¿Soledad? ¡No te desesperes!

Por  *Juan Alberto Echeverry

Es usual deprimirnos, sentirnos abandonados y tristes, cuando nos sentimos solos en la vida, cuando no logramos conseguir una pareja o tener a alguien con quien pasar las horas o compartir nuestras alegrías y tristezas. Pero más allá de la soledad, hay una persona que nos alienta, que nos acompaña, nos abriga, nos abraza, y no nos descuida nunca. El llena nuestros vacíos y suple todas nuestras necesidades.

Isa 41,10 No tengas miedo, pues yo estoy contigo;
no temas, pues yo soy tu Dios.
Yo te doy fuerzas, yo te ayudo,
yo te sostengo con mi mano victoriosa.

Sal 68,6 (7) Dios da a los solitarios un hogar donde vivir,
libera a los prisioneros y les da prosperidad.

Sin embargo el mismo Dios nos invita a actuar en la misma soledad, a no dejarnos agobiar por la situación, sino luchar y construir la vida sobre la base de la confianza en Él, pero haciendo nuestros propios planes:
Lectura: La lectura nos llena de alegría y esperanza; nos hace crecer en el conocimiento y contribuye a nuestra estima. Nos aporta ideas para la acción y nos prepara para compartir tema con quienes se nos acerquen.

Deporte: Nos ayuda a oxigenar la sangre, revitalizar nuestro cuerpo, nos ayuda con pensamientos positivos y prepara nuestro cuerpo para un mejor vivir.

Oración: Nos ayuda a estar fuertes espiritual y psicológicamente. Nos ayuda a fortalecer nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos. Nos aporta ideas para actuar en la vida y logra gracias sobrenaturales para nuestra vida.

Auto cuidado: Sin caer en la vanidad, nos hace crecer en la estima, nos hace crecer en el amor a nosotros mismos y nos prepara sanamente para aportar a los demás. Nos hace sentir saludables, especialmente al cuidarnos en la comida y en el deporte.

Servicio: Esta es una de las actividades más importantes en la rutina de la soledad, porque nos hace sentir que somos valiosos, nos ayuda a aportar a otros que sufren o están necesitados, nos ayuda a cumplir con el evangelio, nos ayuda a conocer personas valiosas y hace que nuestra vida tenga más sentido.

Actividad de aprendizaje intelectual o técnico: Participar de un curso, de un proyecto, de un grupo, etc.; nos permite crecer como seres humanos, nos da la posibilidad de conocer otras personas y relacionarnos mejor. Contribuye a nuestra estima y nos hace crecer como seres humanos.

Actividad lúdica: Nos distrae, nos hace reír, nos enseña y nos hace descansar de la rutina.

Dormir bien: Contribuye a todas las áreas de la vida, especialmente si tenemos un buen horario de sueño, que nos impida caer en el insomnio o en el desorden de horas de sueño que produce ansiedad y malos hábitos durante el día.

En el camino de la vida y en medio de una soledad saludable, con plena seguridad Dios proveerá la compañía perfecta para cada momento de tu vida, aunque muchas veces no la percibas con los sentidos de la carne.
¡No te desesperes, Dios siempre está contigo! ¡Sacúdete la soledad!

*Facilitador católico Director de la FUNDACIÓN CATÓLICA IMMAH
Laico Católico Colombiano, escritor y predicador

Institución matrimonial. Mitos y realidades demagógicas.

*Dr. Carlos Leite Poletti.

Con respecto a este tema. Los partidarios de su aprobación triunfantes incluso desde mucho antes de que el Parlamento, en Uruguay, respaldase su tan ansiado anhelo, suelen partir de una premisa falaz, a saber: quienes se oponen al llamado «matrimonio homosexual» son homófobos encarnizados.

Los opositores, se esfuerzan, en su mayoría, por desplazar el debate hacia un terreno puramente nominalista, aceptando que tales uniones se celebren, pero bajo nombres diversos que dejen a salvo la designación de “matrimonio” referida exclusivamente a la unión entre un hombre y una mujer, reduciéndose así la discusión a una búsqueda un tanto bizantina de sinónimos o alternativas con fines puramente políticos y demagógicos. Ausentes de claro compromiso de ninguna índole. No hay, o casi no hay, quien se sobreponga al tema muy delicado implícito en el debate; y, de este modo, se orilla el meollo de la cuestión, que no es otro que determinar la naturaleza jurídica de la institución matrimonial en sí misma, lo que conlleva, tener que definirse filosóficamente, y hasta religiosamente, lo cual a veces, es comprometedor políticamente. Algo nefasto.

Empecemos a “aclarar los tantos” como se dice en mi país, Uruguay, se puede combatir la homofobia, por ser contraria a la dignidad inherente a la persona, y estar en contra del llamado “matrimonio homosexual”. Por una sencilla razón: la institución matrimonial no atiende a las inclinaciones o preferencias sexuales de los contrayentes, sino a la no igualación de sexos, conditio sine qua non para la procreación y, por lo tanto, para la continuidad social. Alguien podría oponer aquí que la procreación no forma parte del contenido estricto de esta institución jurídica, que se trata de un adherencia de orden religioso. Entonces, ¿por qué las legislaciones civiles declaran sin excepción nulo el matrimonio contraído entre hermanos, o entre padre e hija, etc.? Pues si, en efecto, la procreación no estuviese indisolublemente unida a la institución matrimonial, bastaría que los hermanos contrayentes declarasen ante el juez que la comunidad de vida que se disponen a iniciar la excluye, para salvar el obstáculo de la consanguinidad.

Las instituciones jurídicas no poseen otro fin que reforzar a las sociedades humanas. Naturalmente, pueden ser reformadas y sometidas a actualización; pero cuando se destruye su naturaleza el Derecho se resiente y, con él, la sociedad en la que uno tiene la dicha, o la desdicha e vivir.

Lo dicho sobre el matrimonio sirve también para la adopción. La filiación de un niño se funda sobre vínculos naturales que presuponen a un hombre y a una mujer; la adopción es una institución jurídica que trata de restablecer dichos vínculos. El niño no es un bien que pueda perseguirse por capricho una pareja, sea esta homosexual o heterosexual, sino un ser humano nacido de la unión de dos sexos. Esto ocurría, al menos, mientras el Derecho no estaba incurso en el carnaval electoral; pero ahora la naturaleza de las instituciones jurídicas la dictamina un puñado de políticos desleales sedientos de votos, por supuesto que hay excepciones, tampoco pienso que todo es así.

*Dr. en Derecho Uruguayo y católico

Asesor en Bioética de la Universidad de Montevideo

¿Ponemos realmente nuestras vidas en las manos de Dios?

*Dr. Carlos Leite Poletti.

Hoy la gente está obsesionada por conocer el mañana.

No podemos controlar nuestro futuro, no sabemos el futuro. Dios no ha permitido que el futuro sea una entidad conocida por nosotros. San Agustín, el gran padre del cristianismo, una vez lo explicó diciendo: “Dios no quiere que el hombre sufra sabiendo las cosas que vendrán porque si conociera su prosperidad sería insensible»

No se puede planear, sin contar con Dios. Hoy se planea el futuro sin tomar en cuenta a Dios, que necedad. Es más, a veces los planes son buenos, no hay nada de malo con planear el progreso, Dios no enseña a los cristianos que deban vivir tropezándose con lo primero que encuentran. No confundirse.

Dios espera que seamos hombres y mujeres que sabemos tomar asiento, y pensar con toda prolijidad y planear. Pero no se puede dejar afuera a Dios. Si dejamos a Dios fuera de nuestros planes, corremos riesgo que él nos deje fuera de los suyos. Si ponemos a Dios delante de nuestros planes él se encargará de que «obtengamos ganancia».

Si lo dejamos fuera aún aunque obtengamos ganancia, lo único que conseguiremos es una vida miserable. Dejar fuera a Dios en nuestros asuntos humanos, es arriesgarnos a conseguir los mismos resultados que se obtienen mediante el ateísmo descarado. Hay gente que asiste a la Iglesia, pero cuando se trata de planear su vida dejan a Dios afuera quieren un «dios práctico». A veces cometemos el error de hacer nuestros planes y luego presentárselos a Dios y decirle «Dios por favor bendícelos». Dios no quiere intervenir en esos procesos de planeamiento y pensamiento tardíos, Dios quiere intervenir en esos planes de elaboración nuestros.

A veces nuestras metas son loables, pero no lo suficientemente altas, porque se terminan pronto. Cualquier hombre de negocios cristiano, sabe que todas las metas de la vida no se extienden hacia la eternidad, esas metas son limitadas, no llegan a donde Dios quiere que lleguen, por lo tanto el primer error que cometemos es planear sin tener en cuenta a Dios.

No se puede actuar sobre lo cual no tenemos absolutamente ningún control, no tenemos manera de saber lo que va a ocurrir porque la vida es compleja. Una vez que logramos encarrilar las cosas en nuestra vida, casi no hay tiempo para nada más, y cuando creímos que logramos controlar todo, algo ocurre y nuevamente tenemos que empezar desde el principio. Qué necedad de alguien que se considera cristiano, creer que puede controlar el futuro, eso es presunción en cuanto a lo complejo de la vida. Es anticristiano.

Una vez un pensador inglés escribió: “cuando era joven no tenía riquezas, y cuando envejecí tuve riquezas pero en ambas condiciones hace desilusión”. Hoy la gente actúa con presunción sobre la incertidumbre de la vida.

El Evangelio de Santiago no habla sobre la esencia de la vida solamente, se pregunta la duración de la vida y la respuesta es: “nada más que neblina”. La Biblia está llena de ilustraciones que nos ayudan a comprender que la vida es breve, es un breve lapso. Es un periodo de tiempo entre sembrar y cosechar. Crecemos comprendiéndolo pero sin acabar de comprenderlo, conforme envejecemos la vida parece que se nos escapa.

Nunca tenemos nuestros planes preparados porque no comprendemos la brevedad de la vida. Cuando somos presuntuosos sobre cuál será el mañana, no nos damos cuenta de la brevedad de la vida. Hay una historia en el Nuevo testamento sobre un hombre al que normalmente llamamos “el rico insensato”. Su negocio estaba prosperando mucho, era muy rico y que necesitaba graneros más grandes, pero fue un necio, no porque planeó para el futuro, si no porque creía que controlaba el futuro. Esa anoche murió y su futuro se esfumó.

Nuestra ignorancia del mañana no debe llevarnos a no planear, sino a no dejar de lado a Dios en nuestros planes como el gran factor principal.

Al igual que en el derecho con los delitos de omisión y de comisión, lo mismo pasa en el pecado. Es posible pecar al no hacer lo que sabemos que debemos hacer, no sólo pecar es hacer lo que Dios prohíbe, sino también no hacer lo que Dios nos dijo que hagamos.

No podemos saber el mañana por lo que siempre podemos aprovechar las oportunidades que tenemos hoy, la espera es un enemigo de nuestras almas. Debemos descansar en la palabra del Señor. El hoy es el único efectivo que tenemos para gastar, el pasado es un cheque cancelado.

*Dr. en Derecho Uruguayo y católico
Asesor en Bioética de la Universidad de Montevideo

Prudencia

Por *Juan Alberto Echeverry

Sab 7,7 Por eso supliqué a Dios, y me concedió prudencia;
le pedí espíritu de sabiduría, y me lo dio.
8 La preferí a los cetros y los tronos;
en comparación con ella, tuve en nada la riqueza.

La prudencia es hija privilegiada de la sabiduría, y nos sirve para casi todos los caminos y las edades de la vida. Es necesaria a todos y cada uno de los seres humanos, y es una herramienta muy útil en todas las familias. De ella se desprende como fruto, todos los resultados exitosos en los proyectos que se emprenden y aún la leve pérdida en las derrotas que sin querer llegan a nuestras vidas.

• La prudencia al hablar, nos evita grandes sufrimientos, menos enemigos y menos chismes en los que nos puedan enredar.
• La prudencia al gastar, nos ayuda a mantener una economía estable, un ahorro permanente y un auxilio en los momentos de vacas flacas.
• La prudencia al invertir nos evita grandes catástrofes económicas y nos permite conciliar el sueño con tranquilidad.
• La prudencia al comprometerse nos ayuda a ser responsables en nuestros compromisos, y a salir airosos en nuestras relaciones de deber.
• La prudencia al comer, nos evita molestias al dormir y alarga nuestros años de bienestar físico y salud, sin dejar a un lado una silueta armónica.
• La prudencia al vestir, nos ayuda a que otros no caigan en pecado por culpa de nuestra desnudez, o nos ayuda a proyectar sensatez en diversos círculos sociales.
• La prudencia al relacionarnos con los demás nos hace ser estimados y obtener amistades sensatas, prudentes, duraderas y verdaderas; sin ser impertinentes o invasivos.
• La prudencia en las ocasiones de pecado, nos ayuda a salir airosos a la hora de mantenernos fieles a Dios, a la sociedad y a nuestros seres queridos. A mantener nuestra vida llena de bendición, y asegurar una eternidad bienaventurada.
• La prudencia al exponernos en el peligro, nos sirve para salvaguardar nuestra integridad en todos los aspectos, haciendo felices a quienes nos aman y evitando dolores futuros. Si nos amamos, nos cuidamos prudentemente.
• La prudencia al conducir, nos evita dolores de cabeza, accidentes y sobre todo, dañar a otros hermanos, que también necesitan ser protegidos.

En fin, la prudencia sirve para todo lo bueno en esta vida que se nos ha regalado, es como un maravilloso seguro de vida, como una lámpara en nuestro camino. No dejes de pedirla, buscarla y aplicarla en tu vida. No dejes de entrenarte y entrenar a tus hijos en ella. Es un tesoro que te hará conquistar altas cimas.

*Facilitador católico Director de la FUNDACIÓN CATÓLICA IMMAH
Laico Católico Colombiano, escritor y predicador

¿Herramienta o Arma?

Por *Juan Alberto Echeverry

La única manera de construir un hermoso hogar, de hacerlo florecer como un jardín bien regado para poderse gozarse en él, es utilizar las palabras como una herramienta y no como un arma que destruye. Hay tantas cosas malsanas en nuestro interior, que hacen que cada palabra se convierta en un arma letal, y no en una herramienta que edifica y embellece:

• ¿Acostumbraste tu boca a la burla que hiere?, puedes cambiarla por la palabra que disimula con amor.

• ¿Callas sólo para vengarte y que sepan que estás molesto(a)?, ahora puedes hacer silencio, sólo cuando lo que vas a decir no edifica a nadie, pero no para vengarte ni lastimar.

• ¿Te has acostumbrado a señalar sólo el error en los que te rodean?, puedes ahora exaltar las virtudes para motivar a mejorar cada día a los que amas. Te sorprenderá lo que lograrás.

• ¿Usas un tono de voz que enciende peleas?, puedes decidir apaciguar la pasión en tus palabras, y suavizar tu voz con humildad, para conseguir mejores resultados.

• ¿Estás acostumbrado(a) a decir groserías y maldiciones? Es preciso que aprendas a cambiar tu repertorio, y comiences sólo a bendecir y pronunciar palabras edificantes. Las palabras atraen bendición o maldición, el mal solo atrae más mal. Las palabras groseras y agresivas solo traen una atmósfera negativa, tensionante y oscura.

• ¿Has acostumbrado tu vida a contar sólo historias tristes, oscuras, fatales y negativas? Es preciso que busques siempre historias que motiven, donde resaltes el futuro con esperanza en tus palabras. Así sembrarás para ese futuro bendecido en tu hogar.

• Acostúmbrate a escuchar a los que te rodean. No los interrumpas cuando hablen. Todos tienen algo importante qué decir, o expresar sus sentimientos. No apagues con tus palabras o gritos su voz. Convierte tus palabras en herramientas y no en armas, tú puedes lograrlo si te lo propones.

Pro 16,24 Las palabras dulces son un panal de miel: endulzan el ánimo y dan nuevas fuerzas.

Pro 18:21 La vida y la muerte dependen de la lengua; los que hablan mucho sufrirán las consecuencias.

Ef 4,29 No digan malas palabras, sino solo palabras buenas y oportunas que edifiquen la comunidad y traigan beneficios a quienes las escuchen.

Sg 1,19 Recuerden esto, queridos hermanos: todos ustedes deben estar listos para escuchar; en cambio deben ser lentos para hablar y para enojarse.

*Facilitador católico Director de la FUNDACIÓN CATÓLICA IMMAH
Laico Católico Colombiano, escritor y predicador

Los jóvenes de hoy y la Iglesia. ¿Hay realmente un alejamiento?

*Dr. Carlos Leite Poletti.

Si observamos los encuentros que tuvo el Papa Francisco, por ejemplo, con la juventud, nos damos cuenta que la juventud no se aleja de la Iglesia, pero no podemos olvidar que gran porcentaje de jóvenes, sí se han apartado de la Iglesia. Sin embargo, esto no quiere decir que la Iglesia los haya perdido. El materialismo y la falta de compromiso para con todo y todos es el buque insignia de este dilema.

Tanto para los católicos como para los protestantes la franja de edad de la veintena es la menos comprometida cristianamente, pero es que los jóvenes dejan de participar institucionalmente en todo.

En las últimas décadas ha habido enormes cambios en, en la tecnología, en la sexualidad y en la economía. Esto ha llevado a un grado mucho mayor de complejidad, inmediatez, zapping de ideas, etc. Y la cultura de la falta de compromiso de hizo la meta de todas las metas.

El surgimiento del mundo digital ha revolucionado el modo en que los jóvenes se comunican entre ellos y obtienen informaciones. Esto ha llevado a cambios significativos en el modo en que la generación actual se relaciona, forma pareja, y razona. Esto si dudas tiene un lado positivo, en el sentido en que se han abierto grandes oportunidades para difundir el mensaje del Evangelio. Sin embargo no hay más acceso a otras visiones culturales y de valores, con una reducción de la capacidad crítica de valoración. Proporcional a todos estos avances, no es nada raro que, muchos adolescentes y adultos sufren un aislamiento en sus familias. El alto número de separaciones y de divorcios, así como de nacimientos fuera del matrimonio hacen que sean cada vez más las personas que crecen en ámbitos no tradicionales donde la estructura familiar es inexistente o híper precaria. Analizando las causas del alejamiento de la iglesia por parte de los jóvenes, hay una gran variedad de frustraciones que lleva a las personas a abandonar la misma.

Algunos consideran su iglesia como un obstáculo a la creatividad y la auto-expresión. Otros se aburren a causa de enseñanzas superficiales y lugares comunes.
Los más intelectuales perciben una incompatibilidad entre fe y ciencia, etc. Pero pese a todo lo anterior, seguimos algunos difundiendo el Evangelio, y lo expreso con toda humildad, yo no soy diferente ni más que nadie. Así, en ese afán, nos encontramos con fuertes y sólidos grupos parroquiales, misioneros y catequistas.

No se puede ir por la vida simplemente con un activismo puramente filosófico e ideológico. Hay que saber compaginar bien la acción con la oración. Esto depende de nosotros mismos. Y es así que allí donde parece que la Iglesia ha perdido a la juventud, quizás la clave para superar este problema está en intensificar la unión con Dios.

La Iglesia no ha perdido a los jóvenes. Sólo habría que recordar las casi infinitas historias de redención juvenil, la historia de tantos jóvenes que, cansados de una vida sin Dios buscan desesperadamente alguien que les habla de Él.

Creo que es inverso el dilema, es la juventud la que ha perdido a la Iglesia. Es cierto que en las ideologías materialistas y ateas han ido dando paso a una sociedad cada vez peor, y parecería que Dios ha quedado al margen. Pero podemos sentir y trabajar por una nueva primavera de la Iglesia, que viene de la mano de los jóvenes. Muchos ya se sienten cansados de un vacío existencial.

Quiero terminar con una cita, una de las mejores que tengo en mi vida:

“Prediquen el Evangelio, y si posible hasta con las palabras” (San Agustín)

*Dr. en Derecho Uruguayo y católico
Asesor en Bioética de la Universidad de Montevideo

Admiración recíproca

Por *Juan Alberto Echeverry

Mat_8,10 Jesús se quedó admirado al oír esto, y dijo a los que le seguían: —Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe como este hombre.

Mar 9,15 Al ver a Jesús, todos corrieron a saludarlo llenos de admiración.

Todos necesitamos admirar a quienes conviven con nosotros, es parte de la naturaleza humana y es un ingrediente activo de la fe.

El esposo necesita admirar en algo a su esposa, la esposa al esposo, los padres a los hijos y los hijos a los padres. Es necesario admirar por el amor, por la sonrisa, por la servicio, por el físico, por la inteligencia, por la ternura, por la docilidad, por la obediencia, por la disciplina, por la constancia, por las destrezas, por la responsabilidad, por la humildad, por la fe, por el atuendo, etc.

Un ingrediente fundamental en toda relación humana es la admiración, y por ello, debemos trabajar en esforzarnos por mantener la admiración de los demás sin dejarla apagar, especialmente la de quienes nos rodean, pero preferiblemente, que sean cosas que perduren y no sólo lo material que pronto se acaba.

Cuando la admiración se pierde, entonces se cae en la monotonía, en la depreciación a todo nivel, y las personas llegan incluso a convertirse una carga difícil de llevar. Sería ideal que los que te rodean te admiren por una sumatoria de virtudes, y no sólo por el físico o la capacidad productiva. Eso construye relaciones profundas y duraderas. Te has preguntado ¿Por qué te admiran en tu hogar?, o mejor, ¿los que te rodean, qué admiran de ti?

*Facilitador católico Director de la FUNDACIÓN CATÓLICA IMMAH
Laico Católico Colombiano, escritor y predicador

Eres mi esposa…

Por *Juan Alberto Echeverry

Pro 5,18 ¡Bendita sea tu propia fuente!
¡Goza con la compañera de tu juventud,
19 delicada y amorosa cervatilla!
¡Que nunca te falten sus caricias!
¡Que siempre te envuelva con su amor!

Eres mi esposa, pero también quiero que seas mi amante, mi secretaria, mi confidente, mi socia, mi hermana, mi cómplice en las pequeñas diabluras, la madre de mis hijos, mi hija para cuidar y sobre todo, la luz para mis momentos de oscuridad, la mujer idónea para mí vida.

Pero por ningún motivo quiero que seas mi madre; y no es que ella sea mala, sino que siento que muchas veces eres quien quiere controlarlo todo, la que se vive quejando, la que cada vez quiere más y exige más; la que no reconoce mis esfuerzos, la que se olvida que también soy frágil y necesito abrigo y cariño. No quiero que seas el policía que me persigue, ni el dedo acusador que sólo señala mis errores. Quiero que seas mi verdadera esposa, mi ángel, mi amada, mi ternura.

Quiero amarte con toda mi transparencia, porque eres más que mi esposa, eres el alimento de mí vida, el abrigo para mis momentos de frío, eres la razón en este mundo para conquistar mis mejores metas, eres la alegría de mí corazón. Contigo deseo saciar mis más loables apetitos.

Ef 5,25 Esposos, amen a sus esposas como Cristo amó a la iglesia y dio su vida por ella.

Col 3,19 Esposos, amen a sus esposas y no las traten con aspereza.

Cant 4,10 ¡Qué gratas son tus caricias,
hermanita, novia mía!
¡Son tus caricias más dulces que el vino,
y más deliciosos tus perfumes
que todas las especias aromáticas!

*Facilitador católico Director de la FUNDACION CATÓLICA IMMAH

¿Abortaste? ¡La vida sigue!

Por *Maria Josie Hernandez Cabrera

Tal vez fue hace muchos años cuando eras una adolescente. Tal vez fue cuando estabas estudiando o cuando te encontrabas en una mala relación. O tal vez, ya casada y con hijos, te sentiste abrumada con la idea de traer al mundo a otro bebé. Las razones pueden ser miles, pero en mi experiencia dando consejería y acompañando a madres en situaciones similares, he aprendido que las mujeres, escogen el aborto porque se sienten presionadas a hacerlo (por el papá del bebé, por los conocidos, las circunstancias o la misma familia).

A pesar de que el aborto se promueve como una libertad, o con etiqueta de “derecho” o “decisión de la mujer”, ellas acuden al aborto, no por convicción, sino porque se sienten atrapadas y porque nadie les ofrece ayuda o esperanza.

El aborto es una experiencia física, emocional y espiritualmente muy dolorosa; sanar de éste puede ser sumamente difícil por las siguientes razones:

1. Se mantiene en secreto

Por tratarse de un tema tan polémico, la mayoría de las mujeres lo mantiene en secreto, por lo tanto es muy difícil dejar salir los sentimientos que se experimentan después del aborto, y el dolor se queda en el alma.

2. Los síntomas son confusos y pueden tardar mucho en aparecer

Los síntomas del síndrome post-aborto, pueden tardar meses y hasta años en manifestarse. Hay mujeres que sufren por décadas sin saber que su pena está relacionada con su aborto. Muchos psicólogos les diagnostican depresión clínica, trastorno bipolar u otras condiciones, en vez de llegar a la raíz del problema. En España por ejemplo, se ha descubierto que las madres que han abortado antes, experimentan una depresión post-parto mucho más aguda que otras madres, cuando dan a luz a sus otros hijos. ¡Nadie antes había relacionado la depresión post-parto con un aborto anterior!

3. Es un error muy difícil de admitir

Las mujeres creen que admitir que su aborto fue un error y reconocer su sufrimiento, sería una derrota. Una mujer que tomó una decisión que la sociedad califica como buena o necesaria, no puede admitir que “interrumpir su embarazo” le ha causado tanto dolor.

4. Los grupos conservadores las señalan

Dentro de las mismas instituciones que luchan por proteger a los no nacidos del aborto, existen grupos ultra conservadores que critican y señalan a las mujeres que han abortado, sin saber que ellas también son víctimas de este mal.

5. Existe una gran presión social

Por otro lado, el mundo moderno les dice que su decisión fue “libre” y que tomar ese camino era su “derecho”. La sociedad médica dice que el aborto es parte de su “salud reproductiva” y que deben tener acceso a él sin restricciones. Las feministas dicen que ellas deben ser dueñas de cualquier decisión relacionada con “su cuerpo”.

La realidad

Cientos de miles de mujeres en todo el mundo, lloran en silencio y no pueden sanar porque los promotores de esta práctica les han dicho que no tienen derecho a sufrir por esa decisión. Si tú has pasado por esta experiencia tan dolorosa y no has podido superarla, necesitas saber lo siguiente:

¡Hay esperanza!

Existen organizaciones dedicadas a ayudar a las mujeres a superar sus abortos. Les proveen ayuda psicológica, emocional y espiritual para sanar de ese dolor y esa experiencia que les ha robado la paz. Encuentra un grupo de ayuda post-aborto cerca de ti en el siguiente enlace y decídete a sanar: http://www.elvinedoderaquel.org

Necesitas perdonarte

Dios te espera con los brazos abiertos para perdonarte. Acércate a un sacerdote o a un guía espiritual que te ayude a regresar a Él. Ten la certeza de que tu bebé ya te ha perdonado, porque los niños perdonan siempre. Perdonarte a ti misma tal vez será la prueba más difícil; es un camino largo y doloroso ¡pero vale la pena!

Eres digna de amor

Tú eres digna de amor, aunque no quieras aceptarlo porque te hace falta el amor de ese hijo. Dios te sigue amando, aunque te cueste entender que existe ese amor incondicional de Padre.

Mereces ser feliz

Tú mereces ser feliz a pesar de los errores del pasado y aunque ese bebé ya no esté contigo. Tú eres hija de Dios y Él quiere tu felicidad más que tú misma.

Confía en Dios

Dios todavía tiene planes maravillosos para ti ¡es momento de levantarte y confiar en Él!

*Comunicóloga
Bloggera, Traductora, Editora y Locutora, por ocurrencia de Dios,
Defensora de la VIDA y la Familia por vocación.

¿Puede ser éticamente lícito el aborto en algún caso?

Manuel Ocampo Ponce
Universidad Panamericana

Todo parece indicar que en la actualidad el ejercicio de la sexualidad se encuentra desvinculado de la procreación. De los años sesentas del siglo pasado a la actualidad se ha cambiado la visión de lo que es y significa la sexualidad humana. Lamentablemente ha disminuido drásticamente el número de personas que niegan la ordenación natural que hay de las parejas de estar abiertos a la procreación. El mundo se ha liberalizado, las leyes proabortistas se van generalizado en los distintos Estados ya sea por razones económicas, médicas o sociales y hasta “humanitarias” como las relacionadas a la violación y al incesto. Por otra parte, en los países en los que las leyes sobre el aborto son muy restrictivas o ilegales, la legislación no es acatada en muchos de los casos en los que, aparentemente, se pueden realizar abortos médicamente “seguros” con frecuencia. Otro punto a considerar es la relación de los abortos con el socialismo, comunismo o marxismo ya que casi todos los países marxistas han autorizado el aborto al menos en los tres primeros meses del embarazo. Sin embargo, también en los países con economías neoliberales o capitalistas el aborto se ha vuelto una actividad cotidiana.

También resulta curioso que por una parte existe un número muy elevado de abortos mientras que por el otro se perfeccionan cada vez más los medios de gestación artificial. En esto se pone de manifiesto la esquizofrenia cultural en que vive la sociedad actual. Sea una cosa o sea otra, el aborto es uno de los métodos más utilizados para la regulación de la natalidad.

No cabe duda de que el aborto es una realidad triste, lamentablemente polémica y donde las cifras son muy elevadas al punto que podemos afirmar que la sociedad actual es una sociedad abortista. La procreación ha dejado de ser un don precioso e incluso los hijos han llegado, en muchos casos, a ser una carga pesada.

Para efectos de este análisis y dejando de lado los abortos espontáneos en los que no interviene la libertad humana, el aborto provocado es la interrupción de un embarazo, es decir, la acción de quitar directa y deliberadamente la vida a quien todavía no es capaz de vivir fuera del seno materno. Esto implica interrumpir el embarazo desde la fecundación hasta que concluye la vida fetal, es decir, cuando el feto es capaz de vivir fuera del útero materno.

Dentro de los abortos provocados tenemos varios tipos en los que se encuentran:

1. El aborto terapéutico, cuando el embarazo pone en grave peligro la vida o la salud de la madre gestante.
En la actualidad las indicaciones médicas para realizar abortos terapéuticos son prácticamente nulas en países con infraestructura médica desarrollada. Algunos han querido incluir en este tipo de aborto la salud mental de la madre, lo cual ha provocado que este tipo de aborto vaya en aumento en muchos casos y en otros se impida por las mismas razones de salud mental de la madre.
2. El aborto eugénico, cuando se ve que el concebido presenta alguna anomalía congénita o malformación grave.
3. El aborto psico-social, cuando el embarazo es el resultado de una violación o de un incesto.

Estos tres tipos de abortos pueden resumirse en dos:

1. El aborto directamente provocado por motivos eugenésicos, problemas familiares o sociales y por problemas personales (no considerados en el aborto indirecto). Este tipo de aborto directamente provocado nunca es lícito bajo una perspectiva realista y objetiva.
2. El aborto indirectamente provocado como cuando hay que extirpar un útero canceroso durante el embarazo lo cual implica la eliminación del concebido que constituye un peligro mortal para la madre e incluso para el mismo concebido, para el que hay que considerar dos causas de abortos:

2.1 El que tenga como fin o efecto único e inmediato la expulsión de un feto vivo (aborto directo). Que siempre y en todos los casos es éticamente ilícito según una visión realista y objetiva de la realidad.
2.2 El que tiene dos fines o efectos en el que la expulsión del feto no es el fin o efecto único sino subordinado a conseguir el efecto bueno de salvar a la madre. En este último caso para que sea lícito éticamente, es necesario que se cumplan las reglas del voluntario indirecto o principio de doble efecto que son:

a) Que el efecto sea bueno, es decir, salvar a la madre, o sea que el efecto permitido no sea intrínsecamente malo.
b) Que el efecto malo no sea querido ni intentado ni como fin, ni como medio, sino únicamente tolerado.
c) Que existan razones proporcionadamente importantes para permitir el efecto malo, como es el caso en el que no sólo moriría la madre sino también terminaría por morir el concebido.
d) Que el efecto bueno, es decir, salvar a la madre, no se consiga por medio del efecto malo sino que primero se efectúe el salvar a la madre y por consecuencia, en segundo lugar, se produzca la muerte del concebido.

Únicamente bajo estas condiciones puede ser lícito éticamente un aborto indirectamente provocado.

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