Cuando el pragmatismo enloda el pensamiento católico

Es por demás sabido que la ideología de género busca la destrucción del ser humano, diríase que es el monstruo de mil cabezas, cada una destinada a atacar una parte del ser humano. Nada está dejado al azar

Muchos en la actualidad le combaten en alguno o en varios frentes: en la defensa de la vida en el vientre materno, en la defensa del matrimonio natural, en los derechos de los niños a tener padre y madre, otros más luchando contra el feminismo radical, la injusticia social.

Sin embargo esta lucha presenta sus fracturas cuando la conciencia moral está afectada por la ignorancia o la negligencia en la formación, o simplemente cuando el pragmatismo le pasa por encima a nuestra visión católica dando como resultado un juicio errado de una situación en particular. Hace poco un activo luchador contra la ideología de género decía lo siguiente:

“El Estado no puede ni debe prohibir que personas del mismo sexo formen pareja” y “Lo que cada quien haga con su sexualidad es un tema íntimo en el que nadie puede intervenir”

Tales palabras son de lo más endeble y progresista que he escuchado en boca de un católico, por decir lo menos, son de las favoritas del feminismo radical que alega derechos para hacer lo que sea. Si bien la lucha de varios es loable, siendo católicos debemos promover el bien común en las instancias en las que estemos. Todos sabemos que el Estado hará cuanto sea para imponer leyes contrarias al bien común, pero es deber del católico instarlo en todo momento a legislar para proteger la dignidad del ser humano, a saber que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados y que el Estado esta en el deber de no legalizar conductas sexuales de suyo dañinas. Instar a los padres de familia a formar a sus hijos en la castidad. Nuestro catolicismo jamás debe ser pragmático.

Algunas de las fracturas en el pensamiento católico actual son:

-Defender la vida en el vientre materno y al mismo tiempo defender que los jóvenes ejerzan su sexualidad libremente bajo el concepto del mundo

-Pensar que no se es responsable por el prójimo, por tanto no corregirlo jamás so pretexto de respetar la libertad ajena

-Ser próvida pero pensar que los métodos anticonceptivos son la solución, que la fecundación in vitro es una solución aceptable para tener hijos

-Estar en contra de la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo pero aprobar el mal llamado “matrimonio” homosexual

-Luchar por los migrantes, los animales, el medio ambiente, dejando de lado la defensa de la vida en el vientre materno

-Pensar que seguir la doctrina de la Iglesia Católica es intolerancia y que deberíamos ser más prácticos al ajustarnos a los tiempos

En todos los ejemplos citados, el católico comete el garrafal error de defender solo aquello que a su endeble juicio considera importante, desechando todo lo demás, excusándose así de la responsabilidad que tiene de promover el bien común en todos los aspectos, que sólo puede resultar de llevar una vida ordenada, acorde a los valores morales y vida sacramental, como lo pide nuestra Madre Iglesia desde siempre.

Si bien es cierto que los hay quienes actúan sin dolo, es deber formarse en la conciencia moral a la luz del Magisterio de la Iglesia Católica (a quien se le ha encomendado el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios) y jamás manejarse bajo la sombra del relativismo. Basta con que leamos un poco para saber que las enseñanzas del Magisterio velan por la dignidad del ser humano.

Nadie es perfecto pero todos somos perfectibles dentro del plan del Padre. Tarde o temprano nos daremos cuenta de lo que Gilbert Keith Chesterton decía:

“No necesito una iglesia que me diga que estoy equivocado cuando ya sé que estoy equivocado; necesito una Iglesia que me diga que estoy equivocado cuando yo creo que estoy en lo correcto.»

Alexa Tovar alexatovar2017@yahoo.com

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