Madres subrogadas para alquilar sus vientres

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Subrogar es reemplazar. Se llaman madres subrogadas o madres de alquiler de su vientre, a las que lo prestan, mediante contrato mercantil y precio, para que les implanten los embriones de otras personas, producidos in vitro y que una vez fecundados los gesten para otros, durante los nueve meses de embarazo. Cuando nazca el niño, lo tienen que entregar a los que pagaron el contrato.

Después de traer al mundo al o a los hijos, los entreguen al o a los padres, que indique en el contrato. Es una compra-venta de niños, con el agravante de que para hacerlo, exigen unos grandes estándares de calidad, sin importar los riesgos que le supongan a la madre y al futuro hijo. Incluso algunos esposos, demandan a sus mujeres que se vendan como subrogantes, para conseguir dinero. Esto es una añadida aberración y monstruosidad.

Los tres grandes flagelos de la explotación y violación de los derechos humanos, principalmente de las mujeres más pobres, más desprotegidas, más ignorantes y más marginadas. Es una injusticia social insostenible, pues sustituyen la verdadera función de la auténtica madre.

La subrogación para alquilar su vientre mediante precio, para gestar niños en beneficio de otras personas, que suelen pagar más de $100.000 por niño nacido, aunque en algunos países sea legal.
La prostitución obligada.
El ceder la leche de sus pechos mediante precio, para alimentar a niños ajenos, quitándosela a los suyos. Conocido como oficio de “aña de cría”.
Las madres subrogadas, rompen intencionalmente, el primordial vínculo biológico materno, íntimo, entre madre e hijo, que se produce en el embarazo natural, al tener que entregar el hijo cuando nace.

La práctica de las madres subrogadas, debería estar prohibida, por muy alto que sea el estímulo económico, o aunque sea de forma altruista, ya que somete a la madre y al hijo, a muchos y muy graves riesgos.

Asumir el participar en un mercado ilegal, que trasforma a los niños en “commodities”, los cuales pueden ser gestados, para homosexuales o heterosexuales, que pagan con dinero o favores.
Asumir el tener que ser parte de una injusticia social insostenible, de la explotación de la mujer subrogada, que traspasa la dignidad de las personas, todos los derechos humanos y la ley natural.
Asumir la gran dificultad, para rastrear los orígenes de los progenitores de los embriones en gestación, produciendo hijos con falta de identidad. SAN (Síndrome de agujero negro).
Asumir la gran posibilidad de embarazos múltiples, originando un alto número de abortos, voluntarios o involuntarios.
Asumir la incompatibilidad de la dignidad humana, de la madre subrogada, con sus derechos como persona y madre.
Asumir la función biológica normal, del cuerpo de la mujer, en la letra de un contrato comercial, para aceptar ser un escalón más, en el crecimiento de la cadena del tráfico reproductivo humano, especializado en mujeres y niños no nacidos.
Asumir las enfermedades que lleven los embriones, y que pudieran ser trasmitidas a la madre subrogada.
Asumir que las madres subrogadas, son convertidas en cosas por el mercado, clasificadas para comprar, vender o alquilar, según las condiciones y características determinadas en los contratos propuestos, para los que tienen el dinero y el capricho de comprar ese servicio, normalmente, a mujeres necesitadas.
Asumir que se alquila el útero, para implantar por inseminación artificial o fecundación en vitro, embriones obtenidos de otras personas.
Asumir que se rompe la sagrada relación de madre con hijo, aunque este sea ajeno, pero ha estado nueve meses en el interior de ella.
La verdadera maternidad bien entendida, empieza por el amor al cónyuge y al hijo que va a nacer, por lo que no puede ni debe haber una maternidad, sin ese amor dedicado al cónyuge y padre biológico del futuro niño.

Un niño cuando nace tiene que tener un padre y una madre biológicos, para no ser uno de esos llamados “niños probeta”, hijos de la ciencia, hijos de catálogo comercial, hijos de alquiler de vientre, etc. Después va a ser muy difícil, explicar a esos niños los motivos de su procedencia y quien son sus verdaderos padres, si es que llegan a conocerse.

Las madres subrogadas suelen argumentar “mi cuerpo es únicamente mío y en él mando yo, por lo que puedo hacer con él, lo que me dé la gana”, como al alquilarlo para tener hijos de otros y obtener el dinero que pueda. Es el peligro de ver ellas como normal, lo que no deja de ser más que una grave inmoralidad y un abuso de la técnica sin ética.

Desde que en algunos países, se han legalizado los matrimonios entre homosexuales, que lógicamente no pueden tener hijos por los medios naturales, se han disparado los negocios con las madres subrogadas, localizadas principalmente, en países de bajos recursos.

“Con mi dinero, puedo hacer lo que quiera” dicen algunos, incluso para alquilar el vientre de otra persona, que me produzca mis propios hijos. Estas expresiones y hechos, no les importa que vayan en contra de su salud, contra la ley natural, con la ética más elemental y contra todo principio religioso, sean de la religión que sean.

Las madres subrogadas se enfrentan frecuentemente, a situaciones muy graves y muy difíciles de solucionar, como por ejemplo: Cuando él o los contratantes, no quieren recoger al niño, debido a que han cambiado de parecer, a que viene el niño con problemas físicos, a que se han enfadado y roto sus relaciones como pareja, a que no cumplen los pagos parciales, etc.

Incluso si se produce un múltiple embarazo, el contratador, puede exigir el aborto de uno de los embriones o quedarse solamente con uno de los gemelos que nazcan. Entonces dejan a las madres subrogadas, ante el grave problema de un aborto, o con un hijo en el vientre o recién nacido, que ellas no quieren y deben llevarlo a un orfanato.

Existe el grave trauma psíquico, que se ocasiona a la madre subrogada. Pues aunque en un principio, la mujer que alquila su vientre, está dispuesta a donar el niño tras el parto, durante el trascurso del embarazo, se establece una estrecha relación entre ella y el niño gestado, por lo que es frecuente que la madre subrogada, se arrepienta de haber firmado el contrato y desista de su primera intención, de entregar el recién nacido a los que firmaron el contrato de compra.

Algunos viven el drama de las madres subrogadas, con una consciencia superficial, casi sin darse cuenta, del gravísimo mal que comporta un acto de ese tipo. Uno de los graves problemas actuales, es la falta de sensibilidad y modificación de la relación de los padres, con la acogida de una nueva vida. La transmisión de la vida es un don gratuito de Dios, violentar su concepción natural, es ir gravemente en contra del fundamental principio de respeto a la dignidad humana, tanto de la madre, como del hijo.

El deseo de paternidad, aun cuando susciten comprensión desde un punto de vista humano, tiene como límite infranqueable, la dignidad de las personas y la protección de sus derechos fundamentales. Ni la verdadera comprensión, puede dar la espalda a la verdad.

Hay muchos intermediarios en el gran negocio de la reproducción asistida, los cuales también son responsables, directa o indirectamente, de esta reprobable forma de explotación. El derecho a la integridad del cuerpo, no puede quedar sujeto a ningún tipo de contrato de alquiler.

La industria biotecnológica, aplicable a las madres subrogadas, quiere convertir al ser humano, en un simple recurso disponible y ha descuidado el hecho de que determinas técnicas, por muy legales que sean, influyen directamente al ser humano, en su vida y salud.

Esta industria oferta hijos, dependiendo el precio de sus características y condiciones físicas e intelectuales. Se diseñan a la medida de los precios, del que puede y quiere obtenerlos. Es como ir a un supermercado de hijos, comprar el que se quiere y después quitarle la etiqueta de origen.

No existe el derecho a tener un hijo, lo que existe desde siempre, es el derecho de los niños a tener padres y madres y a conocer sus orígenes. Pero hay leyes injustas, que no consideran los derechos de los hijos. Algunos padres no dicen nada a sus hijos gestados en madres subrogadas, por la vergüenza que les supone a ellos y a los hijos, sin tener en cuenta, las repercusiones que podrían tener, en temas relacionados con las enfermedades de sus desconocidos ancestros.

Detrás de estas prácticas, no sólo está el egoísmo disimulado de algunas personas, que conciben a un hijo, como un objeto de consumo, más que un sujeto de amor; como un capricho y no como un don. Pero no es eso lo único que se debe considerar, al momento de referirnos a este tema.

francisco@micumbre.com

Cristianismo y derecho a la reproducción asistida

 

*Dr. Carlos Leite Poletti

Este tema ha sido recurrente en distintos foros jurídicos y hasta extra jurídicos. Se ha masificado la discusión, y se han mezclado temas que van desde la posición de la Iglesia, hasta la reproducción asistida para parejas de mujeres, pasando por supuestos derechos humanos, e incluso se habló del “derecho que yo tengo a tener un hijo”.

Para empezar, y tratando de ser escueto y sobretodo pragmático en el punto, en nuestros ordenes jurídicos nadie “tiene derecho a tener un hijo”, ¿por qué? Porque cuando existe un derecho a algo, existe alguien que tiene la correlativa obligación de dármelo, sea un bien, un servicio, etc., “alguien” el Estado, un particular, una entidad, etc. Por lo que, si yo “tengo derecho a tener un hijo”, ¿Quién tiene la OBLIGACIÓN de dármelo, facilitármelo, etc.?…sencillamente esa OBLIGACIÓN no existe, desde el punto de vista de considerar la obligación como una situación jurídica, como lo es realmente.

Se dice que la Iglesia católica se opone a cualquier tipo de tratamiento de reproducción asistida y los rechaza por antinaturales. Para la Iglesia toda fecundación fuera del acto sexual comporta un modo no humano, no natural e incompatible con la dignidad del nuevo ser, este concepto hoy si bien permanece toma otros ribetes y otras consideraciones, que darían para interminables debates.

Lo teológicamente cierto es que, la Iglesia considera que la sexualidad humana tiene dos finalidades naturales: procreativa y unitiva es decir, afianzar los lazos afectivos de los cónyuges, Ya no se habla desde hace décadas en nuestro derecho del “débito conyugal”, pero hoy, ya con otras circunstancias constitutivas de tiempo y efecto de los medios de comunicación, etc., se considera como paradigma, que el acto conyugal que impida la vida a voluntad o que carezca del amor y el respeto por la dignidad humana del cónyuge, desvirtúan la verdadera naturaleza de la sexualidad humana que Dios proveyó con un fin específico. Por medio del uso de la reproducción asistida, el acto sexual no existe, y dado que la procreación de la especie es una característica exclusiva de la sexualidad y el acto sexual, y por ende, la unión matrimonial se desvirtúa.

No obstante la Iglesia hoy, sobre todo en algunos países está cambiando o moderando su posición ya que se encuentra, en los hechos con una realidad difícil, por ejemplo, por el problema de la infertilidad, muchas parejas católicas, viven una situación angustiosa.

Además, se comienza a debatir a altos niveles ¿Se inicia la vida cuando se unen un óvulo y un espermatozoide? Sin duda que sí. ¿En qué momento a esa conjunción química se le puede llamar ser humano y en qué momento Dios le asigna un alma a ese futuro ser? ¿Le asigna alma al concebido artificialmente? Es un tema muy polémico, alimentado de mucho cientificismo, criterio religioso y presión de jóvenes parejas a las que el orden natural les ha obstaculizado concebir un hijo.

Por eso se plantea por parte de la Iglesia como objetivo intervenir con leyes humanas en el campo de la fecundación artificial, para contrarrestar la permisividad actual. La Iglesia rechaza las técnicas de fecundación por considerarlas contrarias a la moral. El papa Pío XII fue uno de los primeros en condenarlas cuando el tema era “nuevo” en el mundo. Desde 1949 el Papa Pío XII condenó la inseminación artificial y en 1956 la fecundación in vitro. También la donación de esperma.

Además, la posición es reforzada por el hecho que el feto obtenido mediante este método, en la mayoría de los casos es rechazado por el cuerpo de la mujer en el que es implantado, por lo que antes de llegar a una gestación satisfactoria, pueden usarse varios fetos, los cuales mueren de no ser aceptados por el organismo de la madre. Debido a que la doctrina Católica considera al humano como tal desde el primer momento de la gestación, se considera inmoral tomar riesgos o jugar con una vida humana, la cual en este caso corre alto riesgo de muerte. Como respuesta a los matrimonios impedidos de la gestación de un nuevo ser, la Iglesia promueve la adopción, como método necesario en la sociedad, forma natural de la construcción familiar.

Por supuesto que el debate, es casi interminable, el matrimonio no confiere a los cónyuges el derecho a tener un hijo, sino solamente el derecho a realizar los actos naturales que se ordenan a la procreación. Es contraria a la doctrina católica la fecundación de una mujer casada con el esperma de un donador que no es su marido. Constituye ofensa a la vocación común de los esposos a la paternidad y a la maternidad. Pero la inseminación artificial homóloga dentro del matrimonio tampoco es admitida. Para algunos el sentir de Dios al respecto se deja ver en Levítico 18:20: “No debes dar tu emisión como semen a la esposa de tu asociado, para hacerte inmundo por ello”.

Actualmente, algunas iglesias cristianas nacidas de la Reforma aceptan la donación de gametos siempre y cuando se realicen en parejas casadas heterosexuales. A modo de ejemplo, La Iglesia Anglicana de Inglaterra considera de suma importancia la verdad sobre el origen de los niños nacidos y su identidad genética y sugieren manejarse de la misma manera que se hace en la adopción de niños. También se oponen a cualquier tipo de pago o comercialización de los gametos. Estas posiciones evangélicas consideran que no existe impedimento moral alguno para utilizar la reproducción asistida. Aunque algunas iglesias consideran a la donación de esperma un tipo de adulterio, los evangélicos consideran que el hecho de que un esposo varón reconozca sus propia limitación física, y busque brindarle a su esposa la felicidad de la maternidad es un acto lleno de cristiano amor y lo comparan con un bebé adoptado.

Como se podrá concluir, el tema trasciende y atraviesa muchos temas, no solo el religioso, también el legislativo, y el de la ética personal de cada uno. En caso de legislarse, en cada país que así lo hizo, siempre o casi siempre la Iglesia católica asesoró más allá de su doctrina en las comisiones legislativas, para que fuese la ley en cuestión lo más benévola y contemplativa de la doctrina posible.

*Dr. en Derecho Uruguayo y católico
Asesor en Bioética de la Universidad de Uruguay

#LOVE… ¿WINS? (el amor ¿gana?)

#LoveWins (el amor gana), fue la tendencia mundial de la semana pasada en redes sociales… acompañada de una bandera con los colores del arco iris. Este movimiento global se dio como consecuencia del fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos de América en favor del matrimonio entre personas del mismo sexo como derecho constitucional, acontecido el pasado 26 de junio.

Por supuesto como hubo propuestas a favor, también las hubo en contra. El dilema moral se centró en el ojo de este movimiento. ¿Es un avance? ¿es un retroceso? ¿es igualdad? ¿es ideología?

Yo sólo puedo decir que la unión entre un hombre y una mujer es el fundamento del matrimonio y la base de una familia. Esto no quiere decir que sea homofóbico, retrógrada o fanático religioso. Cualquiera de estos adjetivos serían tan reduccionistas como la promoción del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Cabe aclarar que la promoción y la defensa (en estos tiempos) del matrimonio entre una mujer y un hombre no es una postura que esté en contra de personas homosexuales, sino que se fundamenta en entender y proteger una institución: el matrimonio.

El debate no está (o no debería) centrado en la persona sino en la institución (el matrimonio). Y la institución del matrimonio nace y se fundamenta en la unión de un hombre y una mujer con el fin de la procreación. Es cierto, no todos los matrimonios llegan a procrear, sin embargo las casos específicos no podrán definir el fundamento.

¿Por qué la procreación es el fundamento de un matrimonio? Me permitiré responder yendo al otro extremo. ¿Qué pasaría si no lo fuera? Entonces podríamos justificar que el fundamento del matrimonio sería darle una figura y un soporte jurídico a las relaciones afectivas. En ese sentido ¿qué impediría que el matrimonio fuera unión entre dos o más personas (poligamia)? ¿qué impediría que el matrimonio fuera entre un hombre y una infante (pedofilia)?¿qué impediría que el matrimonio fuera entre una persona y un animal (zoofilia)?

Es por es que el debate no debe centrarse en la supuesta discriminación a personas homosexuales (lo cual es claramente condenable), el asunto trasciende este aspecto. Llámenme exagerado, pero cuando se le cambia el fundamento a una institución para abrirla irracional o emocionalmente a otras personas que no tienen acceso a ella, en ese momento la institución deja de ser lo que es.

Todos tenemos la misma dignidad y los mismos derechos, lo comprendo, lo acepto, lo anhelo y procuro trabajar todos los días por este fin. Lo que no podemos hacer es modificar instituciones para otorgar derechos que en sí mismos y por la naturaleza de la persona y del matrimonio, que no son concordantes.

Repito, no es homofobia ni intolerancia. Debo decir que tengo familiares y amigos con atracción hacia el mismo sexo, los acepto y sobre todo los estimo y los amo por quiénes son y no por su atracción sexual, porque precisamente es el amor el que debe ganar.

¿El amor ganó el pasado 26 de junio? Yo pienso que ampliar los derechos a personas homosexuales es reduccionismo peligroso. En primer lugar por la distorsión del matrimonio (el cual ya desarrollé), pero sobre todo por reducir la tolerancia, el respeto y el amor a una sola característica humana.

El amor debe ganar y ganará el día en que nos aceptemos y nos amemos tal cual somos, a pesar de nuestra forma de pensar, a pesar de las diferencias raciales, a pesar de nuestra religión, a pesar de nuestra raza, a pesar de las carencias humanas que todos tenemos. Ese día el amor ganará.

Juan Antonio López Baljarg
@Juanlbaljarg

De misterio a producto

Un aspecto que pocas veces se menciona a propósito de la legalización del aborto, por muy acotadas que en un principio sean sus causales (y que siempre aumentarán luego), es el profundo cambio de mentalidad que se produce respecto de lo que constituye un hijo, o si se prefiere, de la real dimensión de lo que significa la posibilidad de dar vida a otro.

En efecto, tal vez una de las experiencias más profundas que pueden tenerse sea haber engendrado a otro, pues pese a nuestros muchos defectos y limitaciones, de alguna manera misteriosa, tenemos la increíble capacidad de regalar vida, tal como a nosotros nos la regalaron en su momento; y desde una perspectiva sobrenatural, de ser cocreadores con Dios.

De esta manera, y al margen de las creencias de cada uno, al estar ante un acontecimiento de tal magnitud (el surgimiento de una nueva vida humana), parece imposible no ver ese hecho como un gran misterio –el gran misterio de la vida–, incluso si ella se ha originado en condiciones dramáticas.

Todo lo anterior tiene como una de sus consecuencias, que la vida sea vista como un don y por lo mismo, como una realidad que merece un irrestricto respeto.

Sin embargo, esta concepción de la vida y de su dignidad queda totalmente mancillada cuando irrumpe la mentalidad abortista, ya que ella deja de ser vista como un don y un misterio, y pasa a ser entendida como un producto, como un resultado tangible y concreto (y por ello, medible y cuantificable) de un mecanismo, por muy complejo y maravilloso que sea. En suma, es imposible no acabar viendo el surgimiento de la vida como un simple proceso productivo, sometido a sus mismas reglas de calidad y oportunidad y por tanto, como algo que se puede dominar a voluntad.

Pero además, resulta inevitable que esta visión no solo afecte a quien mira las cosas desde esta perspectiva, sino también, y muy especialmente, a quien es observado desde la misma: ¿cómo acabará sintiéndose aquel hijo que ya no es visto como un don, reforzado por el misterio que rodea a su génesis, sino como un simple producto planificado a voluntad y por ello, que al menos estuvo en potencia de ser desechado? Cuando la mentalidad abortista se instala, toda nueva vida está en duda de antemano, pues su respeto no es incuestionable, sino que se encuentra supeditado a sus condiciones y circunstancias.

Es por eso que además del genocidio que sufren las miles de vidas segadas antes de nacer y de las incontables mujeres que padecen las secuelas de esta práctica, la introducción del aborto hiere lo más profundo de una sociedad: la forma de vernos y de relacionarnos entre nosotros mismos.

Max Silva Abbott
Doctor en Derecho
Profesor de Filosofía del Derecho
Universidad San Sebastián

Derribando tabúes. El incesto.

Hace algunas semanas, un juez australiano generó una notable polémica al declarar, en un juicio sobre el particular, que el incesto no debiera ser tabú.

De hecho, ha ido más lejos, al señalar no sólo que si existe consentimiento de las partes, el incesto no debiera estar prohibido, sino además, que una de las causas de su repudio, cual es el nacimiento de hijos con posibles taras fruto del parentesco de los progenitores, es un problema actualmente superado, gracias a los anticonceptivos y al aborto. Por eso llamaba a tener una mirada más abierta y tolerante respecto de la sexualidad.

Si bien estas declaraciones resultan muy duras (en efecto, produce bastante más que incomodidad imaginar relaciones sexuales entre hermanos o entre padres e hijos), si se mira con atención la evolución de buena parte de la mentalidad occidental respecto del sexo, estos dichos no debieran sorprender. Ello, porque a fin de cuentas, uno de los criterios fundamentales que se está imponiendo desde esta perspectiva para legitimarlo todo es el deseo, o si se prefiere, el consentimiento de los involucrados.

Dicho desde otro ángulo complementario: si junto al deseo, un parámetro esencial para muchos es el placer que la sexualidad produce, y a esto se añade además que se ha hecho lo imposible por desacreditar al matrimonio (al menos el heterosexual) y a la procreación como su función primordial, a la postre, todo lo que en este ámbito produzca placer tenderá a ser legitimado, por muy repulsivo o chocante pueda parecer a terceros, puesto que en un mundo de puras subjetividades y emociones personales, todo vale.

Es por eso que pese a la airada reacción de las autoridades del país, no sería raro que tal como van las cosas, también haya quienes consideren, en algunas décadas más, que la prohibición del incesto sea un primitivismo, una reliquia del pasado o una pieza de museo.

De hecho –y al día de hoy–, incluso que el sexo “legítimo” sea sólo entre dos también es un tema que ha comenzado a molestar en algunos sectores. Sabido es que en Canadá se intentó legitimar un “matrimonio” entre tres (dos de un sexo y uno del opuesto), además de otros intentos por legalizar la poligamia. Incluso, y ahondando más en esta cuestión, no deja de ser inquietante que en varios países se hagan esfuerzos realmente desesperados por rebajar cada vez más la edad de consentimiento sexual.

¿Qué se puede desprender de todo esto? Que sin parámetros morales objetivos, en esta o en cualquier otra materia, todo esté permitido, al no haber forma clara de establecer, más allá del capricho o el interés (sea de pocos o muchos), qué está bien y qué está mal. Mala cosa para el futuro de cualquier sociedad.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Preguntas y respuestas a la Academia Americana de Pediatría

Con relación a la publicación que hace la AAP sobre las Preferencias Sexuales de las Minorías Jóvenes  la Dra. Miriam Grossman deja a reflexión el siguiente cuestionario (traducido al español)

1. Ustedes afirman que un adolescente que cuestiona si es hombre o mujer, o que quiere que sus genitales sean removidos, es «normal, simplemente diferente.»

Teniendo en cuenta que las diferencias físicas entre hombres y mujeres, son más significativas que entre las diferentes razas, supongamos que una adolescente afroamericana está convencida de que es realmente europea, también sería «normal, simplemente diferente?» Por lo tanto, ¿su pediatra debería de refrendar su creencia, y apoyarla para que se realice una cirugía facial y se haga blanqueamiento de la piel?

2. Si mi hijo piensa que es una chica, me recomiendan que encuentre un terapeuta que respete y afirme su creencia.

Pero si mi hijo se siente atraído por los chicos, y aún así se siente incómodo con la atracción y angustiado, aún así me aconsejan que busque un terapeuta que le diga «esto es lo que eres, acéptalo.»

Honestamente, ¿eso tiene sentido?

3. Están haciendo un llamando a todos los pediatras para luchar contra la homofobia y el heterosexismo. No obstante, el FBI ha hecho público que los crímenes de odio motivados por prejuicios de orientación sexual es similar a los motivados por prejuicios religiosos.

Entonces ¿ La AAP pedirá a sus miembros que luchen en contra del odio irracional de la sociedad hacia las personas que creen y aman a Dios?

Aborto y «Ultima Ratio»

Siempre se ha dicho que el Derecho Penal es la “ultima ratio” (esto es, el último recurso) para enfrentar los males más nefastos que afectan a una sociedad (robos, defraudaciones, homicidios, abortos y, por desgracia, un largo etcétera). Ello, debido a las drásticas sanciones que impone, donde la fuerza coactiva del Estado se presenta de la forma más palmaria y dolorosa.

Desde esta óptica, se podría aplicar el mismo razonamiento al aborto. Suponiendo hipotéticamente que hubiese abortos directos lícitos (cosa que a nuestro entender es imposible), quienes lo promueven, no debieran verlo como un “remedio” de primera mano, sino como el último recurso para evitar lo que ellos consideran un problema de “salud pública”.

Esto quiere decir que para evitar los así llamados “embarazos no deseados” –el verdadero leit motiv de todo este asunto–, debiera comenzarse con un conjunto de otras medidas que tuvieran por fin evitar de verdad los embarazos. Lo anterior no se consigue con la introducción masiva de anticonceptivos, ni de la píldora del día después para aquellos casos en que no actúe como abortivo. Lo anterior ha quedado demostrado hasta la saciedad por la experiencia de todos y cada uno de los países en que se ha seguido esta política, debido a que contrariamente a lo que se promete, los abortos no disminuyen, sino que aumentan sin cesar. Por eso, no es cierto que a mayor anticoncepción haya menos abortos; todo lo contrario, ya que gracias a ella, aumenta la promiscuidad, y los anticonceptivos fallan en un no despreciable porcentaje.

Por tanto, la previsión de este “problema” tiene que ser otra: si la anticoncepción falla y produce a la postre más abortos, quiere decir que hay que buscar otra solución, si es que realmente (es decir, si de verdad, y no como pose), quienes defienden el aborto lo consideran un mal.

En consecuencia, debiera cambiarse radicalmente la política y la actitud frente a la sexualidad. No porque ella sea en sí algo malo, sino por la verdadera obsesión y auténtico proselitismo que existe hoy a su respecto. De hecho, pareciera que para algunos, el único fin en la vida fuera desfogase sexualmente lo antes y con el mayor número de personas posible, al punto que cualquier limitación (como la prohibición del aborto) es vista como la mayor de las arbitrariedades. La clave es así, una sexualidad realmente humana y no cuasi animal, como pretenden algunos.

Por tanto, sinceremos el debate: si realmente el aborto es algo “malo” o “lamentable”, como señalan muchos de sus defensores, pongan las cosas en su sitio y de verdad plantéenlo como una “ultima ratio” y no, en el fondo, como un método anticonceptivo más.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Ley quita a padres de familia su potestad de educarlos

Petición a: Lic. Miguel Ángel Mancera Espinosa

FIRMA AQUÍ URGENTEMENTE 

Por CMDH ·, México · 17/06/14

El pasado 04 de junio de 2014 se presentó una Iniciativa en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal para hacer modificaciones a la Ley de Juventud de esta ciudad; las Comisiones Unidas de Administración Pública Local, de Derechos Humanos, y de Juventud y Deporte fueron las encargadas de estudiar las iniciativas de diferentes partidos políticos, en donde se planteaban diversos beneficios para los jóvenes capitalinos.

El lunes 09 de junio del presente año se aprobó dicha iniciativa vulnerando los derechos de las niñas, niños y adolescentes (de los 12 a los 17 años 11 meses), haciendo nulo el derecho de la sociedad de informarse de dicha iniciativa y emitir su pronunciamiento al respecto.

Es preocupante el contenido de la ahora Ley de las y los Jóvenes del Distrito Federal, ya que establece como derechos para niños y niñas a partir de los 12 años hasta jóvenes de 29 años de edad, situaciones aberrantes como los siguientes:

1. La Ley establece como destinatario de la norma, es decir, considera como “Joven Menor de edad”, al sujeto de derecho cuya edad comprende de los 12 a los 17 años 11 meses, lo que tiene implicaciones en el ámbito laboral, de su libertad de tránsito, de salud –sexual y reproductiva–; como lo establece el artículo 2 en su fracción XVI.

2. Se pretende nulificar el ejercicio de la patria potestad de los padres y madres de familia, así como también a los tutores sobre las decisiones de sus hijos; como lo dicta el artículo 7 que a la letra dice “A ninguna persona joven se le podrá menoscabar o impedir el goce o el ejercicio de sus derechos y libertades fundamentales…” También sobre el tema se acumula lo establecido por el artículo 30 en su segundo párrafo: «En los casos que la información sea solicitada por las y los jóvenes menores de edad o será requisito para otorgárselas el consentimiento del tutor o representante legal.»

3. Se percibe que la Ley otorga una idea falsa de libertad ya que sin la autoridad y el consejo de los padres, madres y tutores se puede caer en un mal ejercicio de ésta, tal como lo refiere el artículo 10: “Las personas jóvenes tienen derecho al respeto de su libertad y el ejercicio de la misma, sin ser coartados ni limitados en las actividades que derivan de ella…”

4. Esta misma Ley de Juventud del DF incluye que el Gobierno impulsará la disponibilidad gratuita del supuesto “derecho” que tienen las niñas de 12 años a acceder a todos los métodos anticonceptivos, incluyendo, por ejemplo, la anticoncepción de emergencia, tal como se funda en el artículo 35.

5. Además el artículo 38 pretende que los niños, niñas y jóvenes desde los 12 años podrán «cambiarse de sexo”, sin informar a sus padres. Lo anterior gracias a que el Gobierno los apoyará y orientará a que cuenten con servicios médicos y jurídicos que les permitan construir la identidad sexo-genérica que deseen.

En consecuencia se deja a los niños y niñas en estado de vulnerabilidad frente a problemas sociales, como son, la trata de personas, la prostitución infantil, la explotación laboral, el narcotráfico, violencia de género, propiciando inclusive que se conviertan en presas fáciles de la delincuencia organizada, pues fractura la comunicación que debe existir en la familia de la que son parte.

Por el bien de los niños, niñas y adolescentes, así como por el derecho de sus padres a proteger a sus hijos, pedimos que firmes esta petición.

Comisión Mexicana de Derechos Humanos, A.C.

Petición a: Lic. Miguel Ángel Mancera Espinosa

El pasado día lunes 09 de junio del presente año la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) aprobó en Pleno la Ley de las y los Jóvenes del Distrito Federal,  la cual viola nuestro derecho como padres y madres de familia que habitamos la capital del país, de educar, formar en valores y proteger a nuestros hijos.

Por lo que le pedimos que en uso de sus facultades constitucionales y legales ejerza su derecho de VETO respecto a esta Ley, ya que atenta contra la dignidad humana de los menores de edad (de 12 a 17 años 11 meses) del Distrito Federal, pues no toma en consideración que se encuentra en una etapa de desarrollo intelectual, psicológico y emocional, lo cual los hace vulnerables a todo tipo de violencia.

Nuestra sociedad necesita de la unión familiar como núcleo básico de la misma, y es por ello que como habitante de esta ciudad, padre, madre, abuelo o tutor, quiero salvar la integridad de nuestros niños, niñas y adolescentes. 

Atentamente,
[Tu nombre]

Una curiosa obsesión

A veinte años de la Conferencia de El Cairo sobre Población y Desarrollo, la ONU, diferentes organismos internacionales y algunos países desarrollados, siguen empeñados, casi como si no hubiera otras cosas por las que preocuparse, por imponer el aborto en todo el mundo.

Por supuesto, lo anterior no puede decirse de una manera tan cruda; y el lenguaje manipulado sigue siendo una de las principales armas para conseguir sus objetivos, al hacer más borroso su mensaje, pero no por ello menos eficaz. Y como es sabido, la terminología oficial para esta verdadera cruzada de la muerte son los llamados “derechos sexuales y reproductivos”. Por eso hay que decirlo claro: la salud sexual y reproductiva incluye al aborto en mente de sus promotores, aunque no lo digan.

De esta manera, estos “derechos” –léase: elevar el sexo a divinidad indiscutida y sumir al mundo en un pansexualismo– se están tomando el corazón de los derechos humanos, que hoy distan mucho de lo que se declaró en 1948, aunque la nomenclatura siga más o menos intacta; es lo que se consigue cuando las palabras han sido vaciadas de sentido.

¿Por qué tanta insistencia en esto, sobre todo con los países pobres? Lo anterior es especialmente llamativo en África, aquejada por muchísimos males bastante más preocupantes que los derechos sexuales y reproductivos. Mas sus promotores aseguran que ellos son fundamentales para alcanzar un desarrollo “sustentable”. La pregunta es para quién resultará “sustentable” una situación semejante.

Lo anterior, porque la mayor riqueza de los países es su población, a condición que se encuentre mínimamente formada. Y tal vez aquí se encuentre una de las claves de tanta insistencia en universalizar el aborto, que bien puede considerarse el principio del fin para una sociedad.

Esta razón apunta a que, fruto de haber adoptado políticas similares a las que ahora promueven para otros, muchos de los países del primer mundo sufren hoy un galopante envejecimiento de sus poblaciones, con lo cual, su peso a nivel internacional seguramente irá menguando a lo largo del presente siglo. De ahí que sea una razón geopolítica –entre otras– la que pareciera motivar esta verdadera obsesión por aniquilar gente: evitar que esos países se fortalezcan y cambie el peso de unos y otros en la balanza internacional.

No es la única razón, se insiste –otra, repetida hasta la saciedad, pero completamente falsa, es la Ley de Malthus–, pero resulta muy llamativo que en vez de financiar programas de educación, infraestructura o dirigidos a auténticos problemas de salud, se destinen miles de millones de dólares a financiar anticonceptivos y abortos a granel.

¿Por qué es importante conocer nuestra fertilidad?

México D.F., Abril, 2014.-  Se le llama días fértiles, a los días del ciclo menstrual femenino en que una mujer tiene más probabilidad de embarazarse debido a su ovulación, si mantiene relaciones sexuales. Para poder identificarlos, es importante conocer las características propias del ciclo menstrual. La Dra. Karen Jiménez, especialista de TAD (THINK · ACTION · DEVELOPMENT) nos explica:

“El proceso clave de la fertilidad es la ovulación, pero cada mujer ovula en diferentes días, según su ciclo. Sabemos cuántos días dura el sangrado menstrual, pero no se puede saber con precisión cuántos días después ocurrirá la ovulación, ya que depende de varios factores (hormonas, estrés, alimentación, etcétera). Una vez que ocurre la ovulación, la menstruación llega entre 9 y 16 días. Con esta premisa podemos decir que, si una mujer es regular, la ovulación ocurrirá casi siempre alrededor de los mismos días del ciclo. En mujeres con ciclos largos (mayores a 38 días) la ovulación no siempre ocurrirá en las mismas fechas; y para mujeres con ciclos cortos (menores a 24 días) es muy probable que la ovulación suceda al término del sangrado menstrual, o incluso durante los últimos días de la menstruación”.

De acuerdo con la especialista, la mujer sólo es fértil entre 8 y 11 días de cada ciclo menstrual. ¿Qué días del ciclo? no se pueden precisar categóricamente, pues depende del ciclo que tenga cada mujer. En sólo el 13. 5 % de los ciclos, la ovulación ocurre el famoso día 14 del ciclo, pero en la gran mayoría de los casos no siempre ocurre así porque existen distintos ciclos.  Al respecto, la especialista explica “para que una mujer sepa la duración de su ciclo, debes de contar como día 1 el primer día del sangrado y como último el día anterior a la siguiente menstruación.  Es muy importante que las mujeres se conozcan y sepan cómo funciona su cuerpo; porque el desconocimiento de nuestra salud ginecológica nos lleva a asumir que si nuestros ciclos menstruales son ´normales´, nuestra fertilidad está sana, lo que puede llevar a no detectar oportunamente patologías que pueden comprometer un embarazo futuro”, enfatiza la Dra. Robles Jiménez.

Para saber empezar a conocer cómo funciona el cuerpo femenino, la especialista recomienda identificar el tipo de ciclo menstrual que tiene cada mujer. De esta forma, si el ciclo es menor a 24 días es considerado corto, si dura entre 25 y 38 días es regular, y si es mayor a 38 días será manejado como un ciclo largo. “Todas las mujeres entramos en alguno de estos ciclos y ninguno está mal: todos son normales y sanos. Lo que varía en cada uno de ellos es el día en que la ovulación ocurre, el día en el que se es más fértil”, puntualiza la especialista.

FUENTE: www.tad.org.mx / FB ThinkTad / Tw @ThinkTad

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