta formar un ser humano completo.

Desde que el ser humano es un cigoto –una sola célula fecundada- ya se pueden conocer muchas sus características: sexo, enfermedades genéticas, color de la piel, estatura aproximada, etc.

En unas cuantas y rápidas pinceladas, podríamos decir sobre su crecimiento lo siguiente: en la tercera semana del embarazo se comienzan a formar la columna vertebral y el sistema nervioso; lo mismo que el hígado y los riñones; en la quinta semana comienza el desarrollo de los ojos, pies y manos; en la sexta semana ya son detectables las ondas cerebrales. Se pueden observar la boca, los labios, las uñas; en la séptima semana se forman los párpados y los dedos de los pies. El bebé puede dar pataditas y nadar; en la octava semana cada órgano está en su lugar y se comienzan a formar las huellas digitales. Comienza a escuchar los sonidos externos; en las siguientes semanas el bebé puede girar su cabeza y sus dientes están en plena formación; en la onceava semana puede tomar objetos con sus manitas,  está en operación su sistema circulatorio y ya tiene la estructura  ósea y la de sus nervios.

En el cuarto mes, el niño mide entre 8 y 10 pulgadas. En la semana veinte, puede reconocer la voz de su madre y soñar. Siente y sufre el pequeño si su madre está angustiada, o por el contrario, se siente tranquilo y con paz, si su madre está serena o alegre.

Y me pregunto, ¿no es una verdadera maravilla que partiendo de un óvulo fecundado, nueve meses después nazca una criatura completa? ¿y que desde el seno materno se le pueda tomar la presión arterial, escuchar los latidos de su corazón, la posibilidad de ser curarlo de alguna enfermedad o también observarlo desde el ultrasonido?

Después del parto, el bebé va a continuar desarrollándose, física y neurológicamente, y comenzará recorrer las etapas de la niñez, luego la adolescencia, la juventud, la madurez, la vejez en una línea de continuidad y coherencia tan perfecta como asombrosa.

Y no obstante estas evidencias científicas que nos muestran claramente los más recientes avances de la Biología, la Genética, la Perinatología, la Bioética, etc., año con año y haciendo cuentas globales, en el Distrito Federal y sumándose a muchos  otros países de los cinco continentes, se cometen millones  de abortos y se arranca brutalmente la vida a estos seres inocentes desde el vientre de sus madres, con el pretexto de bajar los índices de la natalidad que ordenan ciertos organismos internacionales con el apoyo y financiamiento de algunos países que paradójicamente se denominan “desarrollados”.

Aunque el 28 de agosto de 2008, la Suprema Corte de Justicia de  la Nación emitió sus ocho votos a favor y tres en contra,  declarando así mayoritariamente que la despenalización del aborto en el Distrito Federal es Constitucional. Ante este hecho, me parece que hay que tener muy en claro que no toda ley -por el hecho de ser aprobada por los legisladores y confirmada por la Suprema Corte de Justicia- resulta siempre  justa y en beneficio de la sociedad. Por ejemplo, en Holanda se ha legalizado, desde hace años, la eutanasia y -bajo ciertas condiciones- a los ancianos y enfermos terminales se les quita la vida mediante una inyección letal. En otras naciones se han legalizado las drogas y han causado un serio daño, principalmente en los adolescentes. Los ciudadanos tienen el legítimo derecho de oponerse a las leyes injustas que tan devastadoras consecuencias tienen. Es lo que se denomina la objeción de conciencia. En el Distrito Federal a un médico no se le puede obligar o forzar a que practique un aborto y tiene el derecho de  manifestarse que no está dispuesto a destruir la vida de un ser no nacido. Es decir, no obstante que sea “legal” el aborto en la Ciudad de México, no deja de ser un acto criminal.

¿Por qué? Porque no hemos de perder de vista que el derecho a la vida humana es el derecho prioritario de todo ser humano y, por tanto, el bebé no nacido debe ser siempre respetado, protegido y cuidado por todas las legislaciones de los Estados civilizados. Si se niega este derecho, fácilmente se pueden negar todos los demás derechos, caer en verdaderas aberraciones aparentemente “legales” y volver a las épocas represoras de tantos crueles e inhumanos dictadores y gobiernos  a lo largo de la Historia,  basta con citar a Adolfo Hitler y a José Stalin.

Paralelamente a esto,  se ha descubierto otra mezquina realidad: el aborto, en sí mismo considerado, es un lucrativo negocio en el que tanto los médicos como las demás personas e instituciones involucradas, se llenan sus bolsillos de “dinero sucio”. De manera que, en su conjunto, podríamos afirmar que detrás de este odio y afán por destruir a millones de seres no nacidos, se debe  fuertes presiones políticas y a poderosos intereses económicos mezclados con siniestras complicidades.

Por ello, utilizando una imagen simbólica que me viene a la mente a modo de síntesis,  algunos gobernantes, médicos, enfermeras, intelectuales, catedráticos, profesionistas, legisladores que promueven el aborto, parecería que cada 30 de abril levantan una mano con una copa de vino, gritando a voz en cuello: “¡Qué vivan los niños de todo el mundo  porque son el futuro de nuestra humanidad!” Y con la otra mano,  clavando un filoso  cuchillo, que atraviesa el vientre de la madre,  aniquilando al bebé en su seno. Me pregunto, ¿no hay en esto una gravísima contradicción con estas actitudes? O mejor dicho, ¿no estamos presenciando una esquizofrenia de muchos que viven una doble vida y que, con su deplorable conducta, merecen ser juzgados  como  esos criminales de guerra nazis, quienes eliminaron a millones de judíos, ancianos, discapacitados y enfermos terminales con inyecciones letales y en los campos de concentración? O bien, que en muchos otros casos donde se observa una marcada obsesión por buscar la destrucción del mayor número de seres humanos no nacidos que raya en lo patológico,  ¿no deberían de ser recluidos en una clínica psiquiátrica para que reciban su adecuada terapia? Porque humanamente no es explicable tanta aversión y tanto odio cuando lo normal es alegrarse ante el nacimiento de una vida humana.

Desde el momento mismo de la concepción, en que –a las pocas semanas, el ginecólogo confirmaba a nuestra madre que estaba embarazada- y de inmediato ella nos daba la feliz noticia que pronto tendríamos a un hermanito más y a  todas sus amistades les comunicaba con una gran alegría y emoción, aquella bella frase –que entonces se acostumbraba mucho decir-  y que tanto me gusta por su hondo significado: “¡Estoy en estado de buena esperanza!”

El principio de todo es la vida: Enrique Rojas

Esta semana tuve la gran fortuna de estar en la conferencia que el Psiquiatra Enrique Rojas, ofreció en México titulada “3 consejos para la educación de los sentimientos, la inteligencia, la sexualidad y la voluntad”.

Fue maravilloso poder escuchar de viva voz al catedrático de psiquiatría en el Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas, mencionar la importancia de la familia integrada, de la persona formada e informada. Oírlo hablar de lo imprescindible que es educar en la voluntad y sobre todo lo relevante que es conocerse como persona para poder servir como ejemplo a los demás. Ejemplo en especial para los hijos, que son nuestra responsabilidad y que lamentablemente en un mundo permisivo, o como él lo llama “un mundo Light”, es más complicado ver que las familias formen personas, puesto que lo que vemos hoy día es que las familias han deshumanizado al ser humano.

Brevemente, les comparto que Enrique Rojas mencionó que educar es convertir a alguien en persona. Es hacer a alguien feliz y para ello se necesita tiempo. De igual forma hizo hincapié, de que todos en algún momento somos docentes y alumnos. Y algo que me quedó muy penetrado en mi mente, es cuando mencionó que la información es enterarse de todo, pero que la formación da criterio. Por ello en este espacio, que más allá de ser un medio noticioso del acontecer diario, es un medio que busca formar a través de la información.

Enrique Rojas, el psiquiatra español que ha publicado una infinidad de libros, nos recordó que educar es enseñarle al hombre lo que es la vida, ya que el principio de todo es precisamente la vida y por ello debe de ser una prioridad. Es la realidad más radical de todo. Es argumental.

Y hablando de argumentos, habló de 4 de ellos: amor, trabajo, cultura y amistad. Enfatizó que estas pruebas de que la vida es fundamental, estriban en que el hombre es racional con cuerpo, alma y espíritu. Naturaleza y biología, pero que la inteligencia propia de la persona humana es distinta de la inteligencia operativa de los animales. La inteligencia, dijo Enrique Rojas, es intimidad, que sale a la luz con la palabra. El ser humano es el único que se puede comprometer a algo con alguien, porque somos libres.

Por ello el matrimonio y la familia que funciona son exclusivas instituciones derivadas de esa inteligencia de la persona humana. Siendo así, que a pesar de ello, en la actualidad la ligereza de conciencia, la comodidad y la falta de valores han hecho pensar que el matrimonio está en crisis, cuando en realidad es el hombre que la padece, porque ya no sabe ni quién es, hacia donde va o qué debe de ser.

Finalmente, Enrique Rojas nos decía en esta amena charla, que hay que aprender a enamorarse de una totalidad, con amor efectivo, afectivo y caritativo. De esta forma podremos hacer de nuestros hijos personas y de nuestro matrimonio un cimiento para que la familia funcione.

Y para no quedarnos atrás

Al finalizar el evento, fui la primera en acercarme al psiquiatra para que me dedicara su libro “El Hombre Light” que cito en mi segundo libro que está por salir “El Monstruo de la Comodidad”. Al escuchar que lo mencionaba en mi siguiente obra literaria, se interesó y me pidió recibir noticias al respecto. Firmó: “Para Alejandra Diener; la familia que funciona es salud en la calle”.

Nos leemos la semana que entra para no quedarnos a atrás y ver hacia delante.

 

Las bondades de las tradiciones familiares

Comer en familia pareciera que ha pasado de moda, o es considerado anticuado, sobre todo en los jóvenes que no “ven la necesidad” de sentarse a la mesa con sus padres y hermanos. Lo anterior se debe a un deterioro en las uniones familiares, al pragmatismo que vive hoy día la sociedad y en especial al egoísmo que caracteriza al ser humano que no se forma para vivir al servicio de los demás.

Sin embargo, contrario a lo que muchos pudieran argumentar que son “nuevos tiempos” y que hay que aprender a adaptarse a las nuevas épocas, como suelen justificar los ideólogos que inmiscuyen sus ideologías inadvertidamente, existen estudios como el de la Universidad de Illinois (EE.UU.), que corroboró que los hijos que comen junto a su familia tienen menos riesgos de sufrir trastornos alimenticios. Lo que nos comienza a demostrar, que no porque hayan pasado años, lustros o siglos de algunas “tradiciones” “costumbres” quiere decir que no funcionan, o que es de anticuados practicarlas. Veamos por qué este estudio hace un llamado importante a las familias para que regresen a comer en el hogar a la mesa.

La investigación -que revisó 17 estudios sobre patrones de alimentación y nutrición de 200 mil niños y adolescentes- mostró que quienes comen en familia presentan tasas más bajas de bulimia y anorexia, menos índices de comidas omitidas y menores índices de tabaquismo. «Los padres pueden no ser capaces de reunir a sus familias en la mesa siete días a la semana, pero sí pueden programar tres comidas en familia a la semana para salvaguardar la salud de sus hijos de forma significativa», dijo Bárbara Fiese, investigadora del estudio en un comunicado de la universidad.

Lo que también exhorta a sacrificar horas de trabajo, tiempo con las amigas (os), periodos en el gimnasio, etcétera que en la mayoría de las veces no son necesarias y que podemos dedicar a los nuestros. Es decir, sabiendo que las horas que muchas veces empleamos en ocio sin estar con la familia, podemos darles un sentido de entrega al no emplearlas en lo que creemos “más importante” y dedicar a comer en familia.

Finalmente, dicho informe, también mostró que los adolescentes que comen tres comidas a la semana en familia son un 12% menos propensos a tener sobrepeso, es más, quienes lograron hacerlo cinco veces a la semana, demostraron ser un 35% menos propensos a tener desórdenes alimenticios que quienes no lo hacen y un 24% más favorables a formar hábitos saludables de alimentación.

Asimismo, la investigación publicada en la revista Pediatrics, definió en cuanto a trastornos de alimentación se refiere, que la falta de convivencia durante la comida a la mesa en familia,a ha demostrado en los jóvenes, grandes atracones de comida, seguidos por vómitos -conducta bulímica-, el consumo de pastillas para adelgazar o laxantes, saltarse comidas, comer poco y fumar para controlar el peso.

Comer a la mesa en familia mínimo tres veces a la semana bien vale la pena, porque citando lo que dicho informe explica, este hábito también permite a los niños, mejorar su lenguaje, confianza, habilidades para comunicarse y conocimiento de la contingencia, y que además los ayuda a que sean menos individualistas e intolerantes. A lo que yo agregaría, que también beneficia en la comunicación en el matrimonio.

Hagan la prueba y no sean presa de la “modernidad” que lo único que hace es deshumanizar a la humanidad.

Y para no quedarnos atrás y ver hacia delante

El sábado en una Iglesia que frecuenta mi mamá, al llegar encontró al sacristán muy alterado y pidiendo ayuda, resulta que un hombre humilde de unos 70 años que normalmente pone las flores para las bodas, se había desvanecido. Suplicaban ayuda y mi mamá no supo qué hacer, más que enderezarlo, darle a oler alcohol y solicitar entre los feligreses a un médico o llamar a la Cruz Roja. El hombre murió de un ataque al corazón en los brazos de mi madre frente al sagrario. Lo que nos recuerda que nadie sabe el día ni la hora, pero también que hay que estar preparados para ayudar cuando algo así nos suceda.

Nos leemos la semana que entra para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

 

Las mamas no pueden llorar

Todo comenzó cuando mi hija menor tenía 2 años. Se encontraba en su recámara y estaba negándose a hacer algo que le pedía yo hiciera. Nos encontrábamos en el baño exactamente y simplemente no quería hacerme caso. Sin llorar, ni patalear, me miraba y me decía que no haría lo que yo le pedía al inicio, y después le ordenaba con insistencia. Hasta que llegué a mi límite y le dije que me iba a poner a llorar, que ya no aguantaba más, que siempre tenía que luchar con ella y con su hermana porque nunca me hacían caso. A lo que ella con mucha seriedad me respondió: “Las mamás no pueden llorar”. Leer más

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